thumb|Augusto Roa Bastos, galardonado por el Premio Cervantes en 1989.
La literatura de Paraguay tiene dos vertientes: la producida en castellano y la creada en guaraní, sin desmerecer la literatura del país en otras lenguas nativas. Con todo, debe decirse que la primera ha tenido mayor desarrollo y difusión que la segunda. La actividad intelectual tiene sus indicios en la época colonial, la cual se desarrollaría después con la llegada de la independencia en 1811. Desde entonces se implementaron auspicios favorables para la cultura. La literatura paraguaya es una de las más desconocidas de Hispanoamérica, y sus escritores conocidos fuera de sus fronteras son Josefina Pla, Gabriel Casaccia, Elvio Romero, Rubén Bareiro Saguier y Augusto Roa Bastos. Aunque la historiografía de la literatura hispanoamericana no incluye a autores nacidos después de 1940, este desconocimiento no implica que no exista un corpus de obras que por distintos motivos no trascendieron las fronteras del país.
Todo el se caracteriza por el aporte literario de la primera generación de escritores que a su vez, fundaron y sentaron las bases de la cultura moderna del país. Gracias a ello se acelera el proceso de reconstrucción nacional en términos literarios, musicales y escenográficas. A pesar del estallido de la guerra del Chaco en 1932, este acontecimiento supuso otra prueba para las instituciones que en aquel tiempo aún no tenían la firmeza necesaria para encauzar la vida pública. El presidente Eusebio Ayala y el general José Félix Estigarribia controlaron el conflicto y las actividades literarias no se vieron entorpecidas en aquella coyuntura. Durante los tres años de guerra, tanto en las trincheras como en la retaguardia se hizo una revisión de valores. El resultado de esta revisión se concreta en el arte: el teatro, la poesía y, posteriormente, la narrativa.
Durante los años 1940 se impone una lírica de vanguardia cuyo impulso renovador será decisivo para el estímulo y despertar de una nueva conciencia artística en promociones siguientes. Desde 1951 a 1960, la novela y el cuento alcanzan un nivel de excelencia que los incorpora a la mejor narrativa continental. El teatro, que ya durante los años de la guerra con Bolivia adquiere un auténtico sentido nacional, pugna a lo largo de las últimas décadas por cumplir un desarrollo parejo al de otros géneros como el ensayo, la nueva lírica y la última narrativa.
Literatura colonial Años 1500: Literatura paraguaya-rioplatense Los primeros indicios de la creación literaria en Paraguay se remontan en el primer poeta que se asentaría de manera alternada en el Río de la Plata y posteriormente en Asunción. Se trata del dramaturgo, clérigo, soldado y poeta español Luis Miranda de Villafañe, quien escribió las famosas coplas de pie quebrado consideradas como la primera obra poética del Cono Sur. Llegó al Río de la Plata con la expedición de don Pedro de Mendoza en 1536. No vivió mucho tiempo en la Buenos Aires de 1536, y se trasladó río arriba a la primitiva Asunción, lejos de aquella tierra del hambre que solo mucho después lo sería de la abundancia. En Asunción, Luis de Miranda se hizo partidario del Adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca, caudillo que tenía por rival a Domingo Martínez de Irala. Durante el transcurso de los años 1500, la política ya caldeaba el ambiente en Asunción. En 1544 estalló la primera revolución, por lo que el partido de Irala depuso a Alvar Núñez y lo encarceló. Luis de Miranda al ver esto decidió recurrir no a la pluma ni al púlpito para liberar a Álvar Núñez, sino que prendió fuego a la ciudad creyendo que su propósito tendría éxito. El plan fracasó y Luis de Miranda fue castigado con ocho meses de prisión.
