El armisticio de Belgrado se firmó entre el nuevo Gobierno revolucionario húngaro de Mihály Károlyi y el comandante aliado en los Balcanes, el mariscal francés Louis Franchet d’Espèrey, el . El acuerdo, que debía regular las relaciones entre el nuevo Gobierno republicano de Hungría (aún no reconocido) y los Aliados, fue sistemáticamente infringido, lo que llevó finalmente a la renuncia del Gobierno de Károlyi en marzo y a la proclamación de la República Soviética Húngara.
En medio de la desintegración del Imperio austrohúngaro a finales de septiembre y comienzos de octubre de 1918, tras la victoriosa ofensiva aliada en los Balcanes, un nuevo Gobierno teóricamente favorable a los vencedores tomó posesión en Hungría. Este nuevo gabinete esperaba poder mantener la unidad territorial del antiguo reino húngaro. El nuevo Gobierno se declaró independiente del Imperio, pero los Aliados no reconocieron esta declaración. La firma del armisticio de Padua entre el Imperio y los Aliados a comienzos de noviembre no detuvo el avance de las unidades aliadas en territorio húngaro.
El Gobierno húngaro envió una delegación encabezada por el propio primer ministro para tratar de pactar un nuevo armisticio que detuviese a las unidades de la Entente, especialmente las de los países vecinos, que deseaban anexionarse parte de los antiguos territorios del Imperio.
Tras recibir las condiciones aliadas en Belgrado el 6 de noviembre, la delegación húngara regresó a Budapest a presentarlas al Gobierno mientras las unidades serbias y checoslovacas continuaban avanzando. El 13 se firmó finalmente el armisticio, que reducía el tamaño del Ejército húngaro y obligaba a la evacuación militar, pero no administrativa, de ciertos territorios, además de conceder ciertos derechos militares a los Aliados y compensaciones a Serbia.
A pesar de las promesas aliadas, en los meses siguientes los países vecinos, con el apoyo de los políticos de las minorías, fueron tomando el control de distintas zonas en disputa e infringiendo las cláusulas del armisticio; las protestas del Gobierno y sus intentos de conciliación con las minorías fracasaron. Los Estados vecinos deseaban controlar los territorios antes del comienzo de las conversaciones de paz, los Aliados no contaban con las fuerzas necesarias para detenerlos y el Gobierno magiar se veía impotente para mantener el control del territorio del antiguo reino. Las continuas cesiones acabaron por minar su prestigio nacional y en marzo se negó a aceptar un nuevo retroceso de la línea que separaba a las unidades militares húngaras de las rumanas. El Gobierno social-liberal dimitió poniendo fin a la República Popular de Hungría y dio paso a un nuevo Gobierno social-comunista y a la proclamación de la República Soviética Húngara.
Antecedentes Ante el hundimiento del frente de los Balcanes tras el éxito de la ofensiva aliada en Salónica y la rendición búlgara () al avance desde el sur fue rápido, alcanzándose Belgrado el 1 de noviembre casi sin oposición por el repliegue de las Potencias Centrales hacia el norte. El comandante aliado, D'Espèrey, había ordenado que las tropas serbias se detuviesen en la frontera austrohúngara salvo unos pocos voluntarios, que debían cruzarla con objetivos propagandísticos. Mihály Károlyi, presidente del nuevo Gobierno húngaro independiente, no reconocido por los Aliados, encabezó la delegación que negoció con el mariscal D'Espèrey los términos del nuevo armisticio para Hungría.|thumb|left El 29 de octubre, en uno de los acontecimientos que marcó la desintegración del Imperio austrohúngaro, representantes de los eslavos del sur reunidos en el Comité Nacional de Zagreb proclamaron la independencia de los territorios eslavos del sur, que incluían territorios húngaros. El día anterior, había sucedido lo mismo en Praga, donde los nacionalistas checoslovacos habían tomado el poder; ese mismo día la revolución de los Crisantemos daba el poder a Mihály Károlyi en Budapest. El nuevo Gobierno de Károlyi, pacifista y antimilitarista y con un historial de declaraciones favorables a la Entente y contrarias a la alianza con Alemania, esperaba lograr buenas condiciones de paz de los Aliados, incluyendo el mantenimiento en lo posible de la unidad territorial de Hungría (salvo Croacia-Eslavonia).
