El segundo gobierno constitucional de Manuel Prado Ugarteche se inició el 28 de julio de 1956 y culminó el 18 de julio de 1962, día en que fue derrocado por el general Ricardo Pérez Godoy, cuando faltaban solo 10 días para culminar su mandato.
Elecciones de 1956
Forjamiento de la candidatura pradista Manuel Prado y Ugarteche había ya sido presidente de la República entre 1939 y 1945. Terminado ese mandato, se había instalado en París, Francia, donde poseía una residencia en la elegante avenida Foch.
A partir de 1955 surgió en el Perú un movimiento pro candidatura de Manuel Prado para las elecciones generales de 1956. Gobernaba entonces el presidente Manuel Odría, cuyo régimen estaba marcado de medidas de represión y mano dura, que colocaron al Partido Aprista fuera de la ley y a su líder Víctor Raúl Haya de la Torre como asilado en la Embajada de Colombia, antes de mandarlo al destierro. Este movimiento pradista fue liderado por Manuel Cisneros Sánchez, quien había sido ministro de Justicia de Prado en los últimos meses de su primer gobierno. Otros miembros prominentes del pradismo eran Carlos Moreyra y Enrique Torres Belón. El pradismo, que se concretó en el Movimiento Demócratico Pradista (MDP), recibió apoyo popular y así realizó su primera salida a las calles el 28 de agosto de 1955 desde el puerto de Huacho.
Pero Prado Ugarteche cayó enfermo y fue entonces cuando su candidatura y el pradismo corrieron el riesgo de diluirse. Debido a ello, el presidente Odría llamó a Carlos Moreyra, a quien sugirió una solución electoral conjunta con el Partido Restaurador u Odriísta, que él auspiciaba. Odría veía como potencial candidato a David Aguilar Cornejo, quien había sido su ministro de Relaciones Exteriores. Moreyra se limitó a decirle que no había motivo para estar preocupado sobre el giro electoral puesto que era normal que, al finalizar los gobiernos, estos llegasen desgastados.
Se dio entonces una solicitud oficial del Partido Restaurador para una entrevista informal con representantes calificados del Movimiento Democrático Pradista. El Comité Central designó a Manuel Cisneros, Carlos Moreyra, Enrique Torres Belón y Carlos Ledgard Jiménez, quienes se reunieron en el salón del directorio del Banco Gibson con Julio de la Piedra, Alberto Quesada y David Aguilar Cornejo. Se planteó una unión electoral entre el Partido Restaurador y el pradismo, la cual fue rechazada debido a que este quería mantener incólume la candidatura de Manuel Prado. La postura pradista fue rechazada por los restauradores también y así se originó un antagonismo entre ambos movimientos.
Con apoyo del diario El Comercio, se propuso que la definición electoral se realizaría a través de una Convención de Partidos, tal como había ocurrido en 1915. Odría buscaba así integrar a sus antiguos aliados para que propusieran una candidatura de unidad nacional. La invitación fue suscrita por Luis Miró Quesada, Augusto N. Wiese y Juan Vicente Nicolini. La reunión se dio en la sala capitular del Convento de Santo Domingo, fue presidida por Luis Miró Quesada y congregó a representantes del Partido Restaurador, de una ficticia resurrección del Partido Demócrata representado por Juan Vicente Nicolini, de un grupo recién formado en Lima representado por el abogado Luis Felipe Villarán, de la Coalición Nacional encabezara por Pedro Rosselló, del Partido Nacionalista, un residuo disidente de la Unión Revolucionaria comandado por Elías Losada y Benavente y del Movimiento Democrático Pradista representados en Carlos Moreyra y Luis Gallo. En tal reunión se dio un debate entre De la Piedra y Rosselló, quién estaba opuesto a la convocatoria de cualquier convención política con fines de designación presidencial, puesto que la calificaba como antidemocrática.
El doctor Miró Quesada terminó proponiendo la nominación de una comisión para tratar tal convención política. Sus integrantes fueron él mismo, los señores Wiese, Losada Benavente, Nicolini, Villarán y Carlos Moreyra. La reunión de la comisión se dio en la residencia de Moreyra sin la asistencia del representante de la Unión Revolucionaria, quien se abstuvo de ir. Allí Moreyra expuso que, en vista de la mejoría de Prado, el partido no aprobaría nada que no sea su postulación, con lo cual el intento de convención política fracasó. A pesar de la insistencia del doctor Miró Quesada frente a la posibilidad de que Prado sea incluido en la convención, Moreyra insistió en que la convención era tema concluido para su partido y así la postulación de Prado continuó.
La lucha electoral Prado inició su campaña, contando a su favor con su propia maquinaria política financiera, o más propiamente, de su familia, así como el buen recuerdo que podría haber dejado su primera gestión presidencial. Su eslogan de campaña era «Tú lo conoces: vota por él».
El presidente Odría insistió en una candidatura de unidad nacional y apoyó en un inicio a Hernando de Lavalle, abogado de mucho prestigio. El movimiento que se constituyó en torno a esta candidatura se denominaba precisamente «Unidad Nacional y Convivencia Democrática». Lavalle también logró el apoyo del naciente Partido Demócrata Cristiano, así como de la Coalición Nacional, agrupación surgida en Arequipa, donde había tenido una importante participación en la revolución de 1955.
Como tercero en contienda surgió la candidatura del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, que ganó popularidad luego de enfrentarse al régimen odriísta cuando se intentó evitar su inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones. Su partido se denominaba Frente Nacional de Juventudes Democráticas (que poco después se transformaría en Acción Popular).
