El trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad en el que la persona afectada sufre repetidos ataques súbitos de terror en ausencia de estímulos externos que puedan desencadenarlos. Los episodios frecuentes de terror acompañados de un fuerte estado de ansiedad se denominan ataques de pánico o, en algunos casos, ataques de ansiedad o crisis de ansiedad.
Según el NIMH, el trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por episodios inesperados y repetidos de intenso miedo acompañados por síntomas físicos que pueden incluir dolor en el pecho, palpitaciones aceleradas del corazón, falta de aire, mareos, angustia o molestia abdominal.
En el trastorno de pánico, los episodios sucesivos de terror aparecen acompañados de cambios significativos en el comportamiento del individuo y de una preocupación continua por que se produzcan nuevos ataques de pánico. Se pueden producir cambios en la vida del individuo que pueden conllevar a evitar las situaciones o lugares temidos, a huir de los estímulos fóbicos, a apoyarse excesivamente en personas o en sustancias y a intentar controlar a toda costa las reacciones temidas.
Si se producen cambios importantes de dependencia imperativa de personas y de lugares para que el afectado pueda sentirse seguro el trastorno desemboca en agorafobia.
Trastorno de pánico, ansiedad y ataques de pánico Aunque los ataques de pánico se presentan habitualmente en todos los tipos de trastornos de ansiedad, existe una diferencia entre la ansiedad y el pánico, que radica en la duración e intensidad de los síntomas. Los ataques de pánico son episodios de miedo intenso que duran poco tiempo; la ansiedad sobreviene de manera más gradual, menos intensa y extiende su duración en el tiempo.
En el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) el síntoma fundamental de ansiedad es persistente en el tiempo (dura más de 6 meses) y generalizado sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades vitales. La ansiedad no está restringida a una situación en particular, como en las fobias, ni se presenta exclusivamente en forma de crisis, como en el caso de las crisis de pánico. El estado de ansiedad es casi permanente, oscila durante el transcurso del día y afecta a la calidad del sueño.
Por su parte, el trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad que desemboca en crisis concretas o repentinos sentimientos de terror sin motivo aparente.
Síntomas del trastorno de pánico: DSM-IV El trastorno de pánico con (o sin) agorafobia se valora según los criterios diagnósticos del DSM-IV (cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense) de la forma siguiente:
A. Cumplimiento de los requisitos (1) y (2): Ataques de pánico periódicos e inesperados. Al menos uno de los ataques ha sido seguido durante 1 mes o más de al menos uno de los siguientes aspectos:
Persistente preocupación por tener nuevos ataques.
Preocupación por las implicaciones del ataque o por sus consecuencias (por ejemplo: perder el control, sufrir un ataque cardíaco, "volverse loco", etc.).
Cambio significativo en el comportamiento en relación con los ataques.
B. La presencia (o ausencia) de agorafobia.
C. Los ataques de pánico no se atribuyen a efectos fisiológicos directos producidos por una sustancia (por ejemplo: consumo de drogas o medicamentos) o a un cuadro médico concreto (por ejemplo, hipertiroidismo).
D. Los ataques de pánico no se encuadran mejor dentro de otros trastornos como la fobia social (exposición a situaciones sociales temidas), fobias específicas (exposición a una determinada situación fóbica), trastornos obsesivo-compulsivos (por ejemplo: con la exposición a la suciedad de alguien obsesionado con la limpieza o la salud), trastornos de estrés postraumático (por ejemplo: en respuesta a estímulos asociados con un grave estrés) o trastornos de ansiedad por separación (por ejemplo: en respuesta a encontrarse fuera del hogar).
Síntomas del ataque de pánico thumb|200px| El pánico y la necesidad de escapar de la situación. Según el NIMH, las personas con trastorno de pánico tienen sentimientos de terror que aparecen de repente y repetidamente sin previo aviso. Durante el ataque de pánico, es probable que se sienta opresión en el corazón y que el afectado se sienta sudoroso, débil o mareado. En las manos se pueden sentir hormigueos y quizás frío. Se puede tener náuseas, dolor en el pecho o sensaciones de asfixia, sensación de irrealidad o miedo a la inminente pérdida de control.
La persona que sufre episodios de pánico se siente súbitamente aterrorizada sin razón alguna; durante el ataque de pánico se producen síntomas físicos intensos, como taquicardia, dificultad para respirar, hiperventilación pulmonar, temblores o mareos. Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento o lugar sin previo aviso. A menudo el individuo siente durante la crisis que está en peligro de muerte inminente y tiene una necesidad imperativa de escapar de un lugar o de una situación temida.
Duración y frecuencia La aparición del trastorno puede desencadenar ataques de pánico con frecuencias muy variables. Los episodios de terror pueden ser diarios, semanales, etc. Cuando se producen, los episodios individuales de pánico suelen durar varios minutos. Generalmente estos episodios individuales presentan parecida duración para un mismo individuo en cada repetición.
La reaparición del trastorno viene condicionada con frecuencia por períodos estacionales o situaciones vitales recurrentes (exámenes, viajes, períodos laborales, etc.).
Orígenes. Comienzo del trastorno de pánico y duración de la enfermedad Las causas exactas del trastorno de pánico se desconocen. No se contemplan fenómenos determinantes en su aparición. Los factores genéticos y los mecanismos de herencia pueden desempeñar un papel esencial en su desarrollo así como las vulnerabilidades psíquicas del individuo.
