El Partido Comunista de Euskadi (PCE-EPK; en euskera, Euskadiko Partidu Komunista) es la organización nacional del País Vasco y Navarra del Partido Comunista de España (PCE). Con personalidad jurídica propia desde 1977,Juan Infante. «Conflicto PCE-EPK: una resolución ilegal». El País. 31 de octubre de 1981. estuvo federado al mismo hasta 2017. Su referente juvenil es Gazte Komunistak y su órgano de expresión es Hemen eta Orain (Aquí y ahora).Álava. Comunistas vascos celebran el aniversario de la República con una exposición de carteles, Foro por la Memoria, 14 de abril de 2004.
Uno de sus más destacados dirigentes, así como uno de los artífices de su creación, fue Jesús Larrañaga.
Historia Primeros años La primera organización comunista en el País Vasco: 1920-1932 Al calor de la Revolución Soviética de 1917 y de la creación de la III Internacional liderada por Lenin se comienzan a crear las primeras organizaciones comunistas en Europa, entre las que se encuentra el PCE, que realiza su primer congreso en 1922 y que será la sección española de la Internacional Comunista.
Desde el primer momento el Partido Comunista de España cuenta con una federación regional en Vizcaya donde el movimiento obrero organizado estaba fuertemente enraizado especialmente en la margen izquierda del Nervión y más concretamente en la zona minera. Los comunistas dirigían el Sindicato Minero de Vizcaya y, con ello, las Casas del Pueblo de Bilbao, las de Gallarta, Somorrostro, Ortuella, Galdames; tenían fuerte posición en el Sindicato Metalúrgico de Vizcaya y en varios sindicatos locales.
También en Guipúzcoa el PCE cuenta con una organización provincial que aunque menos numerosa que la organización de Vizcaya, es muy activa. En ambas provincias se contará desde el principio con importantes cuadros que jugarán un importante papel en el conjunto del PCE como Dolores Ibárruri como ejemplo por Vizcaya o Ramón Ormazábal como ejemplo por Guipúzcoa.
Hasta la llegada de la República, los comunistas vascos se desenvuelven en un entorno hostil debido a la situación de ilegalidad del PCE durante la dictadura de Primo de Rivera, lo que hace frecuente las “visitas” a la cárcel, la represión, requisas y la lógica dificultad de realizar una labor política desde la clandestinidad. La línea política del partido en estos años se cohesionó no sin dificultades con la línea de unidad de acción obrera por la que apostaba la Tercera Internacional. Para lo que el partido trabajaba bajo la consigna de actuar sindicalmente en los dos grandes sindicatos del momento, la UGT y la CNT apostando por la unidad de ambos sindicatos. No obstante, parte de los cuadros del partido mantenían una posición de sectarismo con respecto a esta política de unidad.
Con la llegada a la dirección del partido, en el año 1925, del vizcaíno José Bullejos y otros jóvenes militantes, que arrastraban consigo una carga considerable de izquierdismo, se inició una etapa de predominio de las tendencias sectarias, que sólo pudo ser remontada en 1932, después del IV Congreso del PCE, con la formación de una nueva dirección del Partido encabezada por José Díaz, Dolores Ibárruri y otros camaradas.
La línea que impulsó la Dirección de José Bullejos se caracterizó por el sectarismo que como consecuencia lógica propició el aislamiento del partido con respecto a la clase trabajadora, resultando esto patente a la llegada de la República, la cual fue recibida por la dirección del partido como “enemiga de los intereses de la clase trabajadora”, por tratarse de una República Burguesa. Posición combatida en el seno del partido por la parte más consciente, que defendía que la República era un avance para los intereses de la clase trabajadora y un anhelo democrático elemental de la misma.
