thumb|350px|Vista aérea de la basílica de San Pedro en el Vaticano La doctrina de la Iglesia católica, o simplemente doctrina católica, es el conjunto de contenidos que la Iglesia católica considera como «verdades de fe», y de acuerdo a las enseñanzas de la misma, es el resultado de las palabras y obras realizadas por Jesucristo para revelar a los hombres el camino de la salvación y de la vida eterna. Las enseñanzas que la Iglesia católica declara como verdades de fe se encuentran expresadas y resumidas en el Credo Niceno-Constantinopolitano y en numerosos documentos de la Iglesia, como por ejemplo en el Catecismo de la Iglesia católica (CIC) y en el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica (CCIC).
La Iglesia cristiana cree que la doctrina fue gradualmente revelada por Dios a través de los tiempos, llegando a su plenitud y perfección en Jesús, Cristo, considerado por los católicos como el Hijo de Dios, el Mesías y el Salvador del mundo y de la humanidad.Ibídem, n. 87Ibídem, n. 82 Pero, la definición y comprensión de esa doctrina es progresiva, necesitando por eso del constante estudio y reflexión de la Teología, pero siempre fiel a la revelación divina y orientada por la Iglesia.
Para los católicos, la fe consiste en su libre entrega y amor a Dios, dándole "la plena sumisión de su intelecto y de su voluntad y dando consentimiento voluntario a la revelación hecha por Él". Esa revelación es transmitida por la Iglesia sobre la forma de Tradición. La fe en Dios "opera por la caridad" (Gálatas 5,6), por eso la vida de santificación de un católico implica su participación en los sacramentos y su seguimiento de la voluntad divina,Ibídem, n. 386 a través de, por ejemplo, la práctica de las enseñanzas reveladas (que se resumen en el mandamiento del amor enseñado por Jesús), de las buenas obras y también de las reglas de vida propuestas por la Iglesia fundada y encabezada por Jesús.Ibídem; n. 388 Esa entrega a Dios tiene por finalidad y esperanza últimas la salvación de los hombresIbídem, n. 428 y la implementación del Reino de Dios. En ese reino eterno solo existe el bien, y los hombres salvos y justos, después de la resurrección de los muertos y el fin del mundo, pasarán a vivir eternamente en Dios, con Dios y junto a Dios.Ibídem; n. 216
Revelación divina y tradición
thumb|150px|Dios se revela a Abraham, el mayor patriarca del Antiguo Testamento y el "padre de los creyentes".
Según la fe católica, Dios se reveló al hombre, a través de palabras y acontecimientos, para que el hombre pueda conocer su designio de benevolencia. Ese designio "consiste en hacer participar, por la gracia del Espíritu Santo, a todos los hombres en la vida divina, como sus hijos adoptivos en su único hijo", que es Jesucristo. Esa infalible Revelación divina, manifestada a lo largo de los siglos que corresponden al Antiguo Testamento, es plenamente realizada y completada en Jesucristo. A partir de la resurrección de Cristo, no será revelado más nada a los hombres hasta la Parusía. Pero, "a pesar de que la Revelación ya está completa, todavía no está plenamente explicitada. Y está reservado a la fe cristiana aprender gradualmente todo su alcance, y el transcurso de los siglos."
A partir de ahí, según lo que dice la Iglesia, la Revelación inmutable (o el depósito de fe) sería transmitida ininterrumpidamente e íntegramente por la Iglesia católica a través de una doble Tradición (que en latín significa entrega el acto de confiar) indisociable, que puede ser oral o escrita (2 Tesalonicenses 2,15; 2 Timoteo 1,13-14; 2,2):
la Tradición oral, o simplemente la Tradición, que conserva las enseñanzas de Cristo a los Apóstoles. A su vez, ellos transmiten integralmente estas enseñanzas a sus sucesores (los obispos unidos con el Papa), para que ellos puedan conservar y difundirlos; la Tradición escrita, o la Biblia, es el producto del registro escrito de la Tradición oral por los cuatro evangelistas y otros escritores sagrados, siempre inspirados por el Espíritu Santo. Para los católicos, la Biblia está constituida por 73 libros, organizados en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.
