El tamunangue, también conocido como son de negros, es una de las manifestaciones culturales y dancísticas más relevantes de Venezuela. Es una celebración festiva y religiosa que tiene su epicentro en el estado Lara. Se ejecuta en honor a San Antonio de Padua. La tradición integra elementos de las culturas indígena (jirajaras), africana y española. Su práctica es un complejo ritual de promesa y devoción.

Esta tradición tiene su origen en el valle de El Tocuyo (municipio Morán). Su existencia está documentada desde el . El baile se desarrolló asociado a las ferias en la plaza mayor. Su nacimiento se relaciona con la fundación de la Cofradía de San Antonio de Padua en 1609. Esta hermandad estaba destinada a morenos y esclavos. El tamunangue se consolidó bajo el culto al santo y se extendió posteriormente por todo el estado Lara.

El evento se caracteriza por su diversidad coreográfica y musical. Se compone tradicionalmente de ocho segmentos o «sones». Estos segmentos combinan la danza con una esgrima ceremonial ejecutada con varas. La celebración principal ocurre los días 12 y 13 de junio, víspera y día de San Antonio. Los músicos utilizan una familia de cuatros venezolanos y percusión, como el tambor cilíndrico. Este sincretismo cultural y su profundo significado hacen del tamunangue un pilar de la identidad larense.

Origen El tamunangue tiene su origen en el valle de El Tocuyo, estado Lara. Su práctica está documentada desde el . Este baile surgió asociado a las ferias celebradas en la plaza mayor. En dicho espacio se desarrollaban actividades como el trueque, juegos de azar, peleas de gallos y diversas manifestaciones dancísticas y musicales. Entre estas expresiones, el tamunangue se consolidó rápidamente. Se reconoce por su composición cultural de triple raíz: africana, indígena y española.

La población de origen africano practicaba este baile en las haciendas. También lo hacían los residentes de las barriadas. Tradicionalmente, ellos acompañaban la danza con el consumo de cocuy y el uso de chimó (tabaco en pasta). Es importante señalar que esta danza adquirió un carácter místico y religioso desde sus inicios, el cual trasciende el mero regocijo social. Su nacimiento se relaciona con la fundación, en 1609, de la Cofradía de San Antonio de Padua. Esta hermandad, con sede en el convento de San Francisco, estaba destinada a morenos y esclavos.

La ciudad de El Tocuyo se identifica como un centro principal de esta tradición. Sin embargo, su función fue más bien la de un punto de concentración y consolidación. Allí se integraron distintas expresiones danzarias y musicales bajo el culto a San Antonio, conformando así el tamunangue. La práctica se extendió por todo el estado Lara. En el estado presenta variaciones locales en la música y el baile, aunque siempre conserva sus características esenciales.

El santo al que veneran los tamunangueros es San Antonio de Padua. La devoción a San Antonio debió llegar a Venezuela tempranamente, dado que existe registro de una iglesia dedicada a él en Isla Margarita en 1605. En el país, al santo se le invoca para encontrar objetos perdidos. Las mujeres solteras le piden conseguir pareja, y los campesinos le ruegan por buenas cosechas, lluvia y protección contra enfermedades. Entre los campesinos de Lara, San Antonio es llamado afectuosamente «el Negro Antonio».

Características El tamunangue es una de las manifestaciones tradicionales de mayor alcance en Venezuela. Se caracteriza por su diversidad musical y coreográfica. Su presencia es fuerte en el estado Lara. Se celebra principalmente en honor a San Antonio de Padua e integra elementos culturales de raíz indígena, hispánica y africana.

La motivación del tamunangue es devocional. Las fechas centrales de su celebración son el 12 y 13 de junio (víspera y día de San Antonio). No obstante, el tamunangue se puede ejecutar cualquier día del año.

Cuando se realiza como pago de promesa (o por requerimiento especial), la ejecución tiene lugar delante de la imagen del santo, y las varas del baile se recogen del altar. Cuando el tamunangue es de carácter festivo y no por promesa, la imagen del santo no aparece, aunque el capitán sí porta las varas.

La práctica coreográfica se mantiene en dos ámbitos. Los grupos locales ejecutan las danzas en honor a San Antonio. Los grupos de danza folklórica también interpretan el tamunangue en su repertorio.

Celebración y ritual La celebración en honor a San Antonio comienza la víspera de la festividad, el 12 de junio. Los devotos le ofrecen velorios en sus hogares.

En la noche del 12 de junio, se prepara un altar en el espacio más amplio de la casa. El altar recibe a amigos y familiares. Se decora con flores y numerosas velas. Sirve como lugar para la imagen del santo y las varas que se usarán en el baile.

El grupo de músicos o cantaduría se sitúa frente al altar. Se disponen en parejas según el registro de sus voces. Ejecutan duetos acompañados de cuatros y cincos.

La velada musical comienza con un pasacalle instrumental. Le sigue la salve mayor en la que participan todos. A continuación, los asistentes rezan un Padrenuestro y un Avemaría. Esto da paso al primer tono, interpretado por las parejas a dos voces. Siguen la décima y una loa recitada al final.

Las anfitrionas sirven una comida preparada con antelación después de la medianoche. La música continúa tras la cena hasta el amanecer. La velada se reanuda en el patio con golpes y música alegre después de concluir los cantos sagrados. No se realiza baile en este momento.

El día 13 de junio la celebración continúa con la misa solemne matutina. Le sigue una procesión por las calles de la localidad. Los músicos y los batalladores preceden la imagen del santo. Ellos entonan cantos.

