La batalla de El Carmen de la guerra del Chaco, entre Bolivia y el Paraguay, ocurrida a mediados de noviembre de 1934, fue una de las maniobras mejor ejecutadas por el ejército paraguayo, tanto estratégica como tácticamente. Desde el punto de vista estratégico porque se trató de la ruptura central del dispositivo militar boliviano en el Chaco con la amenaza de copar todas sus fuerzas ubicadas en el fortín Ballivian, al sur del fortín boliviano El Carmen. Desde el punto de vista táctico porque consistió en un doble envolvimiento por los flancos con posterior cerco y aniquilamiento de dos divisiones bolivianas, basado en un profundo y exhaustivo reconocimiento previo del terreno con escasa detección enemiga.

Antecedentes

Desde el mes de julio de 1934 resultó evidente para la mayoría de los comandantes bolivianos, salvo el coronel David Toro, que sostener el fortín Ballivián, concentrando allí el grueso del ejército, era una pésima decisión estratégica pues impedía que se pudieran emprender acciones ofensivas en otros sectores aprovechando la superioridad en hombres y materiales que el ejército boliviano tenía sobre su par paraguayo. El presidente boliviano Daniel Salamanca temía, políticamente, el abandono de Ballivián, símbolo de la presencia boliviana en el Chaco, pero también reconocía que ese fortín era un lastre estratégico desde el punto de vista militar. El comandante del ejército paraguayo José Félix Estigarribia no contaba con los recursos para tomar el poderoso sistema defensivo instalado en Ballivián. Ya desde junio de 1934 pensaba que los bolivianos abandonarían en cualquier momento ese fortín y cada día que pasaba se alegraba de que no lo hicieran, permitiéndole tener algún grado de libertad para atacar al ejército enemigo en otro sector.

El 1º de octubre de 1934, Estigarribia recibió una carta del presidente Eusebio Ayala donde este le manifestaba la imposibilidad económica de enviarle los 500 camiones que había solicitado con prioridad absoluta. Ante esta situación, Estigarribia solicitó una reunión urgente. El 6 de octubre, Ayala llegó a Camacho. "No tengo mucha fe en el éxito" comentó Ayala luego de escuchar las consideraciones tácticas y estratégicas sobre la operación que se estaba planeando sobre cañada El Carmen. Estigarribia contestó: "En este caso [...] no se debería perder tiempo esperando mejores perspectivas sino, por el contrario, actuar pronto y decididamente porque nosotros no podemos movernos [por la falta de camiones] pero tampoco podemos quedar donde estamos. La defensiva no nos conviene".[Entrevista Estigarribia-Ayala en fortín Camacho, 6 de octubre de 1934].

A principios de noviembre de 1934, la disposición estratégica de las fuerzas bolivianas en el teatro de operaciones chaqueño había llegado al punto deseado por Estigarribia desde mediados de agosto cuando había ordenado el avance del Segundo Cuerpo del coronel Rafael Franco hacia el sector Picuiba-27 de Noviembre, al noreste, y que luego Franco lo transformó en una especie de “Blitzkrieg” (guerra relámpago) distractiva hacia el oeste, rumbo a Carandayty. La situación era la siguiente:

thumb|350px|Teatro de Operaciones zona Ballivian-El Carmen.Rojo: sistema defensivo boliviano.Azul: fuerzas paraguayas.a) En el sector sur: importantes fuerzas bolivianas seguían estacionadas pasivamente en Ballivián y sus alrededores. En ese fortín estaban inmovilizados 18 000 soldados, 20 cañones, 600 ametralladoras pesadas, 200 camiones, 5 millones de proyectiles de fusil y 5000 granadas de cañón y mortero.

b) En el sector noreste: el Cuerpo de Caballería boliviano, al mando del coronel Toro, y las fuerzas de Bilbao Rioja, con un total de 20 000 hombres seguían persiguiendo incansablemente por el desierto al Segundo Cuerpo paraguayo en dirección a Yrendagüé-Picuiba-27 de Noviembre lo que los iba alejando cada vez más hacia el este.

