La Feria Internacional del Libro de Santo Domingo (FILSD) es un evento cultural anual de República Dominicana, con sede principal en Santo Domingo, que tiene por objetivo fomentar la lectura, la industria editorial y la promoción de la cultura escrita. Es organizada por el Ministerio de la Cultura. Desde su primera etapa, ha evolucionado desde una feria nacional modesta hasta convertirse en una plataforma internacional de editoriales, librerías, escritores, público general y actividades culturales diversas. En 2021 Luis Abinader designó a Joan Ferrer Rodríguez como director de dicha feria.

Historia La Feria Internacional del Libro de Santo Domingo constituye uno de los eventos culturales más importantes de la República Dominicana y del Caribe. Su origen se remonta a 1950, cuando el librero Julio Postigo promovió el 23 de abril como Día del Libro. Un año después, en 1951, se celebró la primera Feria Nacional del Libro, realizada en el Parque Colón de la capital, bajo un ambiente modesto pero entusiasta, que marcó el inicio de una tradición literaria destinada a crecer con el tiempo.

En 1970, durante el gobierno de Joaquín Balaguer, se organizó la Exposición Mundial del Libro y Festival Internacional de la Cultura, dirigida por el arquitecto José A. Caro Álvarez. Aunque este evento no tuvo continuidad, sentó las bases para una estructura más formal. Tres años después, mediante el Decreto núm. 4331 del 11 de marzo de 1973, se creó la Comisión Organizadora Permanente de la Feria del Libro, institucionalizando el evento. La primera feria bajo este nuevo esquema se realizó en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, con la participación de destacadas figuras de la cultura dominicana.

Durante las décadas de 1970 y 1980, la feria se desarrolló como un referente cultural, cambiando de sede entre el Museo del Hombre Dominicano, el Palacio de Bellas Artes y la Plaza Gonzalo Fernández de Oviedo, hasta establecerse definitivamente en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte en 1983. En esos años, la feria rendía homenaje a grandes figuras de las letras nacionales, como Flérida de Nolasco, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha y Pedro Henríquez Ureña. En 1987, un decreto presidencial le otorgó jurisdicción nacional y autonomía administrativa, integrándola al presupuesto público como parte esencial del calendario cultural dominicano.

El cambio más trascendental ocurrió en 1997, cuando el presidente Leonel Fernández emitió el Decreto núm. 44-97, que reformó su estructura y creó la Comisión Permanente de la Feria Nacional del Libro, presidida por José Rafael Lantigua. A partir de entonces, la feria adoptó un formato más moderno e internacional. La edición de 1997 marcó un antes y un después: participaron cuarenta editoriales de ocho países y fue dedicada a la escritora Julia Álvarez, al puertorriqueño Luis Rafael Sánchez y a Salomé Ureña de Henríquez. Cerca de un millón de visitantes asistieron al evento, que se convirtió en la mayor celebración cultural del país.

En 1998, la feria adquirió oficialmente su carácter internacional, con España como país invitado y una dedicatoria a la Generación del 48. Desde entonces, cada edición se dedica a una nación invitada y a una figura literaria. En los años siguientes participaron países como México, Francia, Chile, Venezuela y Cuba, y se rindió homenaje a autores dominicanos como Pedro Mir, Manuel del Cabral y Pedro Henríquez Ureña. En 2005, el evento regresó a la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte con un nuevo formato, pabellones modernos, el Pabellón de Autor@s y más de dos mil actividades culturales, consolidándose como un festival literario integral.

La Feria Internacional del Libro de Santo Domingo ha ampliado su alcance educativo, artístico y social, convirtiéndose en un punto de encuentro entre escritores, editoriales y lectores de todo el mundo. Ha sido dedicada a figuras como Aída Cartagena Portalatín, Marcio Veloz Maggiolo, Hilma Contreras y Mateo Morrison, entre otros. En su edición de 2025, el evento está dedicado al historiador Frank Moya Pons, reafirmando su misión de celebrar la palabra escrita y fortalecer la identidad cultural dominicana.

