La religión Inca es el conjunto de creencias y ritos relacionados con un sistema mitológico que evolucionó desde la época preincaica hasta el Imperio Inca. La fe en el Tahuantinsuyo se manifestaba en cada aspecto de la vida, trabajo, festividades, ceremonias, etc. La población tahuantinsuyana concibió la idea de un dios creador, abstracto, eterno, omnipotente, omnipresente y omnisciente en Huiracocha. Aun así, eran politeístas y había divinidades locales, regionales y panregionales. El kamaqin definía a la fuerza vital que animaba todo cuando existía en la Tierra; según la fe del Tahuantinsuyo, los seres vivos y muertos tenían kamaqin, inclusive los cerros, piedras, lagunas y demás seres sagrados lo tenían. Esto no pudo ser entendido por los colonizadores europeos quienes equipararon el kamaqin al vocablo «alma» de las creencias católicas, cuando claramente se trataban de conceptos distintos.
Según las investigaciones de María Rostworowski, en la cosmovisión andina se tenía la creencia de que los seres humanos emergieron espontáneamente, por lo tanto no existía un dios creador; este concepto vino a surgir después de la colonización europea, fueron los sacerdotes católicos quienes identificaron Viracocha como el «dios creador» pero como adaptación al catolicismo.
Las crónicas españolas thumb|180px|El Coricancha, literalmente recinto dorado, fue denominado templo del Sol por los españoles. La imagen corresponde a una representación de Martín de Murúa en la que se ilustra a Pachakutiq adorando a Inti en el interior del Coricancha. La religión incaica es uno de los temas más controvertidos de la historia prehispánica; esto sucede así puesto que los cronistas españoles, quienes describieron la religión en el Tahuantinsuyo, trataron de explicar la religión incaica desde el punto de vista del catolicismo.
Los europeos creyeron que la religión incaica era obra del demonio e idolatría, por esta razón al recoger los relatos y mitos incaicos, seleccionaron los que podían identificarse con el dios cristiano, o las que fácilmente podrían ser interpretadas como vencidas por la fe católica.
En el caso de las divinidades menores, los españoles les dieron el nombre genérico de «huacas» (wak'a) y fueron descritas como «manifestaciones locales de la actividad del demonio».
La mitología incaica
La mitología incaica procede en gran parte de tiempos preincaicos. En estos mitos, el hombre y el mundo son ordenados simultáneamente y los dioses convierten el caos en cosmos. Los incas explicaban con sus mitos el origen de las poblaciones (grupos étnicos), plantas y animales. Según la creencia popular, el lugar de donde procedían se le denominaba «pakarina», estas pacarinas podían ser cerros, puquios, lagunas, volcanes, cuevas o hasta huecos de árboles antiguos. En el caso de los grupos humanos, sus pacarinas no siempre estaban cerca al lugar en donde habitaban. Esta percepción no fue propia de los incas, sino que era una creencia extendida a lo largo de los Andes.
Origen Los incas tenían una inmensa cantidad de historias de origen que los historiadores y eruditos tienen problemas para descifrar y clasificar. Estas historias a menudo se contradicen a sí mismas, pareciendo volver a contar la historia en un momento posterior para incluir información y eventos que habían ocurrido. Muchas de las historias de origen de los incas comenzaron en el lago Titicaca. La historia tiene al dios creador Wiraqucha Pachayachachiq formando gigantes para ver si los humanos funcionarían bien en ese tamaño. Cuando descubrió que no, los hizo de su propio tamaño. Estos humanos eran arrogantes y codiciosos, por lo que se convirtieron en piedra u otras formas y algunos fueron engullidos por la tierra o el mar. Luego, el Creador convocó una gran inundación para destruir la Tierra y toda la vida en ella, excepto tres hombres, quienes luego ayudarían a crear humanos nuevamente. En un punto posterior en el lago Titicaca, el Creador hizo el Sol, la Luna y las estrellas. La Luna brillaba más que el Sol, y lleno de celos, el Sol arrojó cenizas en su rostro para atenuar su brillo. Luego, el Creador se extendió con dos sirvientes para convocar a la gente de cada nación, desde cada montaña, grieta, cueva y lago antes de caminar sobre el agua hacia el oeste.D’Altroy, Terence. The Incas. Malden, Mass.: Wiley Blackwell, second edition, 2015.
