Italia bajo dominio extranjero es el periodo de la historia de Italia que viene caracterizado por la hegemonía de los Habsburgo españoles (1559-1713) y después por los Habsburgo de Austria (1713-1796).
Economía y sociedad
Tras las crisis demográficas de la segunda mitad del , Italia, junto con el resto de Europa occidental, se recuperó espectacularmente: entre 1400 y 1600 la población italiana casi se duplicó, pasando de alrededor de siete millones a cerca de trece millones. Italia era la región más urbanizada en Europa occidental, pero aún el ochenta y ocho por ciento de la población era rural, y dada la relativa paridad en las tasas de nacimientos y defunciones, las ciudades crecieron como resultado de la emigración rural. El trigo y la lana eran los principales productos agrícolas, y la producción textil de lanas y sedas siguió siendo la principal industria en las ciudades. El aumento de población implicó el aumento de la demanda de productos, que supuso la ampliación de las roturaciones pero no lo suficiente, lo que elevó la inflación, favorecida por el incremento del suministro de plata que procedía del Nuevo Mundo, y con unos derrochadores gastos militares en guerras.
A finales del , el crecimiento demográfico se detuvo, la producción agrícola y las industrias urbanas entraron en crisis en la década de 1610, alcanzando su punto más bajo alrededor de 1650. La agricultura intensiva mantenía a las grandes ciudades, pero un excesivo desarrollo a tierras improductivas, el agotamiento del suelo y la falta de financiación, oprimieron a la población. El hambre persistió en Italia durante toda la década de 1590, la peste afectó el norte italiano en 1630-1631, reduciéndose la población de forma general en un cuarto, pero grandes ciudades de Milán y Génova perdieron hasta la mitad de su población. Con el aumento de población y de mano de obra en el se habían reducido los salarios, pero con la crisis demográfica del los salarios subieron y los precios bajaron. Además, la guerra de los Treinta Años entre 1618-1648 en Europa y la guerra de los otomanos y persas en Oriente en 1623-1639 interrumpieron el importante mercado de exportación italiano. En las ciudades, la producción de lana cayó un cincuenta por ciento en la década de 1620 y posteriormente casi desapareció, aunque la producción de seda se mantuvo, pero en definitiva las actividades comerciales y bancarias se restringieron. Las ciudades disminuyeron su actividad económica y dejaron pues de atraer inmigración, con lo que dejaron de crecer.
Esta involución económica del favoreció la inversión en propiedades territoriales y las rentas por encima del comercio y la industria. Las importaciones del noroeste europeo a precios más bajos frenaron el desarrollo industrial, los gremios se opusieron al cambio tecnológico y organizativo, y los mercaderes para escapar a las regulaciones gremiales favorecieron la implantación del sistema Putting-out, que transfirió la producción industrial urbana al campo. El capital se trasladó del sector industrial a la producción agrícola de cultivos comerciales como el aceite de oliva, el vino y la seda salvaje, con lo que el número de artesanos y mercaderes urbanos disminuyó mientras que la de los campesinos analfabetos aumentó, y la nobleza terrateniente intensificó su poder.
Desde la década de 1730 las hambres y las epidemias remitieron, y favorecido por el incremento de producción la población empezó a crecer. Siguiendo la tendencia del , la inversión en la tierra favoreció el aumento de la producción que favoreció el crecimiento demográfico. A pesar de que la población en Italia entre 1700 y 1800 aumentó alrededor de un tercio, a dieciocho millones, en el resto de Europa la población creció el doble respecto de esa proporción. El comercio atlántico provocó el estancamiento del Mediterráneo, el comercio exterior de Italia disminuyó y sus exportaciones pasaron de ser de valiosos productos manufacturados a materias primas relativamente baratas, como productos agrícolas, y también de productos semielaborados, y se convirtió en un importador de productos industriales acabados. Las economías urbanas fueron incapaces de aumentar su participación en el producto económico y el relativo estancamiento demográfico y económico evitó un desarrollo pleno de una revolución agraria o industrial durante el , quedando limitado a las reformas de los gobernantes ilustrados. La aristocracia mantuvo el control hegemónico de la política y la economía, dominando la propiedad de la tierra y controlando las instituciones. Las zonas rurales, donde vivía el noventa por ciento de la población, incrementaron su población principalmente en el , pero paralelo al crecimiento de población los salarios disminuyeron, lo cual deterioró su nivel de vida, mientras que en las ciudades las instituciones públicas y benéficas estabilizaron la situación de la población urbana. A pesar de todo, los pobres debían representar entre un cuarenta y cincuenta por ciento de la población en el .
Reichsitalien Hacia mitad del los territorios italianos al norte de los Estados pontificios y con excepción de Venecia, seguían formando parte del Imperio. La Italia imperial (Reichsitalien) abarcaba un área alrededor de 65.000 km², del norte del norte y centro italiano, cuyo territorio dependía del Emperador, y era también parte de la estructura feudal del Reich: los principados de Toscana, Milán, Saboya, Mantua, Módena, Reggio, Massa, Montferrato, Parma, Piacenza, y Mirandola, las repúblicas de Génova, Lucca, y unos 200-300 pequeños feudos,Hochedlinger, Michael (2003). Austria's wars of emergence: war, state and society in the Habsburg monarchy, 1683-1797 Modern wars in perspective. Pearson Education. p.51. ISBN 978-0-582-29084-6. en dependencia directa del emperador, como los caballeros imperiales de Piamonte, o familias condales reichsfrei como los Malaspina, interesados en conservar su vínculo con el Emperador para contrarrestar las apetencias de sus poderosos vecinos circundantes.Lund, Erik A. (1999). War for the every day: generals, knowledge, and warfare in early modern Europe, 1680-1740. Greenwood Publishing Group. p.28. ISBN 978-0-313-31041-6. Con la excepción de Saboya, ninguno de estos territorios se incluyó dentro de los estructura de círculos imperiales (Reichskreise), e incluso la membresía de Saboya en el círculo del Alto Rin permaneció tenue, pues no ejercitó su voto desde el .