Primera Etapa (1950 - 1961)

En 1950, a sugerencia de Postigo, se instituye el 23 de abril como Día del Libro, en honor a Miguel de Cervantes Saavedra. Un año después, en 1951 se realiza la primera Feria Nacional del Libro, en el Parque Colón, la cual se extendió hasta las arcadas del entonces Palacio Consistorial o Consejo Administrativo.

El señor Postigo, quien fuera propietario de la Librería Dominicana y luego de la Librería Hispaniola, y editor de la famosa colección “Pensamiento Dominicano”, fue también el que propuso la creación del Premio “Pedro Henríquez Ureña” al libro del año, que no logró entonces gran incidencia.

Las ferias del libro se siguieron celebrando anualmente de forma modesta, como modesta era para entonces la comercialización del libro en el país, donde apenas existían 4 o 5 librerías de alguna importancia.

En ese lapso, es bueno mencionar que en 1955, para la fastuosa celebración de la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, que celebrara los veinticinco años de la dictadura trujillista, se organizó la Feria Iberoamericana del Libro “María Martínez de Trujillo”, que tuvo como presidente de la comisión organizadora al doctor Armando Oscar Pacheco, a la sazón secretario de Estado de Educación, y de secretario al doctor Manuel de Jesús Goico Castro.

No obstante, la continuidad no fue absoluta. Se suspendió su celebración en 1956 y 1957, y luego en 1959 y 1960, que fueron años muy conflictivos políticamente. En 1961, año del fin de la Era de Trujillo, se celebró la última feria de esa etapa. La tradición se trató volver a instaurar en 1967, aunque nuevamente se interrumpió en 1968.

Antecedentes y formalización (1970-1973)

En 1970, durante el gobierno de Joaquín Balaguer, se celebró la Exposición Mundial del Libro y Festival Internacional de la Cultura, en el edificio que hoy alberga, entre otras instituciones, la Dirección General de Impuestos Internos. Este evento, de carácter excepcional y sin continuidad posterior, tuvo como director ejecutivo al arquitecto José A. Caro Álvarez y como coordinador operativo al señor Jiménez Cohén, de nacionalidad colombiana.

Ese mismo año, como parte de una política orientada a reorganizar las ferias del libro bajo un marco formal, se elaboró el reglamento que regiría su funcionamiento. Finalmente, en 1973, el gobierno creó la Comisión Organizadora Permanente de la Feria del Libro, mediante el Decreto núm. 4331 del 11 de marzo, con lo que quedó institucionalizada esta celebración tras más de dos décadas de esfuerzos.

La primera comisión estuvo presidida por Rafael Herrera, director del Listín Diario; fungieron como secretario el doctor Jorge Tena Reyes y como tesorero Julio Postigo, principal promotor de la iniciativa. Entre sus miembros figuraban reconocidos intelectuales dominicanos, como Emilio Rodríguez Demorizi, Pedro Troncoso Sánchez, Julio Jaime Julia, Virgilio Hoepelman, Fabio A. Mota, Pedro René Contín Aybar y Anaiboní Guerrero Báez. La secretaria de Educación de entonces, Altagracia Bautista de Suárez, actuó como asesora.

Expansión y sedes de la feria (1973-1983) La primera Feria Nacional del Libro en esta nueva etapa se celebró en 1973, teniendo como sede la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. En los años siguientes, el evento cambió de sede en diversas ocasiones: se realizó en el Museo del Hombre Dominicano, el Palacio de Bellas Artes, el Museo de Historia y Geografía y la Plaza Gonzalo Fernández de Oviedo (Fortaleza Ozama). Desde 1983, se estableció de forma permanente en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, donde se celebró ininterrumpidamente hasta 1995. En 1996, la feria fue suspendida por falta de apoyo gubernamental, interrumpiéndose así una tradición de veintitrés años.

