thumb|180px|Partido de Salto El Fuerte de Salto o de San Antonio del Salto de los Arrecifes fue un puesto fortificado que integró la línea de defensa del territorio de Buenos Aires en su frontera con el indio. Ubicado en el actual Partido de Salto, dio origen a su cabecera, la ciudad de Salto.
Antecedentes thumb|200px|right|Malón (Mauricio Rugendas) Hacia 1735 las invasiones de pampas, aucas chilenos y serranos comenzaron a ser más frecuentes y las expediciones resultaban ineficaces, pues los indios ganaban rápidamente el desierto y las fuerzas que los perseguían iban mal montadas y pertrechadas, desconociendo el territorio pampeano.
Ante las entradas y depredaciones de los indios serranos en el pago de "los Saltos del Arrecifes", el maestre de campo Juan de San Martín y Gutiérrez fundó el Fuerte de Arrecifes (1736) y efectuó en agosto de 1737 una entrada contra los indios, a la cual le siguió un ataque efectuado por el capitán Pedro de Melo con la orden del Cabildo de Buenos Aires de escarmentar a los indios serranos.
San Martín intentó establecer a fines de ese año una "Guardia Avanzada del Salto" en el primer salto del río Arrecifes, cosa que no pudo hacer por no contar con los elementos necesarios para levantar una fortificación que albergara a los milicianos y los defendiera del ataque de los indios.
En agosto de 1738 los caciques aucas Hecanantú y Carunlomko incursionaron nuevamente en la zona de Arrecifes y de Areco, lo que movió al Cabildo de Buenos Aires a elevar con su aprobación al Gobernador el 29 de octubre de 1738 un informe del alcalde Provincial "para que se construya un fuerte en el pago de Arrecifes, para defensa de la jurisdicción, contra indios infieles, que andan haciendo varios daños".
El 3 de noviembre de 1738, el Cabildo instruyó a José Ruis de Arellano para establecer el fuerte y que "la practique respecto de su gran inteligencia en estas materias y conocimientos de todo el país y de aquellos vecinos", autorizándolo a adquirir cuanto precisara a ese objeto.
Sin embargo, el financiamiento de esos gastos fue siempre un problema para las autoridades coloniales. Limitados en su presupuesto y no deseando los cabildantes proveer a esos gastos de su propio peculio, se procuró permanentemente trasladárselos a los pobladores de la zona, quienes luego intentaban vanamente recuperar su aporte. Así, por ejemplo, en marzo de 1739 el vecino Diego de Peñalba pedía "satisfacción de cuatrocientas sesenta y una vacas, que ha dado para el gasto de la corrida las trescientas y el resto para la subsistencia del fuerte en la frontera del Arrecifes". El Cabildo de Buenos Aires no aceptó lo solicitado, ya que en el informe del alcalde Provincial dichos gastos irían por cuenta de los "estancieros de la jurisdicción".
Asimismo, en numerosas ocasiones los gastos corrían por cuenta de los comandantes de la expedición: el 10 de julio de 1739, el alcalde de primer voto dio razón de que "cincuenta y un pesos y cuatro reales había importado la pólvora, yerba y tabaco en las dos salidas al apósito de los indios infieles al "Salto del Arrecifes", la una por don Juan de San Martín y la otra por don Josef Ruis de Arellano".
thumb|140px|Cangapol Tras los grandes malones de 1740 (Luján y Matanza) y 1741 (Luján) se firmó un tratado con el cacique CangapolMencionado como serrano, puelche o pampa, probablemente tehuelche septentrional, estaba asentado en la zona de Sierra de la Ventana, de ahí el mote de serrano, no relacionado con los huilliche. para asegurar la frontera establecida en el río Salado (Buenos Aires), pero era una solución provisoria: el 28 de julio de 1744, 200 pehuenches chilenos atacaron Cañada de la Cruz y Luján. El maestre de campo Cristóbal Cabral salió a perseguirlos, matando 70 indígenas.
