El río Zapardiel es un río español afluente del río Duero (cuenca del Duero, subdivisión del Bajo Duero), de antiguo poblamiento y larga historia; aunque su caudal es escaso y actualmente muy contaminado, al menos en una buena parte de su recorrido, que afecta a las provincias de Ávila (donde nace) y Valladolid (donde desemboca).

Toponimia Se especula, aunque no hay pruebas al respecto, que el nombre pudiera proceder del hebreo «Tspardelh» que, en castellano, significaría «río de ranas» (el vocablo debió pasar a los musulmanes de la región, que también dieron nombre a Medina del Campo). En castellano viejo el nombre derivaría a Çapardielo y de ahí, perdiéndose la «o» final a la denominación actual.

Datos generales

El río Zapardiel nace en la laguna de San Martín de las Cabezas (sierra de Ávila), en el municipio de El Parral, pasa por Rivilla de Barajas y Fontiveros, también en la provincia de Ávila y, después por Medina del Campo, ya en la provincia de Valladolid; para desembocar, a una altitud de sobre el nivel del mar, en la margen izquierda del Duero, cerca de Tordesillas. Aunque el Zapardiel nunca ha tenido un caudal permanente (salvo en invierno), en los últimos años se ha secado prácticamente del todo; es, por tanto, lo que se llama un río transitorio (está siempre seco excepto cuando hay grandes descargas torrenciales).

Actualmente está sumamente degradado debido a la escorrentía de nutrientes, pesticidas y herbicidas agrícolas, los vertidos urbanos e industriales, los escombros, la sobreexplotación de acuíferos para regadío, la industria o el consumo humano de los términos municipales por los que pasa. Tan sólo Fontiveros, Medina del Campo y Rueda poseen depuradoras municipales. Este río es uno de los que tienen peor calidad de agua de la zona, con altos grados de mineralización y grandes cantidades de materia orgánica, lo que implica aguas altamente eutrofizadas. En general, el Zapardiel es un triste ejemplo de la destrucción de un río: apenas tiene vegetación o arbolado, salvo algunos pinares y choperas de producción que han sustituido a los bosques tradicionales de ribera, la roturación ha sido desmedida en sus cercanías, a menudo se han habilitado caminos justo en sus orillas, han desaparecido las olmedas a causa de la grafiosis y otra serie de infortunios.

thumb|540x540px|center|Perfil de río Zapardiel desde su nacimiento hasta su desembocadura

A pesar de su estado actual, Miguel de Cervantes menciona este río en su obra Viaje del Parnaso, diciendo: «Zapardiel, famoso por su pesca». Aparece descrito en el decimosexto volumen del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz de la siguiente manera:

Afluentes miniaturadeimagen|Río Valtodano, principal afluente histórico del Zapardiel, en su desembocadura en Castellanos de Zapardiel. Esta confluencia solía producir inundaciones, por lo que se intentó hacer una pequeña presa y cuyos restos se aprecian en la imagen. El río Zapardiel tiene como principal afluente de importancia al río Valtodano, que nace en la Laguna del Regajal de Donjimeno y desemboca en el Zapardiel en Castellanos de Zapardiel. Este pequeño río, es el único de los afluentes del Zapardiel que permitía un aprovechamiento de sus aguas mediante molinosen Fuentes de Año. Asimismo, la toponimia sugiere que el Valtodano poseía cierta capacidad pesquera, ejemplificándose en ejemplos como la "calle Cangrejos" de Fuentes de Año. Su patrimonio cultural se preserva en los distintos manantiales que hay en la ribera de su curso. Estos manantiales crean tramos con caudal permanente y tramos secos (porque se vuelve perdedor), y permiten que se mantenga uno de los bosques de ribera mejor conservados de la subcuenca del Zapardiel (algo que no es complicado dado que ha desaparecido buena parte de la vegetación de ribera).