Uno de los últimos actos del Gobierno austrohúngaro fue la firma del armisticio de Padua (), al que los Aliados consideraban que Hungría estaba sometida a pesar de haberse firmado tras la declaración de independencia, que aún no había sido reconocida por ellos. Este armisticio establecía un tamaño máximo de veinte divisiones para el Ejército austrohúngaro y una zona de ocupación. Esta no incluía los territorios húngaros, ya que el principal objetivo de los Aliados era llevar a cabo un ataque contra Alemania, que aún no se había rendido, a través de la mitad austriaca. Este hecho parecía favorecer a Hungría, pero en la práctica el avance de los ejércitos aliados y de los Estados vecinos no lo tuvo en cuenta. A pesar de que el armisticio firmado con el Ejército italiano no modificaba las fronteras existentes al este del Adriático, D'Espèrey, responsable del frente balcánico, no aceptó su validez para esta sección del frente. El armisticio estipulaba además la posibilidad de que las unidades de la Entente atravesasen territorio húngaro en su persecución de las alemanas, posibilidad que alarmaba al nuevo Gobierno de Budapest. Este temía que si las tropas serbias o checoslovacas ocupaban territorios en su avance contra los alemanes acabarían por anexionárselos.
El mismo día de la firma del armisticio en Padua, el regente serbio, el futuro rey Alejandro I de Yugoslavia, indicó la intención de su país de tomar las regiones más allá del Danubio, denominadas Voivodina. El mariscal francés D'Espèrey aceptó el avance de las tropas, ante el estado de desintegración de Austria-Hungría. El día 5, los comandantes del y 2.º ejércitos serbios recibieron permiso para avanzar. El mismo día, el ministro húngaro de Defensa exigía al representante alemán en Budapest la evacuación inmediata de las tropas de territorio húngaro; el Gobierno checoslovaco había utilizado su presencia para cortar el suministro de carbón a los húngaros, arguyendo que servía para abastecer a las tropas alemanas. El día 7, las unidades serbias cruzaron el Drava.
Ante el avance continuado, ya en territorio húngaro, Károlyi y su ministro de Nacionalidades, Oszkár Jászi se trasladaron a Belgrado el para negociar un nuevo armisticio con el comandante aliado y conseguir así al menos reconocimiento de hecho de su Gobierno. Los representantes húngaros viajaban dispuestos a solicitar la ocupación del país por tropas que no perteneciesen a los países vecinos si no lograban detener el avance aliado. Ese mismo día, las tropas serbias comenzaban a tomar el control de la Voivodina.
Antes de la llegada de la delegación húngara la tarde del día 6, D'Espèrey había recibido respuesta a su consulta a París de si mantener o no conversaciones con el nuevo Gobierno húngaro: debía hacerlo y presentar las condiciones firmadas en Padua el día 3. D'Espèrey llegó a Niš el 6 y a Belgrado el 7, indicando que esa misma tarde la delegación húngara debía presentarse en su residencia.
La negociación Louis Franchet d'Espèrey, mariscal francés al mando de las tropas aliadas en los Balcanes, que negoció el armisticio con los representantes húngaros en Belgrado.|thumb|right La delegación húngara, ocho miembros y un intérprete francés, se presentó a la hora indicada (7 p. m.) en la residencia de D'Esperey, que los recibió secamente e indicó su desagrado por la presencia de un representante de los consejos de soldados entre los delegados. El mariscal francés mostró además su antisemitismo por la presencia de un representante judío, el barón Hatvany.
