Rafael Ortega Domínguez (San Fernando, Cádiz; 4 de julio de 1921 – Cádiz, 18 de diciembre de 1997), fue un torero español. Desarrolló su carrera en los años cincuenta. Salió por la puerta grande de Las Ventas en seis ocasiones.
Biografía
Era descendiente de familia torera, entre la que se puede destacar a "Los Gallos",José María de Cossío. Los toros. Tratado Técnico e Histórico . Ed. Espasa Calpe. Tomo III. 1943. 12ª ed. Madrid. 1988. Pg. 693. ISBN: 84-239-6011-0. es decir a Rafael El Gallo y a su hermano Joselito, por nombrar los dos más conocidos. Vivió particularmente cercano a su tío "Cuco", o Cuco de Cádiz, que fue muchos años banderillero de su primo carnal Joselito. Según Cossío, un "peón de brega inteligentísimo [...] auxiliar de primer orden" y "buen banderillero".José María de Cossío. Los toros... Ibídem. Cossío facilita su nombre completo: Enrique Ortega y Ezpeleta. De hecho, tras muchos años en su cuadrilla, fue el Cuco quien escuchó las últimas palabras de Gallito en el albero de Talavera.Gregorio Corrochano. La edad de oro del toreo. Ed. Espasa Calpe. Col. La Tauromaquia, nº 46. Madrid. 1992. Pg. 525. ISBN: 84-239-5446-3. Joselito le apremiaba, camino de la enfermería, a que avisara a su médico de más confianza.Juan Posada. De Paquiro a Paula. En el rincón del sur. Interpretación histórica de una tauromaquia esencial. Ed. Espasa Calpe. Col. "La Tauromaquia", nº 5. Madrid. 1987. Pgs. 217-218. ISBN: 84-239-5405-6.César Jalón. Memorias de «Clarito». Ed. Guadarrama. Madrid. 1972. Pg. 352. Dep. Legal: M. 13.460-1972. Estas Memorias, que dedican muchas páginas a toreros coétaneos, se limitan a expresar una síntesis caricaturesca del torero que abrió seis Puertas Grandes en Las Ventas: "de cuerpo espeso, cuello escaso y, en fin, mal conformado; partidario del toreo hondo y del buen matar".
Circunstancias mal conocidas le hacen estrenarse como novillero sin caballos muy tarde, a la edad de 24 años, en Ceuta, donde cumplía el servicio militar. Pero "se dio la circunstancia de asimilar el arte del toreo con bastante más rapidez que los que se iniciaron desde la niñez". Observaba a otros toreros, aprendiendo la técnica y desarrollándola en la práctica real en las pocas oportunidades que tenía, ya en novilladas picadas, como "oscuro novillero que, además, ya era «viejo» a los ojos de los espectadores".Juan Posada. De Paquiro a Paula. En el rincón del sur. Ibídem. Pg. 216. El 17 de agosto de 1947 se presentó como novillero en Barcelona, y el 14 de agosto de 1949 en Madrid, con "éxito tan firme que repite" tres actuaciones en Las Ventas entre agosto y septiembre.José María de Cossío. Los toros. Tratado Técnico e Histórico. Ibídem. Tomo IV. Pg. 619. Porque, en efecto, cuajaba con rapidez: "Pude comprobar que un novillero -aunque fuese algo mayor, como aquel- podía torear con el capote como lo hacía Pepe Luis Vázquez, consagrado como figura del toreo; cargar la suerte con la muleta tal y como predicaron con su ejemplo los grandes toreros y aconsejaban los dioses retirados, Juan Belmonte y [Rafael] el Gallo, y practicar el volapié [...] cuando lo traía toreado en el engaño [...] y la espada se hundiría irremisiblemente en todo lo alto".Juan Posada. De Paquiro a Paula. En el rincón del sur. Ibídem. Pgs. 220-221.
Tomó la alternativa en Madrid el 2 de octubre de 1949 de manos de Manolo González y siendo testigo Manuel dos Santos.José María de Cossío. Los toros. Tratado Técnico e Histórico. Ibídem. Tomo IV. Pg. 619. El toro de la ceremonia se llamaba Cordobés de Felipe Bartolomé, y Rafael salió en hombros por la puerta grande por primera vez en su carrera. Repitió el éxito hasta en seis ocasiones: en 1949, 1950, 1952, 1953, 1954 y 1957.Obra colectiva. Agenda Taurina 2013. Ed. Temple. Madrid. 2013. "Matadores que han salido por la Puerta Grande de Las Ventas de Madrid". Por Manuel Torres. Pg. 264. ISBN: 978-94-96018-15-0. Sólo 11 toreros le superan, de los 153 que figuran hasta la fecha de edición.
