Los señoríos aymaras, también conocidos como señoríos aimaras, reinos aymaras o reinos lacustres, fueron un conjunto de entidades políticas indígenas que surgieron en el Altiplano andino tras la desintegración del Imperio Tiahuanaco, durante el Período Intermedio Tardío. Se desarrollaron aproximadamente entre 1150 y el 1477, antes de ser incorporados al Tahuantinsuyo. Su organización se basaba en confederaciones de diarquías, y sus principales centros fueron Hatunqulla (Collas), Cutimbo (Lupacas) y Caquiaviri (Pacajes). Las lenguas predominantes eran el aymara y el puquina.

La posterior incorporación de estos señoríos al Tahuantinsuyo, ya fuera mediante alianzas o conquista, marcó un proceso clave de integración regional antes de la llegada de los españoles.

Aunque los señoríos desaparecieron, sus descendientes actuales suman cerca de dos millones de personas distribuidas en Bolivia, Perú, Chile y Argentina.

Origen

Los señoríos aimaras surgieron en el Altiplano andino tras la desintegración del Estado Tiwanaku, proceso que tuvo lugar hacia el año 1000 d. C. La desaparición de esta civilización originó una fragmentación política en el área, dando paso al Período Intermedio Tardío (ca. 1000–1450), caracterizado por la formación de múltiples entidades autónomas, entre ellas los señoríos aymaras.

Estas nuevas unidades políticas ocuparon la meseta del Collao, actual región comprendida entre el sur del Perú, el occidente de Bolivia y el norte de Chile y Argentina. Aunque heredaron elementos culturales y tecnológicos de Tiwanaku, los señoríos aymaras desarrollaron formas propias de organización territorial, económica y religiosa.

En cuanto a la lengua, diversos estudios han propuesto que el puquina y el aimara coexistieron en el altiplano durante este periodo. Mientras el puquina pudo haber sido dominante en tiempos de Tiwanaku, el aimara se consolidó posteriormente como lengua franca en la región.

Organización política y económica miniatura|izquierda|Mapa de los Señoríos aimaras en los actuales Bolivia y Perú.

Los señoríos aymaras estaban organizados en confederaciones de ayllus, que eran unidades sociales y económicas basadas en lazos de parentesco. La estructura política se caracterizaba por una diarquía dual, dividida en las mitades hanan (alta) y urin (baja), reflejo de la cosmovisión andina que valoraba la complementariedad y el equilibrio.

El liderazgo recaía en curacas o mallkus, quienes dirigían los ayllus y coordinaban actividades productivas y ceremoniales. Por debajo de ellos existían figuras como los yalitas, encargados de administrar comunidades específicas. La organización social también incluía estructuras mayores como las markas y suyu, que agrupaban varios ayllus en niveles territoriales superiores.

Económicamente, los señoríos practicaban un modelo de control vertical de pisos ecológicos, que permitía aprovechar diferentes ambientes altiplánicos para la agricultura y la ganadería. El sistema de reciprocidad, mediante prácticas como el ayni y la minka, regulaba la cooperación entre comunidades y la redistribución de recursos.

Cultura material y arquitectura

Los señoríos aymaras desarrollaron una notable cultura material y un estilo arquitectónico propio, destacándose especialmente en la construcción de chullpas, torres funerarias que funcionaban como monumentos para los antepasados y símbolos del poder de las élites locales. Estas estructuras se caracterizaban por su forma cilíndrica o cuadrangular, construidas con piedra tallada y ubicadas en sitios elevados o estratégicos dentro del territorio.

Los asentamientos aymaras incluían también recintos residenciales, plazas ceremoniales y sistemas agrícolas adaptados a las condiciones ecológicas del altiplano. La arquitectura expresaba elementos fundamentales de la cosmovisión andina, articulando la relación entre la sociedad, el paisaje y el orden político-religioso.

