thumb|260px|Discoteca Akuarela, antigua ACTV, en la Playa de la Malvarrosa (Valencia). La llamada Ruta Destroy (o Ruta del Bakalao, como se la conoció más mediáticamente) fue heredera directa de la «movida valenciana» y consistió en el mayor movimiento clubbing de España. Inició en ciertos aspectos el movimiento clubbing en el país, y tuvo consecuencias a largo plazo sobre la forma de ocio nocturno en España.
Consistía en una forma de ocio nocturno de miles de jóvenes entre las discotecas del área metropolitana de Valencia, sobre todo en la carretera de El Saler (CV-500), de entre las cuales destacaron salas como Barraca, Spook Factory, Chocolate, Espiral, NOD, Puzzle y ACTV, cada fin de semana, y sin apenas descanso, durante la década de 1980 y la primera mitad de los años 90.
Principales causas La Ruta Destroy se enmarca en el contexto de un país recién salido de una transición democrática tras la Dictadura franquista, que en otros ámbitos de la cultura tuvo consecuencias como el cine del destape. La legislación española, en todo lo tocante al ocio nocturno, era aún muy inmadura debido al legado del franquismo y estaba llena de vacíos legales, que aprovecharon los empresarios de estas discotecas. A esto se unió la menor preocupación e información sobre las drogas que había en el país.
Origen La semilla de la Ruta Destroy no tiene una fecha de origen claro. La década de los 80 estuvo marcada por la expansión de «La Movida» por toda España, especialmente la movida madrileña, la de mayor repercusión mediática y claramente marcada por el pop-rock español. A finales de esta década comenzó el fenómeno de los clubes entre varios establecimientos de ocio entre Cullera (Valencia) y Valencia comenzaba la particular «movida valenciana». En la transición entre los 80 y 90, el consumo de drogas, el VIH y ciertos cambios en la industria discográfica obligaron a la prensa e industria a poner atención a un fenómeno que había pasado desapercibido en Valencia, en el que había proliferado el consumo de música local no solo de la Comunidad Valenciana, sino de diferentes partes de España.
La «movida valenciana» actuó como potente catalizador para que una ingente cantidad de grupos extranjeros, principal e inicialmente británicos, se dieran a conocer en toda España a través de Valencia, desde donde dieron su primer paso en la península para después dar el salto al resto del país.
También acabó derivando en el culto a las discotecas, introduciendo en España una música de baile basada en sonidos de importación que asiduamente traían los pinchadiscos, valencianos o no, desde Londres, Mánchester y otras ciudades europeas. Esto derivó en la posteriormente llamada Ruta Destroy. El término «movida valenciana», de hecho, se ha extendido hasta incluir a la movida discotequera de la Ruta Destroy.
A finales de la década de 1970, en plena transición española y durante la era post-punk y new romantic (la llamada era new wave), la ciudad de Valencia empezó a modificar su creación musical y cultural. Empezaron a aparecer grupos musicales autóctonos con una marcada tendencia vanguardista y de una manera menos mediática que en Madrid. Se dice que mientras en Madrid los iniciadores del movimiento fueron Kaka de Luxe y Burning, en Valencia lo fueron, en 1979, La Banda de Gaal y seguidamente La Morgue. Grupos como Seguridad Social, Vídeo, Glamour, Comité Cisne, Betty Troupe, In Fraganti, La Morgue e Interterror lideraban una legión de artistas valencianos que apostaban por los nuevos sonidos llegados directamente del Reino Unido y de Alemania, y empezaban a poner de moda la imagen del post-modernismo de principios de los años 1980, con looks elegantes, sofisticados y estridentes, heredados y evolucionados de la era punk. En esa época, un local sobresalió entre todos por su amalgama cultural, Pyjamarama, pero hubo otros, como Bowie, Gasolinera, Tropical (que años más tarde se conocería como ACTV), Vídeo, Estandarte y Planta Baja.
