Durante los primeros meses de la guerra civil española, en el bando republicano, los partidos políticos y los sindicatos formaron milicias populares con la intención de contrarrestar el golpe militar del 17-18 de julio. Entre otros participantes la central sindical Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y los grupos anarquistas organizaron las llamadas milicias confederales. Estas predominaron en el Frente de Aragón (Zaragoza y Huesca), en el cerco a Málaga y en el Frente de Teruel.

Las milicias que rodearon Teruel durante el mes de agosto de 1936 salieron de Castellón, Valencia y otras ciudades del Levante como Alcoy, Alicante o Cartagena. Y entre ellas, las más numerosas fueron las organizadas por la CNT.

A diferencia de los futuros ejércitos republicanos de Aragón o del Centro (Madrid y alrededores), la CNT no tendría gran influencia a raíz de la militarización. Al ser Valencia el lugar elegido por el Gobierno republicano como sede nacional, el Estado republicano se reconstruiría desde allí, asfixiando todo intento de autogobierno.

La CNT en Levante durante la República La costa del Mediterráneo siempre fue una tierra en la que las ideas anarquistas habían tenido más arraigo. Prácticamente desde los tiempos de la I Internacional el anarquismo había confluido con el movimiento obrero en las ciudades y pueblos valencianos y murcianos. Existieron numerosas sociedades obreras de cariz anarquista hasta la creación de la CNT en 1910. En 1920 se crearía la llamada Regional de Levante de la CNT que además de Castellón, Valencia y Alicante englobaría a Murcia y Albacete. Así estaría configurada la CNT levantina hasta la Guerra Civil de 1936.

En 1931, la CNT llega al Congreso de Madrid con más de 100.000 afiliados, siendo la tercera confederación regional más fuerte de la CNT, detrás de Cataluña y Andalucía. Aunque el anarquismo valenciano estaba bajo mínimos tras años de dictadura, pronto lograron reorganizarse rápidamente en torno a la CNT. Los anarquistas de Valencia estaban organizados en torno al Ateneo de Divulgación Anarquista. Sin embargo, en la CNT valenciana predominaba la corriente moderada que más tarde se denominaría treintista, liderada por Juan López, después ministro en la Guerra Civil. Saludaban la República como un acto revolucionario, conseguido por las masas, una conquista del pueblo y se proponían ayudar a consolidarla adoptando una postura constructiva. Su idea era reestructurar la CNT y organizarla en tanto sindicato, dotándola de Federaciones de Industria.

Esta tendencia era opuesta a la anarquista, que pronto se organizó en torno a la FAI. En 1931 Progreso Fernández era su figura más destacada. Entonces la República no había tenido tiempo de consolidarse. España acababa de salir de una dictadura de 7 años. Se estaba pidiendo la disolución de la Guardia Civil, el ejército estaba revuelto, los campesinos querían una reforma agraria inmediata, los obreros de las ciudades exigían mejoras sociales... Los anarquistas veían en ello una oportunidad histórica para caminar hacia la revolución. Y en lugar de consolidar la República buscarían ir hacia su destrucción. El ejemplo lo sacaban de Rusia, que en cuanto cayó el régimen zarista en febrero de 1917, los bolcheviques atacaron sin piedad al gobierno sucesor de Kerensky hasta lograr la revolución en octubre de 1917. No había que dejar consolidarse a un gobierno burgués.

Estas dos posturas chocarían fuertemente durante los siguientes meses. Los anarquistas (o faístas; de la FAI) tendrían más partidarios en los pueblos, especialmente en los pueblos campesinos de la región, mientras que los treintistas serían mayoritarios en Valencia y en las industrias. El punto de fricción más fuerte fue la llamada trabazón FAI-CNT. Esta tenía su origen en los comités pro-presos. En el año 1931 cada huelga terminaba con numerosos heridos y detenidos. Cuando se enviaba a prisión a los hueguistas los sindicatos se encargaban de su defensa legal y de apoyar a la familia del detenido. Pero como en muchas ocasiones los presos lo eran por sus ideas anarquistas, la FAI quiso que el comité fuera paritario entre las dos organizaciones. Esto venía siendo así desde 1928. Desde los sindicatos treintistas se veía como una intromisión en los asuntos internos de la organización. Pero conforme pasaba 1932 las detenciones fueron tantas que la organización quedó prácticamente sin recursos económicos para atenderlos.

