El diferendo territorial, insular y marítimo entre la República de Guatemala y Belice es una disputa entre estos dos países centroamericanos debido al reclamo de Guatemala sobre, aproximadamente, 11 030 km² del territorio de Belice, así como de centenares de islas e islotes.

La disputa se remonta a las concesiones madereras que la Corona española otorgó a colonos británicos en el y se formalizó, desde la óptica guatemalteca, con la firma del Acuerdo anglo-guatemalteco de 1859. El territorio reclamado por Guatemala se extiende desde el río Sarstún, en el sur, hasta el río Sibún, al norte, lo cual equivale aproximadamente a esos 11 030 km². Las proporciones del reclamo se basan en que el territorio de Belice debería comprender únicamente los territorios concedidos por España a Gran Bretaña en el Tratado de Versalles de 1783 (4802 km²) y en la segunda concesión de 1786 (1883 km²), además del territorio propio de Belice de 4323,964 km². Por lo que el restante territorio no reconocido sería parte de Guatemala y, según la tesis guatemalteca, estaría siendo ocupado ilegalmente.

A lo largo de la historia, Guatemala ha hecho numerosos intentos por resolver la disputa territorial, encontrando siempre la oposición primero de Gran Bretaña y luego de Belice, por lo que considera que existe una conveniencia evidente en mantener el statu quo. Aunque en 1991 el gobierno de Guatemala reconoció la independencia de Belice, ese reconocimiento se refería a la autodeterminación del pueblo beliceño y dejó pendiente el asunto del diferendo territorial.

Desde 2019, y por acuerdo mutuo de ambos países, el diferendo se encuentra sometido a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), cuya sentencia será obligatoria y definitiva para ambas partes. Las audiencias orales del proceso principal han sido fijadas por la Corte para el período del 22 al 26 de febrero de 2027.

Antecedentes históricos

Época colonial (1494-1821) miniaturadeimagen|Territorios afectados por los tratados de 1783 y 1786 en época de la C.G. de Guatemala y C.G. de Yucatán.|alt=Territorios afectados por los tratados de 1783 y 1786 en época de la C.G. de Guatemala y C.G. de Yucatán. En 1494, España y Portugal suscribieron el Tratado de Tordesillas, por el cual se repartían los territorios recién descubiertos en América; Inglaterra, como otras potencias de la época, nunca reconoció dicho tratado. Tras el naufragio de marinos ingleses y la llegada posterior de madereros ingleses y escoceses conocidos como baymen, estos se asentaron de forma no autorizada en la costa del actual Belice hacia 1638, sin reconocimiento ni de la Corona española ni de la británica.

El Tratado de Madrid o Godolphin de 1670 reconoció que Inglaterra conservaría los territorios americanos que ya tuviera efectivamente ocupados, sin especificar cuáles eran. España mantuvo una soberanía nominal sobre la región y realizó varios intentos militares por desalojar a los colonos, el último de ellos en la batalla de Cayo San Jorge (1798), sin éxito.

Mediante el Tratado de París (1763), Gran Bretaña reconoció la soberanía española sobre el territorio a cambio de que España permitiera a los baymen continuar la explotación maderera. El Tratado de Versalles de 1783 delimitó dicha explotación entre los ríos Hondo y Belice, y la Convención de Londres (1786) amplió el límite hasta el río Sibún, siempre bajo la condición de que no se construyeran fortificaciones ni se estableciera gobierno civil o militar propio, reservas que, según la posición guatemalteca, nunca autorizaron el establecimiento de una colonia soberana.

