El Consejo de la República o, más comúnmente, Preparlamento fue una asamblea formada el 3 de octubre de 1917 en la República Rusa tras el golpe de Kornílov para tratar de paliar el retraso de la convocatoria de la Asamblea Constituyente Rusa. Utilizada por conservadores y socialistas moderados para minar el poder de los sóviets (consejos) y respaldar a Aleksandr Kérenski, fue disuelta durante la Revolución de Octubre.

El Preparlamento surgió del deseo de los socialistas moderados, cada vez con menor respaldo entre la población, de contar con unas Cortes provisionales que restasen poder a los sóviets —cada vez más controlados por los socialistas radicales— y sirviesen para supervisar y apoyar al nuevo Gobierno que debía formarse después del fracaso del golpe de Kornílov, durante el que Kérenski había recibido poderes dictatoriales.

La Conferencia Democrática Panrusa, constituida como alternativa a la Conferencia Estatal de Moscú, trató la composición del nuevo Gobierno (principalmente, la conveniencia de mantener la coalición entre socialistas y liberales surgida de la crisis de abril), pero acabó en un fiasco: la mayoría aprobó el mantenimiento de la coalición, pero rechazó que esta incluyese al principal partido conservador, el Partido Democrático Constitucional (KD, kadetes). Ante la parálisis de la conferencia, parte de su presidencia, con el menchevique Irakli Tsereteli y otros partidarios del mantenimiento de la coalición a la cabeza, lograron el respaldo de la mayoría de los delegados para tratar con Kérenski la composición del nuevo Consejo de Ministros. Este acabó por incluir a liberales y kadetes y no quedó sometido al control del nuevo Preparlamento surgido de la conferencia, como se había previsto al principio.

Durante el corto periodo del último gabinete de coalición anterior a la Revolución de Octubre, el Preparlamento se mostró incapaz de ofrecer un respaldo firme al Gobierno provisional o de aprobar medidas para frenar la inminente toma del poder de los bolcheviques, que se habían retirado del organismo tras duros debates internos. Fue finalmente disuelto por soldados y marinos partidarios de los bolcheviques durante la insurrección, después de intentar en vano imponer reformas de urgencia a Kérenski en los primeros momentos de la revolución bolchevique.

Antecedentes Durante el golpe de Kornílov, el Gobierno provisional había entregado todo el poder gubernamental al primer ministro Aleksandr Kérenski. Los kadetes, acusados de connivencia con el general, quedaron desacreditados y sus actividades políticas desbaratadas. Las discusiones sobre la forma de gobierno —mantenimiento de la coalición social-burguesa o creación de un nuevo gabinete exclusivamente socialista—, también desorganizaron las filas socialistas.

Algunos socialistas creyeron conveniente la creación de un organismo de control del Gobierno que supervisase su actividad hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Dada la gran tensión tras la intentona militar, el nuevo organismo debía evitar también el estallido de una guerra civil. Los moderados incluyeron entre los objetivos de la conferencia la decisión definitiva sobre la forma de Gobierno, bien de coalición, bien únicamente socialista. Los socialrevolucionarios, tanto los partidarios de mantener la coalición con los representantes burgueses como los que habían perdido su confianza en ellos por el golpe de Estado, respaldaron la creación del ente, propuesto oficialmente por el menchevique Fiódor Dan durante el golpe de Estado (). A la vez, la propuesta de los bolcheviques y de los mencheviques internacionalistas de acabar con los Gobiernos de coalición con la burguesía y formar uno nuevo completamente socialista fue rechazada en los comités ejecutivos de los consejos, a pesar del creciente desdén de las corrientes principales de socialrevolucionarios y mencheviques por Kérenski y su nuevo directorio.

Los más moderados de entre los socialistas concebían el nuevo organismo no sólo como un centro de control del Gobierno o una manera de calmar a los radicales, sino como un nuevo centro de poder, alternativo a los sóviets (consejos), en los que su influencia iba decayendo frente a los extremistas. El nuevo organismo debía contar con elementos conservadores que sirviesen de contrapeso a los socialistas radicales. Además, debía servir para cohesionar a los elementos burgueses más progresistas, a la izquierda de los kadetes, que carecían de un partido u organización propios que los representase en su conjunto y con el cual pudiese cooperar los socialistas moderados. Los mencheviques, convencidos aún de que la toma del poder por los socialistas o por los consejos —en la práctica probablemente por los bolcheviques, cada vez más fuertes en las grandes ciudades— conduciría a la derrota de la revolución, seguían viendo como única alternativa la coalición con las fuerzas burguesas, si bien discrepaban sobre con cuáles. Sostenían que en el nuevo Gobierno los sóviets tendrían la iniciativa, pero mantendrían la colaboración con las clases intermedias de la sociedad y sus organizaciones, sin las cuales pensaban que el Gobierno soviético había de quedar aislado y sin capacidad administrativa.