Ambas están intercomunicadas, visto que "Jesús ha hecho en presencia de los discípulos muchas otras señales, que no están escritas en este libro", en el Evangelio de San Juan. Además de la Revelación inmutable, existen también las apariciones privadas (ej.: las apariciones marianas), que no pertenecen a la Revelación ni pueden contradecirlas. Por eso, los católicos no están obligados a creer en ellas, aunque algunas de ellas fueran reconocidas como auténticas por la Iglesia (ej.: apariciones de Fátima). Su papel es solamente ayudar a los fieles a vivir mejor la Revelación divina, en una determinada época de la historia.
Magisterio de la Iglesia y desarrollo de la doctrina
thumb|izquierda|130px|El Cardenal Newman () reflexionó mucho sobre el desarrollo de la doctrina.
La Tradición, sea ella oral o escrita, es interpretada y profundizada progresivamente por el Magisterio de la Iglesia católica, que debe ser obedecida y seguida por los católicos. Esto porque la función del Magisterio es de guardar, interpretar, trasmitir y enseñar la Tradición, que es propia de la autoridad de la Iglesia, pero más concretamente del Papa y de los obispos unidos al Papa. Fue sobre la base de su interpretación que la Iglesia escogió los libros pertenecientes al canon bíblico. Ella cree que sus verdades de fe no están solamente contenidas en la Biblia, queriendo eso decir que las Tradiciones orales y escritas "deben ser recibidas y veneradas con igual espíritu de piedad y reverencia".
La Iglesia católica cree que, "a pesar de que la Revelación ya está completa, todavía no está plenamente explicitada. Y está reservado a la fe cristiana aprender gradualmente todo su alcance, en el transcurso de los siglos." Por eso, la Iglesia admite el desarrollo progresivo de su doctrina, bien como las costumbres y la expresión de la fe de sus fieles, a lo largo de los siglos. Ese desarrollo doctrinal, que según cree es orientado por la gracia del Espíritu Santo, es resultado de la interpretación gradual de la Revelación divina (o "crecimiento y la inteligencia de la fe"), que no puede ser confundida con a materia de la propia Revelación, que es inalterable. En otras palabras, el Magisterio de la Iglesia, al meditar y estudiar la Revelación inmutable, se daría cuenta de manera gradual de ciertas realidades que antes no tenía comprendida explícita y totalmente.
El proceso de desarrollo de la doctrina, que tiene que ser siempre continuo y fiel a la Tradición, implica la definición gradual de dogmas, que, una vez proclamados solemnemente, son inmutables y eternos. Pero, eso "no quiere decir que tales verdades solo han sido reveladas tardíamente, sino que se vuelven más claras y útiles para la Iglesia en su progresión en la fe."
Dogmas, verdades de fe e hipótesis
Existe una jerarquía que divide y clasifica las varias verdades de fe profesadas por la Iglesia católica, ya que su relación con el "fundamento de la fe cristiana" es diferente.
De ese modo, existen los dogmas, que son las verdades infalibles e inmutables que constituyen a base de la doctrina católica. Los dogmas son definidos y proclamados solemnemente por el Supremo Magisterio (Papa o Concilio Ecuménico con el Papa) siendo verdades definitivas, porque ellas están contenidas en la Revelación divina o tienen con ella una conexión necesaria. Una vez proclamado solemnemente, ningún dogma puede ser alterado o negado (sin embargo, puede ser reinterpretado). Por eso, el católico está obligado a adherir, aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable.
Además de los dogmas, existen todavía muchas definiciones doctrinarias que, no estando expresamente definidas en la Biblia o en la Tradición oral, aún plantean dudas y no se encuentran todavía completamente desarrolladas. Esas definiciones, que después se pueden volver dogmas, son divididas en:
verdades de fe, que son objeto de creencia por todos los católicos, aunque todavía no sean dogmas y que pueden sufrir algún desarrollo doctrinal posterior; verdades próximas a la fe, que faltan poco para volverse verdades de fe; hipótesis, que pueden ser creídas por los católicos y que permanecen solamente como temas de reflexión por parte de teólogos debidamente acreditadas por la Santa Sede.
