La ofensiva final de la guerra civil española fue la última operación bélica ejecutada por los mandos militares del bando sublevado contra la Segunda República española, a finales del mes de marzo de 1939, aprovechando la situación del bando republicano tras la severa derrota sufrida en la Ofensiva de Cataluña y el triunfo del Golpe de Estado de Casado, que puso fin a la política de resistencia que hasta entonces había mantenido el gobierno de Juan Negrín.

Antecedentes El golpe de Casado

El golpe de Estado se inició el 5 de marzo de 1939 y fue encabezado por el coronel republicano Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro, siendo apoyado por las fuerzas políticas de la zona republicana que abogaban por finalizar la guerra civil (pues la consideraban completamente perdida) y entre las que se encontraban los socialistas "antinegrinistas", encabezados en Madrid por Julián Besteiro, los anarquistas y los republicanos de izquierda. El golpe casadista derribó al gobierno republicano del socialista Juan Negrín, que defendía continuar resistiendo a pesar de que, tras la caída de Cataluña a principios de febrero de 1939, la situación de la República era desesperada. El golpe triunfó tras desencadenarse en Madrid una guerra civil dentro del bando republicano entre las fuerzas casadistas y los comunistas, que eran los únicos que apoyaban ya (junto con un pequeño sector del PSOE) la política de resistencia de Negrín. Se formó entonces un Consejo Nacional de Defensa que inició las conversaciones con el bando sublevado, pero Franco ya había reiterado en numerosas ocasiones que sólo aceptaba la rendición incondicional del Ejército Popular Republicano.

Contactos con Franco

El 12 de marzo el Consejo Nacional de Defensa condenó a muerte a uno de los militares de filiación comunista que se habían opuesto al golpe y dictó medidas urgentes para eliminar la "influencia comunista" en el ejército (abolición de los comisarios políticos, supresión de la estrella roja en el uniforme militar, supresión del puño cerrado como saludo militar...). De inmediato el Consejo intentó llegar a un acuerdo con el gobierno de Burgos para lograr una «paz honrosa», pero el bando sublevado insistió (como llevaba haciendo desde febrero) en que sólo se admitiría la rendición incondicional de la República.

Además, el 8 de febrero Franco había dictado en la misma ciudad la Ley de Responsabilidades Políticas, donde se condenaba de antemano (y de modo retroactivo) a prácticamente todo individuo que hubiera apoyado activamente a la Segunda República española desde el 1 de octubre de 1934 como civil o militar, sin importar su cargo, partido, o jerarquía. Al conocerse el contenido de esta Ley en la zona republicana creció el miedo a las represalias, pues la norma daba a Franco un poder absoluto y discrecional para ejercer la represión política contra cualquier persona que hubiera prestado servicios a la República, sin importar su filiación política.

El 19 de marzo Franco aceptó recibir a los enviados republicanos y, en efecto, Casado envió el día 23 unos emisarios a Burgos, el teniente coronel Garijo y el comandante Ortega, para negociar directamente con el bando sublevado; el Consejo Nacional de Defensa esperaba al menos que, si Franco no aceptaba las condiciones de paz, por lo menos garantizara la ausencia de represalias. No obstante, desde que el Reino Unido y Francia ya habían reconocido al régimen de Franco, y tras la aplastante victoria de la ofensiva de Cataluña, se habían reforzado las ansias del bando sublevado para exigir una capitulación sin condiciones a la República, más aún sabiendo que ésta se reconocía vencida e incapaz de resistir más tiempo. Esto evitaba un compromiso "entre militares" de última hora (similar al Abrazo de Vergara) que legitimara después a los republicanos para formar oposición y entorpeciera la autoridad absoluta del nuevo caudillo.