La Conferencia Democrática El dirigente menchevique moderado Irakli Tsereteli, partidario de mantener la coalición entre socialistas y burgueses, logró que Kérenski formase un nuevo Gobierno con los kadetes, a pesar de las votaciones de la Conferencia.|thumb|right El primer intento de crear el nuevo organismo de control fue la convocatoria de la Conferencia Democrática que, según los socialrevolucionarios, se convertiría en un Preparlamento (hasta su relevo por la Asamblea Constituyente) en el que los conservadores estarían en minoría. La convocaron tanto los mencheviques a través del Comité Ejecutivo Central Panruso (VTsIK) como sus aliados socialrevolucionarios a través del Comité Ejecutivo de los Sóviets de Campesinos. Los socialistas moderados trataban así de recuperar la autoridad perdida y resolver mediante la conferencia la crisis política desencadenada por el golpe de Estado. El primer revés de los socialistas moderados se produjo cuando las figuras progresistas que estos pensaban incluir en el nuevo Gobierno se negaron a ingresar en él y a enfrentarse así a los partidos tradicionales de la burguesía. Las únicas opciones viables volvían a ser un Gobierno soviético o la vuelta a la coalición tradicional; la intelectualidad progresista había dejado de apoyar la revolución, radicalizada.

La conferencia, como el resto de asambleas del periodo revolucionario, fue una inmensa reunión de complicada gestión en la que el radicalismo de los sóviets se trató de compensar con delegados de las cooperativas, los municipios, los zemstvos, los consejos rurales y otros órganos controlados principalmente por intelectuales defensistas. Esta composición debía favorecer a los convocantes de la conferencia en opinión de estos. La asamblea contó con 1198 delegados.176 Gran parte de ellos no declararon su filiación política, pero se sabe que había al menos 365 socialrevolucionarios y 340 socialdemócratas (entre mencheviques y 89 bolcheviques), y numerosos cercanos a los kadetes. Los moderados tenían mayoría en la conferencia. Aunque los socialrevolucionarios formaban la mayor delegación, se encontraban extraordinariamente divididos, lo que les impidió controlar las sesiones. Tres posturas aparecieron en el partido —y en la conferencia en general—, que se defendieron por separado en la conferencia: los partidarios de mantener la coalición social-burguesa, sin excluir a los kadetes; los que defendían la coalición pero deseaban excluir a estos últimos, y los opuestos a toda coalición.417 Los bolcheviques, apenas alrededor de un 10 % de los delegados, contaban, empero, con poder aprovechar la vacilación de muchos de los moderados, antiguos partidarios de la política de coalición que habían quedado desengañados por la intentona militar. Lev Kámenev, delegado bolchevique a la Conferencia, defendió infructuosamente el fin de las coaliciones social-burguesas y la formación de un nuevo Gobierno exclusivamente socialista.|thumb|left La conferencia abrió la sesión la noche del , en el Teatro Aleksandrinski de Petrogrado. Nikolái Chjeidze y Nikolái Avkséntiev comenzaron por recordar a los delegados la gravedad de la situación del país. Kérenski acudió a la apertura y tuvo que defenderse de la acusación de haber restaurado la pena de muerte, abolida inicialmente tras la Revolución de Febrero, a la vez que advertía a los bolcheviques contra cualquier intento de tomar el poder por la fuerza; a pesar de algún momento de incomodidad y de la continua hostilidad de los delegados bolcheviques, abandonó la sesión entre las ovaciones habituales a sus discursos.

Las primeras intervenciones ya dejaron claras las diferencias entre los participantes y la hostilidad hacia los kadetes. Algunos antiguos partidarios de la coalición intervinieron para defender con vehemencia el fin de esta, otros a favor de la continuación de la coalición, pero no con los kadetes, sino con otros representantes de la burguesía liberal. El socialrevolucionario y antiguo ministro Chernov se opuso a la continuación de la cooperación con los kadetes, pero admitió la posibilidad de mantener en el Gobierno a otros liberales. El menchevique internacionalista Yuli Mártov y los bolcheviques Lev Kámenev, Riazánov o Shliápnikov se opusieron totalmente a la continuación de la alianza con los liberales. El Teatro Aleksandrinski, en cuya sala forrada de rojo se celebró la conferencia.|thumb|right Al día siguiente, el comité central bolchevique recibió dos cartas de Lenin, escondido para evitar ser arrestado por la policía, en las que abogaba por una insurrección inmediata. El comité rechazó los argumentos de Lenin, pero radicalizó su postura en la conferencia, exigiendo la inmediata formación de un nuevo gabinete socialista basado en los sóviets. La mayor debilidad de aquellos opuestos a la continuación de los Gobiernos de coalición con los liberales era su incapacidad de acordar una alternativa.

Los partidarios de continuar la cooperación con los kadetes estaban encabezados por Tsereteli y trataron de ganar apoyos prometiendo la exclusión de aquellos kadetes directamente implicados en el golpe de Estado, pero indicando al tiempo que los principales dirigentes de esta formación no lo habían estado. Tsereteli trató de reducir la hostilidad de los delegados hacia los kadetes para intentar mantener la coalición. Lo respaldaron otras destacadas figuras mencheviques, como Nikolái Chjeidze o Fiódor Dan, así como el bundista Mijaíl Líber.