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Idiomas Leonés
Gallego La lengua gallega está presente en varios municipios de la zona occidental de la provincia en contacto con la comunidad autónoma de Galicia y el número de hablantes, según un estudio del profesor Xosé Henrique Costas, es de más de 23.000, siendo usado en un 60% por las personas mayores de 65 años. Hay autores que sostienen que el hablado en la provincia surgió evolucionando de una hibridación del gallego, asturiano, leonés y castellano, dialecto conocido como dialecto berciano, con caracteres propios diferenciados y con variaciones dialectales locales según la zona. En su defensa y promoción trabajan asociaciones culturales como Fala Ceibe y, al igual que el leonés, es reconocido por la Junta de Castilla y León, y así en el artículo 5.º del estatuto de autonomía se indica lo siguiente:
Su enseñanza está reglada desde 2002 tras un acuerdo entre la Consejería de Educación de la Junta de Galicia y la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León, y así es posible su aprendizaje en nueve colegios de educación primaria, tres institutos de educación secundaria y la escuela oficial de idiomas de Ponferrada. En el curso 2008-09 fueron 1.003 los alumnos que estudiaron gallego y en 2009-10 fueron 1.094.
Patrimonio artístico
Arte prehistórico Si bien las primeras manifestaciones artísticas del ser humano tienen lugar en el Paleolítico, este no se ha detectado en León. Por tanto, las más antiguas de la provincia corresponden al Epipaleolítico: la cueva de La Uña en Acebedo, datada en torno al 5000 a. C., donde se localizaron incisiones en la pared oeste y en cuatro fragmentos de hueso, además de un arpón aziliense; la cueva de El Espertín en Casasuertes, datada entre el 6650 y el 5800 a. C., donde se halló una concha de trivia perforada asociada a un tipo de sílex habitual en la cuenca del Piloña; y la cueva de La Braña en Arintero, donde se conservaron dos enterramientos datados en torno al 5000 a. C., uno de los cuales tenía asociados 24 caninos de ciervo perforados utilizados como colgante.
El paso de una economía recolectora a otra productora fue un proceso lento, que alcanzó más o menos todas las zonas del Viejo Mundo. Sin embargo, se desconoce cómo llegaron esas nuevas prácticas económicas a la provincia de León. En la cueva de La Uña aparecieron restos de cerámica asociados a restos de oveja, en lo que serían los primeros indicios del Neolítico en León. En los últimos momentos de este periodo destacan dos fenómenos culturales: el megalitismo y el arte esquemático. El primero está representado únicamente por el menhir de Valdosín, en La Uña. Además, se han documentado enterramientos colectivos en túmulo, como en La Candamia, donde se hallaron los restos de al menos seis individuos acompañados de un ajuar compuesto por útiles pulimentados, varios cuchillos y una punta de flecha, y pudo ser datado gracias a dos muestras que ofrecieron las fechas de 3205 y 3165 a. C.