A través de estas crisis; en la compleja lucha por la unidad ideológica interna, en la lucha cotidiana por las reivindicaciones de los trabajadores, en la resistencia a las persecuciones policíacas, en las cárceles y en el trabajo clandestino, fueron formándose las comunistas vascas, fieles al marxismo, intransigentes frente al reformismo, indoblegables en las torturas y ante los tribunales, cimiento y base sobre los que se levantó el Partido Comunista de España y el futuro Partido Comunista de Euskadi.
El giro anti sectario del PCE, las bases del futuro EPK En 1932 se celebró en Sevilla el IV Congreso del PCE, donde se cambió la línea política sectaria que había desarrollado la dirección del partido bajo la Secretaría General de José Bullejos, tal y como lo describe uno de los más destacados dirigentes Comunistas de Euskadi, Ramón Ormazabal (más tarde secretario general del EPK): “En el IV Congreso esta crisis latente fue decididamente abordada y halló su solución. Con las decisiones en él adoptadas y las que le seguirían meses después era desplazado el grupo sectario que encabezaba José Bullejos (…). En la gestación y en la realización de este viraje renovador los comunistas vascos participaron muy activamente y su contribución fue ciertamente considerable.”
La Internacional Comunista apoyó y alentó este giro de una manera decidida, siendo elegido como secretario general del PCE, el andaluz José Díaz, acompañado en la dirección del partido por comunistas vascos como Dolores Ibárruri y Juan Astigarrabía.
Durante estos años, la actividad de las y los comunistas vascos, además de contribuir de manera importante al afianzamiento de la línea política del Partido y a la construcción del Partido a nivel estatal, se centró en el desarrollo de organizaciones comunistas en Euskadi, tanto de base como intermedias, estableciéndose Comités Provinciales. Así como desarrollar el Comité Regional.
Además se dio una importancia fundamental a la cuestión de la propaganda, la cual se canalizó de una manera extraordinaria a través de la publicación del periódico Euskadi Roja, que en el año 1933 se sacaba de manera semanal a la calle. El periódico estaba situado por aquel entonces en un local del donostiarra barrio de Amara, y en junio se convirtió en órgano oficial del Comunismo Vasco, lo que significaba un notable esfuerzo en la distribución por parte de la militancia, dispersa en diferentes localidades y centros de trabajo.
En el año 1934 tomarán parte activa los comunistas vascos en el reflejo en Euskadi de la insurrección del 34, si bien en Euskadi no se trata de la gran insurrección de Asturias, sí que se da una gran actividad propagandística y de apoyo. Se dan en varios puntos de Euskadi huelgas en las que trabajan de manera activa las comunistas que un año después van a fundar el EPK. Se desarrolla también una gran labor de apoyo durante los dos años siguientes, en la creación de una red encargada de sacar clandestinamente hacia Francia a los perseguidos por la insurrección de Asturias, o perseguidos por la participación en huelgas en diferentes localidades de Euskadi y de otros sitios. Se dan también en aquellos años los fundamentos de clase y nacionales de la organización que aún no se ha constituido formalmente, formulando la exigencia del derecho a la autodeterminación. Podemos afirmar por tanto que son años de formación política en el marco de grandes luchas revolucionarias y obreras.
Constitución del EPK, Frente Popular y represión política El nacimiento orgánico del PCE-EPK Será en la primavera del año 1935 cuando en Bilbao se celebra el Congreso Fundacional del Partido Comunista de Euskadi, en un contexto de fuerte represión debido a la mencionada reciente insurrección de Asturias, y con un gobierno de derechas al frente de la República. Surgía el Euskadiko Partidu Komunista de la propia realidad concreta de Euskadi y se dotaba de sus propios órganos de dirección, formando parte del Comité Central tanto trabajadores nativos como inmigrados de otras partes del estado. Nombres como Jesús Larrañaga, Ramón Ormazábal, Leandro Carro o Dolores Ibárruri “Pasionaria”, formarían parte del mismo. El primer secretario general del EPK elegido en este primer congreso fue el donostiarra Juan Astigarrabía, dirigente del Sindicato de Trabajadores del Puerto de Pasajes.
