Para el volcán, véase Volcán Zapatera.
Parque Nacional Archipiélago de Zapatera es un área protegida reconocida como parque nacional por el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (MARENA) que comprende la isla formada por el volcán Zapatera y diez islotes cercanos en el Gran Lago de Nicaragua o Cocibolca perteneciente administrativamente al departamento de Granada de este país centroamericano.
Con 52 kilómetros cuadrados de extensión, Zapatera, es la segunda isla en dimensión dentro del Lago de Nicaragua después de Ometepe.
También es un sitio arqueológico por la gran cantidad de estatuarias, petroglifos y cerámica precolombina que ha sido encontrada en la isla mayor y en otros islotes cercanos a sus costas, por lo cual se considera la zona fue un importante centro ceremonial de la antigua cultura prehispánica que la habitó, entre los años 800 y 1350 d. C.
Geografía La isla tiene un volcán dormido con una altitud de 629 metros sobre el nivel del mar ().
Está situada en una zona poco profunda y calmada del lago, conocida como "Charco Muerto", en su punto más cercano al noroeste, dista solamente un kilómetro de la costa.
Historia Zapatera fue visitada en 1849 por el diplomático estadounidense Ephraim George Squier, quien observó la presencia de una importante cantidad de estatuas y petroglifos en la zona de “Punta de las Figuras”. 30 años después, 1883, el naturalista sueco Carl Bovallius visitó la isla animado por lo reportado por Squier y realizó varios hallazgos importantes, entre ellos el descubrimiento de 25 estatuas en la zona conocida como Sonzapote (al nordeste), y petroglifos encontrados en el islote La Ceiba. El mexicano Felipe Pardines publicó sobre petroglifos en la Isla El Muerto a finales de la década de 1930. Las más recientes investigaciones arqueológicas se llevaron a cabo en la década de 1980 las que involucraron un número de excavaciones pequeñas, hace falta un estudio a profundidad de la isla.
Saqueos y la remoción de restos arqueológicos ha sido un problema persistente en Zapatera. Casi todas las estatuas fueron retiradas de la isla: una colección considerable se conserva en el Museo del Convento de San Francisco en Granada, pero muchos otros se utilizan como ornamento en edificios estatales o han parado en manos de coleccionistas privados. Los hallazgos más pequeños se han dispersado también en gran medida en colecciones privadas o colecciones de museos extranjeros.
Hallazgos Aunque las hipótesis de los arqueólogos varían en algunos aspectos, se ha llegado a determinar que la estatuaria de Zapatera y gran parte de la cerámica data del período de 800 a 1350 después de Cristo, y que fueron creadas por los Chorotegas, tribu ligada a la cultura indígena mesoamericano. Algunos arqueólogos indican que se han encontrado petroglifos y cerámicas de diferentes períodos, algunos incluso del año 500 antes de Cristo, y otros contemporáneos a la instalación de las colonias españolas en el país.
Las estatuas y la mayoría de los petroglifos y cerámica en Zapatera se han fechado entre 800 a 1350 DC y se atribuye a la cultura nativa Chorotega de Mesoamérica. Hallazgos de este período también incluyen figuras zoomorfas y utensilios en un estilo similar a ejemplos desde el continente. Algunos de los petroglifos y cerámica están fechados 500 AC, y otros son contemporáneos con las colonias españolas. Los hallazgos más prominentes de Zapatera fueron estatuas. De acuerdo a los registros, fueron talladas de basalto negro, generalmente entre 1 y 2,25 m de alto y más de 150 cm de diámetro. Ellos representan tanto a humanos como animales y se especula que representaron deidades o gobernantes de alto nivel. La mayoría se encuentra alrededor de montículos de tierra o de piedras, viendo hacia afuera, sugiriendo que formaron parte de un centro ceremonial. Sobre la base de grabados cerca de estos sitios se ha propuesto que puede haber sido parte de sacrificios humanos.
Fuente Los siguientes textos son una transcripción resumida del texto original del libro Antigüedades Nicaragüenses publicado en inglés en 1886 por el Profesor Carl Bovallius, miembro de la Sociedad de Antropología y Geografía de Suecia. Esta obra fue traducida al español y publicada en el año 2002, por el Fondo de Promoción Cultural del Banco de América (BANEXPO).Bovallius, Carl, “Antiguedades Nicaraguenses”, 1886, Swedish Society of Anthropology and Geography.KONGL. BOKTRYCKERIET. P.A. NORSTEDT & SÖNER, Estocolmo. Traducción al español por el Fondo de Promoción Cultural del Banco de América. 2002.
El editor del texto en este artículo hace un reconocimiento al filántropo Nicaragüense y amigo de la humanidad, Don Patrick Bolaños, por su generosidad en compartir la siguiente información, parte del texto original.
Se le advierte al lector, que el siguiente texto es una transcripción, lo más exacta posible, al texto original traducido, el cual fue escrito en 1886.