De menor importancia, se deben destacar al arroyo del Simplón y al arroyo de la Agudilla, que desembocan en Medina del Campo, el arroyo del Ojuelo que atraviesa el casco urbano de Cantiveros y al antiguamente conocido como "arroyo Morteros" de Salvador de Zapardiel que causaba numerosas inundaciones (ahora llamado "zanja del agua honda" ). Aunque menos destacados que el Valtodano, son pequeños arroyos que son relevantes en los episodios de crecidas, ya que solía causar problemas en los pueblos por los que discurren.

Como curiosidad, los únicos afluentes que presentan algún tipo de señalización en la carretera son el río Valtodano en el cruce hacia Fuentes de Año y el río Salido en que nace y desemboca en Fontiveros (ambos de la carretera AV-800).

Patrimonio hidráulico El Zapardiel posee restos de algunos molinos harineros hidráulicos que han funcionado en distintas épocas históricas, la mayoría de dos muelas, aunque su periodo de funcionamiento ha sido intermitente a los largos de los siglos, siendo los más destacados los de su tramo central.

Uno de los grandes rasgos que tiene el Valtodano frente al resto de afluentes del Zapardiel, es que es el único de todos los tributarios que poseía capacidad para mover molinos hidráulicos cuyos restos hoy se preservan. Esto le dio relevancia local al Valtodano frente a otros ríos de la Moraña, especialmente en el área de Fuentes de Año, municipio en el que se ubican. Curiosamente en el , el Valtodano movía más molinos que el propio Zapardiel (aunque el número de muelas eran las mismas en ambos ríos).

La leyenda negra del Zapardiel thumb|Estado de degradación del cauce del río Zapardiel después de pasar por Medina. miniatura|Río Zapardiel sin caudal thumb|Crecida del río Zapardiel (año 1997).

De todos modos, es sabido que el Zapardiel siempre ha causado problemas de insalubridad a la "Villa de las Ferias", dice López Ossorio (cronista de la villa en el que a Medina "la baña, o, por mejor decir, la infecta el riachuelo Zapardiel). En Yistoria titulada principio, grandeza y caida de la novle villa de medina del campo, fundaçion y nonvre que a tenido hasta el tiempo presente por Juan lopez ossorio vecino della, c. 1614 – 1619 (inéd.) (biblioteca de la Real Academia de la Historia, s. 9/5131) Unas veces por la ausencia de una corriente (de agua regular que limpie el cauce); y, otras, por culpa de las periódicas avenidas destructivas (documentadas desde 1435): a pesar de su escaso caudal, este "aprendiz de río" sufre, cada cierto tiempo, esas riadas que destruían todo lo que había en la vega; después, el agua se estancaba en zonas de represamiento provocando insalubridad y enfermedades.

Ya en 1490 se encauzó el río para evitar ciénagas y fangos. Las obras no sirvieron de mucho, pues fue necesario repetirlas tras las inundaciones de 1591. Pero las avenidas se repetían y, con ellas (o sin ellas), los mortíferos efectos del estancamiento del agua corrompida no dejaban de sentirse. En el las Reales Carnicerías de Medina del Campo (en plena edad dorada de la ciudad) soltaban todos sus desperdicios al río; dado que en aquel tiempo la ciudad tenía 20 000 habitantes y el edificio en cuestión está en el centro urbano, no a las afueras, es fácil hacerse una idea del problema.

Era tan habitual el paludismo, o las fiebres tercianas, que no se les daba importancia; hasta que en 1788 provocaron 252 muertes (cifra muy superior a la de nacimientos). Ese mismo año la crecida fue tal, que la plaza Mayor se convirtió en una laguna, y sólo se salvaron las viviendas del cerro de La Mota (ya prácticamente abandonado). Algo parecido ocurrió en 1956, cuando muchas calles de la villa se anegaron. Una de las grandes avenidas del río tuvo lugar en diciembre de 1997: aunque el caudal no llegó a salirse de madre, la villa estuvo toda una noche en vela y alerta. Otra avenida, de menor importancia, tuvo lugar durante los días 18, 28 y 30 de marzo de 2013; en este caso el río tampoco se desbordó.