Ortodoxia, heterodoxia y herejía
Además de la doctrina oficial u ortodoxa propuesta por el Magisterio de la Iglesia católica ordinariamente a través del munus docendi (deber de enseñar) del obispo en comunión con el Papa y extraordinariamente a través de los Concilios Ecuménicos y definiciones pontificias solemnes, aparecieron varias otras versiones teológicas heterodoxas. Esos desvíos de la enseñanza normativa de la Iglesia pueden ser tolerados, combatidos a través de la catequesis y discusiones o condenados solemnemente por la Iglesia. Uno de los ejemplos más paradigmáticos de versión teológica heterodoxa es la teología de la liberación, de fuerte inspiración marxista, que fue corregida por la innstrucción Libertatis nuntius.Libertatis Nuntius
Las herejías son doctrinas heterodoxas desarrolladas por bautizados cristianos que niegan y dudan explícitamente un dogma o verdad fundamental católica. Cualquier hereje, excepto los nacidos y bautizados en comunidades no católicas o aquellos que cayeron en herejía o cisma antes de los 16 años, es condenado con la excomunión latae sententiae y con otras penas canónicas, como a dimisión del estado clerical, en caso de que el hereje sea un clérigo. Algunas de las principales herejías condenadas por la Iglesia fueron el gnosticismo (), el maniqueísmo (), el arrianismo (), el pelagianismo (), Iconoclasia (), catarismo (siglos -), protestantismo (), anglicanismo (), jansenismo () y modernismo (). Hoy, la Iglesia considera el relativismo moral y doctrinal como la gran herejía actual.
Supresión de la herejía: la Inquisición
La Inquisición se refiere a varias instituciones creadas para combatir y suprimir la herejía en el seno de la Iglesia católica. La Inquisición medieval fue jurídicamente instituida en 1231. La instalación de esos tribunales eclesiásticos era común en Europa a pedido de los poderes regios, especialmente en España (1478) y en Portugal (1531/1536), donde ambas dependieron mucho del poder civil.
El condenado era muchas veces responsabilizado por una "crisis de fe", pestes, terremotos y miseria social, siendo entregado a las autoridades del Estado para que fuese punido. Las penas variaban desde el ayuno, multas, pequeñas penitencias, prisión, confiscación de bienes, pérdida de libertad y tortura hasta la pena de muerte aplicada por el poder civil, cuya modalidad más conocida es la hoguera.M.L.T. Carneiro, El Fuego y los Rituales de Purificación. La Teoría del Maleficio, Rescate. Revista de Cultura, N.º 3, Campinas: Papirus, 1991, pp.27-32. A pesar de eso, activistas y estudiosos católicos argumentan que la Inquisición papal fue instituida principalmente para impedir y evitar las supersticiones judiciales (ej.: ordalía) y los abusos de población o de gobernantes seculares,Prof. Aquino, Felipe. Para entender la Inquisición. Editorial Cleofas. 2009. Pág.: 11-13, 98. ISBN 978-85-88158-56-6. como Federico II, que ejecutaba herejes por cuestiones políticas.
En los siglos y , influenciados por la Reforma protestante, la Inquisición fue reorganizada: en 1542, el Papa Pablo III instituyó la Sagrada Congregación de la Inquisición Universal. En el , los tribunales de la Inquisición fueron suprimidos por los Estados europeos, pero todavía mantenidos por el Estado Pontificio. En 1908, sobre el Papa Pío X, la institución fue renombrada Sacra Congregación del Santo Oficio. En 1965, con motivo del Concilio Vaticano II, durante el pontificado de Pablo VI, asumió su nombre actual de Congregación para la Doctrina de la Fe.