Asimismo, debido a esta apertura en Valencia a sonidos no tan convencionales, muchos grupos extranjeros se introducían en España a través de Valencia, como el caso de Soft Cell. La gente empezó a interesarse cada vez más por estos sonidos de synth pop, new wave, rock gótico, etc., en su mayoría procedentes del Reino Unido, en una época con gran influencia de la canción ligera y de cantautor. En aquel momento, sin embargo, aún no había ninguna discoteca que realmente pinchase esa clase de sonidos. Dichos sonidos no iban ligados a la música de baile, que todavía estaba basada casi exclusivamente en música afroamericana (funk, los inicios del house, entre otras) y sonidos disco europeos como el italo disco, y por ello, todavía no se entendían como tal, por lo cual aún estaban relegados a las salas de conciertos y los bares de copas. Seguían existiendo exclusivamente las boîtes y salas de fiesta setenteras, tapizadas y llenas de espejos.
Fue a raíz de abrirse una sala llamada Oggi, auspiciada por el principal precursor y gurú de la movida discotequera, Juan Santamaría, cuando esos sonidos, y toda clase de rarezas electrónicas y guitarreras, eran pinchados para un público todavía muy selecto y con grandes inquietudes musicales y culturales. La sala no tardó en decaer por una serie de problemas, algunos de ellos relacionados con la heroína. Más adelante, la misma gente responsable de la sala Oggi se trasladó a la sala Metrópolis en un intento de agrupar a todas las tribus urbanas de Valencia (rockers, mods seguidores del garage rock o del ska y otros sonidos con marcada influencia sesentera, new romantic, punks, góticos, etc), tribus que por aquel entonces y durante todos los años 1980 fueron muy prolíficas. Esto no estuvo exento de problemas, ya que muchas de estas tribus urbanas rivalizaban entre sí, como los rockers y los mods. Hasta que la fiesta se trasladó a una sala llamada Barraca, en la zona de Las Palmeras de Sueca (Valencia).
Evolución y etapa dorada (1982-1990) Barraca La discoteca Barraca, ya veterana por aquel entonces, ya había destacado en los últimos años 1970 por querer diferenciarse de alguna forma del resto de salas estilo fiebre del sábado noche. Alrededor de 1980, Juan Santamaría recaló en esta sala para imprimirle su particular estilo tan ecléctico. En 1982 le sustituyó en cabina Carlos Simó, pinchadiscos muy influenciado por Santamaría, e imprimiéndole al estilo musical de la sala un énfasis aún mayor en la llamada «música blanca», o música de raíces blancas. Por lo tanto, a partir de entonces, aunque el eclecticismo era la nota dominante en las sesiones de Barraca, prácticamente desaparecieron otros sonidos como el blues, el rhythm and blues o y el jazz, que también tenían cabida con anterioridad junto con el habitual rock, pop y los sonidos de vanguardia, escuchándose «música blanca» que incluía a formaciones tan dispares como unos todavía desconocidos para el gran público, y todavía alternativos, Depeche Mode, U2 y The Cure; también gente como los influyentes The Smiths, Joy Division, herederos directos del punk como The Stranglers, The Clash (después Big Audio Dynamite), The Fall, Sigue Sigue Sputnik, Generation X y su integrante Billy Idol, Public Image Limited (PIL) y su integrante Jah Wobble, y los The B-52s; grupos de synth pop como A Flock of Seagulls, Visage y Ultravox, de pop-rock como Immaculate Fools, The Psychedelic Furs, The Fountainhead, B-Movie, Simple Minds, The Pretenders, A Popular History Of Signs, e incluso bandas australianas de garage rock como Screaming Tribesmen, Hoodoo Gurus, Lime Spiders y grupos de rockabilly como los Stray Cats, y tantos y tantos otros, en lo que fue un excelente combinado musical de música eminentemente indie de primera mitad de los 1980 y finales de los 1970, sin el ritmo pegadizo de la música negra, pero con más frescura que esta. La magia que irradiaba esta sala se contagió a todos los noctámbulos y tribus urbanas que la frecuentaban, reinando el buen ambiente y el espíritu cordial.
