El Salto fue un buque de vapor que sirvió en la escuadra de la Confederación Argentina en su guerra contra el Estado de Buenos Aires y brevemente en la Armada Argentina al finalizar el conflicto civil. Protagonizó un grave incidente con el gobierno del Uruguay durante la guerra civil en ese país.
Historia Fue adquirido en Montevideo para integrar la escuadra nacional que al mando de Mariano Cordero se armaba en ese puerto para luchar en la Guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires.
Con casco de hierro dulce y aparejo de pailebot, tenía 28 m de eslora, 5,5 m de manga, 4 m de puntal, un calado de 1,85 m y 118 t de desplazamiento.
Una máquina de vapor oscilante con una potencia de 40 HP, alimentada por dos calderas, le permitía alcanzar una velocidad de 8 nudos. Sus carboneras tenían una capacidad de 26 t de combustible que le garantizaban una autonomía de 780 millas.
Tras montarse un cañón de a 32 en crujía y 4 de a 18, por sus condiciones fue elegido buque insignia de la escuadrilla.
Combate de Martín García
Al mando directo de Santiago Baudrix el 14 de octubre de 1859 encabezó la escuadra nacional que al mando de Mariano Cordero enfrentaba el paso de la isla de Martín García, dominada por Buenos Aires. La seguían los vapores Hércules (Bartolomé Cordero, 5 cañones de avancarga de a 32), Pampero (Santiago Maurice]], 11 cañones) y Menay (Julio Fonrouge), la barca Concepción (Augusto Liliedal) y la goleta Argos (Dionisio Invierno), estos dos últimos remolcados por los vapores.
Mientras el Salto con la Concepción a remolque y el Hércules enfrentaban las baterías de la isla al mando del coronel Martín Arenas, los restantes buques se dirigieron contra las naves enemigas, los patachos San Nicolás (Mariano Clavelli, 1 cañón de a 12) y Yeruá (ex Rápido) (José María Manzano, 5 cañones) y el recuperado pontón Castelli (Plácido Goldriz, 14 cañones).
En el breve combate que siguió, ya próximos a salir de la línea de fuego, una bala cortó el remolque de la Concepción, que consiguió ser recuperada por el Hércules. El Salto perdió un palo y sufrió bajas, entre ellas el capitán Enrique Victorica, ayudante de órdenes de Mariano Cordero, quien resultó herido.
Catorce de Octubre Arribado a Rosario desembarcó el armamento y siguió a Paraná, donde fondeó. Su actuación en batalla motivó su cambio de nombre por el de 14 de Octubre.
Formó parte de la escuadra al comando de Luis Cabassa en la Acción naval de San Nicolás de los Arroyos (1859) contra la escuadra porteña al mando de Antonio Susini que en la noche del 25 de octubre cubría el embarque de las tropas de Bartolomé Mitre derrotadas en la batalla de Cepeda.
Tras hora y media de fuego, Mitre ordenó pasar al abordaje aprovechando las tropas ya embarcadas pero una fuerte tormenta impidió la operación y finalizadas las tareas de evacuación la escuadra porteña inició la retirada hacia Martín García.
Últimos años Tras la batalla de Pavón un decreto del 23 de diciembre de 1859 dispuso el desarme de la escuadra pero al reunificarse las fuerzas navales enfrentadas, el 14 de Octubre fue incorporado a la Armada aunque recuperando su antiguo nombre Salto.
El 19 de mayo de 1860 se dispuso su arriendo por razones presupuestarias y el 19 de octubre se acordó a la firma Bernal y Cárrega.
A comienzos de 1862 regresó al servicio al mando del teniente marina Martín Calvo pero pasó a situación de desarme al mando del capitán Constantino Jorge solo para ser arrendado nuevamente a Bernal y Cárrega con subsidio del gobierno oriental y al mando de Simón Fidanza destinado al tráfico en el Río Uruguay.