El poder del emperador en la Italia imperial consistía en la concesión de dignidades y privilegios a territorios y vasallos, y en la sujeción de los señores ante el Consejo Áulico.Montpalau, Antonio (1786). Descripción política de las soberanías de Europa: contiene un estado geográfico histórico y económico. Miguel de Escribano. p.13. A través del Consejo Áulico (Reichshofrat) la suprema Corte administrativa, feudal y constitucional establecida en Viena, el emperador podía intervenir directamente en el gobierno de los territorios del Reich, y era más barato, más rápido y más decisivo acudir al Consejo Áulico que a la Cámara Imperial (Reichskammergericht), dominada por los Estados imperiales y en la que sus miembros reflejaban los intereses contrapuestos de los mismos EstadosRobertson, William (1817). The works of William Robertson, D.D.. A. Strahan. p.469. El Consejo Áulico tenía jurisdicción de apelación concurrente con la Cámara Imperial en todos los casos y los asuntos que tenía bajo jurisdicción exclusiva fueron: procesos feudales relativos a los feudatarios inmediatos del emperador, apelaciones de los dominios hereditarios del emperador, y todos los asuntos concernientes a la jurisdicción imperial en Italia. Por tanto, los territorios del Reichsitalien eran ocupados por el Consejo Áulico sin interferencia de la Cámara Imperial, ocupándose de aspectos relativos a la investitura de vassallos italianos, disputas sobre la posesión de un feudo, conflictos fronterizos, procesos de confiscación de feudos, y en general cualquier tipo de disputa relativa a los Feuda Imperialia, como el más alto tribunal de apelación para todo el reino de Italia, y de hecho tenía una sección en latín, con su propio secretario (Reichshofratssekretär), que se ocupaba en su mayor parte de los casos italianos, y también un fiscal (Reichshoffiskal) que se encargaba de rastrear los derechos imperiales.
La hegemonía española Tras la paz de Cateau-Cambrésis, España estableció su supremacía en Italia.Murray, Williamson; Knox, MacGregor; Bernstein, Alvin H. (1996). The making of strategy: rulers, states, and war. Cambridge University Press. p.125. ISBN 978-0-521-56627-8. Su artífice había sido el emperador Carlos V, cuando concedió a su hijo Felipe la investidura del ducado de Milán, que se sumó a la posesión de Nápoles, Sicilia y Cerdeña, al asumir Felipe la Corona española en enero de 1556. En ese mismo año, el rey español creó el Consejo de Italia para los asuntos de los territorios de Nápoles, Sicilia y Milán, lo cual complicaba la posición imperial en el norte de Italia, puesto que España buscaba establecer su propia red de dependencias a expensas del control imperial y papal, con la finalidad de garantizar el aprovisionamiento de los Países Bajos y asegurarse accesos directos al mar,Kohler, Alfred (1990). Das Reich im Kampf um die Hegemonie in Europa 1521-1648. Oldenbourg Wissenschaftsverlag. pp.22-23. ISBN 978-3-486-55461-8. España se convirtió así en un poder feudal italiano, lo que resultó que los territorios italianos dependieron de la política española, así por ejemplo, tras la guerra de Siena, el rey español invistió en 1557 a Cosme de Médici con Siena como una subinfeudización,Clogan, Paul Maurice (1987). The Early Renaissance. Rowman & Littlefield. p.59. ISBN 978-0-8476-7582-1. reservándose el español los Presidios de Toscana.
La debilidad imperial contrasta con la presencia española en Italia. El emperador carecía de una base territorial en Italia, con lo cual estaba limitado a ser el suzerano feudal de los territorios del Reichsitalien, lo que aceptaba en la capitulación imperial (Wahlkapitulation), y por tanto tenía el derecho de investidura.Bromley, J.S. (1970). The new Cambridge modern history: The rise of Great Britain and Russia, 1688-1715/25. 6. CUP Archive. p.386. ISBN 978-0-521-07524-4. Sin embargo, a pesar de la supremacía española en Italia, los territorios italianos al norte de los Estados pontificios y con excepción de Venecia, seguían formando parte del Imperio, y los emperadores no renunciaron a su prerrogativas. Así pues, si bien en marzo de 1556 el emperador Carlos V hizo a su hijo Felipe, y a sus sucesores, vicario perpetuo del Imperio en Italia,Boyden, James M. (1995). The courtier and the King: Ruy Gómez de Silva, Philip II, and the court of Spain. University of California Press. p.59. ISBN 978-0-520-08622-7. en 1558 el rey español solicitó a su tío el emperador Fernando I la investidura oficial como vicario general del Imperio en Italia,Kamen, Henry (1997). Felipe de España. Siglo XXI de España Editores. ppp.242-243 ISBN 978-84-323-0962-5. pero la cuestión fue rechazada sutilmente por el emperador, puesto que su aceptación habría supuesto de hecho la pérdida imperial en Italia, con lo que condicionó el vicariato a la presencia forzosa del rey español en Italia, pág. 249 y al posible conflicto que podía originarse en el Imperio.Braudel, Fernand (1995). The Mediterranean and the Mediterranean world in the age of Philip II. 2, University of California Press. p.936. ISBN 978-0-520-20330-3.