Las historias de origen de los incas reflejan una actitud de cambio, donde el pasado podría cambiarse para situar mejor el presente. Esto permitió la posibilidad de que se descubrieran nuevos pueblos y tierras habiendo estado presentes desde el principio. Sin embargo, los orígenes de los incas no representan las historias de origen de otros pueblos andinos preincaicos. Hay muchas más versiones e historias que son anteriores a las historias incas y se integran en ellas. El origen y la religión incas se basan en muchas tradiciones locales y ancestrales. La tradición oficial del Imperio inca era el culto al Sol, pero los incas permitían a los lugareños adorar a sus seres existentes. Mucha gente pensó que su antepasado fundador surgió de un lugar exacto, un paqarisqa. Estos lugareños adoraban a sus dioses a través de peregrinaciones, ofrendas y otros ritos que les permitían mantenerse fieles a la tradición al mismo tiempo que proporcionaban los sacrificios y ofrendas necesarios al dios Sol.
Expansión religiosa Las tradiciones religiosas en los Andes tendían a variar entre diferentes ayllus. Si bien los incas generalmente permitieron o incluso incorporaron deidades locales y héroes de los ayllus que conquistaron, llevaron sus dioses a esos pueblos incorporándolos en la ley, tal como requería el sacrificio. Los incas intentaron combinar sus deidades con las conquistadas de formas que elevaran el estatus de los suyos. Un ejemplo de esto es Pachamama, la diosa de la Tierra, a quien se adoraba mucho antes del ascenso de los Incas. En la mitología incaica, la Pachamama, habiendo sido integrada, se colocó debajo de la Luna, la cual los incas creían que esta última gobernaba sobre todas las diosas femeninas.
Cosmovisión durante el Imperio Inca
La cosmovisión andina del mundo estaba dividida en 3 mundos: «Hanan Pacha» (Tierra de arriba). «Kay Pacha» (Tierra de aquí). «Uku Pacha» (Tierra de abajo). Franklin Pease García-Yrigoyen señala que esta división fue una transliteración de la cosmovisión andina a la cosmovisión católica, y que lo más probable es que durante el Imperio Inca hubiera dos mundos llamados Hanan Pacha y Hurin (Uku) Pacha, y que el Kay Pacha fue un lugar de encuentro o tinkuy.Hay evidencia de que existe otros dos mundos llamados Hawa Pacha o el mundo de afuera (lo que existe pero nuestros sentidos no pueden percibir) y el Hakaq Pacha o Haqay Pacha ( mundo del más allá o de los espíritus). Para los incas, la Tierra (Pachamama) es la madre nutricia de la vida, digna de respeto; posición opuesta a la visión europea de que el hombre debe explotar la naturaleza sin precaución o que la última contradicción de la historia es naturaleza-hombre.Cultura de los Inkas. Jesús Lara, La Paz (1967)Fukuyama: Fin de la historia
Los incas creían en un tiempo cíclico, las crónicas dividen a los ciclos en edades y esas edades fueron variando según los mitos recogidos por los europeos. En el manuscrito de Huarochirí se divide el tiempo en cuatro edades, cada una gobernada por un dios diferente: Yanañamca y Tutañamca, Huallallo Carhuincho, Pariacaca y Cuniraya Huiracocha.
En las crónicas de Guamán Poma, se presenta una descripción compleja de las edades del mundo que se inicia con la aparición del hombre; en las 3 primeras edades Guamán Poma describe el perfeccionamiento del conocimiento agrícola y guerras. La cuarta edad se describe como el perfeccionamiento de varios grupos étnicos; en la quinta edad llamada «Inca pacha runa» los incas se imponen al resto de hombres e imponen la idolatría. Según Poma, en la primera edad los hombres conocieron al «dios verdadero» pero este conocimiento se perdió.
