La campaña de Vizcaya, también conocida como ofensiva de Vizcaya, tuvo lugar en la provincia homónima y parte de las provincias de Álava y Guipúzcoa durante toda la primavera de 1937, en el contexto de la guerra civil española.
Durante la misma se produjeron una serie de combates y batallas con el objetivo de hacerse con el control de la provincia vasca y, más concretamente, de su capital, Bilbao. Su posesión era elemental para ambos bandos, tanto por su situación estratégica en la franja cantábrica, controlada por la República, como por sus industrias pesadas y fábricas de armas.
Antecedentes Vizcaya era una de las tres que formaban el País Vasco, Euskadi o también conocido como Provincias Vascongadas. En concreto, era la provincia que concentraba la mayor parte de la industria del País Vasco (a la vez que uno de los polos industriales más importantes en el conjunto de España), especialmente en su capital, Bilbao. Esta era la capital de la región autónoma vasca que fuera oficialmente establecida por el Gobierno de la Segunda República española poco después del comienzo de la Guerra Civil, aunque su instalación estaba prevista ya desde inicios del año 1936. Esta autonomía fue otorgada como recompensa por el apoyo del Partido Nacionalista Vasco a la causa de la República; sin embargo, la primacía política del nacionalismo vasco en Euskadi implicaba la hegemonía de un partido abiertamente conservador y católico como el PNV, que por necesidades de la guerra debía aliarse con los partidos de izquierda de alcance nacional y con los grupos anarquistas, que formaban el sostén básico del bando republicano.
En septiembre de 1936, el Euzko Gudarostea (ejército dirigido por el recientemente formado Gobierno Vasco de José Antonio Aguirre y formado por batallones de distintas ideologías fieles a la República) se mantenía ante las tropas de Emilio Mola tan solo en Vizcaya y la zona oeste de Guipúzcoa. Estas eran las zonas más densamente pobladas de Euskadi, y desde allí se lanzaron, sin éxito, ofensivas locales para expulsar al bando sublevado, que era predominante en las provincias de ÁlavaGabriel Jackson, La Segunda República española y la Guerra Civil, 1931-1939 (1965), p. 384 y Navarra. Tras el fracaso de estas, el Gobierno Vasco y la dirección del Euzko Gudarostea se convencieron de la necesidad de concentrarse más en una doctrina defensiva, vista las nulas capacidades de las tropas vascas en emprender ofensivas contra las poderosas fuerzas de Mola.
Ejércitos enfrentados Fuerzas republicanas
El Ejército Republicano del Norte se encontraba al mando de Llano de la Encomienda,Jefe del Ejército Norte desde enero de 1937, hasta entonces el mando de las tropas en la zona del País Vasco era ejercido por el lendakari José Antonio Aguirre como consejero de Defensa del Gobierno de Euzkadi pero esta dirección era más nominal que efectiva, si bien existían tres agrupaciones distintas (y con poca cooperación entre ellas) que respondían por los territorios republicanos del norte: Asturias, Santander y Vizcaya.Largo Caballero había asegurado asegurado en privado a los vascos que el Ejército del Norte no existía en realidad, y que él reconocía al Ejército vasco como la principal organización militar de la zona norte. Llano de la Encomienda tuvo que pasar por la humillación de preguntar si aquello era cierto. Sea esta información referencia de la situación existente en el norte republicano. El texto completo aparece en la obra de Hugh Thomas, La guerra civil española En el caso vizcaíno, las tropas de esta zona eran en parte las compuestas por el Euzko Gudarostea, que respondían ante el nuevo Gobierno provisional del País Vasco, dirigido por el lendakari José Antonio Aguirre.