Incidente del Salto Al mando del capitán Ceppi, segundo de Fidanza, arribó el 31 de mayo de 1863 al puerto de Fray Bentos. Allí, dos oficiales uruguayos pasajeros del buque denunciaron al comandante Juan José Erausquin del buque de guerra oriental Villa del Salto, anclado en el puerto de Fray Bentos, que el Salto había embarcado de una ballenera ya de noche y lejos de la costa argentina sables, monturas y municiones.
Erausquin tenía denuncias de que fuerzas de Venancio Flores debían venir al puerto de Fray Bentos que estaba inerme y que allí tomarían del vapor Salto armas monturas y ropas que les venían de Buenos Aires. Confirmando sus noticias, fuerzas de Flores aparecieron en efecto en las inmediaciones del puerto de Fray Bentos, por lo que abordó el Salto en la madrugada del 1 de junio. El capitán Ceppi manifestó no tener a bordo artículos de guerra, por lo que Erausquin hizo registrar el buque encontrando "doscientos sables sueltos y el resto del armamento, las monturas y las ropas, acondicionado todo en pequeños volúmenes que no son de uso en el comercio y que por sus dimensiones eran a propósito para ser conducidos á caballo", de los que afirmó ser propietario el comerciante Melchor Beláustegui.
El comandante del Villa del Salto volvió a interrogar a Ceppi y a Beláustegui preguntándoles por las municiones y ante la negativa continuó el registro hasta encontrar cuatro cajas de municiones en el compartimiento de la letrina.
La carga iba rotulada para puertos entrerrianos y Belaustegui declaró que estaban destinadas a las Capitanías de Puerto argentinas y que habían sido escondidas por temor a que "muy bien podían algunas fuerzas invasoras sorprender la costa y apoderarse de esas armas". Ni el comerciante ni Ceppi presentaban documentación respaldatoria alguna y si bien el oficial uruguayo Estoll confirmó los dichos de Beláustegui y se presentó "un señor Victorica que dijo ser capitán del Puerto de la Concordia el cual manifestó que los cuatro dichos cajones eran propiedad del Gobierno argentino é iban destinados á los puertos que sus rótulos indicaban" el comandante del Villa del Salto detuvo al buque, incautó la carga como contrabando de guerra y como respuesta a las protestas de su capitán procedió a su detención, conduciendo buque, carga y tripulación a Montevideo.
Conflicto diplomático El 7 de junio Andrés Lamas, a cargo de la "misión confidencial en la República Argentina", notificó oficialmente lo sucedido al canciller argentino Rufino de Elizalde solicitando una reunión. Sin conceder la conferencia pedida, Elizalde respondió el 8 de junio directamente al canciller oriental Juan José de Herrera considerando el hecho como un "atentado escandaloso", protestando por "la violencia contraria a todo derecho ejercida por el vapor de guerra oriental contra un paquete comercial argentino" y solicitando "una pronta y solemne reparación para vindicar el ultraje, castigar el delito que resulte, y acordar las indemnizaciones debidas".
El 11 se efectuó finalmente la reunión entre Elizalde y Lamas y cuando el agente oriental consideraba en vías de superarse el incidente, el día 12 recibió lo que calificaría de "áspero ultimatum". El gobierno argentino le comunicaba "la reparación que el Gobierno Argentino tiene el derecho de exigir por la violencia egercida contra el vapor paquete Argentino Salto". Se exigía una condena oficial del Gobierno Oriental, la destitución y enjuiciamiento del comandante Erausquin, la devolución del vapor y la carga, el desagravio del pabellón Argentino con una salva de 21 cañonazos por el vapor Villa del Salto en el mismo puerto de Fray Bentos, que sería devuelto por un vapor de guerra argentino, la libertad de los detenidos y pago de daños y perjuicios.
Lamas adujo que se había tratado de un contrabando de aduana por lo que sus infractores quedaban sujetos a los tribunales locales y que no podía sancionarse al comandante sin previo juicio. Respecto de los cajones de municiones manifestaba que habían sido devueltos, aceptaba que pese a la falta de documentación pudieran ser pertenencia del gobierno y que se habían trasladado a Montevideo por razones de seguridad.