Las divinidades
La religión andina prehispánica era animista, puesto que perfilaba a los astros y a los grandes hechos y fenómenos geográficos como poderosas deidades en sí mismas. El único dios en sentido pleno de la palabra fue Viracocha, el dios creador. Otros dioses importantes eran el Sol (Inti), la Luna (Mama Quilla) protectora de las mujeres, la Tierra (Pacha Mama) de la fertilidad agrícola, y el rayo (Illapa) trinidad del rayo, trueno y relámpago, y dios de la guerra.
El número de divinidades durante el ciclo incaico fue enorme, estas divinidades podían habitar el cielo y la tierra. Según la creencia popular, los dioses (incluyendo también los antropomorfos) podían tomar conductas similares a la de los seres humanos, eran capaces de tener sentimientos y pensar, podían tener esposas, hijos y enfrentamientos entre ellos; además podían tomar partido por un grupo humano en algún conflicto. Dentro de la teología andina, los dioses son seres eternos y permanentes, por lo que la muerte nunca representa un final definitivo, sino que forma parte de un ciclo de renovación. En virtud de está condición, los dioses andinos se comprenden como entidades inmortales porque personifican los aspectos y fuerzas eternas del cosmos (como el Sol, la Luna, el Rayo, la Tierra y todos los demás elementos). Los dioses incaicos exigían ofrendas y constante recordación; en el caso de las deidades asociadas con el agua, se sabe que preferían el «mullu» (Spondylus crassisquama) y cada divinidad tenía una preferencia específica sobre cómo debía ofrecérsele el mullu; existían algunas divinidades, como el caso del oráculo de Huarochirí que exigía mullu masticado. Este mullu era depositado en pozos, fuentes, ríos, lagunas o el mar para pedir buen tiempo y salud.
Al igual que los romanos, los incas permitieron que las culturas que integraban en su imperio mantuvieran sus religiones individuales. A continuación, se muestran algunos de los diversos dioses adorados por los pueblos del imperio inca, muchos de los cuales tienen responsabilidades y dominios superpuestos. A menos que se indique lo contrario, se puede suponer con seguridad que estos fueron adorados por diferentes ayllus o adorados en determinados estados anteriores.
Inti
thumb|250px|El culto solar se extendió por el Tahuantinsuyo en un proceso que los europeos compararon con una evangelización. En la foto el denominado «templo del Sol» en el complejo arqueológico de «Ingapirca». En las crónicas europeas escritas durante la conquista, se refieren al sol, denominado «Punchao» o «Inti» como la divinidad más importante de todo el Tahuantinsuyo; «Inti» fertilizaba la tierra y en algunos relatos aparece como esposo de «Pachamama». Inti era dador de salud, paz y vida; y el inca como hijo del Sol (intipa churin) lo representaba en la Tierra con un valor sagrado.
Las crónicas describen al culto solar con similitud al culto católico, en los cuales existía una jerarquía clerigal en la que primaba el Cusco con la máxima autoridad el «Willaq umu» (willaq uma), este Willac umu era elegido por las «panacas» (panaqa) cusqueñas y generalmente era uno de los hermanos del inca.
El culto al «Inti» del Tahuantinsuyo en una especie de evangelización, pero esto no quería decir que el culto al «Inti» era el único en el imperio puesto que las crónicas relatan que los incas permitieron a los pueblos conquistados conservar sus ídolos y deidades e incluso algunas de estas deidades fueron incorporadas al panteón incaico. Los incas se consideraban «hijos del Sol» y las crónicas indican que el culto solar estuvo ligado a las élites cusqueñas; la población común tenía la creencia que «Inti» era el padre de toda la etnia inca y que, por tanto, eran sus hijos predilectos.