thumb|La Academia Preuniversitaria Femenina, en Houston, Texas, Estados Unidos La educación separada por sexos es un modelo educativo que separa a los estudiantes por sexos, a diferencia de la educación mixta, el modelo mayoritario en los países occidentales.

Historia En Europa Occidental, antes del , el acceso a la educación por niñas se hacía en los propios hogares, a través de clases particulares, y no en la escuela, debido a la fuerte resistencia a que las mujeres participaran en las escuelas. Esta actitud comenzó a cambiar en los siglos y , cuando se crearon escuelas para niñas tanto en la Europa católica, donde eran dirigidas por monjas, como en la Europa protestante, donde eran gestionadas por institutrices, filántropos y empresarios privados. El desarrollo fue similar en Estados Unidos, donde las primeras feministas establecieron con éxito instituciones educativas para mujeres. Éstas eran diferentes y se consideraban inferiores a las instituciones masculinas. Sin embargo, crearon algunas de las primeras oportunidades de educación superior formalizada para las mujeres en el mundo occidental. Los colegios de las Siete Hermanas ofrecieron una emancipación sin precedentes a las mujeres. El pionero Salem College de Winston-Salem (Carolina del Norte) se fundó en 1772, originalmente como escuela primaria, para convertirse después en academia (escuela secundaria) y finalmente en colegio. El New England Female Medical College (1848) y el Woman's Medical College of Pennsylvania (1850) fueron las primeras instituciones médicas del mundo creadas para formar a las mujeres en medicina y ofrecerles el título de médico.

Durante el , las ideas sobre la educación empezaron a cambiar: las ideas modernas que definían la educación como un derecho, y no como un privilegio disponible sólo para una pequeña élite, empezaron a ganar apoyo en Norteamérica y Europa. De esta forma, se introdujo la educación primaria masiva y se abrieron cada vez más escuelas mixtas. Junto con la educación masiva, la coeducación se convirtió en norma en muchos lugares. La creciente secularización del también contribuyó a la aceptación de la educación mixta. En 1917 se impuso la coeducación en la Unión Soviética. Según Cornelius Riordan, a finales del , la coeducación era prácticamente universal en las escuelas públicas de primaria y secundaria de Estados Unidos (véase Kolesnick, 1969; Bureau of Education, 1883; Butler, 1910; Riordan, 1990). Además, a finales del , esto era ampliamente cierto en todo el mundo. En el Reino Unido, Australia e Irlanda, la tradición de la educación de un solo sexo se mantuvo bastante fuerte hasta la década de 1960. Los años 60 y 70 fueron un periodo de intensos cambios sociales. Durante esa época se aprobaron muchas leyes contra la discriminación, como el Título IX de 1972. Wiseman (2008) muestra que, en 2003, sólo unos pocos países en todo el mundo tienen más de un uno o dos por ciento de escuelas de un solo sexo. Pero hay excepciones en las que el porcentaje de escuelas de un solo sexo supera el 10 por ciento: Bélgica, Chile, Singapur, el Reino Unido, Hong Kong, Israel, Nueva Zelanda, Australia, Corea del Sur y la mayoría de las naciones musulmanas. Sin embargo, recientemente ha resurgido el interés por las escuelas de un solo sexo en las sociedades modernas de todo el mundo, tanto en el sector público como en el privado.

Denominación

Los partidarios la denominan educación diferenciada, y argumentan que con la separación se facilitan las mejores oportunidades para cada sexo, tratando específicamente a cada uno. Con frecuencia eso supone la diferenciación por sexos de todas o algunas de las clases, aun manteniéndose un mismo currículo para niños y niñas. En cambio los detractores la denominan educación segregada, ya que la consideran discriminatoria y sexista.

Debate

Partidarios thumb|Academia Preparatoria para Hombres Jóvenes en Houston Según la socióloga Marina Subirats los que defienden la educación separada por sexos recurren básicamente a dos tipos de argumentaciones: "Las diferencias en el desarrollo y maduración del cerebro entre niños y niñas, que complican, al educarlos conjuntamente, los procesos educativos de unos y otras" "Las diferencias en los comportamientos y actitudes de niños y niñas, que implican un elemento negativo –violencia, retraso escolar, falta de estímulos de competición...— cuando se produce una educación conjunta".

En cuanto al primer argumento, en España, la autora más conocida por sus escritos teóricos sobre la superioridad de la escuela diferenciada es María Calvo Charro, profesora de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III y presidenta en dicho país de la Asociación Europea de Centros de Educación Diferenciada (EASSE). Su razonamiento básico es el siguiente: «Sería ideal que el modelo mixto huyera del igualitarismo neutralizante de los sexos. Pero es muy difícil. Si se enseña de manera razonada, lenta y analítica, las niñas se aburren; mientras que si se enseña de manera explícita y ágil, son los niños los que se pierden. El ritmo de maduración y desarrollo en los varones es mucho más lento que el de las niñas. Solucionar eso es muy complicado». En una entrevista lo explicó de forma más detallada:

En apoyo de sus tesis recurren a las conclusiones de determinados estudios de psicología:

El segundo tipo de argumentos se basan en la afirmación de que la educación separada por sexos permite a los alumnos alcanzar un mejor rendimiento escolar y un mejor aprendizaje. María Calvo también ha recurrido a este segundo tipo de argumentos para defender la educación separada:

Detractores Los que se oponen a la educación separada y defienden la educación mixta afirman que «falta aun [sic] mucho para un conocimiento completo y exhaustivo del funcionamiento y desarrollo cerebral de los humanos» para que basemos en ello la separación de niños y niñas, y de que, por otro lado, de las diferencias biológicas «no tiene porqué derivarse la afirmación de destinos sociales diferentes». «El estudio del cerebro y la detección de las diferencias de funcionamiento no implican condiciones que hagan imposible un aprendizaje compartido». «Ya desde la biología ha quedado claro que ésta no es independiente del entorno, y que los estímulos sociales moldean nuestros comportamientos y hábitos favoreciendo o dificultando el desarrollo de determinadas capacidades».

