alt=Símbolo arco iris infinito|miniaturadeimagen|Signo de infinito de color arco iris que representa la neurodiversidad La neurodiversidad es un concepto que considera las diferencias neurológicas entre las personas, como las que se dan en el autismo, el TDAH, dislexia, o también síndrome de stringie como formas naturales y valiosas de diversidad humana. Esta perspectiva desafía la visión tradicional que considera estas características neurocognitivas como déficits o trastornos. En cambio, enfatiza la necesidad de aceptación, apoyo adecuado e inclusión para las personas denominadas neurodivergentes. El término se originó dentro de las comunidades autistas y está vinculado al movimiento por los derechos de las personas con discapacidad.

El movimiento de la neurodiversidad argumenta que las expectativas sociales y médicas sobre cómo las personas deberían ser y funcionar se basan en prejuicios. Reclama un cambio de paradigma hacia un enfoque inspirado en los modelos sociales de discapacidad. La discapacidad no se entiende principalmente como una característica de una persona, sino como consecuencia de entornos inadecuados, sistemas inflexibles y falta de aceptación. Sin embargo, se apoya, por ejemplo, la promoción de una comunicación eficaz de las necesidades básicas, la reducción de comportamientos nocivos y el tratamiento de afecciones concurrentes (p. ej., ansiedad, epilepsia).

El movimiento está particularmente comprometido con la eliminación del estigma y del capacitismo (discriminación por motivos de discapacidad). Compara estas formas de discriminación con las que sufren otros grupos, por ejemplo, por motivos de origen étnico, género u orientación sexual. Aboga por eliminar las barreras sensoriales, sociales y de otro tipo, por ejemplo, en la educación, el lugar de trabajo y la sanidad. Otro objetivo principal del movimiento es la ampliación de la autodeterminación de las personas neurodivergentes en los procesos de toma de decisiones («nada sobre nosotros sin nosotros»), como el establecimiento de las prioridades de investigación. Rechaza la investigación destinada a eliminar el autismo, por ejemplo a través de la selección genética.

Muchos profesionales siguen trabajando con la visión del autismo como un trastorno, pero se está produciendo un cambio creciente hacia el modelo de neurodiversidad. Un número cada vez mayor de investigadores y varias autoridades sanitarias adoptan una visión neutral o positiva del autismo. Este cambio va acompañado de debates en la comunidad científica y entre las partes interesadas. Algunos críticos argumentan que este enfoque no tiene suficientemente en cuenta los aspectos discapacitantes, especialmente en el caso de las personas autistas que no hablan o que tienen discapacidades intelectuales. Los defensores replican que esta crítica parte del supuesto erróneo de que el concepto de neurodiversidad niega la discapacidad, describe el autismo como un «superpoder» o rechaza todas las intervenciones, cuando en realidad sólo descarta aquellas que alteran o suprimen las manifestaciones autistas naturales.

Concepto e historia El término neurodiversidad (de «neurológico» y «diversidad») surgió en discusiones en listas de correo electrónico de autistas en la década de 1990 y fue utilizado públicamente por primera vez por el periodista Harvey Blume en 1998. También lo utilizó Judy Singer en su tesis de sociología ese mismo año. Desde entonces, el concepto se ha ampliado para incluir, entre otras cosas, el TDAH, la dislexia, la dispraxia y las necesidades de apoyo en el aprendizaje.

Blume (1998) escribió sobre la neurodiversidad:

Jim Sinclair, que no utilizaba el habla hasta los doce años, sentó las bases del movimiento por los derechos de los autistas con «Don't Mourn For Us» (1993), donde instaba a los padres de niños autistas a aceptar el autismo como parte de la personalidad de sus hijos, no a lamentarlo:

miniaturadeimagen|El símbolo de la pieza de rompecabezas es rechazado por muchas personas autistas, ya que se asocia con la visión del autismo como un trastorno.|alt=Lazo tachado hecho con piezas de puzzleLos defensores del paradigma de la neurodiversidad buscan reemplazar el dominante modelo médico de la discapacidad, a veces llamado «paradigma de la patología». Este modelo supone que los seres humanos deben tener determinadas características y capacidades para funcionar en un entorno societal que se considera mayormente neutral. Desviaciones de estas normas se consideran como problemas que deben resolverse curando o tratando al individuo. El paradigma de la neurodiversidad, por el contrario, está influido por el modelo social de la discapacidad, que considera la discapacidad principalmente como una consecuencia de las barreras sociales y no como una característica inherente.

Se argumenta que, si bien el autismo y los retos a los que se enfrentan los autistas en un mundo neurotípico son reales, la noción de neurodivergencia como trastorno es una construcción social. El proyecto satírico «Institute for the Study of the Neurologically Typical» ilustró esta idea patologizando la neurotipicidad de forma análoga a como se patologiza actualmente el autismo. Se reconoce que algunos individuos neurodivergentes tendrían necesidades de apoyo incluso en una sociedad óptima, pero esto no se considera un problema, por lo que se rechaza clasificarlos como enfermos o necesitados de tratamiento. Sin embargo, el paradigma de la neurodiversidad acepta el abordaje de retos inherentes (p. ej., en la comunicación de necesidades básicas) y para condiciones concurrentes como la depresión, pero ve la neurodivergencia en sí como un aspecto valioso de la diversidad humana.