El 26 de septiembre de ese año, el Cabildo aprobó un proyecto presentado por Julio de Eguía para aumentar el número de fortines que serían cubiertos por milicianos pagados a ración, pero no especificaba sus ubicaciones.
Nada se hizo y al año siguiente San Martín desplegó milicianos en los puntos más favorables de cada partido de la frontera, fundando en 1745 la Guardia del Zanjón (en el pago de Magdalena), un asentamiento en el pago de Las Conchas y otro en los pagos de la Matanza (Guardia Puesto de López) al que se agregaría luego el Fuerte de Pergamino (1749). En partidas de no más de 8 milicianos por turnos semanales avanzaban a descubierta 10 o más leguas al sur de su acantonamiento y permanecían una semana manteniéndose sobre el terreno y batiendo su sector para prevenir incursiones.
Años después la práctica continuaba de manera similar y en 1796 el capitán de navío Félix de Azara en su reconocimiento de las Guardias y Fortines de la Frontera relataría: "El servicio impuesto á los blandengues por su fundador toca en inhumano y no llena el fin el que hacen hoy participa de los mismos inconvenientes y es este: De cada fuerte y de cada fortín salen 8 blandengues ó milicianos con su cabo dirigiéndose 10 ó mas leguas al S y, no siendo lícito llevar tiendas ni equipages, se ven en la dura precisión de subsistir de lo que da el campo, de sufrir la intemperie 8 días que es el término que se les da para regresar. Inmediatamente sale otra partida igual y así turna todo el año. La experiencia ha hecho ver siempre que cuando los indios resuelven un insulto espian oportunamente una de dichas partidas por la tarde y la cortan con facilidad, poniéndose de noche tras de ella para matarla por la madrugada infaliblemente. Hecho este lance, irremediablemente se introducen entre dos fuertes, hallan en pocas horas nuestras estancias y arreando el ganado en el mismo día ó la noche siguiente, salen de la frontera sin ser sentidos, porque los que están en los fuertes no pueden saber lo sucedido fuera, ni si entraron los indios, y viven tranquilos sabiendo que hay una partida exploradora en su frente."
Para 1750 la dura vida, la falta de pago, armamento y víveres había hecho desertar a los milicianos y la frontera quedaba nuevamente desguarnecida. Aprovechando la situación, Cangapol y el cacique Felipe Yahati pusieron fin al tratado de paz y destruyeron las misiones jesuitas de Nuestra Señora de los Desamparados y Nuestra Señora de la Concepción. En agosto los serranos atacaron el Zanjón y Magdalena y en abril y agosto de 1751 los serranos atacaron Pergamino Buenos Aires y en diciembre Magdalena.
Fuerte de Salto Durante dos años se habían sucedido constantes malones sobre la frontera, dividida entonces en tres zonas, Salto, Luján y Magdalena. La situación era percibida por el Cabildo como grave. En 1752 levantaba un expediente solicitando "que se tomen providencias eficaces para castigar los insultos de los indios enemigos, que casi diariamente están ejecutando robo de las haciendas y muertes de sus dueños" y cita como ejemplo el asesinato del cura y el incendio de la capilla de Pergamino por parte de "los infieles". El escrito afirma seguidamente que la adopción de medidas "camina con lentitud" y cuestiona la presencia de tropas de la Ciudad en las Víboras y Montevideo, siendo necesarias con urgencia para responder a los malones. Otro expediente de ese año es caratulado: "Expediente de declaraciones recibidas a pedimiento del Síndico Procurador de la Ciudad, sobre los notorios robos, muertes, cautiverios y otros insultos, que han perpetrado los indios pampas y serranos, después que se recibió la última información sobre el mismo particular".
Respecto de los gastos, en enero de 1752 el Cabildo pretendió crear el Ramo de Guerra para solventar los gastos, lo que no fue aceptado en ese momento, pero la cuestión seguía siendo problemática. En los expedientes mencionados, el maestre de campo de las Milicias, Juan de San Martín, aclaraba que para la defensa de Arrecifes y Pergamino el teniente coronel Juan Francisco Basurco había venido pagando a su costa al Maestre de Campo y a entre 80 y 100 hombres desde hacía 7 u 8 años.
