El Real Observatorio de Madrid es una institución científica ubicada en una pequeña colina junto al parque del Buen Retiro, en Madrid, capital de España. El cerro donde se haya situado es el extremo SO del Buen Retiro y llamado Altillo de San Blas debido a la ermita construida por Luis de Paredes y Paz, en 1588, en la que se veneraba una reliquia del santo. Fundado en 1790, cuenta con varios edificios entre los que destaca el diseñado por Juan de Villanueva a finales del . Actualmente, el Real Observatorio de Madrid alberga la sede del Observatorio Astronómico Nacional y del Observatorio Geofísico Central,«Real Decreto 495/2021, de 6 de julio, por el que se modifica el Real Decreto 645/2020, de 7 de julio, por el que se desarrolla la estructura orgánica básica del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana». BOE núm.161, 7 de julio de 2021. Consultado el 4 de septiembre de 2025. ambos pertenecientes al Instituto Geográfico Nacional. Desde 2002, Rafael Bachiller es el director del Real Observatorio de Madrid.
Además de su valor arquitectónico, el Observatorio atesora una importante colección de instrumentos históricos, así como fondos bibliográficos y documentales. Desde 2021, el Observatorio forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco incluido dentro del llamado Paisaje de la Luz.
Historia
El Real Observatorio de Madrid se funda en el , cuando el marino ilustrado Jorge Juan y Santacilia sugirió al rey Carlos III la idea de crear un observatorio astronómico a la imagen de los observatorios con los que contaban las grandes capitales europeas. Carlos III incorporó esta idea dentro de un proyecto más amplio, el Eje de las Ciencias o Colina de las Ciencias, que incluía lo que hoy en día es el Museo Nacional del Prado (inicialmente destinado a Gabinete de Ciencias Naturales y sede de la Academia de Ciencias), el Real Jardín Botánico y el Real Observatorio Astronómico. De esta manera, el Observatorio responde al espíritu de la Ilustración, parte de un proyecto urbanístico que aúna ciencia y arquitectura neoclásica.
Se decidió ubicar el Observatorio junto a la antigua Ermita de San Blas, en lo que por aquel entonces era el extremo sureste de la ciudad de Madrid. El proyecto del Observatorio se encarga al arquitecto Juan de Villanueva y la primera piedra se coloca en el año 1790, reinando ya Carlos IV. Este mismo año se firma el decreto de constitución del Observatorio. El primer director fue el abate Salvador Jiménez Coronado, que fue enviado a Francia a profundizar en sus conocimientos astronómicos y aprender sobre el funcionamiento de los observatorios. En la primera etapa del Observatorio también fueron enviados a Inglaterra pensionados Carlos Rodríguez y Mario Fernández, que a su regreso a Madrid en 1794 desarrollarían un taller de instrumentos para el Observatorio.
Los observatorios astronómicos nacionales constituyen una de las instituciones más antiguas para investigación creada por los distintos gobiernos. A menudo, venían impulsados por la necesidad de desarrollar la geodesia, y por tanto la cartografía, como ocurría en el Observatorio de París, fundado en 1667. La astronomía por sí misma y su aplicación a la navegación fueron los principales objetivos de investigación en el Real Observatorio de Greenwich inglés, fundado en 1675. En las dos primeras décadas de existencia del Real Observatorio de Madrid, se adquirieron algunos excelentes instrumentos, incluyendo varios telescopios diseñados y construidos por William Herschel: dos telescopios de siete pies de distancia focal (unos dos metros) y un gran telescopio de 25 pies de focal (casi ocho metros). También se compraron varios relojes de precisión, que destacaban entre los mejores de su época para la medida del tiempo.
Durante la guerra de Independencia, que comienza en 1808, las tropas de Napoleón invadieron el Observatorio e instalaron en ese lugar un polvorín. El edificio de Villanueva, que estaba prácticamente finalizado en 1808, quedó muy deteriorado como consecuencia de la guerra. Además, los soldados franceses destruyeron el gran telescopio de Herschel de 25 pies, al parecer, movidos por la necesidad inmediata de obtener leña y metal para munición, que pudieron fácilmente extraer de este gigantesco telescopio.
Tras los acontecimientos de la guerra de Independencia, el Observatorio vive un periodo de decadencia mantenido hasta su refundación en época de Isabel II. El director general de Instrucción Pública, Antonio Gil de Zárate, encargó una primera restauración del edificio de Villanueva al arquitecto mayor de la reina, Narciso Pascual Colomer. Este ya había diseñado el edificio del Congreso de los Diputados anteriormente. La obra se finaliza en 1846, con algunas modificaciones sobre el proyecto original de Villanueva, como la barandilla isabelina y los dos cupulines delanteros en la azotea (frente a los dos traseros del primer arquitecto). En torno a 1850 se comienzan las obras para la instalación de un círculo meridiano en el ala este del edificio de Villanueva. También se construyen allí dos salientes, con el objetivo de instalar un colimador que permitiera ajustar la alineación del telescopio meridiano.
Durante los siglos y el Real Observatorio ganó nuevos edificios, creando el aspecto que hoy lo define. A mediados del se construye un edificio cupulado, en el que se localiza un telescopio ecuatorial y las viviendas de los astrónomos residentes, que fueron transformadas en despachos en 2004. En 1901 se da la construcción del Pabellón del Sol, denominado así por albergar el material adquirido para el estudio de los eclipses y la estructura de nuestra estrella. En 1944 se erige el Pabellón del Astrógrafo, con el objetivo de localizar allí un nuevo telescopio (el astrógrafo) que permitía tomar fotografías de objetos celestes. El edificio había sido diseñado por el arquitecto Antonio Rubio y este mismo arquitecto realizó una posterior ampliación en los años 50.