Hay discordancias respecto a cuándo y dónde el poeta escribió sus célebres coplas. Según el historiador Enrique de Gandía, lo hizo en 1537 y en Buenos Aires, mientras que Efraím Cardozo opina que debió ser en 1544 o posterior a esos años. Lo cierto es que existe mayor peso y respaldo en la afirmación del historiador paraguayo debido a que Luis de Miranda alude en sus versos a sucesos posteriores a los siete años de la fecha indicada por Gandia. Miranda alude en esos versos a la revolución que depuso a Alvar Núñez. Los enemigos de Alvar Núñez se llamaban "Comuneros", tal como en España los partidarios de Padilla, vencidos por Carlos V en 1521. Miranda, que aborrecía a los comuneros de la península, condenaba también a los de Asunción; por ello, en sus coplas el poeta se refiere a las dos rebeliones comuneras, la vencida en 1521 en Villalar y la triunfante en 1544 en Asunción, como a dos crímenes contra el Emperador.
Debido a que esta segunda "comunidad" se alza en armas cuando Miranda residía en Asunción y cuando ya no existía la primera Buenos Aires, las coplas debieron de ser escritas en 1544 o después, en la que iba a llamarse la "ciudad comunera" por antonomasia. Según el ensayista y crítico literario Hugo Rodríguez Alcalá, el cuándo indica el dónde, y el hecho de ser las coplas de Miranda la primera poesía de una literatura —en rigor, de más de una literatura—, le confirió un prestigio singular. Hubo historiadores que llegaron a comparar los versos del clérigo anticomunero con las coplas de Jorge Manrique, pero aparte de ser unas y otras coplas de versos de pie quebrado, la comparación no puede hallar similitud justificable.
Otro escritor que también pertenece a la historia literaria del Paraguay es el clérigo Martín del Barco Centenera, quien llegó al Río dé la Plata en 1573 con la armada del Adelantado Ortiz de Zárate. Este arcediano de la Catedral de Asunción compuso un largo poema de veintiocho cantos en octavas reales titulado La Argentina (Lisboa, 1602), y fue el primer cantor de la ciudad de su arcedianato:
Martín del Barco se hizo amigo de Luis de Miranda, con quien aprendió todo lo relatado sobre la expedición de Pedro de Mendoza, la personalidad de Domingo Martínez de Irala, la deposición de Alvar Núñez y los infortunios de los vencidos en la "revolución comunera" de 1544. En estos versos llama "los leales" a los partidarios del gobernador depuesto. A continuación se ve cómo el vencedor Martínez de Irala trató a los alvaristas o "leales":
Martín del Barco fue Influido por el anticomunero Miranda, de modo que simpatiza con Alvar Núñez y se muestra severo con Irala y sus aliados. Aunque la obra de Martín sea pobre desde el punto de vista literario, su valor histórico es considerable, según el historiador paraguayo Rodríguez Alcalá. Por esta y otras razones ha sido y será objeto de estudios y de largas controversias, no solo como documento histórico sino incluso como tentativa más o menos feliz o enteramente fracasada de creación artística.
El primer historiador nativo del Río de la Plata fue el asunceno de origen hispano-guaraní Ruy Díaz de Guzmán, nieto del gobernador Irala. Fue de hecho el primer hijo de la tierra recién conquistada, ya que nació hacia 1559, a menos de 25 años de la fundación de Asunción. Ruy Díaz tuvo su intento, según él mismo dijo, de contar "cosas dignas de memoria" sucedidas en los ochenta y dos años transcurridos entonces desde el comienzo de la conquista, "por el amor que se debe a la patria". Este soldado, fundador de ciudades y hombre de gobierno, relató los anales del descubrimiento, población y conquista de las Provincias del Río de la Plata, consciente de la trascendencia de los hechos y del protagonismo de unos cuatro mil españoles. Fue así como él asumió la responsabilidad de perpetuar el recuerdo de las hazañas del descubrimiento y la conquista conforme a un plan bien trazado que en sí mismo es testimonio de la conciencia histórica. A Ruy Díaz de Guzmán le cupo el título de fundador de ciudades y de ser el fundador de la Historia del Paraguay y del Río de la Plata.
