La Guía de los perplejos (en árabe, dalālat al-ḥā’irīn دلالة الحائرين; en hebreo, moré nevojim מורה נבוכים) es una obra filosófica judaica escrita por una de las autoridades hebreas más importantes del Medievo, el andalusí Maimónides (Córdoba, 1135 - Fustat, Egipto, 1284), a quien también se le conoce en hebreo como Moshé ben Maimón (abreviado, Rambam) y en árabe como Musa Ibn Maymun.MOSES BEN MAIMON Jewish Encyclopedia Escrita originalmente en árabe hacia 1190, se tradujo al hebreo ya en época de su autor. Es considerada la más importante y la más universal de todas las obras de Maimónides.

Se conserva un manuscrito de escritura cursiva española, copiado en vitela en 1396 con una introducción de Samuel ibn Tibbon. Este manuscrito posee 496 páginas, escritas en dos columnas de 23 líneas por columna con 229 iluminaciones y se encuentra casi completo, con la excepción de una laguna entre dos de sus páginas. Este manuscrito fue descubierto por el bibliófilo David Solomon Sassoon en Yemen, pasando a formar parte de su biblioteca en Letchworth, Inglaterra; siendo descrito en su Descriptive Catalog of the Hebrew and Samaritan Manuscripts in the Sassoon Library. Tras la muerte de este, el libro fue adquirido por la Universidad de Toronto.

El autor La visión que caracterizaba a Maimónides se relaciona con la aplicación de su religión judía a la medicina. Según él, atender a los enfermos era casi un mandato religioso, pues sólo aquel que estaba sano era capaz de trabajar para santificar el universo. Este pensamiento no contradecía a los judíos ultraortodoxos, quienes sostenían que el hombre piadoso debía entregarse a Dios sin buscar apoyo alguno del hombre. Esta dedicación de Maimónides hacia sus pacientes le valió una gran reputación como médico, especialmente en Egipto, lo que atrajo la atención del palacio, haciendo que Saladino lo nombrara médico de la corte en 1171.

Otra de las características que marcaron la visión de Maimónides sobre la medicina, y que constituye uno de los puntos más destacables de esta, era la importancia que concedía al alma, así como a la influencia que esta tiene sobre el cuerpo, por lo que al curar a una persona, no sólo había que ocuparse de lo físico, sino que también había que mirar el alma. Por esta razón, Maimónides recomendaba a sus enfermos melancólicos e hipocondríacos que escucharan canciones y música, aconsejaba mostrarles imágenes bellas que los distrajeran, así como pasear por jardines. Sostenía además que los placeres demasiado intensos o demasiado frecuentes dañan tanto al alma como al cuerpo. Aquel que se convierte en juguete de sus sentidos –afirmaba– pierde su dignidad humana. De acuerdo con Alejandro Goic Goic, médico chileno y expresidente de la Academia Chilena de Medicina, estas recomendaciones de Maimónides revelan conocimientos, experiencia práctica y una gran sabiduría.

Como médico fue tremendamente respetado y admirado, como lo expresan los elogiosos versos del poeta Ibn Sina Almuk: "El arte de Galeno cura solamente el cuerpo, pero el de Maimónides cura el cuerpo y el alma. Con su sabiduría es capaz de curar la enfermedad de la ignorancia. Y si la luna apelara a su arte, de sus manchas la libraría, de todos sus defectos crónicos habría de despojarla: hasta la curaría de su palidez en la época de la conjunción."

Maimónides plasmó su sabiduría en diversos escritos, haciendo importantes contribuciones tanto en el campo de la ley judía como del saber médico. Por consiguiente, su obra tuvo gran influencia sobre la Escolástica del , y en particular sobre la de santo Tomás de Aquino y san Alberto el Magno. En el año 1200, a la edad de 65 años, Maimónides completó la versión final de su Guía de los perplejos, cuya primera versión había escrito diez años antes, en 1190, en idioma árabe.

De esta manera, Maimónides emergió como una figura importante en el pensamiento judío y de la vida religiosa en un período de un renacimiento judío sin precedentes, lo que fue marcado por una abertura hacia ideas teológicas y, especialmente, filosóficas.

Público objetivo La Guía de los perplejos de Maimónides es el primer intento con bases en interpretar el Judaísmo en términos filosóficos, y ha sido ciertamente el más influyente, como lo han entendido varios filósofos y religiosos que han analizado esta obra.

Maimónides escribió la Guía de los perplejos, tal como aclara en su introducción, con el objeto de:

En resumen, la obra está dirigida a estudiantes sobresalientes de la Torá que estén interesados en lograr convertirse en Jajam, el erudito que logra una visión propia, superior al aprendizaje de las distintas posturas, tal como era el objetivo de Joseph ben Judah, a quien la Guía fue dedicada. Maimónides, habiendo descubierto que su discípulo había avanzado lo suficientemente para una exposición de las ideas esotéricas de los libros de los profetas, comenzó a entregarle tales exposiciones "por medio de pistas." Su discípulo luego le rogó que le diera explicaciones para tratar temas metafísicos, e interpretar el sistema y el método del Kalam. Accediendo a esta petición, Maimónides compuso la Guía de los perplejos.

Contenido y objetivos Contenido thumb|250px|Guía de los Perplejos (Maimónides), versión impresa en hebreo, posterior a 1492.