El desarrollo del Congreso nos muestra que las comunistas vascas daban ya una importancia a la cuestión nacional, lo que no tenía muchos precedentes en el pensamiento marxista español y en el movimiento obrero. El EPK y el PCE asumían la plurinacionalidad del Estado español reflejándola en su propia estructura.
El Partido Comunista de Euskadi daba un enfoque a la cuestión nacional vasca desde una posición de clase trabajadora, un enfoque que implicaba una confrontación ideológica con la concepción nacionalista de la burguesía. Frente al racismo, al chauvinismo, al separatismo, las discriminaciones y las alianzas con la reacción que se planteaban desde el nacionalismo burgués, el EPK planteaba la igualdad de consideración entre nativos e inmigrantes, la identificación de la identidad nacional con la democracia, la autodeterminación como libre decisión del conjunto del pueblo sobre su futuro, la colaboración entre todas las fuerzas democráticas vascas contra el fascismo,y la de estas con las fuerzas democráticas del resto de España.
En este primer congreso el EPK señaló que cortar el paso al fascismo era imprescindible para avanzar hacia el socialismo, por lo que planteó una política de alianzas abiertas a todas las fuerzas políticas del Estado, sin más límite que la lucha contra el fascismo. Se formaría así también en Euskadi el Frente Popular unos meses más tarde, aglutinando a los comunistas, socialistas, republicanos de izquierda y a Acción Nacionalista Vasca, quedándose fuera por voluntad propia el PNV.
El Frente Popular y la Guerra Civil Las exigencias fundamentales con las que el Frente Popular en Euskadi fue a las elecciones de 1936 eran tres: la amnistía para los presos encarcelados por la insurrección del 34, el Estatuto de Autonomía que había sido bloqueado en el Parlamento por la derecha y la derogación de la Ley de Arrendamientos Rústicos, que había perjudicado a los baserritarras y pequeño campesinado con el voto favorable del PNV.
Así obtuvo el EPK su primer diputado, Leandro Carro; igualmente Dolores Ibárruri que fue elegida diputada por Asturias, defendiendo ambos este programa en las Cortes hasta que el alzamiento fascista inició la Guerra Civil. En octubre de ese mismo año 1936 y ya iniciada la contienda, se aprueba el Estatuto Vasco y se constituye el Gobierno Vasco presidido por Aguirre (PNV), entrando a formar parte del mismo Juan Astigarribía, secretario general del EPK. Este hecho se da en un momento en el que el PNV ya se había decidido por el bando republicano, puesto que al principio tuvo sus dudas.
La actividad del EPK en la guerra fue enorme, todas y todos sus militantes colaboraron en la lucha contra el fascismo organizándose en milicias en un primer momento e ingresando en el Ejército Popular después. Así destaca en los primeros combates el militante del partido Manuel Cristóbal Errandonea, quien asumió la máxima responsabilidad junto al Coronel Ortega (militar profesional y no militante político) en la defensa de la zona de Irún, donde se dio el primer envite fascista importante, ya que en Navarra el alzamiento aplastó desde el principio a los republicanos, que si bien habían sufrido un fuerte crecimiento en los últimos años, no pudieron frenar la hegemonía carlista alineada con los insurrectos.
Una vez cayó Guipúzcoa en manos de los facciosos, la defensa de Bilbao contó con toda la colaboración del Partido, quien aportó gran número de militantes y simpatizantes, no solamente de Vizcaya, sino también de Navarra, Álava y Guipúzcoa, que habían podido escapar o ir retrocediendo de las tropas fascistas.
La historiografía oficial se centra casi en exclusiva en los gudaris del PNV y trata muchas veces a los Batallones Comunistas como “republicanos” de una manera genérica sin destacar la capacidad y apoyo que tuvo el EPK en la guerra en Euskadi.