Este legado arquitectónico ha sido interpretado como testimonio de la complejidad sociopolítica de los señoríos, y se considera que ejerció una influencia significativa en las formas constructivas desarrolladas posteriormente por el Tahuantinsuyo y, más tarde, durante la época colonial.

Principales señoríos aimaras Durante el Período Intermedio Tardío, se consolidaron diversos señoríos aymaras en el Altiplano Sur Andino, organizados en torno a confederaciones de ayllus y dirigidos por élites locales. Estos señoríos compartían elementos culturales y formas de organización jerárquica similares, aunque mantenían autonomía política y relaciones cambiantes de alianza, conflicto e intercambio entre sí.

Diversos estudios etnohistóricos, como el de Thérèse Bouysse-Cassagne, han identificado al menos una docena de estos señoríos, que se distribuían en un amplio territorio que abarca regiones actuales de Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

Entre los señoríos más conocidos se encuentran:

Canchis (actuales departamentos del Cusco y Apurímac) Canas (Cusco, Puno y Arequipa) Collas (Puno y parte de Arequipa) Lupacas (Puno, Moquegua y Tacna) Pacajes (La Paz, Oruro y parte de Puno) Carangas (Oruro, Arica y Parinacota, Tarapacá y Tacna) Soras (Oruro, Cochabamba y La Paz) Charcas (Cochabamba, Potosí y Chuquisaca) Quillacas (Oruro y Potosí) Cara-Cara (Oruro, Potosí y Chuquisaca) Chuis (Cochabamba y Chuquisaca) Chichas (Potosí y Chuquisaca)

Algunas clasificaciones etnohistóricas incluyen además señoríos cuya filiación aimara ha sido objeto de debate, como los Callahuaya (La Paz y Puno) y los Yamparas (Chuquisaca).

Canas y Canchis Los Canas y los Canchis fueron grupos aimaras que habitaron fuera de la meseta del Collao, al norte del nudo de Vilcanota, en las nacientes de los ríos Vilcanota y en la actual provincia de Espinar (Perú). Antes de la expansión del Tahuantinsuyo, estos grupos fueron aliados y participaron como tropas auxiliares en campañas miliares, como la invasión de Andahuaylas, apoyando a los incas a cambio de botines de guerra.

Carangas Los carangas habitaron la región del río Lauca. Registros etnográficos mencionan a Hatun Carangas como su posible capital, aunque investigaciones más recientes identifican a Corquemarca o Choquecota, en el noreste del territorio, como la capital del señorío.Su territorio se extendía entre los ríos Mauri y Desaguadero al norte, la falla de Corque y el lago Poopó al este, el río Lakajahuira y el salar de Coipasa al sur, y la cordillera occidental al oeste.

Los registros arqueológicos del señorío son escasos y poco estudiados. Los carangas se asocian con grupos de chullpares polícromos dispersos al norte del salar de Coipasa. Las torres funerarias o chullpares de barro y planta cuadrangular constituyen uno de los principales marcadores materiales de su presencia, si bien presentan variabilidad interna: torres de barro polícromo, no polícromo, torres de piedra pulida y pequeñas torres cónicas denominadas paasas.

Los carangas se dedicaron al pastoreo de camélidos y al tráfico caravanero, distribuyendo productos entre la costa, los valles y el altiplano central.Además del territorio nuclear altiplánico, los carangas mantenían enclaves en los valles occidentales que se extendían desde los valles de Lluta hasta la quebrada de Tarapacá, siguiendo el modelo de complementariedad ecológica característico del mundo andino. Esta extensión los convirtió en uno de los señoríos aymaras más amplios del altiplano sur andino.Entre los líderes registrados antes de la conquista inca figuran Choquichambi, su esposa Mama Villca y su hijo Layme.