Sin embargo, el electorado más importante era el del Partido Aprista, que estaba impedido de participar como tal de acuerdo con el artículo 53 de la Constitución Política de 1933 (por ser supuestamente un “partido de carácter internacional”, como el comunista). Por ser un partido que movía masas, los votos apristas serían decisivos (se calculaba que representaban un tercio del electorado). Desde Europa, Haya de la Torre envió plenos poderes a Ramiro Prialé (Secretario General del PAP) para que negociara los votos apristas a cambio del regreso a la legalidad del APRA. La primera opción de los apristas fue Lavalle, en su calidad de candidato de unificación nacional. Pero Lavalle, presionado por los grupos de poder antiapristas, se limitó a ofrecer un estatuto de partidos que otorgaría la legalidad al APRA en fecha no determinada, lo que para los apristas no era suficiente. Una candidatura más afín al aprismo parecía ser la de Belaúnde, pero la agresividad de este ante el gobierno de turno hizo temer al APRA de que un resultado electoral a su favor pudiera ser anulado por los militares, como ocurrió en 1936 con Eguiguren. Fue Prado quien tuvo la habilidad de ganarse el apoyo de los apristas, a quienes prometió levantarles la proscripción el primer día que asumiera el poder, derogando la famosa Ley de Seguridad Interior. Fue así como el APRA, casi a último momento, se orientó hacia la candidatura de Prado, pese a que este había sido su perseguidor, en su primer gobierno de 1939-1945.
Odría, por su parte, buscaba también un candidato idóneo que le diera la garantía necesaria para su retiro (no quería que el gobierno reemplazante le pidiera cuentas por sus actos de gobierno). Descartado Lavalle, se orientó hacia Prado, cuya victoria electoral se vislumbraba más probable. Fue en ese momento cuando se realizó el llamado «Pacto de Monterrico» (residencia de Odría), entre Prado y Odría, en el que este último se comprometió a apoyar la fórmula APRA-MDP, a cambio de la promesa de que el nuevo régimen no le abriera ninguna investigación. Aunque el APRA siempre ha negado que dicho pacto existiera, lo cierto es que una vez en el poder, Prado aplicó escrupulosamente la política de “borrón y cuenta nueva” y nunca se acusó a Odría ni por las denuncias de corrupción ni por el atropello a los derechos humanos.
Resultado electoral El 17 de junio de 1956 se realizó el acto electoral. Dicho evento contó con la novedad de la participación de las mujeres, tanto para elegir como para ser elegidas, de acuerdo a la Ley N.º 12391 de 1955 establecida por el gobierno de Odría. Aunque solo podían votar las mujeres mayores de edad que supiesen leer y escribir. Ello fue significativo, dado que para las elecciones generales de 1956 se contaba con un total de 1’575,738 electores, de los cuales prácticamente la tercera parte eran mujeres que participaban por primera vez. Es también notable que ocho mujeres llegaran al parlamento.
El resultado de los comicios para elegir al próximo presidente fue el siguiente: Hernando de Lavalle, que contaba con el apoyo de elementos de la derecha tradicional, obtuvo el tercer lugar con 17.8 %; Fernando Belaúnde Terry, del Frente Nacional de Juventudes Democráticas, obtuvo el segundo lugar con 36.7%, mientras que Manuel Prado y Ugarteche, del Movimiento Democrático Pradista, obtuvo 45.5 %. Los votos nulos y blancos fueron el 5.73 % de los votos emitidos. Cabe resaltar una vez más que la victoria de Prado se debió fundamentalmente al apoyo aprista, partido que contaba con amplias bases populares necesarias para ganar la elección.
Toma de mando El sábado 28 de julio de 1956 se realizó la ceremonia de transmisión de poderes en la catedral de Lima y luego en el Palacio Legislativo. Prado juramentó como Presidente de la República ante José Gálvez Barrenechea, presidente del Senado, luego de ello, dio un mensaje a la nación con las normas de su gobierno. A continuación prestaron juramento los vicepresidentes Luis Gallo Porras y Carlos Moreyra y Paz Soldán. Estuvieron presentes representantes de otros países, entre ellos el presidente del consejo de estado español José Ibáñez Martín y el secretario de gobierno estadounidense John Foster Dulles.
Ese mismo día se reunió una gran cantidad de ciudadanos en la Plaza de Armas de Lima quienes fueron testigos de la firma de la ley N.º 12654, que causó gran ovación hacia el presidente, pues por la misma se disponía la libertad inmediata a todos los ciudadanos arbitrariamente detenidos por el régimen odriísta, y la suspensión de todos los juicios por causas político-sociales, así como la derogación de las leyes que excluían al Partido aprista de participar en política.
Juramentó como Presidente del Consejo de Ministros del Perú y Ministro de Relaciones Exteriores el señor Manuel Cisneros Sánchez.
El 29 de julio se dio la tradicional Parada Militar en el que participaron fuerzas de todas las Armas del ejército Peruano y unidades de la policía. Por la tarde el presidente asistió a las carreras celebradas en el Hipódromo de San Felipe. En la noche se ofreció un banquete en el Palacio de Gobierno.
Retos del gobierno Este gobierno se desarrolló en un clima de agitación motivada por las siguientes tres razones principales: Por la crisis económica que se presentaba con caracteres cada vez más alarmantes. Por la agitación que surgió en el campo a favor de la realización de la reforma agraria. Por la enérgica campaña de alcance nacional a favor de la recuperación de los yacimientos petrolíferos de La Brea y Pariñas que ilegalmente seguía explotando la compañía norteamericana International Petroleum Company.