c) En el sector central : Las defensas bolivianas se habían debilitado en el sector Cañada El Carmen como consecuencia del traslado de fuerzas hacia el sector Yrendagüé-Picuiba. En esta zona operaba el nuevo Cuerpo de Reserva al mando del recién nombrado coronel Oscar Moscoso siendo su jefe de Estado Mayor el teniente coronel Alfredo Peñaranda Esprella. Esta fuerza estaba integrada por dos Divisiones: la 1.ª División al mando del coronel Zacarías Murillo, con 5000 hombres distribuidos en 3 regimientos, 1 escuadrón divisionario y un grupo de artillería y la 2.ª División al mando del coronel Walter Méndez, con unos 3000 hombres, que había sido trasladada desde Ballivian. La misión original de estas dos divisiones era amenazar por el oeste el ala izquierda del Segundo Cuerpo paraguayo del coronel Franco.

Logrado este desequilibrio estratégico, Estigarribia decidió librar tres batallas: la primera, de ruptura por el centro, el sector más débil, y dividir en dos al ejército boliviano. Logrado esto, librar dos batallas separadas contra cada núcleo: De persecución contra las fuerzas que abandonarían Ballivian al sur y, De aniquilamiento contra las fuerzas del coronel Toro que habían sido atraídas al desierto de Picuiba-La Faye al noreste. Para compensar la falta de recursos una misma división se desplazaría hacia el suroeste para participar en la primera y volvería al noreste para librar la tercera batalla. thumb|350px|Plan estratégico del general Estigarribia: ruptura central en El Carmen y persecución.Rojo: Fuerzas bolivianas.Azul: Fuerzas paraguayas. Luego de la entrevista entre Estigarribia y Ayala, la situación en la zona del Pilcomayo se mantuvo sin variaciones hasta los primeros días de noviembre de 1934. En ese sector, donde operaba el Tercer Cuerpo paraguayo, los bolivianos movieron algunas fuerzas y lanzaron permanentes acciones de patrullaje y hostigamiento que eran correspondidas de igual manera por el enemigo. Era evidente que el comando boliviano trataba de fijar la mayor cantidad de fuerzas paraguayas en la zona sur, frente a Ballivian. En el sector del Primer Cuerpo paraguayo, 1.ª y 2.ª División, los bolivianos se replegaron lentamente a sus posiciones principales delante de El Carmen para evitar todo posible envolvimiento. Estas acciones puramente locales acortaron el frente y permitieron al comando paraguayo deducir cuál iba a ser el comportamiento del enemigo en el sector central.

El 26 de octubre se reunieron en Garrapatal el general Estigarribia con los coroneles Carlos Fernández, comandante del Primer Cuerpo de Ejército, Rafael Franco, comandante del Segundo Cuerpo de Ejército y Eugenio A. Garay, comandante de la Octava División. El objetivo fue estudiar la situación general y decidir la idea operativa de atacar en dirección El Carmen-Strongest y luego abrir dos puntas de lanza, una hacia Beatriz-Celina y la otra a Capirenda-Villa Montes.

Antes de iniciar la primera fase, el general Estigarribia ordenó al coronel Carlos Fernández, que emprendiera un cuidadoso trabajo de exploración desde su ala izquierda sobre la retaguardia de la 1.ª División de Reserva boliviana ubicada frente al fortín El Carmen. Además, para reforzar esta operación de ruptura en el centro, desprendió del Segundo Cuerpo de Ejército del coronel Rafael Franco a la 8.ª División (al mando del coronel Eugenio A. Garay). Esta División se ubicó en el sector norte de El Carmen y también recibió la orden de enviar patrullas de largo alcance hacia la retaguardia de las fuerzas de Murillo siguiendo el flanco norte de esa división donde existía una brecha sin control de unos 60 kilómetros. El presidente Ayala finalmente aprobó la maniobra planeada por Estigarribia aunque sin estar totalmente convencido del éxito.

