250px|thumb|right|La mascarada de La Vijanera en Silió, de origen prerromano, es la muestra viva de la supervivencia de los cultos arcaicos a la naturaleza en Cantabria.El carnaval de La Vijanera de Silió no se debe confundir con aquel personaje cántabro, del mismo nombre pero diferentes características, que según la tradición en Nochevieja entraba por el desván y a los niños que no habían comido les pinchaba la barriga con una horca (Mercedes Cano Herrera, 2007).

La mitología autóctona de Cantabria, desde sus orígenes más remotos y con el paso del tiempo, se ha ido entroncando con los mitos celtas y romanos, emparentándose en parte con leyendas y tradiciones del resto de la cornisa Cantábrica. En la mayoría de los casos, su significado más profundo, transmitido de padres a hijos a través de la tradición oral, ha quedado diluido bien porque este se ha ido perdiendo, bien porque los escritores clásicos nos la han transmitido cercenada al no recoger toda la riqueza y mentalidad popular, fijándose únicamente en los cultos y divinidades que guardaban semejanza con los suyos. Por otro lado, la romanización en un primer momento y la incursión del cristianismo posteriormente han ido transformando el sentido y representación de estos ritos paganos, alcanzándose en muchos casos un sincretismo religioso.

Aun así, todavía se conservan en el pueblo cántabro apólogos y leyendas con una mayor componente ritual o de comportamiento que como relatos significativos, y que se caracterizan por:

Ser muchas veces relatos orales cuyo origen se remonta a tiempos en el que el paganismo era todavía una religión viva en Cantabria, y que, trasmitidos de generación en generación, se han ido reelaborando con el paso del tiempo y el sincretismo mítico-religioso. Destacan por su brevedad, se prefiere el cuento sucinto que se pueda captar fácilmente y por eso a veces se llega a una condensación en ocasiones excesiva, en el afán de reducir y eliminar lo superfluo. Las narraciones plantean historias sencillas, muy relacionadas con fenómenos de la naturaleza a los que intenta dar respuesta. Pese a su simplicidad a veces presentan una curiosa efectividad poética. Debido a su carácter en origen oral, las leyendas se van rehaciendo al ser reproducidas en infinidad de ocasiones a lo largo del tiempo, surgiendo variantes del mismo mito.

El folklore y las creencias populares de la Cantabria rural están llenas de pervivencias precristianas, las cuales, utilizadas con cierta prudencia, pueden servir como fuente auxiliar para conocer la religión y mitos de la Cantabria prerromana.

Divinidades El cristianismo en Cantabria es de implantación muy tardía. En el la población seguía siendo pagana en su mayoría, como lo demuestra la presencia de exvotos a divinidades indígenas y las numerosas lápidas funerarias encontradas. Los cántabros aún seguían siendo fieles a sus principios de una ley no escrita que se hundía en el pozo de los tiempos, más cercana al animismo que al monoteísmo.

Entre los restos de mitos que aún persisten como sustrato en la tradición cántabra, se encuentra el culto a las grandes divinidades protectoras, como es la adoración al Sol, lo cual queda atestiguado en las estelas cántabras encontradas, y en relación con el culto al fuego.Las hogueras de San Juan, coincidentes con el solsticio de verano, pudieran ser una reminiscencia. Así mismo, se idolatra a una divinidad-padre suprema denominada Candamo, dios de la tormenta y la montaña, que en época romana se asocia con Júpiter (Júpiter Candamo) y el culto solar y posteriormente con el Dios cristiano.En Herrera de Camargo se descubrió una bella escultura de bronce que le rendía culto.