El desenlace fue la escisión de los treintistas. Ésta tuvo lugar en el Congreso Regional de sindicatos de Alcoy, del 29 de septiembre al 2 de octubre de 1932. En este congreso ambas posturas chocaron fuertemente, y a pesar de que los anarquistas y cenetistas presentes de otras regionales intentaron calmar los ánimos, a finales de año el Sindicato de Agua, Gas y Electricidad de Valencia dejaría de pagar el sello confederal (las cuotas a la CNT) mientras estuviera la FAI en los comités pro-presos. Pocos días después lo seguirían otros sindicatos (Madera, Transportes, Vidrio, Petróleos, Mercantil, Toneleros, Pescadores...).Miquel Amorós. José Pellicer. El anarquista íntegro Con esta medida incumplían un acuerdo de la Confederación y se colocaban fuera de la CNT. Fueron llamados los Sindicatos de Oposición. Se les calcula hasta 25.000 afiliados para el Levante. Sin embargo, a pesar de quedar sin rivales, la facción anarquista tampoco lograría reponerse. La mayoría de sus militantes más destacados estaban en la cárcel. Así que durante 1933, y hasta 1936, la CNT levantina quedaría prácticamente en cuadro.

En febrero de 1936 en medio de un clima de unidad, el Frente Popular gana las elecciones de la República. Se habían limado las asperezas entre ambos sectores libertarios. También se había llegado a algún entendimiento con los socialistas tras la Huelga General de 1934 y se había creado la Alianza Obrera en Valencia. Los socialistas tenían la idea de que la República les había fallado y que era necesaria una medida revolucionaria para evitar que España acabara en manos del fascismo. Para los anarquistas la victoria del Frente Popular significó la liberación de numerosos presos, muchos de ellos significados. A raíz de su libertad muchos grupos anarquistas comenzaron a operar de nuevo.

En mayo de 1936 tuvo lugar el Congreso de Zaragoza, en donde se acabó con la escisión y los treintistas volvieron a reintegrarse en la CNT. En este congreso la Regional levantina da la cifra de 75.000 afiliados, siendo 100.000 para julio.

El levantamiento militar A finales de junio, la CNT organiza un Comité de Defensa Confederal. Se apoyaba en el Sindicato de la Construcción, que estaba dominado por los anarquistas de acción del grupo Nosotros (los hermanos Pellicer, Segarra, Raimundo Jiménez, etc.). El grupo Nosotros estaba muy ligado al Comité de Defensa, a las Juventudes Libertarias y al Sindicato de la Construcción. El comité se encargaba de coordinar a los cuadros de defensa que se organizaban en los sindicatos. Sin embargo estaban muy mal armados, apenas tenían pistolas y alguna escopeta. Los sindicatos de la construcción solían estar dominados por la facción anarquista en casi todas las ciudades. Esto se debía a que la construcción era el trabajo más común entre los obreros que se quedaban en paro y tenían que compaginar trabajos ocasionales con largas estancias en paro. Como los anarquistas solían ser despedidos más a menudo que los otros trabajadores, en muchas ocasiones acababan en las obras de la construcción, que era donde finalmente desarrollaban su actividad sindical.Julián Casanova. De la Calle al Frente. Crítica. 1997 miniaturadeimagen|Moneda local republicana. Comité de Enlace Ejecutivo CNT-UGT (Alginet, Valencia) Los preparativos del golpe no eran un secreto para nadie. Días antes del golpe militar un grupo de falangistas ocupó Unión Radio y lanzó una proclama. Tras conocerse la sublevación de Melilla, y los sucesos del 18 de julio (el levantamiento en Andalucía), para el 19, los sindicatos UGT y CNT convocan a la huelga general indefinida y forman un comité de huelga UGT-CNT. El grupo Nosotros asalta dos armerías y entran en el convento de los dominicos buscando armas (cosa que no era muy rara en las iglesias de la época). El Sindicato de la Construcción ocupa el Seminario de Santo Tomás y lo utilizará como sede a partir de entonces. El Frente Popular convoca una manifestación masiva en la Plaza Castelar. Por la noche algunos soldados cachean a los civiles en busca de armas, cosa que produce tensiones.