Insistía en que no había habido ofensa alguna al pabellón y proponía el arbitraje de un gobierno amigo de ambas naciones, incluyendo en esa lista a los gobiernos de Gran Bretaña, Francia, Brasil, España, Italia, Portugal y Bélgica.
Elizalde rechazó el 15 de junio afirmando que de no recibirse satisfacción "tendría el pesar de verse obligado a tomar medidas coercitivas para vindicar el ultraje recibido". El canciller afirmaba que "se ha cometido el atentado de sacarse de un buque argentino en un puerto de escala pertrechos de guerra del Gobierno Argentino que iban por territorio fluvial argentino á puertos argentinos y con destino al servicio público de la República" e insistía en que dado que "Se ha violado el territorio fluvial de la República Argentina, se ha inferido una grave injuria á su pabellón".
Elizalde suponía que el buque había sido detenido en aguas argentinas y camino a Montevideo había nuevamente ingresado en aguas jurisdiccionales: "Si un buque argentino en territorio argentino es conducido preso con su pabellón arriado por un buque de guerra de otra nación, se infiere un ultraje manifiesto que exije la reparación pedida. (...) La detención del buque podría ser materia de un juicio y declarada su injusticia tendría su reparación diversa de la que demanda la ofensa de bandera como sostiene el Sr Lamas si no hubiese mediado para la detención la violación del territorio fluvial Argentino", y que "la ofensa al pabellón son claras y evidentes pues no es lícito transitar por el territorio de un país llevando presas sus propiedades y arriado su pabellón".
Respecto del contrabando de Aduana afirmaba que no era tal "porque las cosas no iban á Fray Bentos sino al Salto y no se había tentado introducirlas por este puerto de contrabando". Reclamaba que "Se ha reducido á dura prisión con grillos á ciudadanos argentinos y gente de la tripulación sacados del vapor Salto y se han tomado artículos de comercio lícito bajo pretestos frivolos".
Afirmaba que "el juicio del comandante del vapor Villa del Salto es para la imposición de la pena que merezca porque su culpa es fuera de cuestión y el Gobierno Argentino no admite ni por un momento que se le repute inocente, razón por la cual pide desde ya su destitución porque la destitución de un gefe militar es un acto administrativo que no importa juzgar ni prejuzgar".
Respecto de los particulares afectados por la incautación, reconocía que por regla general debían sujetarse a los tribunales orientales, pero manifestaba que habiéndose "las personas y las cosas tomadas y llevadas violando el territorio Argentino deben ser entregadas inmediatamente y puestas en libertad sin juicio prévio y por un acto administrativo por que la violación notoria del territorio fluvial basta para esto haciendo innecesario é inadmisible el juicio".
El 18 de junio Lamas daba a Elizalde detalles de lo sucedido, aclarando que no había tenido lugar en aguas argentinas ni se había tratado siquiera de un ejercicio del derecho de abordada en aguas compartidas sino que se había producido en puerto uruguayo. Respecto del posterior ingreso en aguas jurisdiccionales argentinas camino a Montevideo aducía que "La presa hecha fuera de las aguas territoriales de la nación cuya bandera llevaba el buque apresado no solo puede atravesar esas aguas sin que esto produzca el más leve agravio sino que lo que es más puede ser conducida y fondeada en los puertos de esa misma nación. Por esos hechos no se lastima ni la inmunidad del territorio ni el respeto de la bandera territorial".
El 19 Lamas manifestó a Elizalde esperar nuevas instrucciones de Montevideo pero el 20 y 21 faltaron los vapores de la carrera habitual entre Buenos Aires y Montevideo.
Los aprestos militares en Buenos Aires para respaldar el reclamo se aceleraron y el 20 de junio Lamas envió un nuevo informe a Herrera comunicando que "La escuadra que aparejaron para apoyarlas y que se compone de tres vapores y del San Juan Bautista zarpó ya de este puerto dicen que con rumbo á Martin García".