Ese mismo día 23 tuvieron lugar las conversaciones, donde los enviados de Franco reiteraron que sólo sería aceptada la rendición sin condiciones de las tropas republicanas, agregando que en un plazo de dos días la aviación de la República debería ser entregada a los franquistas, y que el 27 de marzo se decretaría un alto al fuego en todos los frentes para que las tropas rebeldes avanzaran; ante esto, las fuerzas republicanas sólo debían rendirse y entregar sus armas. Sobre las temidas represalias, Franco tan sólo ofrecía una vaga promesa verbal de «justicia a quienes no hubieran cometido crímenes», sin dar más explicaciones. Tampoco se aceptó la petición de Casado de ejecutar una «rendición por zonas», cuyo fin era dar tiempo a los refugiados republicanos que desearan salir de España.

Los emisarios de Casado pidieron un total de veinticinco días para cumplir las exigencias, pero no les fueron concedidos: sólo se les permitió redactar un documento que fijase un modo pacífico de proceder a la rendición, pues las tropas franquistas simplemente avanzarían en ofensiva cuando venciera el plazo fijado por Franco. Finalmente, el 25 de marzo los emisarios de Franco protestaron porque la aviación republicana no se había entregado aún, acusando a Casado de «no controlar sus tropas y no estar por tanto en condiciones de negociar» y dando por terminada toda negociación. Los emisarios republicanos volvieron a Madrid la mañana del día 26 para apurar la entrega de la aviación, sin embargo ya era tarde. En la madrugada del 27 de marzo Franco dejó de esperar más y ordenó a sus tropas comenzar la ofensiva.

Desarrollo de las operaciones Avance franquista

Sólo unas horas después de que se dieran por finalizadas las "negociaciones" con los dos representantes del Consejo Nacional de Defensa en el aeródromo de Gamonal, Franco dio la orden de que se iniciara la ofensiva en todos los frentes. Las primeras operaciones tuvieron lugar en el Frente Sur, donde la misma noche del 26 de marzo el Cuerpo de Ejército Marroquí (al mando del general Yagüe) y el Cuerpo de Ejército de Andalucía (al mando del general Muñoz Castellanos) avanzaron desde Peñarroya-Pueblonuevo hacia Hinojosa del Duque, Pozoblanco y Almadén que ocupan el 27 y Ocaña donde llegan el día 28; ambos encontraron muy poca resistencia, ya que muchas de las posiciones republicanas habían sido abandonadas. En añadidura, los Ejércitos republicanos de Extremadura y de Andalucía depusieron poco después las armas, mientras los pueblos se llenaban de banderas blancas ante la inminente llegada de las tropas rebeldes. El día 29 el Cuerpo de Ejército Marroquí de Yagüe ya había alcanzado Ciudad Real y Puertollano; por su parte, el Cuerpo de Ejército de Andalucía tomaba Bailén y Linares, mientras que el Cuerpo de Ejército de Córdoba (mandado por el general Borbón) entraba en Jaén, y el de Granada comenzaba el avance tomando Albuñol por el litoral mediterráneo en dirección a Almería, ocupada por tropas del cañonero Cánovas del Castillo el 29.

En el Frente del Centro, los cuerpos de ejército de Toledo, Maestrazgo, Navarra y CLI avanzaron desde Talavera de la Reina y Toledo hacia el sur, ocupando el 27 de marzo Argés, Cobisa, Burguillos, Nambroca, Layos, Casasbuenas, Pulgar, Mazarambroz, Ajofrín, Almonacid, Chueca, Villaminaya, Mascaraque, Mora, Villamuelas, Yepes y Villasequilla en el frente de Levante, los cuerpos de ejército de Urgel y de Aragón lo hicieron desde Torre del Burgo, Masegoso y Cifuentes, marchando hacia Madrid y Valencia. Los atacantes no encontraron resistencia: las líneas de los frentes republicanos se desintegraron el 28 de marzo en un proceso espontáneo, se ocupa Aranjuez, Sonseca, Orgaz, Tembleque y Las Ventas con Peña Aguilera. Algunos soldados se abrazaban entre sí aliviados por el fin de la guerra.