La deposición de Alvar Núñez Cabeza de Vaca no solo inspiró el lamento que suena en la primera poesía colonial que se conoce (el "Romance" de Luis de Miranda), sino que suscitó la primera pieza teatral representada en Asunción, cuyo autor fue el clérigo Juan Gabriel de Lezcano, natural de Valladolid. Tanto Gabriel de Lezcano como Luis de Miranda eran considerados hombres turbulentos, ya que ambos fueron encarcelados por razones políticas. Pero Miranda era alvarista, es decir, leal; y Lezcano era comunero o iralista.
Respecto al teatro colonial, el autofarsa del padre Gabriel Lezcano se ha perdido. Otra farsa escrita que también se perdió fue la del poeta portugués Gregorio de Acosta, quien militaba en el partido de los leales o alvaristas. Como el autofarsa de Lezcano, la farsa de Gregorio se inspiró en las luchas políticas de los bandos enemigos. Según Josefina Pla, esta vez la víctima no era Alvar Núñez sino Domingo Martínez de Irala, a quien se le echaban en cara sus debilidades y "su afición a las indias y sus nada gobernadoriles celos de los otros varones de la colonia". La representación teatral se efectuó en 1545, y el desahogo político le costó al poeta Gregorio una paliza propinada por Esteban de Vallejos y Pedro Méndez, dos secuaces de Irala. Martín del Barco Centenera ofrece otro testimonio del perdido teatro colonial en el canto V de La Argentina, el cual se trata de otra farsa cuyo autor no se menciona, y que se representó presuntamente a principios de 1551. En la Asunción del y del , la política era la pasión absorbente de la ciudad. Un ejemplo de ello fue el casamiento de Marina de Irala (hija del célebre capitán) con Francisco Ortiz de Vergara, un acontecimiento social que inspiró una sátira política:
De estos "balbuceos" del teatro del Paraguay apenas quedaron noticias escuetas en viejos documentos y tampoco se salvaron siquiera una escena de lo que Julio Caillet Bois sospecha fue «una abundante obra dramática». Josefina Plá escribió páginas sobre la dramaturgia colonial donde caracteriza tres tipos de teatro: el profano, el religioso y el misionero entre 1544 y 1811. A pesar de su labor de erudición, no le fue posible rescatar de los archivos una sola pieza dramática perteneciente a ese largo período. Efraím Cardozo afirma que la única obra teatral escrita en Asunción y que llegó hasta la actualidad es La Comedia Pródiga, publicada en Valladolid en 1554. Se ha creído que el autor de esta comedia es Luis de Miranda sin que tal atribución haya sido probada. En cuanto a poesía lírica, el Efraím Cardozo escribe que "La Conquista trajo un género de expresión poética genuinamente popular: los romances", y agrega: "Aunque algunos reconocían autor, otros eran anónimos y subsistieron a través de los “copleros” que los transmitían de generación en generación. Uno de ellos fue recogido por el escritor español Ciro Bayo hacia 1910, en una estancia paraguaya donde aún era recitado por los peones. Se refiere a la muerte de Ñuflo de Chaves".
Años 1600: Literatura jesuítica Paraguay debe a los jesuitas una vasta labor historiográfica. La historiografía paraguaya, civil y militar en sus comienzos asume carácter religioso en la obra de los misioneros. El clérigo limeño Antonio Ruiz de Montoya publicó la primera crónica de la fundación de las misiones llamada La Conquista Espiritual, publicada en Madrid en 1639, donde relata los trabajos de la Compañía de Jesús desde los primeros días de la gran empresa civilizadora. Como Montoya fue superior de las Misiones y más tarde procurador de la provincia y vivió entre los indios durante más de veinte años siendo protagonista importante de la conquista espiritual, su obra se funda en documentos que fácilmente pudo consultar, y en recuerdos personales posee valor único porque conocía mejor que nadie la lengua e idiosincrasia de los indígenas. En efecto, El Tesoro de la Lengua Guaraní no es solo un diccionario sino un verdadero tratado de etnografía, cuya primera edición apareció en Madrid en 1639.