En relación con el arte esquemático, se puede clasificar en pinturas rupestres y grabados o petroglifos. A pesar de que cada uno posee entidad propia, todos los conjuntos con pinturas presentan algunas características comunes: se localizan al aire libre, en lugares escarpados pero de fácil acceso y están al alcance de la mano. La estación que ofrece un mayor número de figuras es Peña Piñera, en Sésamo, cuyo hallazgo fue anunciado en 1982. Posteriormente aparecieron los abrigos de Librán y San Pedro Mallo, y la Peña del Pozo Rocebros en Castrocontrigo-Morla de la Valdería. En cuanto al contenido, son figuras compuestas de trazos, pintadas en ocre rojizo excepto unas pocas en negro, en Librán. Los motivos se adaptan a la forma de las paredes rocosas y si estas se fragmentan las figuras aparecen individualmente o formando pequeños grupos; en otros casos la superficie es amplia y homogénea y permite acoger varias escenas y otras formas individuales. Las formas predominantes son puntos, manchas, trazos informes y figuras incompletas. Las distintas variantes de antropomorfos aparecen aisladas, formando escenas de pastoreo, danzando o asociadas entre sí en compañía de un cánido, mientras que los motivos zoomorfos, siempre especies domésticas, no son muy abundantes y representan pequeñas manadas o acompañados de la figura humana. miniaturadeimagen|Detalle de Peña Fadiel
Respecto a los grabados, se pueden diferenciar tres grupos diferentes: los que están in situ en disposición horizontal, los que están in situ en superficies verticales, y los que no se encuentran in situ. En el primero destaca el conjunto de Peña Faidiel, en Filiel, anunciado en 2011. Está formado por dos rocas de granito que ofrecen sus caras planas hacia el cielo; en una de ellas hay 116 cazoletas, tres laberintos, un diseño foliáceo, una cruz central y canales que conectan algunas cazoletas, mientras que la otra roca ofrece tres laberintos y tres cazoletas. El motivo del laberinto es característico de los petroglifos galaicos, datados en la segunda mitad del tercer milenio a. C., por lo que sería una influencia atlántica en tierras leonesas. En la misma localidad se encuentra un dintel que remata la parte superior de la fuente del Mato, en cuya superficie hay numerosas cazoletas y algún canalillo.
El segundo grupo cuenta con una serie de grabados de épocas históricas. En 2015 se dio a conocer el yacimiento de Castro Colorado, en Valderrey, en el que destaca una serie de figuras humanas con los brazos alzados, en forma de orantes, que rodean una cruz con peana, cuyos brazos superiores se rematan a modo de motivos florales. El conjunto expresa un ambiente medieval o moderno, totalmente cristiano. En el tercer grupo se incluyen bloques colocados en los pueblos, traídos de otros lugares, y que contienen cazoletas.
Arte antiguo y paleocristiano
Arte prerrománico
Arte románico
Arte gótico
Arte mudéjar
Arte del Renacimiento
Arte del Barroco
Arte de la Ilustración
Arte del
Arte de los siglos y
Museos
Fiestas y romerías
La diversidad cultural de las distintas comarcas leonesas propicia unos festejos caracterizados por su gran variedad de formas, ceremonias, danzas, atuendos y coloridos, aunque todos ellos con un sustrato común. Los más de 1400 núcleos de población son, habitualmente, origen de dos fiestas patronales en cada uno y de, al menos, otras 290 romerías en honor de santos, vírgenes y cristos. A ellas hay que añadir medio centenar de fiestas sacramentales, 20 fiestas del voto, 30 ferias de carácter festivo y numerosas celebraciones profanas (carnavales, magostos, vendimias, conmemoración de hechos históricos, etc.). La despoblación del medio rural ha provocado que muchas de ellas se hayan trasladado a los fines de semana de verano, cuando los pueblos reviven con el regreso de los emigrados.
Es frecuente que, bajo muchas de las celebraciones cristianas, aparezcan creencias y costumbres paganas; por ejemplo, santuarios y ermitas se levantan sobre sitios sagrados que fueron origen del mensaje pagano: montaña, peña, gruta, bosque, fuente... La indumentaria y la ceremonia también evocan, en ocasiones, el origen ancestral de la fiesta, como en el caso de guirrios, zafarrones, maranfallos y jurrus del Carnaval, o la influencia cortesana en la capital del Reino, reflejada en las Cabezadas y las Cantaderas.
Por otra parte, el carácter agrario de la sociedad leonesa también marcó sus fiestas, que siguen los hitos anuales del calendario astronómico: solsticios, equinoccios, plenilunios y novilunios. Así se encuadran, a nivel universal, la Navidad, el Carnaval y la Pascua de Resurrección, y a nivel local, los tiempos de los mayos, los ramos, los votos, las rogativas y las fiestas de cosecha, vendimia y acción de gracias.
