miniatura|Plato de madera con una inscripción en idioma tocario. Proveniente de Kucha (China), del u ; en el Museo Nacional de Tokio (fotografía personal, 2005) miniatura|Escritura tocaria miniatura|Manuscrito tocario, c. ; en la Universidad de Frankfurt (Alemania). thumb|300px|Migración de los tocarios. thumb|300px|Expansión de los idiomas indoeuropeos (entre el 4000 y el 1000 a. C.), desde Rusia y Ucrania, según la hipótesis Kurgán. Hay muchas dudas, que dependen principalmente de las suposiciones acerca de los tocarios, la cultura de la cerámica encordelada y la cultura del vaso campaniforme. El área central de color violeta muestra la cultura yamna (del 4100 al 3500 a. C.); el área roja mostraría la expansión hacia el 2500 a. C. y el área anaranjada la expansión hacia el 1000 a. C. thumb|300px|Mapa de Asia a principios del ; muestra la ubicación de los tocarios (Yuechi) en la zona de Uzbekistán. thumb|300px|Mapa de Asia en el siglo II a. C.; muestra la ubicación de los tocarios (Yuezhi) al norte del Tíbet

Los tocarios fueron los hablantes de un idioma indoeuropeo que habitaron más al este en la Antigüedad, poblando la cuenca del Tarim en lo que hoy es la Región Autónoma Uigur de Sinkiang, en el oeste de la actual República Popular China. Su peculiar cultura se extendió desde cerca del 1800 a. C. hasta finales del primer milenio de nuestra era. Su lengua se conoce como tocario.

Existe cierta confusión en la historiografía tradicional en torno al término "tocario", que parece haberse usado para designar a dos pueblos diferentes. Los tocarios propiamente dichos, que hablaban una lengua "centum" y estaban asentados en la cuenca del Tarim, parecen ser identificables con el pueblo denominado wusun en las fuentes chinas. Por otra parte, el término "tocario" fue usado por los árabes para referirse a un pueblo iranio que fundó el Imperio kushán en el norte de India, y que podría ser identificable con el pueblo denominado en las fuentes chinas como yuezhi (yüeh-chi).

Arqueología y protohistoria

A partir de los años ochenta del , el descubrimiento de cuerpos humanos momificados naturalmente por la sequedad del Turquestán Oriental (la actual Sinkiang) evidenció que ya entre el IV milenio a. C. y principios del II milenio a. C. existía en ese extenso territorio una población de aspecto caucásico, muchos de cuyos individuos eran de cabellos rubios o pelirrojos y de ojos claros. La existencia de población con estas características se conocía desde hacía mucho tiempo merced a que era citada por fuentes chinas, que la situaban en la cuenca del Tarim y en Zungaria.

Un artículo presentado por los arqueólogos Hemphill y Mallory en 2004 llegó a las siguientes conclusiones:

Sin embargo, otra teoría estima que los establecimientos de la cuenca del Tarim y la cuenca de Turpán fueron originados por pueblos de las estepas y de las montañas ubicadas inmediatamente al norte y al oeste del Asia Central. Tales pueblos son relacionados con la cultura Afanasevo y la cultura Andrónovo; ambos grupos colonizadores habrían explotado los ambientes del Tarim y de Turfán mezclando sus modos de producción agrícola.

La cultura Afanasevo, formada en la periferia oriental del continuum de la zona de los lenguajes indoeuropeos, ha tenido su centro al norte de los mares Negro y Caspio, y —según la teoría de J. P. Mallory y Victor H. Mair (2000)— en ella se encontraría el origen del idioma tocario.

Los análisis de los productos textiles correspondientes a las momias del Tarim muestran ciertas similitudes con las civilizaciones europeas de la Edad de Hierro europea (por ejemplo, con La Tène) datadas hacia el 800 a. C.; incluyen tales textiles el tejido cruzado de sarga, llamado en inglés twill, y el tartán.

Las momias femeninas llevan un tipo de falda muy similar a las que se encuentran preservadas en yacimientos de la Edad de Bronce Nórdica. Equivocadamente, dado que muchas de estas momias vestían el tipo de tela llamado tartán, algunos han supuesto y suponen que se trataba de poblaciones celtas. Los estudios genéticos y lingüísticos desmienten la exactitud de tales aseveraciones.