Los movimientos por los derechos de los autistas y por la neurodiversidad forman parte de los movimientos más amplios por los derechos de las personas discapacitadas y por la autodefensa (la defensa de los propios derechos por parte de las personas discapacitadas, en lugar de la representación por terceros). Estos pretenden aumentar la aceptación y el respeto y luchan contra el capacitismo, que consiste en la discriminación de las personas discapacitadas. Su lema central, «Nada sobre nosotros sin nosotros», reclama la participación de las personas discapacitadas como expertas por experiencia en debates que les conciernen y en los que a menudo solo se las incluye de forma marginal. Asimismo, se señala que tienen derecho a que se respete su autodeterminación, incluso si necesitan un apoyo intensivo en su vida diaria.

alt=Bandera con múltiples franjas horizontales de rojo a verde con un signo de infinito blanco en el centro|miniaturadeimagen|Bandera del Orgullo AutistaEl movimiento de la neurodiversidad tiene su origen en grupos autistas en línea que facilitan la comunicación a las personas autistas, para quienes la comunicación oral no suele ser la forma más intuitiva y sencilla. Ser autista se entiende como una identidad positiva, por lo que se instauró un Día del Orgullo Autista, que se celebra cada año el 18 de junio, y el Día del Orgullo de la Neurodiversidad, que tiene lugar el 16 de junio. La bandera de la neurodiversidad y el orgullo autista es el símbolo del infinito. El símbolo de la pieza de puzzle, que tradicionalmente se ha utilizado para simbolizar el autismo, es rechazado por muchos autistas porque evoca emociones negativas como la incompletitud o la extrañeza. En 2006, Ari Ne'eman y Scott Robertson fundaron en EE. UU. la Autistic Self Advocacy Network (ASAN), que promueve el punto de vista de la neurodiversidad. El enfoque de la neurodiversidad adquiere mayor relevancia en prensa e investigación. Según las Naciones Unidas, la aceptación de los autistas varía mucho de un país a otro. Steven Kapp constata que el movimiento está más avanzado en países anglosajones, debido al origen allí de movimientos de discapacidad y el modelo social, y como reacción a organizaciones de padres (p. ej., Autism Speaks) que han sido criticadas por autodefensores.

Nick Walker ha publicado una guía para el uso del lenguaje llamada «Neurodiversidad: Algunos términos y definiciones básicos» (en inglés: «Neurodiversity: Some Basic Terms & Definitions»). Según esta, el término «neurodiversidad» designa la diversidad de las mentes humanas en general. Por otro lado, el término «neurodivergente» (acuñado por Kassiane Asasumasu en 2000) se refiere a un individuo cuya arquitectura neurológica no se alinea con lo que la sociedad considera normal. Esto contrasta con los «neurotípicos», que representan la mayoría. El término «neurodiverso» sólo puede utilizarse para referirse a un grupo compuesto por personas con cerebros diferentes, no para un individuo. A veces también se sugiere términos como «neuromayoría»/«neurominoría» o «neuro conforming»/«neuro nonconforming» porque el «típico» en «neurotípico» todavía tiene una connotación de normalidad. También se utiliza ocasionalmente el término «alístico» para describir a las personas que no son autistas.

Concepto de trastorno y discapacidad Asasumasu hizo hincapié en que el término «neurodivergente» no debe excluir sino incluir a las personas. Por tanto, pretendía que estos términos se aplicaran a una amplia variedad de personas, no sólo autistas o personas con TDAH, dislexia o dispraxia, sino también personas con afecciones mentales o neurológicas reales como la epilepsia o la parálisis cerebral. Se debate qué neurodivergencias deberían ser consideradas variaciones naturales (despatologizadas) y, por lo tanto, no ser objeto de intervenciones dirigidas a su erradicación. Nick Walker aboga por preservar neurodivergencias como el autismo, argumentando que cosas como la epilepsia o las lesiones cerebrales traumáticas podrían eliminarse de la persona sin cambiarla fundamentalmente. Según ella, esto se debe a que estas últimas no están vinculadas de forma omnipresente a su personalidad o a su percepción del mundo. Robert Chapman destaca que el trastorno por estrés postraumático o la anorexia deben seguir considerándose trastornos porque causan daño. Ari Ne'eman y Liz Pellicano sugieren que, en lugar de centrarse en categorías diagnósticas, se evalúe cada rasgo para saber si es de naturaleza negativa o si es sólo la sociedad la que lo convierte en un problema.

Existe un debate filosófico sobre la definición de trastornos mentales, en el que se aborda la influencia de las normas sociales en las clasificaciones médicas. Los manuales DSM-5 y CIE-11 adoptan el punto de vista de que la discapacidad y el malestar están causados por una disfunción dentro del individuo, por lo que clasifican el autismo y otras neurodivergencias como trastornos. Shaw et al. argumentan que ver a las neurominorías como trastornadas proviene de relaciones de poder históricas, donde los neurotípicos definieron los rasgos autistas como déficits. Estas narrativas se repiten hasta que conducen a una falacia de reificación: se toma una perspectiva como realidad objetiva. Florian Mildenberger analiza que a los profesionales médicos les suele resultar difícil abandonar las posiciones que una vez adoptaron. Argumenta que en lo que respecta a la despatologización de grupos, esto también está relacionado con el miedo a perder su propia autoridad interpretativa. Según Simon Baron-Cohen, la neurociencia del autismo también muestra signos de diferencia en lugar de daño.