right|thumbnail|250px|El sueño de la esposa del pescador, de Hokusai, es una representación artística de una fantasía sexual. Una fantasía sexual o fantasía erótica es un patrón de pensamiento o imagen mental autoerótica que provoca la sexualidad de una persona y puede crear o aumentar la excitación sexual, cualquier imagen mental que resulte sexualmente excitante o erótica para una persona. Una fantasía sexual puede ser creada por la imaginación o la memoria de la persona, y puede desencadenarse de forma autónoma o por estimulación externa, como la literatura erótica o la pornografía, un objeto físico o por la atracción sexual hacia otra persona. Cualquier cosa que pueda dar lugar a sentir excitación sexual también puede producir una fantasía sexual, y la excitación sexual puede a su vez dar lugar a fantasías.

Las fantasías sexuales son casi universales y se dan en muchas sociedades de todo el mundo. Encuestas han revelado que la mayoría de las personas afirman tener fantasías sexuales al menos de vez en cuando y que hacen uso de ellas por una amplia gama de razones, tales como mantener o aumentar la excitación sexual, satisfacer necesidades sexuales y emocionales insatisfechas, o reducir el estrés y el aburrimiento. Las fantasías sexuales pueden ejercer de esta manera una influencia importante en el funcionamiento y satisfacción sexual de las personas, y parecen también ser reveladoras de la relación general de una persona con su propia sexualidad.Sin embargo, debido a la naturaleza de algunas fantasías, la puesta en práctica real de las mismas es mucho menos común, debido a restricciones culturales, sociales, morales y religiosas. En algunos casos, incluso hablar sobre fantasías sexuales está sujeto a tabúes e inhibiciones sociales. Para algunas personas es conveniente llevar a la práctica sus fantasías a través de juegos de rol sexuales. Las personas pueden asimismo encontrar validación de una fantasía sexual personal viendo cómo la fantasía es representada o discutida en películas, normalmente de naturaleza pornográfica. Una fantasía puede ser una experiencia positiva o negativa, o incluso ambas a la vez. Puede ocurrir en respuesta a una experiencia pasada y puede influir en el comportamiento sexual futuro. Es posible que una persona no desee llevar a la práctica una fantasía sexual en la vida real y, puesto que el proceso es totalmente imaginario, no está limitado a fantasías aceptables o prácticas, lo que puede ofrecer información sobre los procesos psicológicos que subyacen al comportamiento sexual, incluyendo la comisión de delitos sexuales.

Las fantasías sexuales se producen, pues, de forma voluntaria o involuntaria en nuestra mente. Si bien las fantasías sexuales son poco comentadas con otras personas, o no mencionadas en absoluto, son bastante comunes. Estas comienzan con la pubertad y suelen acompañar al ser humano durante toda su existencia. A pesar de la popular creencia de que el varón es el que tiene mayor actividad sexual y por consiguiente más fantasías sexuales, se ha probado que hombres y mujeres fantasean al mismo nivel, solo que en diferente forma.Él o Ella: Fantasías sexuales Por Aloyma Ravelo, Licenciada en Periodismo Diplomada en Género Salud Sexual y Reproductiva, Universidad Academia, Stgo. de Chile, 2001.

Al encontrarse en nuestra imaginación, las fantasías sexuales pueden perder el efecto estimulante que tienen en caso de llevarse a la práctica, pues la idealización que permite nuestra mente evita detalles que en la práctica harían de una fantasía algo muy difícil de concretar o quizás hasta imposible de realizar.

El hecho de que una persona emplee una fantasía sexual no presume necesariamente que desee llevarla a la práctica. En gran número de ocasiones las fantasías se oponen a la naturaleza del ser humano, a las creencias y a la escala de valores de quien las evoca pero como lo único que compromete es la imaginación, se las acepta.

Hay casos de personas que las han llevado a la práctica, pero ya en terrenos reales tales acciones han perdido mucho de la magia que poseían en la mente. Paradójicamente una fantasía puede convertirse en una mala experiencia si se hace realidad. En el mismo renglón se encuentra el compartirla o no con la pareja, pues al tornarla de los demás, pierde ese toque de exclusividad. La opción de hacer realidad o compartir las fantasías queda al libre albedrío. Lo más importante de todo esto es destacar a la fantasía como afrodisíaco y el único antídoto efectivo para contrarrestar la realidad.

Otro punto que vale la pena aclarar es que es muy común confundir a la fantasía con el deseo sexual, ya que ambos conceptos se circunscriben meramente al marco mental sobre el mismo contexto, la sexualidad, sin embargo mientras la primera se refiere a la evocación de una «situación ficticia», el deseo es el anticipo de una «situación real». Aunque también puede darse el caso de que el deseo tenga su origen en una fantasía, es importante dejar claro que no son lo mismo; ya que esto último puede ser indicio de la presencia de alguna «parafilia».