Relacionado con el marcado carácter belicoso de los cántabros aparece un dios de la guerra, posteriormente identificado como el Marte romano, al que se le ofrecían sacrificios de machos cabríos, caballos y prisioneros en gran número, según señala Estrabón, Horacio y Silio Itálico.Estr. III,3,7Carm. III,4,34Silio III, 361 Estas hecatombes iban acompañadas de la bebida de la sangre aún caliente de los caballos,Tácito los considera por los germanos como ministros de los dioses: como menciona Horacio al respecto de los concanos, y sería una verdadera comunión.

thumb|200px|left|Altar encontrado en Francia con un bajo relieve del dios pancéltico Lug.

El teónimo Epane podría tener relación con este culto.El nombre de Epane parece proceder del radical ide. * ekwos "caballo", con el cambio de -kW- > -p-, característico de las lenguas celtas del grupo britónico, llamados también "Celtas de la P": galo epo-s; galés ep "caballo"; galés y córn. ebol "potro". Para los antiguos cántabros estas prácticas poseían un origen místico ligado a la creencia en la sacralidad de estos animalesJulio Caro Baroja sugiere la posibilidad de que exista una deidad ecuestre entre los celtas de Hispania a semejanza de la que existía entre los celtas de otros lugares de Europa. que algunos vinculan muy estrechamente con la variante del dios Marte céltico solar y que serían su reencarnación.E. Thevenot. Sur les traces des Mars Celtiques, Brujas, 1955.En Numancia estas representaciones del dios-caballo van llenas de signos solares.

Lug, el dios pancéltico fue también reverenciado por los cántabros, como lo demuestra una inscripción hallada en Peña Amaya, al norte de la provincia de Burgos, que muestra una dedicatoria a Dibus M(agnis?) Lucubo(s).

Los sacrificios humanos entre los pueblos del norte son citados también por san Martín DumienseDe correctione rusticorum VIII y tendrían el mismo carácter de redención y vaticinio que el resto de los celtas de la Galia, donde eran muy frecuentes. Así Estrabón cuenta sobre estos que extraían augurios mediante la evisceración de los prisioneros, cubriendo las entrañas con sayos, les amputaban las manos derechas y las consagraban a los dioses. El modo de vaticinar el futuro dependía de la caída de la víctima.

Unido a esta divinidad guerrera aparecen las diosas-madres germinadoras vinculadas a la Luna con evocaciones casi hasta el presente en la que hasta hoy en día posee una clara influencia en el medio rural en las fases de siembra y recogida de cultivos. Joaquín González Echegaray relaciona la diosa Cantabria aparecida en la inscripción de un ara votiva hallada en Topusko (Croacia) con la Diosa Madre de los cántabros. Este epigrama habría sido realizado por alguno o algunos soldados que formaban parte de las legiones romanas: Algunos autores como Eduardo José Peralta Labrador consideran que esta inscripción votiva, encontrada en 1824 pero actualmente desaparecida, es falsa.

thumb|200px|Estatuilla en bronce del Neptuno cántabro encontrada en el monte Cueto, cerca de la actual Castro-Urdiales. Esta figura, que tiene un delfín en un mano y, supuestamente, un tridente en la otra, probablemente sea un exvoto a esta deidad marina depositado en este monte santuario indígena.

Del mismo modo el culto a un dios del mar fue asimilado en épocas romana a través del dios Neptuno cántabro. Una estatuilla en bronce de esta deidad fue encontrada en 1955 cerca de la antigua colonia romana de Flavióbriga (la que fuera el Portus Amanum de los amanos), caracterizándose por conservar los rasgo juveniles de la divinidad cántabra original. El descubrimiento es excepcional ya que no hay constancia de que los cántabros se adentrasen en el mar Cantábrico —un mare tenebrosum considerado por los romanos como cerrado, peligroso y de difícil tránsito fuera de meses propicios— por lo que existe una carencia de mitos y dioses oceánicos en el panteón cántabro.

Estos antiguos cántabros creían en la inmortalidad del espíritu. Así lo demostraban en sus ritos funerarios donde predominaba la cremación, a excepción de aquellos que morían en combate, que debían de reposar en el campo de batalla hasta que los buitres abrieran sus entrañas para llevarse al más allá su alma y unirse a la gloria de sus antepasados. Esta práctica queda atestiguada en los grabados de la Estela de Zurita.