Independencia centroamericana y primeros reclamos (1821-1859) Guatemala declaró su independencia de España en 1821. Según la tesis guatemalteca, el territorio de Belice —incluyendo los 2964 km² residenciales y explotables por los británicos según el Tratado de Versalles y la Convención de Londres, reforzados por su victoria en la batalla del Cayo San Jorge, pero de nulo dominio oficial debido al tratado de Amiens de 1802, en el que se pactó la restitución por parte de Gran Bretaña de todas las conquistas hechas a Francia y sus países aliados, entre estos España— pasó a depender exclusivamente de la Provincia de Guatemala. En julio de 1823, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica (que se unió en 1824) formaron en conjunto las Provincias Unidas del Centro de América, en las que se incluía Belice. Aprovechando la independencia centroamericana, Gran Bretaña trató de conseguir que esos países reconocieran su control sobre Belice, pero las Provincias Unidas del Centro de América y Guatemala lo rechazaron. Sin embargo, más tarde, en 1826, sí logró el reconocimiento mexicano del control británico de una parte de Belice, hasta el río Sibún, en un tratado firmado ese año.

En 1834, tras la abolición de la esclavitud en Belice (1833), el político y diplomático inglés Frederick Chatfield se convirtió en el nuevo cónsul de Belice y extendió unilateralmente la región bajo control británico hasta el río Sarstún. El general Francisco Morazán rechazó esos límites. El superintendente de la parte ocupada aprobó el 14 de marzo de 1835 el aumento del territorio fronterizo de Garbutt's Falls, en el río Belice, cercano a Fallabón, permitiendo a los británicos continuar su avance hasta el río Sarstún. Debido al mantenimiento y aumento de la presencia británica, el gobierno de Guatemala aprobó en 1834 el Decreto de Colonización de la Verapaz, pues los madereros habían llegado ya al sur-poniente en la Verapaz y por el poniente en Petén.

La República de Centroamérica terminó en 1839, y la primera Constitución de la República de Guatemala indicó que el país comprendía Verapaz, Chiquimula, Sacatepéquez y Guatemala, además de los departamentos de Los Altos (incorporados por decreto de la Asamblea Nacional Constituyente del 13 de agosto de 1840). El sur de Belice formaba parte de Verapaz.

El 19 de abril de 1850, el Reino Unido suscribió con los Estados Unidos el Tratado Clayton-Bulwer, por el que ambas potencias se comprometían a no ocupar, fortificar ni colonizar parte alguna de Centroamérica ni ejercer ningún dominio sobre esos países. Sin embargo, el 29 de junio del mismo año, al ejecutarse el canje de ratificaciones, Gran Bretaña declaró que tal tratado no era aplicable «al establecimiento de su Majestad en Honduras ni sus dependencias» —Honduras británica era otro nombre de Belice— y el 10 de agosto de 1852 tomó posesión de la isla de Roatán e islas adyacentes. Estados Unidos reconoció un usufructo, pero no un dominio pleno.

En 1840 Gran Bretaña creó un Consejo Ejecutivo en Belice; en 1854 el territorio tuvo su primera Constitución y una Asamblea Legislativa solo para británicos, excluyendo a indígenas y negros, y en 1859 apareció la British Honduras Company.

El Tratado Wyke-Aycinena de 1859 thumb|right|300px|Mapa de la frontera entre Honduras Británica y Guatemala según el Tratado anglo-guatemalteco de 1859. Mediante el Tratado Wyke-Aycinena, firmado el 30 de abril de 1859, Guatemala acordó reconocer los límites del asentamiento británico —trazados desde la desembocadura del río Sarstún hasta Garbutt's Falls y de allí hacia el norte, hasta la frontera con México— a cambio de que Gran Bretaña se comprometiera, en el artículo VII, a construir en cuatro años una vía de comunicación entre la capital guatemalteca y la costa atlántica, cerca de la ciudad beliceña de Punta Gorda. Guatemala interpretó dicho artículo como una compensación por la cesión territorial; Gran Bretaña, en cambio, sostuvo que se trataba de un proyecto de cooperación mutua sin obligación económica exclusivamente británica. La carretera nunca se construyó ni fueron entregadas las 50 000 libras previstas para su construcción.

