El asesinato de Alejandro I de Serbia (en cirílico serbio: Мајски преврат; Golpe de Mayo), en Serbia conocido como Golpe de Mayo, tuvo lugar el en el palacio real en Belgrado. En el ataque fueron asesinados tanto el rey serbio como su esposa, la reina Draga Mašin, y el acontecimiento fue crucial en la historia del país ya que produjo un cambio de dinastía, de modelo político y de orientación en política internacional.
Alejandro ascendió al trono de su país en 1889, lo que no puso fin a los continuos conflictos entre su padre y su madre. A este periodo de disputas entre sus padres, siguió la formación de un duunvirato de hecho entre Alejandro y su padre —tras la eliminación de la regencia—, hasta su toma del poder personal en 1894. En 1897 y tras la ruptura entre Alejandro y su madre, se reforzó la alianza entre padre e hijo y se puso fin a los intentos de concordia con los Radicales. El poder gubernamental quedó en manos del soberano, con una prensa censurada y unas Cortes controladas por la policía del régimen real.
A comienzos de 1900, Alejandro prometió casarse con una princesa europea ese mismo año; la sucesión se había convertido para entonces en un problema gubernamental. Con Milan gestionando su boda alemana en el extranjero, el primer ministro también fuera del país y a pesar de la oposición de altos funcionarios y oficiales, Alejandro comunicó a su padre sus planes de boda con Draga Mašin a comienzos de julio. Milan renunció a su puesto como comandante en jefe del Ejército en protesta por los planes de su hijo; los diversos rumores desfavorables a la futura reina —a la que se tachaba de hija de un demente y una borracha, de antigua amante de Milan y de estéril— hicieron el anuncio de la inminente boda muy impopular. Tras la boda, la nueva soberana comenzó a interferir en los asuntos de Gobierno y a mostrar una gran influencia en su marido, que trató de mejorar la imagen popular de su esposa. El rey intentó acercarse a los Radicales, que contaban con firme apoyo ruso, pero esto no sirvió para acabar con la oposición; carente de la habilidad de su padre para gestionar la política interior, se enfrentaba a una crisis política creciente. La noticia aparecida en la primavera de 1901 de que Draga había fingido un embarazo —cuyo parto era inminente— avivó el rechazo popular hacia la soberana. El fracaso de nuevos intentos de mejorar la reputación de la reina dieron paso a otra ola de represión de la oposición.
Incómodo como monarca constitucional, Alejandro trató de interferir constantemente en las labores gubernamentales. Los Radicales, deseosos de acaparar el poder tras su gran victoria electoral del verano de 1901, comenzaron a alejarse del rey, al que empezaron a culpar de la grave crisis económica del país. En el otoño, forzaron la dimisión del Gobierno de coalición con los Progresistas. Se formó un nuevo Gobierno con el general Cincar-Marcović al frente que incluía militares y Radicales favorables al rey. El gabinete hubo de enfrentarse al rechazo de la oposición y a una gran manifestación encabezada por los estudiantes que el exigió la implantación de una Constitución democrática. Tras la dura represión de la marcha, el rey concentró en sí mismo el poder gubernamental. Alejandro carecía además de firme apoyo de las potencias regionales —Austria-Hungría y Rusia—. Por otro lado, las relaciones con los vecinos Montenegro y con Bulgaria eran malas, debido a la permanente disputa por el control de Macedonia.
El régimen del rey Alejandro era cada vez más impopular en todas las clases sociales. En 1901 se organizó una conspiración contra el soberano, fundamentalmente de miembros del cuerpo de oficiales; la prensa de la oposición atizaba el descontento de los militares. A comienzos de 1903, la situación era de gran tensión y el aplastamiento de las protestas de marzo y los planes del monarca de purgar el Ejército de elementos desafectos aceleraron el plan para eliminarlo.
Temiendo un golpe de mano del rey contra ellos, los confabulados decidieron atacar el palacio real la noche del . A las 2 de la mañana, en calma total, el palacio fue rodeado de acuerdo al plan. Los atacantes vencieron a los guardias del interior del palacio y procedieron a emplear artillería y dinamita para asegurarse de la muerte de los monarcas, a los que no lograban encontrar. Los oficiales hallaron finalmente la cámara secreta donde se escondían Alejandro y Draga, que la abandonaron tras serles garantizada su seguridad; inmediatamente, los conspiradores los cosieron a balazos. Además de los monarcas, durante el golpe murieron el primer ministro, el ministro de la Guerra y los hermanos de la reina. Inmediatamente, se nombró un nuevo Gobierno provisional y se llamó a Pedro Karađorđević para que ocupase el trono vacante.
El golpe de Estado y el asesinato de los soberanos no fue una revolución ya que no cambió el poder político ni el orden social, sino un cambio de dinastía —la Obrenović se extinguió— y de gobierno, así como de política internacional: el nuevo régimen se acercó a Rusia y creció la hostilidad hacia Austria-Hungría, de la que hasta el momento Serbia había dependido política y económicamente.
