Los sanusíes son los miembros de una Tariqa (orden sufí), cofradía sufí fundada en La Meca en 1837 por Sayyid Muhamad ibn Ali as-Senussi (1791-1859; su nombre también se encuentra con la forma Mohamed ben Ali-es-Senusi el Hassani el Idrisi) y extendida por Libia, Chad, Argelia, Sudán, Níger y Egipto. La cofradía sanusí batalló contra la presencia italiana, inglesa y francesa en estos territorios, accediendo el nieto del fundador de la orden, Idris I, al trono del Reino de Libia en 1951. Alrededor de la tercera parte de la población libia continúa afiliada a las congregaciones sanusíes.
La cofradía siempre fue un ente tanto comercial como religioso. Su rentable comercio de esclavos se benefició a partir de la conquista de Argelia por Francia en la primera mitad del s. ; al abolir los franceses la trata de esclavos, los Sanusí cuadruplicaban sus ganancias enviando al mercado de esclavos de Alejandría los esclavos que compraban en el interior de África. Prolongaron éste comercio hasta los 1890s.
También son conocidos como «senusistas». En 1837, Senusi creó su movimiento cerca de La Meca y fundó una serie de zauías (especie de monasterios) donde se enseñaba su doctrina de estricta y ascética ortodoxia religiosa y de animosidad hacia los cristianos. Sus objetivos eran claramente político-religiosos. Él y luego su hijo Sidi Muhammad al-Mahdi as-Senussi (1845-1902; otra forma del nombre es: Muhammad al-Mahdi bin Sayyid Muhammad as-Senussi) pretendieron la unificación de los musulmanes de África, en pasos sucesivos: buscaron crear las condiciones para la unión del mundo musulmán, para luego establecer un nuevo imperio musulmán, en el que se purgara al islam de lo que ellos consideraban eran defectos acumulados durante siglos. A principios del , los sanusíes desarrollaron una serie de acciones de índole militar.
La geografía de la antigua Libia miniatura|Las tres provincias tradicionales de Libia: Cirenaica, Fezán y Tripolitania. El Estado moderno de Libia se compone de tres antiguas provincias otomanas: Tripolitania, Cirenaica y Fezán. El territorio era inadecuado para la agricultura y los cultivos debido a su clima árido y desértico. Por entonces, solo un 1 % del territorio era apto para el cultivo. Existía poca interacción entre las tres provincias debido a la amplia distancia entre ellas de caminos desérticos por tanto las provincias intentaban subsistir independientemente. Las provincias más fértiles se localizaban en Tripolitania y en Cirenaica donde las reservas de agua y las lluvias permitían un asentamiento concreto y trabajo de la agricultura y en gran parte permitían una estabilidad a la zona con el transporte de los cultivos. Fezán era la zona más pobre y árida y su mecanismo de subsistencia eran las caravanas y el transporte hacia el África subsahariana. Fezán era una zona con pocos habitantes, insuficiente y nómada. La población total de las tres provincias no llegaba al millón de habitantes, donde las enfermedades y las hambrunas hacían fluctuar el número de habitantes durante el .
Los grupos dominantes de la zona eran los bereberes y árabes. Los matrimonios mixtos eran comunes entre estos dos grupos lo que a la larga favorecieron la creación de una serie de redes familiares e influencias culturales tanto religiosas como de identidad que ayudaran a la entrada de la Orden en Cirenaica.
Estas fueron las características geográficas en la que se encontró la Orden Sanusí a su llegada a Cirenaica.
La fe Sanusí Doctrina religiosa y expansión en Cirenaica La Orden Sanusí es una orden sufí donde rige el sunismo ortodoxo. Esto implica una aceptación de la sunna y de las enseñanzas del profeta como ejemplo a emular. No obstante, el fundador de la Orden, Sayyid Muhammad ibn Ali as-Senussi rechazaba la ijma (consenso entre quienes tienen potestad de opinar en cuestiones de fe) y la qiyas (razonamiento por analogía basándose en los dichos y hechos del Profeta), acuerdos doctrinales del sunismo. Este rechazo es común en las escuelas ortodoxas islámicas donde intentan imponer una nueva doctrina diferenciadora y competir con otras escuelas acerca de cómo acceder a la fe.
miniatura|Sayyid Ahmed Sharif as-Senussi. La Orden tiene un carácter altamente personalista en la figura de Sayyid Muhammad, donde su experiencia personal está presente en la doctrina. Su presencia en Marruecos cuando estudiaba en Fez le acercaron al misticismo y su presencia en Al-Azhar en Egipto le marcó en el plano político debido a la experiencia de la independencia. Su participación en diferentes órdenes sufíes hasta la creación de la suya le dio el conocimiento para poder moldear su propia doctrina. Su presencia en Arabia fue tolerada hasta que entró en conflicto con los ulemas wahabíes del momento que veían como la popularidad de Sayyid Muhammad iba en aumento, y condenaron su credo por supuesta herejía. Mohammed Senussi abandonó La Meca y se estableció en la región libia de Cirenaica en 1843; allí fundó, en las montañas próximas a lo que entonces era la población de Sidi Rafaa, el monasterio sufí de Zawiya Bayda ("Monasterio Blanco"; de ahí procede el nombre actual de la ciudad: Al Baida).
La crítica de Sayyid Muhammad iba hacia el orden establecido, considerando que los ulemas de Egipto se habían acomodado con las autoridades otomanas del momento dejando de lado la esencia religiosa.