Más de cien años después de la primera restauración del edificio de Villanueva, se hace patente la necesidad de llevar a cabo una segunda, que finalizó en 1979. Esta se encargó a Antonio Fernández Alba, que consiguió gracias a su trabajo en el Observatorio el Premio Nacional de Restauración en 1980. En la década de 1980, Fernández Alba llevó a cabo también una intervención arquitectónica sobre el Pabellón del Sol y el Pabellón del Astrógrafo, llevándolos a su volumetría y detalles actuales. En 1995, el edificio de Villanueva fue declarado bien de interés cultural, la más alta categoría de protección en la legislación nacional. Se consideró que el edificio constituye uno de los grandes ejemplos de la arquitectura neoclásica en el país, con un gran valor histórico y artístico.
En el Real Observatorio se sigue trabajando bajo el espíritu ilustrado que motivó su fundación. Ya no se llevan a cabo observaciones astronómicas, lo que sería impensable desde el centro de la ciudad, sino que se recogen datos de los grandes radiotelescopios de diversos puntos del planeta. Así, se llevan a cabo investigaciones del más alto nivel sobre el origen y evolución de estrellas y galaxias. También es sede de un grupo de geofísica del IGN, fundamental en la gestión de los sistemas e infraestructuras que alertan y controlan aquellos elementos que pueden influir en desastres naturales como terremotos o crisis volcánicas.
El edificio de Villanueva
Juan de Villanueva fue uno de los grandes arquitectos del neoclasicismo en España. El neoclasicismo se centra en la búsqueda de las formas propias de la Antigüedad grecorromana, como es bien notable en la participación de Villanueva en el Observatorio. El edificio planteado se caracteriza por la sobriedad y la simetría, con un esbelto pórtico que define la fachada principal, con columnas rematadas con capiteles corintios. En lo alto, cuatro pequeñas cúpulas flanquean un gran templete que corona el edificio, rodeado por dieciséis columnas, esta vez terminadas en capiteles jónicos. Villanueva armoniza así distintos elementos característicos de la Antigüedad clásica. La simetría general de la construcción solo se rompe con la alargada ventana del círculo meridiano y las adiciones de los salientes para el colimador en el ala este.
Volumétricamente, la configuración general de la construcción se ha relacionado con Villa Capra, de Andrea Palladio, también estructurada en torno a una rotonda. A su vez, Villanueva pudo inspirarse en construcciones italianas para el templete, como el templo de Vesta en Tívoli o San Pietro in Montorio, de Bramante, que estudió de primera mano durante su estancia en Roma. En el templete, cada columna jónica tiene su correspondiente columna apilastrada sobre la que se aloja el cerramiento de cristal, y está rematado por una cúpula semiesférica.
En la obra original de Villanueva, una doble escalinata cubierta permitía acceder al edificio y una rampa lateral facilitaba la llegada de vehículos. Actualmente, la escalera se encuentra enterrada, como consecuencia de una serie de remodelaciones llevadas a cabo en la primera mitad del .
La construcción del edificio dio comienzo en 1790 y estaba casi finalizada en 1808: solo faltaba acristalar el templete y situar en el pórtico unas estatuas de Gea y Urania. En ese año comenzó la invasión francesa, que afectó de manera evidente a la ciudad madrileña. Las tropas ocuparon el Observatorio y destruyeron el gran telescopio que había sido comprado a Herschel. Tras varias décadas de escasa actividad, en 1846, Pascual Colomer fue el encargado de llevar a cabo una primera restauración del edificio de Villanueva. Su intervención añadió dos cupulines en la parte delantera de la azotea y la barandilla isabelina. Cuando Fernández Alba llevó a cabo su intervención a finales del , decidió mantener estas adiciones, que ya formaban parte de la historia de la construcción.
Además, a mediados del , se instala en el ala este del edificio de Villanueva un gran círculo meridiano, para lo que fue necesario practicar una abertura en forma de fina ventana. Esta no es paralela por completo a la pared este, curiosamente, por un error en la alineación inicial del edificio. La instalación de un colimador resultó además en dos protuberancias bajo dicha ventana. En 1865 se llegó a plantear la sustitución del icónico templete por una azotea plana, ya que en el Observatorio se realizaban también estudios meteorológicos y esta fisionomía habría sido más adecuada para ello. La Real Academia de Bellas Artes se negó rotundamente, por lo que se conservó el templete.
El edificio tiene una planta cruciforme, vertebrada en torno a una gran rotonda central. En lo alto del edificio, sobre el centro geométrico de la rotonda se sitúa el templete, aunque no tiene comunicación alguna con el resto del edificio por el interior (se accede a él desde la azotea). La rotonda es la sala central del edificio de Villanueva y alberga algunas de las piezas más notables de la colección del Observatorio. Destaca un gran péndulo de Foucault que se instaló en 1990 para conmemorar el bicentenario del Observatorio, y que demuestra la rotación de la Tierra. Mientras la Tierra gira sobre su eje, el péndulo oscila en un plano fijo en el espacio; así, al cambiar progresivamente su orientación relativa al edificio, el péndulo va derribando los pivotes de madera que lo rodean. Bajo el péndulo se sitúa una señal que indica la posición del meridiano de Madrid, y constituye al mismo tiempo una señal de nivelación de precisión y el origen geodésico del datum Madrid. En el comenzó a utilizarse el meridiano de Madrid como origen de longitudes de la cartografía terrestre. El meridiano de Cádiz, reemplazado en 1798 por el de San Fernando, era el utilizado desde el siglo anterior como referencia de la cartografía náutica. Estos meridianos se utilizaron en España hasta la adopción del meridiano de Greenwich a principios del . La separación del meridiano de Madrid respecto al de Greenwich es de 3°41′16.5″.2.