Tras las presentaciones, Károlyi leyó torpemente el discurso que había preparado, al que el mariscal objetó que no representaba a Hungría sino al pueblo magiar exclusivamente. El discurso era favorable a la Entente y trataba de desligar al nuevo Gobierno de Austria-Hungría y su pasado bélico. D'Esperey respondió negativamente a casi todas las peticiones de la delegación y aconsejó que los magiares apoyasen a Kaŕolyi, única figura que podía suavizar las condiciones a las que sería sometida Hungría.79 Esta sería considerada una nación derrotada, no neutral, como pretendía la delegación.
D'Esperey comunicó las condiciones aliadas para un armisticio (dieciocho puntos) y, tras un largo rato, se retiró para permitir deliberar a la delegación. Las condiciones se consideraron muy duras y se solicitó que se incluyese la integridad territorial (salvo Croacia-Eslavonia) entre las mismas y el mantenimiento del suministro de carbón al país. Un telegrama sobre ambos puntos se envió al presidente francés, con el permiso del mariscal. A las 10:30 p. m., las conversaciones pararon y la delegación regresó a su hotel para cenar. A medianoche, regresó, D'Esperey les presentó a los delegados la redacción final del acuerdo y la 1:30 a.m. la mayoría de la delegación regresó a Budapest para informar de él al Consejo Nacional.
A mediodía del 7 de noviembre, un telegrama urgente de París indicaba que las conversaciones con el Gobierno de Károlyi debían ceñirse a lo estipulado en el Armisticio de Padua y dejar de lado las cuestiones políticas.
El día 8, Károlyi presentó su informe sobre las conversaciones de Belgrado ante el gabinete. Károlyi defendió la firma inmediata, pero el Gobierno prefirió esperar la respuesta del presidente francés Clemenceau a las consultas de la noche del 6, que D'Esperey comunicó el día 12. Mientras, el avance serbio continuaba; el mismo día 8 se dieron instrucciones concretas de avance hasta ciertas líneas en el Banato, la Voivodina y Croacia. En el norte, algunos legionarios checoslovacos ocuparon distritos reclamados por el Consejo Nacional Eslovaco, sin encontrar resistencia, acontecimiento que llevó a la dimisión del pacifista ministro de Defensa húngaro, Linder, y al comienzo del rearme húngaro.
El 9 D'Esperey regresó a Niš y los dos delegados húngaros que habían permanecido originalmente en Belgrado tampoco se hallaban en la ciudad, mientras las operaciones militares continuaban, para satisfacción serbia. Ese mismo día, tropas serbias entraban en Novi Sad, aclamados por la población.
El día 11, el comandante serbio en Novi Sad avisó a Belgrado de la inminente llegada del exministro húngaro de la Guerra, Béla Linder, encargado por su Gobierno de aceptar las condiciones negociadas la noche del 6. Informado el mismo día de la capitulación alemana, el alto mando en Salónica ordenó detener el avance de las tropas a las once, hora francesa, del mismo día. D'Esperey encargó al general francés Henrys y al mariscal serbio Živojin Mišić la firma del armisticio. El general francés viajó a Belgrado dos días más tarde para la firma del documento.
Términos del acuerdo El pacto se firmó el a las 11:15 p. m. y estipulaba una reducción del Ejército húngaro a ocho divisiones, (seis de infantería y dos de caballería) que debían utilizarse para mantener el orden en el país. Hungría habría de permitir además la ocupación de los puntos que los Aliados designasen como estratégicos para su campaña contra Alemania. Sus tropas se retirarían más allá de una línea de demarcación que seguía el siguiente trazado aproximado: del alto valle del Szamos hacia el sur, hacia el Maros; luego a lo largo de este hasta su unión con el Tisza, hacia el oeste dejando Szeged en el lado húngaro y Pécs y Baja en la zona evacuada hasta el Drava, para acabar siguiendo este hasta la frontera occidental de Transleitania. No había modificaciones en el norte, zona sin interés militar en aquel momento. El documento constaba en total de dieciocho puntos. No se establecía zona de ocupación en el norte del país. Esto hizo que el Gobierno de Budapest confiase en conservar la totalidad de los territorios con población eslovaca.