En la Guía de los Perplejos encontramos todo su pensamiento filosófico y a continuación se expone un esquema de las ideas:

Maimónides distingue tres grupos de seres creados: los minerales, las plantas y los seres vivos (incluyendo al hombre), compuestos de materia y forma perecederas. Las esferas y las estrellas, en las cuales la forma es permanente. Los seres dotados de forma, pero sin materia, como son los ángeles. Admite la creación como un acto conforme a la esencia divina, el cual abarca todos los seres, no tiene otro fin que a sí mismo y por lo tanto su duración es ilimitada. Prueba la existencia de Dios a partir de argumentos aristotélicos y afirma su unidad e incorporeidad. El alma es una en esencia, pero tiene cinco facultades: la fuerza vital, los sentidos, la imaginación, el apetito (pasiones y voluntad) y la razón (libertad y entendimiento). El entendimiento es la facultad que caracteriza al hombre, pero las demás le son comunes con la mayor parte de los animales. Éste puede ser pasivo (entendimiento material que sufre la acción de la vida orgánica, es inseparable del cuerpo e individual) o activo (adquirido o comunicado, separado del cuerpo). Habla del estado profético, constituido por una iluminación superior a lo que cada uno puede aspirar que produce el máximum de ciencia y dicha, entendiendo la profecía como una emanación de Dios que se extiende por medio del intelecto a la facultad racional y después sobre la facultad imaginativa. El hombre es libre y la libertad es una función de la inteligencia, y este intelecto, como forma del alma humana, es inmortal porque no necesita del alma para sus operaciones, sino que entiende separado absolutamente del cuerpo. La resurrección de los cuerpos se debe a la fe pero la razón no la puede demostrar aunque tampoco negar y la admite como un milagro compatible con la creación. El entendimiento constituye el verdadero fondo de nuestro ser, la parte inmortal del hombre y por eso el hombre debe encaminar todos sus actos a obtener la perfección suprema de esta facultad mediante el conocimiento de Dios; conocer y amar a Dios es el fin último de la vida. El hombre es libre y esta libertad, actuando como tal, puede por sus solas fuerzas realizar el bien desinteresadamente.

Por supuesto, las enseñanzas en los escritos de Maimónides son diferentes a las que comunicaba oralmente, lo que debe haber influido en la introducción no tan de carácter filosófico de la obra. Por mucho que Maimónides haya querido escribir un tratado filosófico para una audiencia selecta y sofisticada, supo, una vez que lo terminó, que podía ser leída por cualquiera. Él también era consciente de que muchos de sus colegas rabinos, a los que él abiertamente ridiculizaba en la Guía por su falta de entrenamiento filosófico, leerían el libro, listos para caer sobre su autor debido a la primera expresión sobre una creencia no ortodoxa. Maimónides era un miembro importante en su comunidad, y deseaba mantener su posición en esta y dentro del mundo rabínico; por lo tanto eligió comenzar a escribir su obra en un estilo que era común a los tratados de interpretación bíblica de la época, lleno de su propia hermenéutica no filosófica. Sin embargo, fue incluyendo aspectos y bases filosóficas a medida que fue escribiéndola.

En el plano ético, la Guía de los perplejos se basa en el ideal del sabio y del profeta: aquel que se dedica al saber especulativo y procura acordarlo con la fe; éste añade al conocimiento racional el saber superior de la profecía, recibido por la gracia, así como la facultad de convertirse en legislador moral del hombre y de la sociedad. El filósofo Moses Mendelssohn, que era jorobado, acostumbraba decir: "la Guía de los perplejos encorvó mis espaldas y rectificó mi alma." Juzgando por la propia Guía así como también por una carta de Maimónides a Samuel ibn Tibbon, quien tradujo su obra al hebreo, las principales enseñanzas filosóficas a las que Maimónides se dedicó están esencialmente en relación con la lógica aristotélica, física y metafísica.

Aunque Maimónides introdujo intencionadamente inconsistencias en su tratado debido a la sensibilidad religiosa sobre el tema en cuestión o por razones pedagógicas, como sus observaciones introductorias en la Guía indican, no todas las inconsistencias en este enfoque, excepto evidentes y directas contradicciones, debieran ser explicadas de esta manera. Es importante tener en mente que la Guía no fue escrita para ser un trabajo filosófico dedicado a una exposición de física y metafísica, ni para naturalizar el alma humana, y tampoco está diseñada para servir como un sustituto de tales trabajos. Maimónides repetidamente recuerda a sus lectores sobre la extensa literatura filosófica acerca de estos temas, lo que trata como lectura obligatoria para los que están dispuestos y se esfuerzan por alcanzar la perfección. Más bien, la Guía es un trabajo teológico interpretativo dedicado a la solución de los dilemas que surgen de una completa y amplia comparación entre la tradición judía y la filosofía aristotélica islámica. Maimónides en ningún momento presenta su propia visión del mundo completamente, y es al menos cuestionable si alguna vez buscó desarrollar su propia filosofía de una manera sistemática.

Maimónides ciertamente acepta el enfoque aristotélico del entendimiento de la existencia en la mayoría de sus bases y fundamentos, una aceptación ya identificable en sus primeros escritos. El médico vacila, sin embargo, entre diferentes filósofos individuales en formular sus enfoques a temas particulares, no siempre eligiendo o decidiendo una visión específica. En algunos temas parece mediar entre el enfoque de ciertos filósofos y las visiones tradicionales judías (como por ejemplo sobre el rol preciso de Dios en milagros específicos). Maimónides no logra abordar estos problemas explícitamente tal vez por razones de esoterismo, o tal vez porque él mismo no las había respondido completa o satisfactoriamente según su opinión. Aunque parezca que Maimónides rechazaba directamente las visiones de los filósofos, especialmente la visión de un universo primordial, su presentación no es inequívoca, lo que sugiere que debe haber adoptado una doctrina esotérica. Incluso aquí puede verse el caso de que Maimónides nunca llegó a una conclusión final a pesar de su comprensión de la teología y la filosofía al respecto.