Incumplida la promesa, en 1862 Belice fue nombrada colonia de la British Honduras Company, dependiente de Jamaica hasta 1884, cuando pasó a ser gobernada autónomamente. Gran Bretaña impuso en 1868 un gobierno propio en todo el territorio ocupado, y en 1871 Belice se convirtió oficialmente en colonia británica con el nombre de Honduras Británica. En 1884, debido al incumplimiento del tratado, Guatemala reclamó la recuperación del territorio.

Belice sostiene, por su parte, que los tratados firmados por el Reino Unido no le resultan vinculantes por no haber sido parte de ellos; no obstante, de acuerdo con jurisprudencia previa de la Corte Internacional de Justicia, el tratado de 1859 sí obligaría a Guatemala, salvo que esta última logre demostrar que dicho tratado le fue impuesto por el Reino Unido.

Tensiones en el siglo XX En agosto de 1931, un intercambio de notas entre el Reino Unido y Guatemala reafirmó los límites del tratado de 1859 y dejó constancia de la colocación de mojones fronterizos en Garbutt's Falls y Gracias a Dios Falls. No obstante, a partir de 1936 las negociaciones sobre la compensación económica por la carretera incumplida se estancaron: el gobierno del presidente Jorge Ubico llegó a proponer que Gran Bretaña «devolviera» el territorio a cambio de una indemnización, propuesta que Londres rechazó. En 1938, el Gobierno de Guatemala publicó el llamado «Libro Blanco», en el que hacía una defensa de sus derechos sobre Belice, y en 1939 la cancillería publicó un apéndice que argumentaba que el tratado de 1859 había caducado por incumplimiento británico.

La Constitución guatemalteca de 1945 —eliminada por el golpe de Estado de 1954— estableció que Belice era una zona de Guatemala y de interés nacional su reintegración. El 24 de agosto de 1945 se firmó además en Guatemala la Declaración de principios de convivencia centroamericana, suscrita por los representantes de los demás países hispanos de la parte continental de Centroamérica, salvo Panamá, que aludía a la pertenencia guatemalteca de Belice. En 1946 el Congreso de Guatemala proclamó la caducidad del Tratado de 1859 y exigió la reintegración del territorio. Ese mismo año el Reino Unido respondió que la controversia debería ser decidida en la Corte Internacional de Justicia, con base en el artículo 36 de la Carta de las Naciones Unidas; Guatemala aceptó siempre que se planteara según la modalidad de equidad y el análisis de los acontecimientos jurídicos e históricos de la controversia, condiciones que frenaron la decisión británica.

Las tensiones se mantuvieron durante las décadas siguientes. En febrero de 1948 Guatemala amenazó con anexar el territorio por la fuerza, lo que llevó al despliegue de tropas británicas; en enero de 1958 un grupo armado identificado como Ejército de Liberación de Belice cruzó la frontera e izó la bandera guatemalteca, siendo repelido por fuerzas británicas. En 1963, al conocerse la futura independencia de Belice, Guatemala rompió relaciones diplomáticas con el Reino Unido, que se restablecerían en diciembre de 1986. En 1968, una comisión de arbitraje estadounidense dio a conocer las llamadas «Propuestas Webster», que planteaban un gobierno compartido para Belice y pedían el reconocimiento de la independencia de Honduras Británica —que desde junio de 1973 se llamaría Belice— por parte de ambos países; fueron rechazadas tanto por la opinión pública beliceña como por el propio Reino Unido. En 1972 y nuevamente en 1975, la amenaza de una invasión guatemalteca llevó al Reino Unido a reforzar militarmente la colonia, incluyendo el despliegue del portaaviones .

En 1976, bajo el mandato del presidente Kjell Eugenio Laugerud García, Guatemala militarizó la frontera con Belice; dicha militarización se vio interrumpida por el terremoto del 4 de febrero de 1976, tras el cual la mayor parte de los soldados guatemaltecos desertaron para regresar con sus familias, por lo que el presidente ordenó cancelar la operación.