Algunos autores sostienen la influencia de largos períodos de estrés en su aparición como los ocurridos cuando una persona se encuentra bajo una enorme presión psicológica y emocional; por ejemplo tras la muerte de un familiar o ser querido, después de tener un niño, cambios laborales, vitales o familiares, etc.
Algunos investigadores tienen la teoría de que hay acontecimientos que cambian la vida en general o que existen períodos de estrés que causan ataques de pánico. Hay estudios que han demostrado un número significativo de personas con trastorno de pánico con experiencias traumáticas en la infancia, como la muerte de un padre.«Panic Disorder», N. Campbell Otras investigaciones sugieren que no se trata sólo del entorno, sino que existen causas genéticas. Por ejemplo, existen estudios que han encontrado que los gemelos idénticos tienen altas probabilidades de compartir el trastorno.Enciclopedia de los trastornos mentales Sin embargo, existen otros datos que contradicen esta teoría.
Las mismas zonas del cerebro activas durante la respuesta de temor se activan durante los ataques de pánico. Los investigadores esperan encontrar alguna explicación también en las funciones neurológicas tras los ataques de pánico y de miedo. Algunos creen que cuando este sistema de temor en el cerebro está sensibilizado en exceso —cuando se le llama a la acción demasiado intensamente o demasiado a menudo— se vuelve excesivamente sensible y pequeños estímulos pueden ponerlo en acción.«Panic disorder», E. Bourne Otros consideran que cuando se está cansado, el cerebro produce lactato de sodio o dióxido de carbono. Cuando aumentan los niveles de lactato de sodio o de dióxido de carbono, el cerebro cree erróneamente que se está asfixiando y envía señales para aumentar la frecuencia respiratoria para conseguir más oxígeno. Esto puede desencadenar un ataque de pánico.
Otra teoría tiene que ver con el neurotransmisores serotonina y el ácido gamma aminobutírico (GABA), que desempeñan una función calmante en el cerebro. Las personas que sufren trastornos de pánico parecen tener un menor número de receptores de serotonina que otros.NIMH Los medicamentos que inhiben la recaptación de serotonina y GABA resultan eficaces en la lucha contra el trastorno de pánico.
Generalmente, el trastorno comienza cuando las personas son jóvenes, entre los 18 y los 24 años, aunque puede producirse también en adolescentes. Cualquier persona puede tener trastorno de pánico, aunque el fenómeno es más común en las mujeres que en los hombres.
El trastorno de pánico puede extenderse durante unos cuantos meses o incluso durante varios años. Pero, por otro lado puede existir una ausencia total de síntomas durante años e incluso el trastorno puede no reaparecer en absoluto.
Se ha descrito en los trastornos de pánico una hiperactividad noradrenérgica a nivel del tallo cerebral (núcleo A5 noradrenérgico) en relación con una deficiencia de serotonina en los rafes superiores (rafe dorsal, rafe medio) con hiperactividad serotonérgica en la sustancia gris periacueductal. Al contrario de los trastornos de ansiedad y fobia el perfil es hiperactividad noradrenérgica del A5, hipoactividad noradrenérgica del A6 (locus coeruleus) y deficiencia de serotonina en el rafe dorsal y rafe medio. Estos cambios se observan en las crisis pero fuera de ellas aparece el "fear to fear", donde el perfil neuroquímico que se evidencian es el de ansiedad (exceso de adrenalina por hiperactividad del núcleo bulbar C1 y aumento de serotonina en el rafe dorsal). Hay tendencia a confundir las crisis de ansiedad con las crisis de pánico y esto ha llevado al sobrediagnóstico de los trastornos de pánico. Muchos pacientes con pánico terminan adictos a las benzodiacepinas lo que produce un nuevo síndrome de ansiedad que confunde aún más el cuadro.
Modelo de la ansiedad Hay muchas teorías sobre las causas de la ansiedad. David S. Burns en su libro Adiós, ansiedad aborda cuatro de ellas:
El modelo cognitivo: los pensamientos negativos causan ansiedad. La "Cognición" es simplemente una palabra que denota un pensamiento. El temor no es consecuencia de los hechos a los que se tiene miedo, sino de los mensajes negativos interiores emitidos por uno mismo. Si se cambia la manera de pensar, se puede cambiar la manera de sentir.
El modelo de exposición: la evasión es la causa de toda ansiedad. Es decir, se siente ansiedad porque se evita lo que se teme. Según esta teoría, en el momento en que se deja de huir y uno se enfrenta al monstruo temido, se derrotan los miedos.
El Modelo de la Emoción Oculta: la amabilidad es la causa de todas las ansiedades. Las personas propensas a la ansiedad son casi siempre personas amables que temen los conflictos y evitan sentimientos negativos como la ira. Cuando estos sujetos se sienten molestos, esconden sus problemas para no molestar a nadie. Esto puede suceder de manera rápida y automática, de forma que no se es consciente siquiera de lo que se está haciendo. Luego surgen sentimientos negativos en forma encubierta, como ansiedad, preocupaciones, temores o sensaciones de pánico. Cuando afloran estos sentimientos ocultos y se resuelve el problema, a menudo la ansiedad desaparece.
El modelo biológico: la ansiedad y la depresión, resultan de un desequilibrio químico en el cerebro y de la necesidad de medicación para corregir el problema. Normalmente, se recetan dos tipos de medicamentos: tranquilizantes menores y antidepresivos.
Alcance del trastorno de pánico