En cuanto al argumento de que los alumnos obtienen mejores rendimientos académicos en escuelas separadas, los defensores del mantenimiento de la coeducación, llaman la atención de que en lo que se refiere a las escuelas de chicas, hay que tener en cuenta que «a menudo este tipo de escuelas se han creado como centros destinados a mujeres de clase alta, y son centros que cuentan con unos recursos y un profesorado por encima de lo común, además de unas alumnas procedentes de familias de un nivel cultural muy alto», lo que explicaría sus mejores rendimientos en matemáticas, por ejemplo.

Sobre el argumento de que en la educación mixta se da un mayor grado de violencia que en la separada, los detractores de la educación separada destacan «la diferente percepción que chicos y chicas tienen de la violencia en los centros educativos». «Determinados tipos de gestos y actitudes no son considerados violentos por los chicos: constituyen, de hecho, su forma normal de relacionarse, casi un juego, dado que los besos o abrazos están culturalmente proscritos para ellos, al generar de inmediato la sospecha de poca virilidad; los mismos gestos son leídos en cambio por las chicas como violentos: las expresiones de camaradería o de cariño suelen tomar entre ellas unas formas distintas, y los golpes, patadas, insultos, provocaciones, son interpretados como formas de agresión, no como expresiones de un vínculo afectivo».

Para Marina Subirats, socióloga de la educación partidaria de la coeducación, «los intentos de regreso a una escuela segregada» responden a «una reacción contra los avances de las mujeres y los cambios que ellos han generado en la sociedad. Reacción que vemos aparecer en distintos ámbitos en este momento, pero que parece tener especial virulencia en las grandes religiones, y especialmente en la Iglesia Católica y en el Islam». Marina Subirats concluye defendiendo la coeducación «más que nunca»:

Los detractores de la educación separada por sexos basan su apoyo a la coeducación en que fomenta «la igualdad efectiva entre hombres y mujeres». De esta forma, sostienen que las diferencias cognitivas entre hombres y mujeres no son superiores a las que existen en relación con cualquier otro grupo en una sociedad cada vez más diversa, por lo que la educación separada por sexos sería igual de retrógrada que tener escuelas para inmigrantes, para hijos de familias monoparentales o para discapacitados.

Por otra parte, se sostiene que la educación en la heterogeneidad (cualquiera que sea la razón para la diversidad) es beneficiosa, al tratarse de la heterogeneidad que encontrarán en su vida diaria. También se argumenta que la educación separada puede dificultar la naturalidad en las relaciones entre sexos. Finalmente, se afirma que no es la opción preferida por los propios alumnos.

La Educación separada por sexos en el mundo

España

La dictadura franquista (1936-1975) thumb|250px|Grupo de niñas de un colegio religioso de Figaredo en 1951. Una de las características del sistema educativo franquista era la educación diferenciada por sexos, en contraposición a la Segunda República española que comenzó a implantar la educación mixta. El sistema educativo franquista estableció la estricta separación de los niños y las niñas en la escuela y su formación diferenciada.

La «Orden de 1 de mayo de 1939 suprimiendo la coeducación en los Grupos escolares de Madrid y creando para los mismos plazas de Directoras y Directores» afirmaba:

El artículo 14 de la Ley de Enseñanza Primaria de 1945 volvía a insistir en lo mismo: «El Estado por razones de orden moral y de eficacia pedagógica, prescribe la separación de sexos y la formación peculiar de niños y niñas en la educación primaria». Y el artículo 11 de esa misma ley establecía la educación diferenciada para los niños y las niñas: «La educación primaria femenina preparará especialmente para la vida del hogar, artesanía e industrias domésticas».

Como destacó la socióloga Marina Subirats, «la escuela franquista estuvo marcada, desde sus orígenes, por su antifeminismo profundo, que hay que entender en relación al papel atribuido a la mujer y al conjunto de rasgos ideológicos del régimen». Así la educación de las niñas en la escuela franquista se caracterizó por un «nivel educativo inferior al de los niños», por una «educación ‘diferente’, encaminada a que asuman su rol de ama de casa»; por la «desvalorización continua de su espontaneidad y su modo de ser, puesto que, haga lo que haga, la niña es considerada por definición, inferior al niño, que constituye el modelo general del individuo». La separación de sexos implicó también la introducción de asignaturas especiales para las niñas siguiendo el criterio establecido en una Orden de marzo de 1938, todavía en plena guerra civil española: «En las escuelas de niñas brillará la femineidad más rotunda, procurando las maestras, con labores y enseñanzas apropiadas al hogar, dar carácter a sus escuelas, tendiendo a una contribución práctica a favor de nuestro glorioso ejército». La separación de sexos también afectó a los profesores que solo podrá impartir clases a alumnos de su mismo sexo. En el preámbulo de la Ley de 20 de septiembre de 1938 por la que se establecía un nuevo Bachillerato se señalaba como uno de los síntomas de decadencia el «afeminamiento» contrapuesto al «viril heroísmo de la juventud en acción».