Buscando caminos hacia la retaguardia enemiga

El coronel Fernández se encargó personalmente del envío de una importante patrulla por el lado sur de El Carmen. Pidió a la 2.ª División los mejores tres oficiales exploradores para integrar esa expedición y uno de ellos, el teniente de reserva Gerónimo Vidal, fue elegido como responsable de la misma. Esta patrulla lejana debía infiltrarse entre la 1.ª División de Reserva boliviana y las fuerzas del fortín Ballivián que habían extendido sus defensas hacia el norte pero que no habían logrado unirse a Murillo dejando una brecha sin control de unos 25 km. El principal problema que tenía esta operación en la retaguardia boliviana era el agua que debía consumir la patrulla en su larga marcha por el monte dado que no podía recibir ningún apoyo logístico una vez abandonada su base. La solución fue disminuir las armas y municiones de los soldados para que cargaran la mayor cantidad de agua posible. Además de descubrir un camino de penetración libre de defensores y relevar las líneas de abastecimiento de agua del enemigo, Fernández agregó una orden más estricta: eludir todo contacto. Después de cinco días de incursión, el 4 de noviembre, la patrulla Vidal, totalmente agotada por la marcha de penetración profunda, esquive de enemigos y posterior retorno, volvió a su base de partida. Muy cerca de ella colapsaron por la fatiga gran parte de sus componentes, entre ellos el teniente Vidal, los que fueron posteriormente rescatados.

El entusiasmo del coronel Fernández por este primer resultado fue enorme pero Estigarribia siguió preocupado por los resultados de las otras dos pequeñas patrullas de exploración que partieron el día 31 de octubre, también lejanas, enviadas por el coronel Garay por la brecha norte y que tuvieron más problemas que la de Vidal. Una de ellas no pudo evitar el intercambio de disparos aislados con algunos soldados bolivianos y la otra chocó inesperadamente con una fuerte unidad enemiga y en su rápida huida perdió un soldado en el monte. Pese al informe favorable de esta patrulla sobre la posibilidad de infiltrar una división, Estigarribia no quiso lanzar el ataque hasta saber a ciencia cierta si el soldado desaparecido estaba muerto o en poder de los bolivianos ya que en este último caso la operación perdería el factor sorpresa, clave fundamental para lograr el éxito. El 6 de noviembre el soldado perdido volvió a su unidad. El día 7 la otra patrulla, al mando del teniente Escobar, retornó también a su base informando que había llegado hasta el camino "V", en la retaguardia enemiga.

Al mismo tiempo se tomaron otras medidas, la suspensión de los permisos, aumento de la censura sobre la correspondencia y se comenzaron a enviar partes falsos al fortín Ingavi para hacer creer que se estaban concentrando en ese lugar importantes fuerzas. Estigarribia ordenó al coronel Fernández que la 8.ª y la 2.ª División se prepararan para infiltrarse por ambas alas de la división de Murillo estimando que los bolivianos no habían descubierto su plan. Se suponía que el enemigo contaría con unos 6000 efectivos y que la sorpresiva aparición en su retaguardia de una fuerza de 4500 hombres, que cortaría sus líneas de abastecimiento y retirada, le daría una ventaja decisiva. El comando paraguayo ignoraba que una nueva División boliviana proveniente de Ballivian se estaba ubicando detrás de las fuerzas de Murillo.

A fines de agosto, cuando se desplazaron tropas hacia Carandaytý para frenar el avance del coronel Franco, el coronel Ángel Rodríguez, del estado mayor boliviano, había alertado al presidente Salamanca sobre la peligrosa situación creada en la zona Strongest-El Carmen donde el enemigo podía irrumpir aislando por el norte al fortín Ballivián. Salamanca le preguntó cómo era posible que un ejército de 30 000 hombres pudiera ser rodeados por uno de 20 000 y Rodríguez respondió que con la mitad el enemigo podía ocupar esa zona agregando que el alto mando desconocía la distribución de las fuerzas enemigas por la falencia de sus patrullas en recopilar información al respecto.