Los partidos del Frente Popular constituyeron la noche del 18 al 19 de julio el Comité Ejecutivo Popular de Valencia (CEP), y éste comenzó a realizar gestiones con el jefe militar de la III División Militar, Martínez Monje. Éste mantenía una actitud ambigua hacia la República y no se terminaba de posicionar claramente. Aseguraba su lealtad republicana pero quería que cesara la huelga. Decidió acuartelar la tropa, lo que acrecentó aún más las dudas.

El 21 aún no habían depuesto los militar las armas, así que la ira popular derivó hacia las iglesias, a pesar del CEP (la autoridad en esos momentos). El gobierno envió entonces una Junta Delegada, a cargo del diputado republicano Diego Martínez Barrio, que lo primero que hizo fue solicitar el fin de la huelga, logrando la desconfianza de los sindicatos. Recibió el apoyo de los comunistas y del partido de Azaña. Pero los socialistas y los anarquistas se opusieron en firme. El 23 ambos sindicatos constituyeron un Comité de Huelga Unificado para tratar con el desabastecimiento que comenzaba a padecerse en Valencia. Al mismo tiempo cedían la dirección de la lucha militar al CEP, que encargó al capitán de la Guardia civil Manuel Uribarri la formación de milicias. Hay que decir que en la CNT la posición treintista volvió a ganar fuerza y una vez más se estaban haciendo con la Federación Local de Valencia. Domingo Torres y Juan López eran sus representantes más significativos.

En esos momentos en Valencia comenzaba a vivirse una revolución. Los sindicatos estaban incautando locales, formando grupos de milicianos y requisando todos los automóviles. Se generalizó la formación de comités de fábrica. En los pueblos estos comités lo controlaban todo y estaban dispuestos a enviar a la capital combatientes contra los fascistas.

El día 24 llegan a Valencia dos barcos desde Barcelona que traían fusiles. Los obreros del puerto confraternizaron rápidamente con los marineros y creció el entusiasmo. Pronto se controló la situación en Albacete, que un grupo de guardias y milicianos de Alicante, Murcia y Cartagena tomaron el 25. También se controló la base aérea de San Javier. Alicante fue neutralizado. En Alcoy los anarquistas asaltaron en cuartel de infantería con armas de Valencia.

Mientras tanto Uribarry estaba instruyendo a los voluntarios en la plaza de toros. Y la Junta Delegada envió los primeros batallones a los frentes. El día 22 salió un convoy para Madrid y el 24 una columna mixta (llamada Columna Casas Sala o también Columna Fernández-Bujanda) de voluntarios y guardias civiles para Castellón que luego se dirigiría a Teruel. En estos momentos funcionaban tres poderes en Valencia: la Junta Delegada, el CEP y el comité de huelga.

En Paterna los soldados, instigados por el sargento Fabra, tomaron el cuartel de ingenieros, acabando con los oficiales rebeldes. Pero la columna que iba a Teruel fue traicionada por los guardias civiles. En contra de los consejos del CEP, la proporción de guardias y paisanos era de 1 a 2, lo que en un momento dado hizo que los primeros les tendieran una emboscada a los segundos, matando a más de 40 milicianos y llevándose a Teruel para ser ejecutados a los jefes y a otros voluntarios. Por otra parte, Martínez Monje radiaba un mensaje anunciando su adhesión a la República. Por tanto los obreros de la CNT supieron que había llegado su hora y en cuanto se abrieron los cuarteles entraron apoderándose de bastantes armas.