Antecedentes Primeros años de reinado Alejandro ascendió al trono de Serbia al abdicar su padre Milan en 1889. La abdicación, un triunfo del modelo de gobierno parlamentario, no puso fin a los continuos conflictos entre el exmonarca y su esposa, en los que se vieron envueltos a menudo los políticos serbios. Durante esta primera etapa de regencia, los Radicales dominaron el Gobierno gracias a su victoria electoral de 1889. A este periodo de disputas entre sus padres, siguió la formación de un duunvirato de hecho entre Alejandro y su padre —tras la eliminación de la regencia por ambos en abril de 1893—, hasta su toma del poder personal en 1894. En mayo de ese mismo año, restauró la Constitución de 1869, más conservadora que la de 1888. Paulatinamente y en especial por la decisión de Alejandro de permitir el regreso de su padre a Serbia a comienzos de 1895 además de la abolición de la Constitución de 1888 y la purga de funcionarios simpatizantes con el partido, la relación entre el rey y los Radicales fue empeorando. En 1897 y tras la ruptura entre Alejandro y su madre —más favorable que Milan a los Radicales—, se reforzó la alianza entre padre e hijo y se puso fin a los intentos de concordia con los Radicales. El poder gubernamental quedó en manos del soberano, con un primer ministro que no había podido elegir a los ministros de su Gobierno, una Administración purgada de Radicales, una prensa censurada y unas Cortes controladas por la policía del régimen real.
Crisis por el matrimonio del rey thumb|Alejandro I de Serbia y su esposa, la reina Draga Mašin. El casamiento del nuevo monarca, soltero, enfrentó nuevamente a sus progenitores: su madre prefería un boda con una princesa rusa o montenegrina; su padre, con alguna princesa alemana. Tras varias gestiones en las cortes europeas en los últimos años del siglo, Alejandro prometió a comienzos de 1900 casarse con una princesa europea ese mismo año. La sucesión se había convertido para entonces en un problema gubernamental.
La candidata respaldada por Austria-Hungría y Alemania, la princesa Alejandra von Schaumburg-Lippe, propuesta por los austrohúngaros en marzo de 1900, pareció recibir la aprobación de Alejandro, que encargó en junio a su padre realizar las gestiones necesarias para organizar la boda. Esta debía cimentar la alianza serbo-austrohúngara y perpetuar el control político de Milan.
Alejandro, sin embargo, ya había conocido a Draga Mašin —doce años mayor que él—, hija del antiguo alcalde de Šabac y viuda de un ingeniero checo. Acogida bajo la protección de la reina Natalia, se convirtió en su dama de compañía en su villa de Biarritz, donde la reina se instaló en 1890. Alejandro la conoció en 1894 y se enamoró de ella en una visita a su madre en 1897. Atraído por ella, permitió el regreso de Natalia a Serbia en 1895 y, aunque las intromisiones de su madre hicieron que esta se volviese a exiliar en junio de 1897, Draga regresó en el otoño al país, ya como amante del rey, conocida como tal por toda la alta sociedad del país. Milan, a pesar de su rechazo hacia Draga, la toleró. Draga atrajo a Alejandro —fingiendo para ello incluso tres embarazos— y logró su promesa de matrimonio.
Con Milan gestionando su boda alemana en el extranjero, el primer ministro también fuera del país y a pesar de la oposición de altos funcionarios y oficiales, Alejandro comunicó a su padre sus planes de boda con Draga a comienzos de julio. Al día siguiente, el Consejo de Ministros en pleno, opuesto al casamiento, presentó su dimisión al rey, no sin intentar infructuosamente enviar al exilio a Draga. El soberano aceptó la renuncia de sus ministros después de que estos proclamasen la futura boda y forzó su aceptación por el metropolitano de la Iglesia ortodoxa serbia. Milan renunció a su puesto como comandante en jefe del Ejército en protesta por los planes de su hijo. Sin Gobierno por el rechazo de los posibles nuevos ministros a aceptar formar uno y con diversos rumores desfavorables a la futura reina —a la que se tachaba de hija de un demente y una borracha, de antigua amante de Milan y de estéril—, el anuncio de la inminente boda resultó muy impopular.
A pesar de lograr finalmente formar un nuevo gabinete, la oposición al casamiento seguía siendo intensa, especialmente entre los militares —ningún general aceptó convertirse en ministro de Defensa del nuevo Gobierno— y la alta sociedad de la capital. A pesar de los temores de Alejandro de que su padre regresaría y trataría de impedir la boda con el apoyo de los militares, Milan finalmente abandonó la idea, falto de apoyo austrohúngaro. El respaldo ruso a la boda —exagerado por el embajador en Belgrado—, sin embargo, favoreció los planes del rey y la popularidad final de la ceremonia, que se celebró el con más pompa de la planeada inicialmente.
Tras la boda, la nueva reina comenzó a interferir en los asuntos de Gobierno y a mostrar una gran influencia en su marido, que trató de mejorar la imagen popular de su esposa. Se realizó una purga de los políticos y militares considerados desafectos y cercanos a Milan, del que Alejandro temía que regresase con ayuda austrohúngara. Los intentos de que la pareja real fuese recibida en alguna corte europea para aumentar el prestigio de la nueva reina fracasaron.
Crisis dinástica Alejandro estaba convencido de la hostilidad de los Radicales y de su colusión con Rusia. Este convencimiento, compartido por su padre, hizo que este regresase en 1897, volviese a residir en el palacio real y se convirtiese en jefe del Ejército. Tras el anuncio de boda en el verano de 1900 mientras se encontraba en Austria, Milan, contrario al casamiento, decidió permanecer en el exilio en Viena.
La represión de aquellos opuestos a su matrimonio no acabó con el rechazo a este, que continuó privadamente. El rey trató de acercarse a los Radicales, que contaban con firme apoyo ruso, pero esto no sirvió para acabar con la oposición. El monarca, carente de la habilidad de su padre para gestionar la política interior, se enfrentaba a una crisis política creciente. Se apartó a los partidarios de su padre de la Administración y del Ejército. La inesperada muerte de Milan de gripe el , eliminó, no obstante, parte de la aprensión de la reina a su intervención.