Para comienzos de la primavera se habían podido reunir en Vizcaya 46 batallones de infantería, con un total de 30 000 hombres. De estos, 27 batallones estaban formados por nacionalistas vascos, 8 por socialistas, mientras que el resto era una mescolanza entre comunistas, juventudes del JSU y anarquistas. Además, contaban con la presencia de 10 batallones asturianos, muy impopulares entre los nacionalistas vascos.Hugh Thomas, Historia de la Guerra Civil Española (1978), p. 667 Estas tropas contaban con el apoyo de 75 piezas de artillería, así como de unos pocos tanques T-26 y FT-17 (estos últimos, totalmente inútiles). En el aire, los vascos pudieron echar mano de unos 25 o 30 aviones, toda una mescolanza de biplanos obsoletos requisados o comprados a traficantes de armas en Francia. Como caso único en la España republicana desde el 18 de julio de 1936, había presentes cuerpos de capellanes castrenses, formado por 82 sacerdotes, que asistían (principalmente) a los gudaris de los batallones nacionalistas.Martínez Bande, La Campaña de Vizcaya, p. 135
El Cinturón de Hierro
Para tratar de evitar la caída de Vizcaya en manos de los sublevados, el Gobierno Vasco levantó el denominado «Cinturón de Hierro», una línea defensiva estática formada por diversos fortines y reductos de cemento, destinado a la defensa de Bilbao, siguiendo las instrucciones del general Alberto de Montaud y Noguerol, cuya eficacia bélica ha sido elogiada por unos y criticada por otros.
De todos modos, como concepción militar, esta línea respondía a la estrategia de defensa estática procedente del alto mando francés en la Primera Guerra Mundial, la cual era compartida entonces por la mayoría de los estados mayores en el mundo. Sin embargo, fueron precisamente los propios encargados del diseño quienes, con su traición, hicieron posible su fracaso. Murga y Anglada fueron fusilados después de ser descubiertos intentando entregar planos a agentes rebeldes. El ingeniero monárquico Alejandro Goicoechea consiguió pasar las líneas del frente, llevándose consigo todos los planos e información del entramado defensivo, que entregó a los atacantes.Manuel Montero García, Historia de Vizcaya (1980). Lo cierto es que el Cinturón de Hierro no era realmente una línea de fortificaciones perfecta, si bien tenía puntos muy débiles, que hacían que el resto de fortificaciones fueran inútiles ante una penetración masiva y continuada.
Fuerzas sublevadas Las tropas de la zona se encontraban al mando de Mola, agrupadas en el conocido como Ejército del Norte. En el ejército de Mola desempeñaba un papel esencial la recién organizada División Navarra, cuyos hombres habían tenido a Guipúzcoa como campo de operaciones el año anterior. Esta división comprendía 18 000 hombres, divididos en cuatro brigadas, dirigidas por los coroneles García Valiño y Alonso Vega, entre otros. Las brigadas navarras tenían el apoyo de la División Flechas Negras, que se componía de 8000 españoles con oficiales italianos, al mando del coronel Sandro Piazzoni.Hugh ThomasHistoria de la Guerra Civil Española. Capítulo 35, pág. 665. Por otro lado, contaban también con la presencia de unidades terrestres totalmente italianas, tales como la División 23 de Marzo, en actuación conjunta con la Flechas Negras.Gabriel Cardona, La Guerra Civil 50 años después.
Para apoyar a estas fuerzas se reunieron en Vitoria 80 aviones alemanes y otros 70 aviones italianos y españoles se situaron en otros aeródromos de la zona. La armada nacionalista incluía el viejo acorazado España, los cruceros Canarias y Almirante Cervera y el destructor Velasco, además un gran número de barcos más pequeños. En este primer momento de la campaña, muchos fueron los que pensaban que Bilbao podía ser conquistada a las tres semanas del comienzo de las operaciones.