Desde el principio de su carrera sufrió numerosas cornadas. En una de las primeras (Pamplona, 1950) el toro le corneó en la vejiga y en la pierna: "se temió por su vida, pero pudo vencer el peligro aunque quedó siempre limitada la agilidad de la pierna".José María de Cossío. Los toros. Tratado Técnico e Histórico. Ibídem. Pg. 619. Pese todo, se mantuvo "en puesto preeminente año tras año", por dos méritos principales: su valor, que "es tan meritorio como el mayor que pueda recordarse del toreo presente o pasado"; y por su genialidad "en la suerte de matar, que practica con la perfección y la eficacia que los mejores maestros del estoque de cualquier tiempo hayan podido tener".José María de Cossío. Los toros. Tratado Técnico e Histórico. Ibídem. Pgs. 619-620. Pero el juicio de Cossío sobre su arte con la capa y la muleta cae en cierto menosprecio: "Ha toreado muchas veces bien, y siempre con decoro y personalidad, pero esta personalidad ha sido basta y poco acorde con la manera refinada con que torean los maestros del arte".José María de Cossío. Los toros. Tratado Técnico e Histórico. Ibídem. Pgs. 619. La ficha del Cossío del tomo IV termina en 1956. A este juicio, muchos años después, replicará duramente Juan Posada: "Tremenda injusticia la del tratadista, con la que demuestra su lejano conocimiento del arte de torear (aunque como historiador taurino haya sido el mejor en lo relativo a información de todos y cada uno de los toreros que en el mundo han sido)".Juan Posada. De Paquiro a Paula. En el rincón del sur. Ibídem. Pgs. 218-219. El tomo VI del Tratado conocido como "el Cossío", que ya no escribió José María (pues desde el V en adelante son diversos colaboradores los que continúan la obra desde la perspectiva general de su sistema de trabajo) recoge más información de Rafael Ortega. El colaborador encargado en este tomo de las biografías "de nuevos diestros" es Juan José Bonifaz, que sigue dando detalles de su actividad hasta 1960, cuando se produce su primera retirada. A lo largo de su carrera alternó con Pepe Luis Vázquez, Pepín Martín Vázquez, Manolo González (su padrino de alternativa), Manolo Vázquez, el Litri, Julio Aparicio, Antonio Ordóñez, Antoñete.Rafael Ortega [y Ángel-Fernando Mayo]. El toreo puro. Ed. Diputación Provincial de Valencia. Col. “Quites”. Valencia. 1986. Pgs. 81-82.José María de Cossío. Los toros. Tratado Técnico e Histórico. Ibídem. Tomo IV. Pg. 215. Se trata de uno de los tres toreros que, tras la guerra civil española, ha cortado dos rabos en La Maestranza, junto a Chicuelo y César Girón. Uno fue el 12 de octubre de 1952, cuando cortó dos orejas y rabo a un toro de Salvador Guardiola en La Maestranza, en una faena en la que salió por la puerta del príncipe junto a Luis Miguel Dominguín y un joven Antonio Ordóñez. Y el segundo tuvo lugar el 20 de abril de 1956 a un Miura.
Regresa a los ruedos en El Puerto de Santamaría el 10 de julio de 1966, "en lucha con su edad y con su peso". Sorprendió con su reaparición, pero demostró que tenía sentido, y a pesar de las nuevas cornadas volvió a alcanzar grandes triunfos. Tiene éxitos "muy sonados en plazas de la categoría de Madrid y Barcelona", y de nuevo sufre una cogida "de pronóstico gravísimo", en Barcelona, en 1967. También consta su triunfo en Sevilla, aunque, por motivos ambientales y sociales adversos no contara con el apoyo de sus paisanos gaditanos, tan proclives con otros toreros a "masivas excursiones" a la Maestranza de Sevilla, siendo como fue Ortega "el mejor torero gaditano que ha dado el siglo XX".Juan Posada. De Paquiro a Paula. En el rincón del sur. Ibídem. Pg. 222. Ante tan rotunda afirmación debe hacerse constar que el propio libro trata en capítulos aparte a toreros gaditanos como Rafael de Paula, ''Paquirri', Francisco Ruiz Miguel y Paco Ojeda. Sigue toreando, y con éxito, pero se suceden los percances, y se retiró definitivamente por motivos de salud el 1 de septiembre de 1968 en Marbella, tras las ocho actuaciones de la temporada de 1968.José María de Cossío. Los toros. Tratado Técnico e Histórico. Ibídem. Tomo VI. 1961. 8ª ed. Madrid. 1995. Pgs. 214-215. ISBN: 84-239-6014-5.