En ese mismo año 1973 se crearon los Premios Nacionales de Literatura, dependientes de la Secretaría de Estado de Cultura y la Dirección General de Cultura, dirigidos por el doctor Jorge Tena Reyes. Cada feria fue dedicada a un destacado representante de las letras dominicanas, entre los que figuran Flérida de Nolasco, Juan Pablo Duarte, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Tulio M. Cestero, Eugenio María de Hostos, Héctor Incháustegui Cabral, Domingo Moreno Jimenes, Pedro René Contín Aybar, Fernando Arturo de Meriño, Pedro Henríquez Ureña, Vetilio Alfau Durán, Máximo Gómez, Manuel A. Peña Batlle, Máximo Avilés Blonda, Ercilia Pepín, Camila Henríquez Ureña y Salomé Ureña de Henríquez.

Reestructuración y reconocimiento institucional (1978-1992) En 1978, el doctor Tena Reyes fue reemplazado en la Comisión Organizadora por Pedro Bisonó, propietario de la Librería América, quien se mantuvo en el cargo hasta 1985. Ese año, mediante el Decreto núm. 2968, el presidente Salvador Jorge Blanco designó una nueva comisión presidida por Raymundo Amaro Guzmán; Rafael Herrera fue nombrado presidente de honor y Cándido Gerón asumió el cargo de secretario. Entre los miembros figuraban Julio Postigo, Emilio Rodríguez Demorizi, Bernardo Vega, Pedro Troncoso Sánchez, Máximo Avilés Blonda, Marisol Florén, Maximiliano A. Jimenes Sabater, Francisco A. Polanco, Teresa Peña, Marianne de Tolentino, José Luis Corripio y Leonte Brea. La secretaria de Educación, Ivelisse Prats de Pérez, se desempeñó como asesora.

En 1987, el presidente Joaquín Balaguer emitió el Decreto núm. 183-87, que otorgó carácter de jurisdicción nacional a la Comisión Permanente de la Feria Nacional del Libro, adscribiéndola a la Presidencia de la República como órgano de derecho público con autonomía funcional y administrativa. El decreto también estableció que su presupuesto se incluiría en la Ley de Gastos Públicos de la Nación. Se ratificó como presidente a Raymundo Amaro Guzmán y se designó como vicepresidente al licenciado César Herrera; Luis Rivas Encarnación, entonces director general de Cultura, fue nombrado secretario. Entre los nuevos integrantes figuraban José Israel Cuello, Pedro Bisonó, José Rafael Lantigua, Salvador Pérez Martínez, José Ángel Saviñón, Jorge Tena Reyes, Daysi García, José Rijo, Virgilio Hoepelman y Manuel de Jesús Goico Castro. El secretario de Educación, Pedro Pichardo, actuó como asesor.

Durante los años siguientes, la comisión incorporó nuevos miembros. En 1992, Manuel Rueda, Manuel García Arévalo y Miguel González Cano sustituyeron a los miembros fallecidos Pedro Troncoso Sánchez, Manuel de Jesús Goico Castro y César Herrera, respectivamente. También Virgilio Díaz Grullón reemplazó a Virgilio Alcántara, quien se había trasladado al extranjero.

Ese mismo año, la feria adoptó de manera temporal el nombre de Feria Iberoamericana del Libro “Pedro Henríquez Ureña”, celebrándose en octubre de 1992 para coincidir con la conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América.

Expansión editorial y legado cultural Con la expansión del comercio editorial, la apertura de nuevas librerías y el auge de autores nacionales, la Feria del Libro se consolidó como una tradición cultural anual de gran relevancia para el país. Cuando se inauguró su primera etapa, existían solo unas pocas librerías, como Dominicana, Duarte y San Pablo. En los años posteriores surgieron el Instituto Americano del Libro, La Trinitaria, La Hispaniola, Disesa, la Editora Colegial Quisqueyana, Mateca, Lope de Vega, Herrera, Hostos, Avante, América, Editorial Padilla, Casa Cuello y, hacia mediados de la década de 1990, Cuesta-Centro del Libro. Desde entonces, el crecimiento de librerías y tiendas con secciones dedicadas al libro ha acompañado el desarrollo continuo de este evento, considerado la mayor fiesta cultural de la República Dominicana.

Modernización y relanzamiento de la feria (1997)