Operaciones terrestres Comienzo de la ofensiva
El mismo día en que Durango era arrasada por la aviación italiana, 31 de marzo de 1937, comenzó la gran ofensiva sublevada sobre Vizcaya; después de un intenso y bien coordinado bombardeo de aviación y artillería, el coronel Camilo Alonso Vega avanzó por la derecha del frente para conquistar las montañas de Maroto, Albertia y Jarindo. Al norte de Villarreal de Álava, en el centro del frente, hubo una lucha violenta en los alrededores de Ochandiano. Las luchas particularmente violentas en torno a esta localidad continuaron hasta el 4 de abril; cada día era bombardeado por entre 40 y 50 aviones y las tropas navarras casi llegaron a cercar a sus defensores. Ante la posibilidad de quedar aislados y caer vivos ante el enemigo, los vascos se retiraron desordenadamente, dejando 600 muertos. Además, las fuerzas sublevadas hicieron 400 prisioneros.Hugh Thomas, pág. 668 En vista de la dura resistencia ofrecida por los republicanos, Mola decidió detener las operaciones, aprovechando la llegada del mal tiempo y reorganizar sus tropas; el general Von Sperrle se quejó ante esta medida.Alcofar Nassaes, p. 112
Después de esta toma de contacto las unidades vascas fortificaron nuevas posiciones, y realizaron nuevos ajustes en el Cinturón de Hierro. El uso táctico de los bombarderos aéreos, por muy inexacto que fuera, había causado gran alarma, y había aumentado el odio a Alemania. Por ello, fueron movilizados más hombres y llegó más material de guerra, de manera que para el 10 de abril los vascos contaban con 140 piezas de artillería.Martínez Bande,La Campaña de Vizcaya, pág. 35. También llegó a Bilbao el general Vladimir Gorev, destacado militar soviético, que ya había jugado un importante papel en Madrid, aunque su llegada y la de otros militares soviéticos no pareció mejorar excesivamente las cosas.Hugh Thomas, pág. 669.
El 20 de abril empezó en Vizcaya un nuevo avance sublevado; cuando hubo cesado el fuego artillero y los bombardeos aéreos, los vascos empezaron a salir de las superficiales trincheras en que se habían refugiado, oyeron las ametralladoras de los navarros. Al grito de ¡¡Estamos copados!!, muchos defensores se retiraron desordenadamente, como ya hubiera ocurrido en Ochandiano.Los batallones vascos, integrados por miembros de la Confederación Nacional del Trabajo, habían causado incidentes y enfrentamientos con los batallones formados por los nacionalistas vascos. Además de las diferencias de ideología, la retirada en desbandada de Ochandiano había provocado acusaciones de traición y cobardía. Ante esta nueva retirada algunos oficiales vascos exigieron «castigos ejemplares». Sin embargo, en la localidad de Elgueta, se habían cavado profundas trincheras entre las onduladas colinas de alrededor, y allí, los soldados dirigidos por el comandante de milicias Pablo Belderráin, rechazaron el ataque. Pero entonces se retiraron dos batallones de la CNT, y esta retirada completó el hundimiento del frente.Hugh Thomas, pág. 674. Ahora los comandante vascos estaban deseando retirarse a las buenas trincheras del Cinturón de Hierro, aunque el estado mayor en Bilbao mostró apatía ante la situación. El 24 de abril Belderrain tuvo que retirarse de Elgeta y el camino quedó abierto para los navarros. Existía un clima de pesimismoEn aquel momento parecía que el hundimiento del frente era imparable y que era cuestión de días que Mola llegase a Bilbao, aunque luego cambiase la situación. y pánico ante lo que se identificaba como una derrota general.Hugh Thomas, pág. 675.
La destrucción de Guernica
thumb|250px|Ruinas de Guernica tras el bombardeo.
Las tropas que se retiraban del frente debían atravesar obligatoriamente Guernica para llegar hasta las posiciones del Cinturón de Hierro. La villa de Guernica era la capital cultural e histórica de los vascos; tenía antes del ataque una población de unas 7000 personas, a las que habría que añadir un gran número de tropas, que se retiraban para preparar la defensa de Bilbao, y refugiados que huían del avance de las tropas franquistas. En ese momento no tenía ningún tipo de defensa antiaérea, aunque sí tenía tres fábricas de armas, una de ellas de bombas de aviación.