Lo más probable es que se trate de poblaciones con orígenes paleoeuropeos: en el cuarto milenio a. C. existían al norte del mar Negro tales poblaciones paleoeuropeas a las cuales algunos investigadores vinculan directamente con la llamada cultura de los kurganes (o cultura kurgán) o con la ya referida cultura Afanasievo. En el segundo milenio a. C. se levantó en las cercanías del lago Lop Nor la necrópolis llamada Qäwrghul, correspondiente al antiguo reino tocario de Kroraina. En tal necrópolis se encuentran individuos con características somáticas paleoeuropeas. Estas poblaciones paleoeuropeas se difundieron en el tercer milenio a. C. hasta la cuenca alta del Yenisei, en el sur de Siberia.

De todos modos no se puede identificar inmediatamente a tales paleoeuropeos con la cultura llamada de los tocarios. Tal cultura tocaria habría surgido, a partir de poblaciones paleoeuropeas, tras una larga evolución y constituido sus elementos más característicos en la serie de oasis de riego de la cuenca del Tarim ya en tiempos históricos.

Los chinos han conservado en relación con el pueblo tocario valiosos testimonios en sus escritos antiguos, pero no se encuentran en tales escritos indicaciones claras respecto al llamado idioma tocario. Por otra parte, la historia china comienza a ser tal a partir de Sima Qian, de modo que antes de tal historiador, así como la historia escrita china no existe como tal, menos aún puede existir desde las fuentes chinas una historia de los tocarios. En todo caso las crónicas chinas distinguen cinco parcialidades yuezhi: las de los Xiemí, Guishuang, Shangmi, Xidum y los Dümi. De las cinco parcialidades, la de los Guishuang sería la más renombrada.

Se debió esperar a que se produjeran las expediciones arqueológicas de inicios del para saber a ciencia cierta que el tocario era un idioma indoeuropeo. Las expediciones dirigidas por el inglés Aurel Stein, los alemanes Albert Grünwedel y Albert von Le Coq, el francés Paul Pelliot, junto a otras japonesas y rusas permitieron el descubrimiento de numerosas ruinas y grutas que han dado gran información respecto a los tocarios, en especial los de la época budista.

Las fuentes chinas antiguas mencionan la existencia de los quanrong (quan: ‘perro’, rong: ‘bárbaro del oeste’) en el país de las Arenas Móviles (el desierto de Takla Makan). Estos quanrong eran pastores y poseían características guerreras (combatían a caballo usando el arco y la flecha).

El rey Mu de la dinastía Zhou, que reinó de 1001 a 967 a. C. (según la cronología tradicional china), les atacó en su propio territorio y aprisionó a cinco de sus reyes, lo que demuestra que para esa época los quanrong (luego yuezhí) no formaban un Estado único.

Existen varias razones para suponer que los quanrong eran en efecto los tocarios, o sus ancestros directos. Por ejemplo, tanto para los llamados quanrong como para los tocarios (y esto está comprobado fehacientemente entre los tocarios kuchianos), el color blanco poseía una simbología mística asociada a la deidad solar. También entre los quanrong y los tocarios se señala la existencia de festines en los cuales una sola joven servía de beber y comer a varios hombres. Según Georges Dumézil tales festines serían rituales místicos ligados a la cuestión de la inmortalidad o la búsqueda de una eterna juventud.

Por consiguiente, se puede admitir que los tocarios se hallaban en la Cuenca del Tarim al menos desde el , deducción compatible con la de los orígenes paleoeuropeos de este pueblo.

Sin embargo, los habitantes de la Cuenca del Tarim en el primer milenio a. C. ya no son de tipo exclusivamente paleoeuropeo. Durante un largo período se habría producido una fuerte mixogénesis; los tocarios del período búdico eran nacidos de tal fusión.