Los capitanes batalladores ejecutan movimientos al ritmo lento de las coplas dedicadas a San Antonio. Estos movimientos se asemejan a una esgrima ceremonial, más que a una danza. El sacerdote y los devotos siguen la procesión hasta regresar a la iglesia. Una vez en el atrio, la imagen se coloca para ser adorada durante todo el día. En ese momento da comienzo el baile del tamunangue. Este baile es una fervorosa expresión de pago de promesas por las gracias recibidas.

Estructura musical El tamunangue se compone tradicionalmente de ocho segmentos que se interpretan en secuencia. Sin embargo, el orden de estos segmentos puede variar según la región.

Los ocho segmentos son: la batalla, el yiyivamos, la bella, la juruminga, la perrendenga, el poco a poco, el galerón y el seis figuriao. A nivel local, todas estas danzas, a excepción de la batalla, se denominan sones. En algunas regiones, se añade un octavo son llamado bella doble o bella trovada.

Los sones del tamunangue se dividen en dos conjuntos principales:

Primer grupo (batalla, bella, galerón, seis figuriao): el estilo distintivo de este grupo es el uso de dúos vocales que avanzan mediante un movimiento paralelo. Cada dúo es responsable de cantar una cuarteta (estrofa de cuatro versos). Si un dúo no completa la cuarteta, un nuevo dúo vocal toma los dos versos restantes de la estrofa. Los vocalistas suelen ubicarse en un orden específico. Esta disposición permite que el canto se vaya sucediendo de un dúo al inmediatamente contiguo. Segundo grupo (yiyivamos, juruminga, perrendenga, poco a poco): la característica central de este grupo es la alternancia entre un solista y un coro. El solista entona versos libres o sueltos. Por su parte, el coro (generalmente a dos voces) repite un estribillo fijo de una o dos palabras, dependiendo del son. A medida que la pieza musical avanza, el rol de solista rota, siendo asumido por uno o dos cantantes adicionales.

Armonía y métrica La mayoría de los sones (piezas musicales del tamunangue) se interpretan en modo mayor. El son del seis figuriao es la única excepción, ya que utiliza el modo menor. Por su parte, la batalla alterna o modula entre el modo mayor y su respectivo relativo menor.

Las tonalidades más frecuentes para ejecutar estas piezas son sol mayor y la mayor. Coincidentemente, sol menor y la menor son las tonalidades empleadas para el son del seis.

En cuanto a la métrica, casi todos los sones adoptan un compás de 6/8. La única excepción es la batalla, que se distingue por usar un compás de 2/4.

Tradicionalmente, la ejecución instrumental y el canto están reservados para los hombres. La intervención de las mujeres se limita estrictamente a la danza. El registro vocal de los cantantes masculinos es agudo.

Ejecución de sones

La batalla La batalla constituye la sección inaugural del tamunangue y marca el inicio de la celebración. Se lleva a cabo durante la procesión en honor a San Antonio. Su propósito es despejar el camino para el desfile. Esto se logra mediante un duelo simulado con garrotes, ejecutado por dos participantes. Un jugador ataca mientras el otro se defiende, alternando roles.

Para comenzar, los participantes toman sus garrotes del altar, haciendo una reverencia ante el santo. Luego, cruzan los palos para saludar a los músicos. El juego consiste en una secuencia preestablecida de pasos, similar a las artes marciales. Combina ataque y defensa. La batalla solo finaliza cuando uno de los jugadores deja caer su garrote.

La música tiene un compás binario (dos tiempos). Esto establece un vínculo entre el aspecto marcial o de marcha y el ritmo acompasado de la procesión. Los cantos son cuartetas de romance (ABCB). Este segmento utiliza un tambor percutido por una persona sobre el cuero y otra que lo acompaña rítmicamente con palos o laureles. También se usan maracas y panderos.

El yiyivamos Es el primer son o baile de la serie. Se distingue por la interacción íntima entre músicos, cantantes y bailarines. Las parejas deben seguir las instrucciones dadas por los solistas. Estos improvisan coplas de versos hexasílabos.

Las parejas ejecutan con gracia y picardía diversas figuras: media vuelta, vuelta completa, medio lado, espalda con espalda, media orilla y pecho a pecho. Predomina un flirteo constante entre el hombre y la mujer. El son incluye un coro que responde OÉ BANGUÉ, EA, PUE, con una marcada rítmica afrodescendiente. El compás es binario de 6/8, una característica distintiva de los sones del estado Lara.

La bella La bella es el segundo son. A diferencia del yiyivamos, las parejas de baile tienen total libertad. No están obligadas a seguir las indicaciones de los cantores. Es un baile ágil y desenfadado que mantiene el mismo paso básico del Yiyivamos. Su desarrollo se centra en el galanteo, la picardía y el carisma del hombre hacia la mujer.

Esta variante se conoce como bella corrida (para diferenciarla de la bella trovada, de tonalidad menor, y la bella doble, propia de Sanare. Es de tonalidad mayor. Sus cantos se realizan a dúo con versos octosílabos en cuartetas de romance (ABCB). Una pareja entona los dos primeros versos. Otra pareja responde inmediatamente con la continuidad de la estrofa, creando hermosos dúos e improvisaciones.

La juruminga Como tercer son, la juruminga requiere que los bailarines sigan las instrucciones de los cantores, al igual que el yiyivamos. Su rasgo distintivo es el estribillo «juruminga no má». Un coro responde de diversas formas: tumbirá, uvillá, ubirá, entre otras.

El yiyivamos, la bella, la juruminga y la corría del poco a poco comparten un paso básico. Este define las figuras del baile y la forma de sujetar las varas. En Sanare, los versos de la juruminga se inspiran en temas laborales (el hombre en el campo y la mujer en el hogar). En contraste, en El Tocuyo y otras zonas, se centran en el coqueteo, el humor y la espontaneidad del momento. Los versos son hexasílabos. La música posee un aire de «son de negro».

La perrendenga