La escasez de caudal se debe, en parte, al carácter semiendorreico de muchas zonas de la campiña. Por eso, las lagunas de la tierra eran abundantes, de una importancia biológica incalculable, pero, intermitentes, descuidadas o convertidas en vertederos y, algunas de ellas, dentro del propio casco urbano, eran poco saludables, y los médicos medinenses dieron cuenta de ello en numerosas peticiones al consistorio. El desecado y terraplenado de esos llamados "lavajos" es muy antiguo (desde el ), pero aún hoy, en el , siguen las quejas sobre los malos olores que desprenden los que quedan. De principios del , cuando Medina estaba mucho más deprimida que en su época de esplendor, data este documento:

Y es en 1925 cuando se hace la primera obra exitosa del encauzamiento del río, renovada en el , ya que el ayuntamiento de Medina del Campo, inscrito en la Agenda Local 21 (que, como se sabe, pone especial énfasis en la calidad de vida de los ciudadanos y el ambiente natural) entre sus actuaciones, destaca una controvertida obra para encauzar el Zapardiel a su paso por la ciudad. (por valor de 2.523.000 €) y la construcción una Depuradora de aguas que evite que los residuos urbanos viertan en el río directamente. Sin embargo, la ausencia de agua en el cauce impide su natural recuperación. Aún es pronto para juzgar la eficacia de estas y otras iniciativas.

La destrucción de Salvador de Zapardiel por una gran inundación (1860) Entre el 23 y el 26 de diciembre de 1860, una gran inundación del río Zapardiel destruyó el municipio de Salvador de Zapardiel, uno de los tradicionalmente más inundados por el Zapardiel junto con Medina del Campo (que también se inundó en este episodio, aunque sin tantos daños) y Castellanos de Zapardiel.De Salvador de Zapardiel, partido de Medina, escriben al Norte de Castilla en 26 de Diciembre:

«A las doce del día 23 empezó a llover con tanta abundancia como nunca se había conocido. El pueblo y las inmediaciones estaban cubiertos de nieve, y como es natural el río que le da nombre salió de su cauce y se presentó ante nosotros con un aspecto aterrador. A pesar de ser domingo, todos los vecinos, y hasta la mujeres y los niños, se ocuparon en abrir zanjas y hacer diques para contener la inundación.

A las diez de la noche se metió el río en el pueblo por tres partes a la vez. El vecindario en masa se echó a la calle, en medio de los lamentos más tristes y desgarradores Cada uno quiere auxiliar a aquellos de sus parientes o amigos que más riesgo corren: se hacen los más colosales esfuerzos, pero todo es inútil para librarse de la inundación. En vista de esto se tocan las campanas a las doce de la noche; los pueblos de las inmediaciones, como son Muriel, Fuente el Sol y Lomoviejo, se apresuran a socorrernos, pero es inútil también este recurso, y tienen que resignarse a presenciar nuestro dolor, porque ni en caballerías se podían acercar a nuestro pueblo...

Hemos pasado 48 horas mortales, 48 horas que bien podrían compararse a los últimos momentos del trágico fin del mundo, 48 horas inundados, aislados completamente, en medio de la más aflictiva ansiedad.

Todas las casas se han resentido: los corrales han desaparecido todos menos uno: se ha arruinado la única posada que había, llevándose el agua las maderas y hasta las gallinas.

Otras cuatro casas se han arruinado también, aunque no del todo, y estas, y otras se sostienen a fuerza de apeos.

Son incalculables los daños; y para colmo de nuestras desdichas, en medio de tantas ruinas, vemos que el torrente devastador del Zapardiel ha destruido todos los campos y todos los sembrados, privándonos de la próxima cosecha»

ZEPA "Tierra de Campiñas" izquierda|miniaturadeimagen|Bosque de ribera en el río Valtodano dentro de la zona IBA miniaturadeimagen|Río Zapardiel en Salvador de Zapardiel antes de recibir el aporte del río Viejo miniaturadeimagen|Desembocadura del río Viejo (izquierda) en el río Zapardiel (derecha) en Salvador de Zapardiel miniaturadeimagen|Río Viejo (antiguo meandro del río Zapardiel) en Salvador de Zapardiel