Fantasías comunes La incidencia de fantasías sexuales es casi universal, pero varía en función del sexo, la edad, la orientación sexual y la sociedad. Sin embargo, debido a que la investigación sobre este tema depende del recuerdo retrospectivo de las personas, y está influenciada por sesgos de respuestas y tabúes sociales y culturales, existe una dificultad inherente a la medición de la frecuencia de los tipos de fantasías.Lehmihler y Gormezano (2023) destacan siete temas principales que parecen caracterizar a la mayoría de las fantasías sexuales: (1) tener sexo con varias parejas a la vez, (2) BDSM (bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo, masoquismo), (3) tener experiencias sexuales novedosas y excitantes, (4) hacer algo tabú o prohibido, (5) practicar la no monogamia, (6) pasión, romance y satisfacción emocional, y (7) explorar la propia identidad o expresión sexual o de género. Las fantasías sexuales de la mayoría de las personas parecen reflejar alguna variación de uno o más de estos temas, que pueden combinarse de muchas maneras.

En general, las fantasías más comunes para hombres y mujeres incluyen revivir una experiencia sexual excitante, imaginar el sexo con la pareja actual e imaginar el sexo con una pareja diferente. No hay diferencias consistentes en la popularidad de estas tres categorías de fantasías. Las siguientes fantasías más frecuentes son el sexo oral, el sexo en un lugar romántico, el poder sexual o la irresistibilidad y la violación.

Según una encuesta realizada en 2004 en Estados Unidos, la incidencia de ciertas fantasías es mayor que su realización en la vida real:ABC News (2004). The American Sex Survey: A Peek Beneath the Sheets Consultado el 2 de marzo de 2024. FantasíaLlevada a la práctica (%)Fantasear sobre ella (%)Infidelidad1630Trío1421Sexo en el trabajo1210 Como describen Lehmihler y Gormezano (2023), muchas fantasías que solían considerarse parafílicas (es decir, inusuales) en realidad parecen ser bastante comunes, en particular el voyerismo, el fetichismo, el frotismo y el masoquismo. Según Lehmihler y Gormezano, el exhibicionismo también parece ser común, pero sólo cuando se le define como sexo en público o sexo en el que existe el riesgo de ser visto; la forma estricta y clínica de exhibicionismo (es decir, mostrarse desnudo en público sin el consenso de las personas) parece ser poco común. Independientemente de la prevalencia real de una fantasía determinada, percibir que las fantasías propias son raras o poco comunes se asocia con mayores sentimientos de vergüenza y culpa por ellas, lo que puede dificultar el funcionamiento sexual en general.

Propósitos Las fantasías se dan casi en todas las personas y pueden ocurrir en cualquier momento del día, aunque se ha sugerido que son más comunes entre quienes sueñan despiertos con frecuencia. Las fantasías sexuales son frecuentes durante la masturbación, aunque esto puede ser más cierto para los hombres que para las mujeres. Las personas suelen utilizar las fantasías para ayudar a planificar futuros encuentros sexuales,pero asimismo una persona puede no tener ningún deseo de llevar a cabo una fantasía sexual.

Los escenarios de las fantasías sexuales varían mucho de una persona a otra y están influidos por deseos y experiencias personales, pudiendo ir de lo mundano a lo estrambótico. Las fantasías se utilizan con frecuencia para escapar de las restricciones sexuales de la vida real imaginando escenarios poco plausibles (p. ej., el sexo con alguien famoso o un personaje de ficción), o en escenarios improbables por tabúes sociales (p. ej., la infidelidad), o incluso escenarios peligrosos o ilegales (p. ej., violaciones, castraciones o secuestros). Las fantasías permiten a las personas imaginarse a sí mismas en roles que normalmente no tienen, como situaciones de poder, inocencia o culpa. Las fantasías tienen una enorme influencia en el comportamiento sexual y pueden ser la causa única de un orgasmo. Aunque hay varios temas comunes en las fantasías, esencialmente cualquier objeto o acto puede erotizarse.

Durante un contacto sexual, algunas personas pueden usar sus fantasías para «apagar» aspectos indeseables del acto. A la inversa, una persona puede usar la fantasía para concentrarse y mantener la excitación, por ejemplo un hombre que fantasea mientras recibe una felación ignorando una distracción.

Las fantasías sexuales son vistas cada vez más un componente necesario para una relación de pareja sana.Klinger, E. (1971). Structure and functions of fantasy. New York, NY: John Wiley. Muchas parejas comparten sus fantasías para sentirse más cerca y ganar más intimidad y confianza, o simplemente para excitarse más o conseguir una respuesta física más potente. Algunas parejas comparten fantasías como una forma de relación sexual sin penetración; esto se ha ofrecido como una explicación para el auge del BDSM durante la década de 1980, en el sentido de que para evitar contraer el VIH, la gente recurrió al BDSM como una salida segura para sus fantasías sexuales. Las parejas también pueden llevar a cabo sus fantasías sexuales a través de juegos de rol sexuales. En consecuencia, los teóricos han argumentado que las fantasías pueden utilizarse para fomentar y promover el placer sexual entre los miembros de la pareja, y se utilizan a menudo como parte de la terapia sexual.Singer, J. L. (1966). Day dreaming. New York, NY: Random House.Las fantasías sexuales pueden realzar actos sexuales insuficientemente excitantes para promover niveles más altos de excitación y liberación sexual. Un estudio de 1986 que analizó a mujeres casadas indicó que las fantasías sexuales las ayudaban a alcanzar la excitación y el orgasmo.Fantasear sexualmente con la propia pareja contribuye no sólo al deseo de tener relaciones sexuales con esta pareja, sino también a participar en comportamientos no sexuales que promueven la relación. Como parte de la terapia, se suele animar a las mujeres anorgásmicas a utilizar la fantasía y la masturbación.