Así mismo un papel importante en la compleja sociedad cántabra era el sacrificio humano en sus dos aspectos: como medio de conformar la voluntad divina y como prevalencia de la abnegación a la colectividad frente al individuo. Así pues, en una sociedad guerrera como la cántabra la inmolación no era considerada como símbolo de primitivismo o barbarie, sino que la difícil determinación que requería a la persona que la llevase a cabo conllevaba que tuviese un alto grado de importancia. Tal era el caso de la denominada devotio, un singular y extremo sacrificio practicado por los cántabros, mediante el cual las comunidades guerreras unían su destino al de su líder.

Culto astral

200px|thumb|Una de las estelas cántabras de Barros, datadas entre los siglos y Sus bajorrelieves de anillos, aureolas de triángulos y el tetrasquel se relacionan con símbolos solares y crecientes lunares.

En la antigua religión de los indígenas cántabros, se observa con frecuencia la presencia de cerámicas utilizadas en rituales dedicados a los astros, como se puede apreciar en la epigrafía conservada. Así, se tenía en cuenta la posición de la luna y las estrellas en diversas situaciones de su vida cotidiana, como al construir una casa, sembrar o plantar árboles, o al contraer matrimonio. En un relato de Estrabón se menciona lo siguiente:

El culto a la Luna entre las comunidades del norte está relacionado tanto con la estructura económica de estas poblaciones, que dependían en gran medida de la ganadería, como con la presencia del matriarcado, debido a la conexión simbólica entre la luna y la fertilidad. A su vez la que relacionaban también con la muerte y la inmortalidad del alma.

Además, se pueden encontrar vestigios de prácticas rituales de origen indoeuropeo relacionadas con el culto al Sol en algunas regiones, especialmente en el norte. En general, las creencias y rituales asociados a estas tradiciones son variados y numerosos.

El símbolo distintivo aparecido en los grabados de las estelas discoideas, con cuatro medias lunas que se enfrentan y rodean un punto central (seis medias lunas en una de las estelas de Lombera), parece ser exclusivo de los cántabros, ya que no se encuentra en ninguna otra cultura indoeuropea peninsular con esta forma. Solo en algunas placas hallstátticas de Alemania, Austria, Suiza o Francia se puede encontrar este símbolo, el cual normalmente está asociado con soles, esvásticas, caballos, cruces y otros elementos geométricos relacionados con el culto al Sol.

Dado que los cántabros pertenecen a la cultura posthallstáttica peninsular y comparten creencias religiosas muy similares a las de los primeros celtas de Europa Central, como se evidencia en su simbología común y origen compartido, es lógico suponer que el símbolo en cuestión fue traído a la región por algún grupo de las oleadas de personas indoeuropeas que llegaron a la península Ibérica a lo largo del primer milenio antes de Cristo desde aquellas regiones donde se encontraron las placas mencionadas.

Es notablemente distintivo de los cántabros el hecho de que esta simbología astral aparezca específicamente en unas estelas gigantes que no tienen réplicas conocidas entre otros grupos culturales. Estas estelas, que desempeñaban un papel importante en las prácticas religiosas de los cántabros, indicaban la presencia de antiguos santuarios al aire libre en lugares específicos, cuyo carácter sagrado perduró a través del tiempo con la construcción de ermitas sobre ellas o en sus proximidades.

Culto a la naturaleza

thumb|200px|right|Las Fuentes Tamáricas, un manantial intermitente situado en Velilla del Río Carrión (Palencia), en el territorio de la tribu de los Tamáricos. Su peculiar régimen hidrológico —caracterizado por brotes periódicos e impredecibles— fue interpretado en la antigüedad como un fenómeno augural, lo que evidencia la existencia de lugares de culto y adoración a las deidades acuáticas durante la época romana.