La ofensiva del Ejército del Centro, iniciada el día 26, tampoco encontró resistencia, puesto que en los frentes de Madrid los republicanos habían empezado a abandonar las trincheras, especialmente después de que fueran transmitidas por radio las famosas "Concesiones del Generalísimo", que prometían "benevolencia" para los militares que favorecieran la terminación de la lucha. En algunos lugares del frente se produjeron confraternizaciones entre soldados de los dos bandos que festejando que, según ellos, la guerra había acabado, y en otros sitios los soldados republicanos se pasaban al bando sublevado."Los soldados iban llegando al interior de la ciudad, cogían el metro en Cuatro Caminos y se iban a sus casas o se trasladaban al otro lado de Madrid, a Vallecas, para emprender camino hacia el Mediterráneo".Donde los sublevados encontraron mayor resistencia fue en el frente de Levante, debido a que era por Valencia donde las personalidades republicanas estaban saliendo del país, y había que darles tiempo. Fue el caso del Cuerpo de Ejército de Aragón, dirigido por el general Rafael García Valiño, que marchaba hacia Valencia el 28 de marzo; en esta ciudad aún se concentraban tropas republicanas deseosas de proteger a los refugiados del bando republicano que esperaban abandonar España desde el puerto valenciano. Cuando estos refugiados fueron convencidos de dirigirse hacia Alicante en la tarde del día 28, las tropas republicanas cesaron su resistencia y abandonaron Valencia a la quinta columna franquista, que la ocupó en las horas siguientes.

Así, el día 29 Valencia y Alicante ya estaban prácticamente en manos de las respectivas quintas columnas sin que todavía hubieran llegado las tropas rebeldes, mientras que el Cuerpo de Ejército de Galicia (al mando del general Aranda) ocupaba Sagunto y el Cuerpo de Ejército de Castilla entraba en Segorbe. Al día siguiente los italianos de la División Littorio ocupaban Almansa, Requena, Villena y Elda, y entraban en Alicante. Ese mismo día 30 la División 83, al mando del general Martín Alonso, entraba triunfalmente en Valencia. El 31 de marzo, la 4.ª División del Cuerpo de Ejército de Navarra, mandada por el general Camilo Alonso Vega, ocupaba Murcia y Cartagena.

A los soldados republicanos que iban siendo cercados por las tropas franquistas en el frente se les ordenó que fueran dejando sus armas en montones, antes de conducirles a las plazas de toros o a los campos de alambradas al aire libre. Los que estaban en las líneas posteriores tiraron sus fusiles antes de que llegaran los franquistas y se marcharon a sus casas. A lo largo del día 27 los sublevados capturaron 30 000 prisioneros en la primera línea del frente y todas las localidades que pudieron. Al saber de esta situación, en la retaguardia el Ejército Popular Republicano se desmovilizaba en todo el frente: divisiones y regimientos se disolvían de inmediato al saber de la cercanía de los franquistas, en tanto que los soldados abandonaban sus posiciones y armas para volver a sus casas.

Los sublevados entran en Madrid thumb|150px|Julián Besteiro, uno de los líderes del PSOE que apoyó el golpe de Casado. Mientras se producía el desmoronamiento del frente, la quinta columna de Madrid se hizo con el control de la ciudad en la madrugada del 26 al 27 de marzo, «realizando todas aquellas operaciones necesarias para evitar en caso preciso una resistencia que ocasionaría víctimas, y, sobre todo actuaciones a la desesperada». A primera hora de la mañana del día 27 un enviado del Consejo Nacional de Defensa, el coronel Adolfo Prada Vaquero, se entrevistó con el coronel Eduardo Losas del ejército franquista, desplegado en la Ciudad Universitaria, acordando ambos que la rendición republicana se produciría a las 13 horas del día siguiente (28 de marzo). Esa mañana empezaron a aparecer en Madrid colgaduras y banderas rojigualdas, y mucha gente se echó a la calle llena de entusiasmo para recibir a las tropas franquistas. Tras la firma de la rendición en el edificio del Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria, las tropas rebeldes ocuparon la ciudad en las horas siguientes sin encontrar ningún tipo de oposición.