Fiestas de invierno Como parte de las celebraciones de Navidad, en la cual adquiere un protagonismo especial el ramo y su canto en la iglesia, se mantienen las representaciones de Auto de Reyes, que giran en torno a la adoración de los Magos de Oriente, y las pastoradas, en las que el pueblo escenifica la adoración de los pastores y ofrece canciones y bailes del folclore local. A ellas se suman las hogueras de Reyes, bajo la idea de orientar a los Magos para que no pasen de largo, que únicamente se celebran en lugares de La Cepeda y Maragatería.
Aunque la despoblación rural ha motivado el traslado de distintas fiestas patronales a la temporada veraniega, todavía se celebran varias de ellas en época invernal. Así, el 8 de enero se festeja san Julián, destacando las celebraciones de Alija de la Ribera. En torno al 17 de enero se celebra san Antón, cuyo acto principal de la fiesta es acudir con los animales hasta el atrio de la iglesia, donde el sacerdote les imparte la bendición; como ejemplo, Las Grañeras, donde vecinos y animales acuden en romería hasta la ermita del Cristo, y las de La Bañeza, donde la cofradía de San Antonio Abad procede a la rifa del gocho de San Antón.
El 28 de enero es la festividad de san Tirso. Sobresalen Villafranca del Bierzo, con hoguera la noche de la víspera y reparto de chorizos cocidos, y San Justo de Cabanillas, donde se conserva la tradición del aserrado: tras la misa y procesión, los devotos toman el serrucho de madera que lleva la imagen del santo y comienzan a serrarse aquellas parte del cuerpo en las que padecen males reumáticos o articulares. El 31 de enero, en Paradilla, la cofradía de Santa Eugenia —o de las Capas Pardas, por ser la prenda tradicional de sus cofrades—, celebra su festividad en la que destaca la procesión por las calles del pueblo.
A finales de enero —antiguamente se celebraba en Navidad— tiene lugar en La Cuesta una mascarada de invierno, los Campaneiros, tradición recuperada por la asociación cultural Trimuella en la que distintos personajes recorren las calles del pueblo. Ya en febrero, en torno al día 2, numerosos lugares festejan a Nuestra Señora de las Candelas y es tradición presentar a los niños nacidos durante el año y bendecir la cera; entre ellos destacan Cea, donde los quintos cantan y ofrecen un ramo a la Virgen, y León, donde se celebra en la iglesia de Santa Marina y es conocida como fiesta de los Usías.
El 3 de febrero, distintos lugares celebran la festividad de san Blas; entre ellos Puente de Órbigo, donde se enciende una hoguera en la víspera, San Millán de los Caballeros, donde la ceremonia se embellece con la presencia de los Caballeros de la Capa, o la romería que tiene lugar en Sabero, donde se acude a su ermita y se agasaja al Santo. El 5 de febrero —santa Águeda— en varias localidades, y como es tradición, las mujeres toman el poder durante ese día; sobresalen Jiménez de Jamuz, por su religiosidad y devoción, y La Bañeza, por su vertiente lúdica, donde dos grupos de mujeres —Cofradía de Santa Águeda y Asociación Bañezana de Amas de Casa— eligen su Águeda Mayor, toman el bastón de mando del alcalde y llenan las calles con bailes y ambiente de fiesta.
Carnaval thumb|Antruejo de Velilla de la Reina Los cultos animistas de los agricultores primitivos, que según Caro Baroja eran origen del carnaval primigenio, se manifiestan a través de guirrios, zafarrones, jurrus, maranfallos y otros personajes, que entran en escena durante las fechas del tradicional antruejo. Junto a ellos conviven carnavales contemporáneos, de disfraces, desfiles y charangas. En Velilla de la Reina, la noche previa al domingo de Carnaval tienen lugar dos rituales, la siembra de la cernada y la cachiporrada; el momento cumbre es el domingo por la tarde, cuando toros y guirrios simulan una especie de toreo y, tomándolas por la cintura, pasan a las mozas por encima de los cuernos del toro, quizás como reminiscencia de ritos fecundizantes. thumb|left|Detalle de los guirrios de Llamas de la Ribera