Su doctrina se caracteriza por su interés en el razonamiento y estudio individual y en lograr una comunión entre la persona y Dios. Su aceptación del misticismo y la veneración a los santos fue tanto por interés religioso como político. Por un lado, el religioso se debe a trascender espiritualmente y lograr una comunión directa con Dios, satisfaciendo la necesidad espiritual de los musulmanes. Por otro lado, el peso político de aceptar el misticismo y la veneración de los santos se debe a legitimarse ante las comunidades beduinas practicantes del sufismo donde los santos son el lazo directo con Dios. Para la Orden, el misticismo es un factor complementario y no substituye el razonamiento y la guía moral de los musulmanes. La Orden, en diferencia con la doctrina sufí más tradicional, no apoyaba ritos del misticismo tales como las procesiones o la música ya que se alejaban del camino de la rectitud. Es por ello que la Orden puso énfasis en emular al profeta ya que solo así se podría lograr la perfección, regulando las conductas y la moralidad, donde el misticismo no puede entrar. El misticismo siempre debe de desempeñar un papel complementario para la fe, pero nunca debe de substituir el conocimiento o la razón.
El éxito de la Orden en Cirenaica se debió a su origen tribal y beduino, su carácter austero y no fanático y su tolerancia al culto de los santos. No obstante, el factor clave para consolidarse fue la capacidad de elevar la persona de Sayyid Muhammad a la de santo, lo que contribuyó a crear una identidad nacional en la zona. La elevación del Gran Sanusí a santo fue clave para establecer una autoridad en las comunidades beduinas. Al declararse Jerifes (descendientes del profeta) se otorgaban a los líderes una legitimación y autoridad. Esto era un recurso de baraka, una legitimación carismática entre las comunidades beduinas, donde se tenía el pensamiento que unos morabito, los hombres que vienen a predicar la fe, les enseñarían la guía correcta a seguir en la vida. Sayyid Muhammed era visto como un ulema (un hombre inteligente y de sabiduría) y como un muhakkan (hombre con potestad de arbitrar), dándole más autoridad a los miembros de la Orden. Es por ello que la Orden encontró un gran recibimiento entre la población beduina del norte de África, concretamente en Cirenaica, con el objetivo de emular la sociedad del profeta.
La Orden daba seguridad, organización y sobre todo, sucesión. La visión misionaría de la Orden creaba un vínculo de unión en la Orden que junto a la baraca actuaba de cohesión. Trajo consigo valores morales y espirituales a los residentes de la zona y supo adaptar la Orden a las necesidades tribales. Sayyid Muhammed no convirtió a los beduinos al islam ya que eran musulmanes antes de su llegada pero sí les inculcó valores de reflexión sobre la religión que procesaban. Sayyid Muhammad murió en 1859 y le sucedió su hijo Mohammed al-Mahdi.
Desarrollo de la Orden bajo Mohammed al-Mahdi Bajo el liderazgo político de Mohammed al-Mahdi la Orden llegó a su máxima expansión. Se dividió las tareas de la Orden con su hermano al-Sayyid Muhammad al-Sharif quien se encargó de la parte religiosa. al-Mahdi se dedicó al estudio aunque no dejó ninguna clase de documentos escritos por él. Su reputación como organizador fue lo que más resaltaban sus seguidores ya que fue bajo su liderazgo donde se pudo penetrar en Sudán y en el Sahara, lo que requirió bastante atención, quienes elevaron su figura a la de santo. El imperio se financiaba por las rutas y el comercio y las caravanas que pasaban por el desierto. Dejó un margen a su sucesor, Sayyid Ahmad, que hubo de asumir el papel de hacer frente a la expansión del colonialismo.
El legado del Imperio otomano Relaciones y convivencia La capacidad de movilización y de control sobre los beduinos hacían de la Orden un actor clave para la estabilidad tanto social como territorial de la zona. La Orden se adaptaba al sistema tribal de los beduinos lo que otorgaba a la Orden una organización política estable para enfrentarse a otros sistemas políticos, entre ellos el otomano.
Bajo la administración otomana, las relaciones con la Orden fueron de interés mutuo, donde la estabilidad, paz y control eran pilares claves de su relación. Este colchón de intereses rebajaba las tensiones entre los dos actores para evitar la rebelión o el conflicto que pudiera usarse en su contra y beneficiar a los poderes europeos deseosos de expandirse bajo proyectos imperiales. Por ello, frente a la amenaza europea, la Orden aceptaban la autoridad del Sultán por motivos de seguridad frente a las potencias europeas y por la protección del islam y los otomanos daban un amplio margen de maniobra a los sanusís.
No obstante, existían puntos de desencuentro entre los dos actores. Dichas tensiones giraban en torno a la recaudación de impuestos. La Administración otomana toleraba que la Orden controlase materias de gobierno como la justicia, la educación y creencias para mantener un orden social pero exigían un pago de impuestos que les garantizasen la sumisión de la Orden. Los beduinos eran reacios a pagar impuestos ya que ya pagaban una zakat, un pago religioso a la Orden, y no sentían obligación de pagar a los otomanos. Por ello, se organizó un sistema descentralizado de pago, donde el imperio otomano instauró mudires arabo-turcos que recaudaban el dinero que los Sheikhs recopilaban gracias a las responsabilidades jerárquicas tribales, donde cada puesto jerárquico tenía una responsabilidad de recaudación para poder aspirar a privilegios. Este nuevo sistema permitía un control de la Orden tanto interna como externa dándole una mayor institucionalización.
Los impuestos eran flexibles. Los otomanos comprendían la complejidad y por ello no presionaban de una forma constante. Podían pasar años sin que se recaudasen impuestos. No obstante, se recaudaba una cantidad, al menos simbólica que satisficiera al imperio. De esta forma se materializaba la alianza con la Orden, donde los pagos de impuestos garantizaban seguridad.
La alianza de convivencia siguió activa incluso con la revolución de los jóvenes turcos. Aunque no compartían la política revolucionaria, aceptaron la situación ante las amenazas francesas y sobre todo italianas.