El Cabildo proponía la creación en cada uno de esos tres puntos de "un Fuerte y dar providencias para el alojamiento de la gente y para una Capilla y vivienda contigua para un religioso […] y para mejor establecimiento del asiento y población en los parajes expresados y gastos que en ellos se ocasionen se nombran tres diputados para cada una el suyo".
El plan implicaba de hecho un avance de la línea de fronteras militares, siguiendo el avance de hecho de la población de campaña y permitiendo dejar territorio a retaguardia. Los fuertes se ubicarían uno sobre las nacientes del río Salto, que se convertiría en avanzada del fuerte de Arrecifes, en Laguna Brava (Guardia de Luján o Fuerte San José de Luján, actual Mercedes) como puesto avanzado del fuerte de Luján y en la laguna de Lobos, rápidamente descartada por la vieja posición del ZanjónEl asentamiento del Zanjón, fundado por San Martín, cubría la zona de las tolderías del cacique Bravo, cuya tribu estaba pacificada. Por otra parte el asentamiento de Lobos había sido arrasado por un malón junto con la reducción jesuítica de Concepción de los Pampas. donde se levantaría el Fuerte de San Martín. Las distancias previstas eran de 36 a 38 leguas entre el del Zanjón y Luján, y de este a Salto 24. Hacia el norte proseguían el de Pergamino y Arrecifes, establecidos años antes.
Félix de Azara, en su reconocimiento de las Guardias y Fortines de la Frontera, relata: "Esta es la época y la causa de la guerra con los indios, que ha ocasionado tantas muertes de una y otra parte. Para sostenerla formó el Gobernador D. José Andonaegui tres compañías de paisanos campestres, pagados y armados de lanzas. Llamó á la primera Valerosa, á la segunda Conquistadora, á la tercera Invencible, y á todas Compañías de blandengues, porque al pasar la revista en esta plaza, blandearon las lanzas. Aunque destinó la primera compañía al Zanjón, la segunda á Luján, y la tercera al Salto, no les permitió destino fijo, queriendo que siempre estuviesen en movimiento."
Finalmente, el 17 de mayo de 1752 se destinó una compañía de Blandengues de Buenos Aires a la posición del Salto y en junio se hizo efectiva la creación de la compañía La Invencible al mando del capitán Isidro Troncoso, vecino de Baradero, que en agosto de 1752 se estableció en el fortín, que se denominaría San Antonio del Salto de los Arrecifes, a orillas del Río Salto en su unión con el arroyo Saladillo Chico, a 50 km del fuerte de Rojas y a 60 km al sur de Pergamino, a media legua de la actual ciudad.
El segundo al mando en la compañía era el alférez José Maciel. La completaban el sargento 1.º José González, sargento 2.º Basilio González, cabo 1.º José Funes, cabo 2.º Juan Gorosito, cabo 3.º Luis Bustamante, cabo 4.º Francisco Rivero y 52 soldados.En 1770- según inventario de armamentos- contaba con lo siguiente: un cañón sin cureña de a 4, ocho carabinas, cinco fusiles, cinco pistolas y veinte sables y nada más.
El diputado designado para Salto era Domingo González, quien dio un fuerte impulso a la iniciativa, tanto en lo que respecta al levantamiento del fuerte, como a la construcción de su capilla y al fomento de la población, lo que llevó a que el padre Guillermo Furlong le atribuyera ser el fundador del Salto.
El teniente coronel Francisco Betbezé, comandante del Real Cuerpo de Artillería, describiría el nuevo fuerte como un cuadrado de 40 varas de lado, con muros de una mezcla de tosca y greda en los lados sur, este y oeste, mientras que el lado norte era de troncos en razón de su proximidad al río. Contaba con un baluarte en el ángulo suroeste, de una vara de altura, donde estaba montado un pedrero.