El territorio de los tocarios thumb|Figuras tocarias de las cuevas de Kizil en Sinkiang, – . El núcleo histórico de la civilización tocaria fue el actual Sinkiang, más exactamente esta civilización prosperó en la cuenca del Tarim. El territorio en cuestión era estepario ya hace cuatro mil años, desarrollándose importantes ciudades en los oasis. El elenco de las más importantes actualmente conocidas es de este a oeste el siguiente: Hami, Turfán (o Turpán), Karachahr, Kucha, Aksui y Kashgar (téngase en cuenta que casi todos estos topónimos son muy posteriores al poblamiento tocario). Todas las ciudades reseñadas resultaron capitales de reinos tocario. Otras ciudades y otros reinos —aún más ignotos— han existido en el sur de la Cuenca del Tarim pero han desaparecido ante el avance de las arenas. Esta civilización no poseía un Estado unificado tocario debido principalmente a las grandes distancias existentes entre los oasis.

La Ruta de la Seda recorría la Cuenca del Tarim hasta el antiguo límite occidental chino en las Puertas de Lulán. Los oasis en los cuales vivían los tocarios eran jalones o etapas obligadas de tal ruta, de modo que los pueblos tocarios, al tiempo que cultivaban sus tierras fértiles, se vieron beneficiados con el comercio que por ella se desarrollaba. No sólo mercancías discurrían de un extremo al otro de Eurasia por tal ruta, sino —quizá lo más importante—información en forma de rasgos culturales (por ejemplo: artes, religiones, formas de escrituras, etc.).

Hacia el verano del año 629 d. C. el célebre monje budista chino Xuanzang se dirigió a la India atravesando territorios tocarios. Respecto a uno de los principales reinos de este pueblo, el reino de Kucha, refiere: «El suelo es favorable al sorgo rojo y al trigo, produce además la raíz llamada gengtao (probablemente el ginseng), vides, granadas, gran cantidad de peras, duraznos y almendras. Se encuentran minas de oro, cobre, hierro, plomo y estaño».

Al sur de Karachahr o Karashahr se hallaban importantes minas de plata usadas para la acuñación de monedas. Poco tiempo después del año 400 d. C., otro viajero chino, Zhimeng, relata que en «la ciudad de Kucha existen altas torres y palacios de varios pisos decorados con oro y plata». Los chinos quedaron embelesados por el magnífico palacio real de tal ciudad, en donde las salas estaban ricamente exornadas con oro, jade y langgan. El langgan sería una variedad roja de jade que las poblaciones de la Cuenca del Tarim vendían a China. De tales magnificencias sólo restan algunos escritos y ruinas.

El tocarólogo Douglas Q. Adams ha estimado que hacia el sólo el reino de Kucha (y sus vasallos) tenía una superficie de aproximadamente 140.000 km² y una población de 450.000 habitantes (aproximadamente la misma cantidad que en la Inglaterra de entonces). En los textos chinos la ciudad capital de tal reino era llamada Yiluolu y a tal ciudad le estimaban una circunferencia de casi 10 km.

El nombre «tocario»

Hacia el 176 a. C. los xiongnu atacaron a los kushán/yuezhi del Gansú occidental y les obligaron a refigurase, primero en el valle del río Ilí, después en la Sogdiana y, finalmente, en la Bactriana (actual territorio de Kirguistán y Afganistán). Es por este motivo que en el los griegos los encuentran y les dan el nombre de τóχαροι (pronunciado tójari), de allí el latín tocharii (en singular tocharius). Algunos testimonios de tal apelativo griego se encuentran documentados por Estrabón (11.8.2) y luego por Ptolomeo (6.11.6); este último les llamaba tagouraioi. Ahora bien, Thagurus era el nombre que en la Antigüedad los latinos le daban a la Serindia (es decir al territorio principal recorrido por la Ruta de la Seda). Este mismo territorio era llamado Tukaras o Tusharas (en sánscrito) y Tu-hu-lo (en chino). La instalación de este pueblo en la Bactriana hizo que tal territorio fuera denominado por los persas Tojaristán, y también como fue conocido como Tokaristán o Tokaria durante todo el primer milenio de la era cristiana. Para entonces un texto en turco designa a la lengua hablada en dicho país como twqry.