Tras su retirada, fue director de la escuela taurina de Cádiz,Juan Posada. De Paquiro a Paula. En el rincón del sur. Ibídem. Pg. 226: "La Escuela de Tauromaquia, recién inaugurada, no pudo escoger maestro más idóneo". siendo maestro de varios toreros, entre ellos: Francisco Ruiz Miguel, José Luis Galloso o Jesulín de Ubrique. Con 64 años, muy mermado de fuerzas y salud, aún toreó un festival benéfico, con traje campero que él mismo recosió, cortando el rabo.Rafael Ortega. El toreo puro. Ibídem. Pgs. 23-25. Con esa edad y esa afición se puso a redactar (con ayuda de un aficionado culto), su libro El toreo puro, tan citado aquí. Cuando publica su libro El toreo puro, del que se habla infra, Rafael Ortega hace repaso de sus toreros admirados, empezando por el final de su primera etapa: Ordóñez y Antoñete, Pepe Luis Vázquez, Manolo González, Manolo Vázquez... y, aunque no pudo alternar con él, por ser aún novillero cuando muere Manolete (1947), le vio torear, y concreta: "Sentí gran admiración por Manolete, que a su manera hacía un toreo puro y estoqueaba muy bien. Manolete era un torero que no sabía correr cuando tenía que hacerlo".Rafael Ortega. El toreo puro. Ibídem. Pg. 38. Y sigue: "Luego tuve la suerte de conocer a Domingo Ortega [...] Toreé mucho con él cuando reapareció en 1953, y me fijé en su toreo todo lo que pude, pero no para imitarlo, porque somos toreros muy distintos: yo he toreado siempre mejor con la mano izquierda que con la derecha, y muy parado, y Domingo ha sido uno de los toreros, de entre los que yo he visto, que mejor ha toreado con la mano derecha y que mejor les ha andado a los toros".Rafael Ortega. El toreo puro. Ibídem. Pg. 38.
Dejó escrito: "Los animales me atraen, y si no hubiera sido torero, me habría agradado ser veterinario, para estar con ellos".Rafael Ortega. El toreo puro. Ibídem. Pg. 72.
Falleció a los 76 años de edad en Cádiz a consecuencia de un cáncer hepático.
La tauromaquia de Rafael Ortega Ha sido necesario anticipar algunas citas del libro que Rafael Ortega escribió sobre su propia vida, particularmente como torero, valiéndose de la colaboración de Ángel-Fernando Mayo (de la Peña taurina "Los de José y Juan"), que, además de encargarse de la redacción formal, escribió un prólogo. Igual que hiciera Chaves Nogales con Belmonte, adopta la técnica narrativa de la primera persona, a modo de autobiografía del torero. El título es expresivo: El toreo puro. Se publica en 1986, cuando Ortega tiene 65 años.
Se reproducen a continuación una serie de ideas que refejen suficientemente su visión del toreo, su tauromaquia.
""El toreo puro me lo definió muy bien Domingo Dominguín, padre, que fue apoderado mío [...] Esto es: citar, parar y mandar. Se le echa al toro el capote o la muleta para adelante, y es el cite. Luego usted para el toro. Y luego, usted lo manda, lo lleva y lo despide". Se refiere a continuación a la trilogía de Belmonte y a la matización de Domingo Ortega, bien conocidas. Y sigue: "Es lo que da mayor pureza al toreo. Pero para mí es importante algo previo, citar, o sea, echarle el trapo para adelante al toro". Condena el recurso del "zapatillazo [...], que es robar el pase". Y concluye al respecto: "Así que lo que yo veo, para hacer el toreo puro, es esta continuidad: citar, parar, templar y mandar, y a ser posible, cargando la suerte".Rafael Ortega. El toreo puro. Ibídem. Pgs. 39-40.
"El toreo es sentimiento [...]: el que lo ejecute tiene que sentir lo que hace, para poderlo transmitir; si lo hace sin sentimiento, no transmite, y para lograrlo es muy importante que el torero se enfrente a cada toro con frescura, improvisando lo que el toro le pida, porque el toreo no se puede traer hecho de casa".Rafael Ortega. El toreo puro. Ibídem. Pg. 40.