La empatía entre la gente hizo que el ambiente que se respiraba fuera único, a diferencia de las salas convencionales, donde el factor sexual era el dominante, por encima del musical y el de la diversión por puro placer, también llamado hedonismo, y acarreaba problemas entre clientes. Un hecho destacable en Barraca fue la importancia del plano teatral dentro de las mismas sesiones, aparte de los conciertos que también se daban en la sala. Y es que en esta etapa, las performances y las actuaciones teatrales de todo tipo eran un hecho habitual, hecho por el cual la sala pasó a ser un lugar de reunión de artistas y gente de mentalidad inquieta que creaba una cultura alternativa y diferente. Esto propició la atracción hacia esta sala de muchos personajes destacados en el panorama cultural, musical y social de la época en España, y debido también a su talante excepcionalmente tolerante para aquellos años, que atraía a la gente que huía de la vulgaridad que se respiraba en la mayoría de salas convencionales, y a su ambiente colorista, kitsch y estrambótico, donde incluso el maquillaje estaba bien visto en los varones heterosexuales, dado que el movimiento neo-romántico tuvo mucha influencia en Valencia, fue lo que la diferenció del resto. No en vano, se dice que era todo un espectáculo ver cómo vestía la gente habitual de Barraca, ya que por entonces muchos consideraban un ritual el hecho de vestirse para la fiesta.
Además, Barraca fue una de las primeras salas españolas donde hicieron aparición las drag-queens, como la famosa Faraona. Otros aspectos a destacar de esta sala fueron su pista giratoria, su piscina, donde la gente se bañaba de forma desinhibida, los caballos de tío-vivo, que se convirtieron en marca de la casa, y su terraza. Sus principales sesiones fueron las de sábado noche y domingo tarde-noche. Fue tal la importancia de Barraca en el amanecer de esta época, que al «sonido Valencia» se le denominaba por los propios valencianos, alrededor del año 1986, como «música barraquera».
Chocolate (discoteca) Poco después del comienzo de esta nueva y exitosa etapa en Barraca, apareció en escena otra discoteca, situada apenas a 200 metros de la primera. Se trataba de Chocolate. Los responsables de esta discoteca, anteriormente dedicada a sonidos funky y que se venía llamando Chocolate Cream, y aún antes, nave donde se almacenaba arroz, no quisieron dejar pasar la oportunidad de atraer a este público tolerante, abierto y tremendamente hedonista. Pero, en contraposición al colorismo de Barraca, Chocolate apostó por sonidos más oscuros y góticos, siguiendo una línea de eclecticismo musical. Su ambientación iba a la par con la música, ya que, a diferencia de Barraca, era una sala con una iluminación mucho más tenue en la pista de baile. Toni Vidal, más conocido como Toni El Gitano, fue su principal responsable musical esos primeros años, el cual pinchaba a gente como Bauhaus, Sisters of Mercy, Art of Noise, Throbbing Gristle, 400 Blows, Cabaret Voltaire, 1000 Mexicans, Anne Clark, The Lords of the New Church, Snowy Red, Shriekback, Attrition, Alien Sex Fiend, Minimal Compact, Trisomie 21 y muchas otras rarezas de corte mayoritariamente siniestro y oscuro, tanto en temas de guitarra como en temas electrónicos (en muchos casos electrónica y rock experimentales), aunque no faltaron sonidos más rabiosos como el punk de los Ramones y el garage rock y psychobilly (mezcla de rockabilly y música gótica) de The Cramps y de The Meteors y otros grupos similares con mucho guitarreo post-punk como The Fall o The Fuzztones. En definitiva se trató durante varios años de la principal sala de psicodelia y de música oscura de la región, donde Toni Vidal pinchaba entre otras cosas temas muy avanzados que experimentaban con la mezcla del rock y la electrónica.