Durante el periodo incaico, el territorio caranga formó parte del Collasuyu; previamente estuvo vinculado a la confederación Charcas.La presencia de población caranga en los valles costeros del extremo norte de Chile se ha reconocido a través del estudio de tocados prehispánicos, en particular el gorro troncocónico o chucu, elaborado en técnica de aduja, considerado un rasgo distintivo de los grupos caranga y pacaje asentados como mitimaes incaicos.

Durante la época virreinal los carangas poseían territorios en Arica, el río Lluta y el valle de Azapa. Los principales centros de poder del señorío fueron Turco y Sabaya, donde residían los caciques mayores y se hallaban las tumbas de los principales de los ayllus. La incorporación del sector occidental del territorio caranga al Corregimiento de Arica desvinculó a las poblaciones altiplánicas de estos centros de poder.

Tras la conquista española, la población caranga mantuvo la movilidad escalonada entre altiplano, sierra y valles costeros, práctica documentada hasta el presente pese a la fragmentación provocada por las fronteras nacionales establecidas en los siglos y .El territorio del antiguo señorío quedó dividido tras la Guerra del Pacífico (1879-1884): la zona nuclear altiplánica permaneció en Bolivia como parte del departamento de Oruro, mientras que los enclaves de los valles occidentales de Arica y Tarapacá pasaron a jurisdicción chilena.

En la actualidad, los descendientes del señorío se reconocen como la nación originaria Jach'a Carangas, organizada territorialmente en markas y ayllus, y representada en el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ). Tras la promulgación de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia en 2009, Jach'a Carangas fue una de las primeras naciones originarias del altiplano en solicitar el acceso al régimen de autonomía indígena originaria campesina.

Soras Los Soras fueron un señorío cuyo territorio limitaba al este con el de los Carangas, ocupando la zona oriental del Lago Uru Uru y extendiéndose hacia el sur hasta los dominios de los Quillacas. Hacia al este, controlaban territorios en la actual Cochabamba y norte de Potosí.

Los soras tenían como capital el poblado de Paria, donde existían dos sectores: una "Paria vieja" con arquitectura indígena y una "Paria nueva", construida según el modelo español. Durante la conquista inca del Collasuyo, Paria fue la capital administrativa de estos territorios.http://www.lapatriaenlinea.com/?nota=210750

Charcas Los Charca fueron un reino aimara que habitó la cuenca alta del río Cachimayu, en la actual Sucre, y los valles entre Cochabamba, Oruro, Potosí y Chuquisaca en Bolivia. Se destacaban por su habilidad para la guerra, razón por la cual, durante el Tahuantinsuyo, servían como mitimaes en el ejército incaico.

Junto con el pueblo Kara-kara, apoyaron la conquista del Chinchaysuyu. Originalmente, también realizaban tareas agrícolas, pero con la expansión del imperio, su retorno a sus tierras se dificultó. Debido a esto, los incas los eximieron de las labores agrícolas, dedicándolos exclusivamente al servicio militar. thumb|317x317px|Chullpas en Atuncolla

Collas

En el caso de los collas, destacan arqueológicamente los restos de Hatuncolla, ubicado al noreste del lago Titicaca cerca de la actual ciudad de Puno. Este sitio ha sido intensamente estudiado por Catherine Julián, quien lo identifica como su posible capital.

Los collas están estrechamente asociados con el complejo funerario de Sillustani, compuesto por chullpas monumentales, situadas a poca distancia de Hatuncolla.

Lupacas

Los lupacas (lupaqa) fueron un grupo étnico que habitó la ribera suroeste del lago Titicaca. Su territorio estaba organizado en siete subdivisiones: Chucuito (capital), Ácora, Ilave, Yunguyo, Pomata, Zepita y Juli. Cada subdivisión a su vez se dividía en dos «saya» (a excepción de Juli que tuvo tres «saya»). Cada una de estas subdivisiones se dividía en dos saya, con excepción de Juli, que tenía tres. A su vez, cada saya estaba compuesta por varios hatha, término aimara equivalente a ayllu.