Antigüedades Nicaragüenses – Carl Bovallius Tuve allí varias veces la suerte de encontrar lugares bastante ricos en reliquias prehistóricas, o más bien precolombinas. Siendo como es muy poco lo que se sabe de arqueología centroamericana, y escasísimos además los libros sobre esa materia, especialmente en lo que toca a Nicaragua, me he propuesto describir brevemente y dibujar aquí los ídolos, petroglifos, objetos de cerámica, etc., descubiertos por mí en Nicaragua, en parte dibujados o fotografiados en el mismo lugar en donde fueron encontrados y en parte traídos aquí a Suecia. No pude, desafortunadamente, traerme ninguno de los ídolos; pero mi colección nicaragüense consta ahora de gran número de reliquias fácilmente transportables, cerámica en su mayor parte. Todo está ahora en el Royal Swedish State Museum.
Las láminas de esta obra son todas fotografías o dibujos míos hechos en Nicaragua. La mayor parte de los ídolos no habían sido dibujados ni descrito antes; algunos si fueron mencionados o dibujados por E. G. Squier (Nicaragua; its People, Scenery, Monuments, and the proposed Interoceanic Canal. New York, 1852), en su excelente obra sobre Nicaragua. Así encontré, sin embargo, al hacer comparaciones allí mismo, que algunos de los dibujos de Squier no concuerdan exactamente con los mismos ídolos, lo cual me indujo a publicar también los míos propios, que son seis.
Aunque este esbozo no pretende ser la historia de la América Central ni de Nicaragua siquiera, me he permitido hacer una somera exposición de los pocos e inconexos datos existentes acerca de las tribus que antiguamente poblaron Nicaragua, es decir de la época en que tal vez fueron esculpidos los ídolos que nos ocupan. Las fuentes ilustrativas de los anales de esas tribus y su cultura son, además de Squier, los viejos cronistas españoles Gonzalo Fernández de Oviedo, Juan de Torquemada (misionero), Herrera, y Juarros, las obras de Las Casas y Pedro Mártir, el libro de Thomas Gage, y también diversos apuntes de Gomara, Ixtlilxochitl, Dampier y otros.
Cuando en 1521 y 1522 Gil González de Ávila invadió la región que ahora ocupan Nicaragua y la zona noreste de la república de Costa Rica, estaba habitada por pueblos indígenas de cuatro cepas diferentes que pueden muy bien ser de distinto origen llegadas al país en épocas muy separadas unas de otras.
La costa atlántica, con su lujuriante vegetación pero húmedo clima y la región montañosa adyacente con sus dilatadas florestas primitivas, eran el domicilio de tribus más o menos nómadas que vivían en un bajo grado de civilización. Puede inferirse, no obstante —merced a ciertos datos que se leen en la relación del tercer viaje de Cristóbal Colón, así como en los escasos detalles que dan algunos bucaneros o filibusteros que merodearon por allí— que esos indios poseían una cultura y un nivel de vida más elevados que el de las hordas de moscos, ramas, sumos y otras que pueden considerarse descendientes de aquellos.
Debo impugnar aquí basado en mis propias observaciones, la alusión de Squier respecto de que las tribus nómadas de la costa atlántica de Nicaragua tienen parentesco con los Caribes y especialmente de que "los melchoras del Rio San Juan son evidentemente de cepa caribe". Todos los indios de las tribus sumo rama y melchora que yo vi y medí se acercan mucho más en usos y costumbres y características craneanas, a los talamancas y guatusos, y hasta a los indios mansos de Chontales y del norte de Nicaragua, que a los caribes de Honduras, quienes, como se sabe, son auténticos caribes, así como también a los indios magdalena de Colombia que se supone son de la misma cepa. La diferencia es tan grande hasta parecer probable que la suposición de Squier naciera de una confusión de nombres, sobre todo porque los españoles aplicaron el gentilicio de Caribe a todos los indios bravos de la costa atlántica de Nicaragua, mucho antes que los caribes de San Vicente —los últimos sobrevivientes de esa raza en las Indias Occidentales después de una larga y cruenta lucha por su libertad, fueron expatriados y llevados a Ruatan, de donde más tarde y por su propia voluntad se trasladaron a la Costa de Honduras.
Entre esta franja de terreno de la costa atlántica y los dos grandes lagos, el Xolotlán (Lago de Managua) y Cocibolca (Lago de Nicaragua), queda una región de tierras altas que se eleva gradualmente hacia los lagos y que según dejó escrito Oviedo estaba en su tiempo habitada por los chontales. Este nombre quedó perennizado en el "departamento de Chontales". Sus pobladores vivían en grandes pueblos y ciudades y se dedicaban a la agricultura. Posiblemente eran de la misma cepa —o de muy cercano parentesco— de la gran familia Maya que se extendiera sobre partes del este de Honduras y de Guatemala dando origen a la población de Yucatán. Esta hipótesis es admisible por el hecho de que varias palabras de su idioma son muy similares a sus correspondientes vocablos en lenguas mayas. Sus descendientes sean tal vez los poas, toacas, lacandones , y guatusos. Estos también viven en un estado de civilización muy inferior al de sus posibles antepasados.
Si la región oriental de Nicaragua, debido a sus casi impenetrables montañas y clima húmedo, es menos apropiada para asiento de una raza de gran cultura, la occidental, en cambio, es mucho más adecuada para tal fin y parece señalada por la propia naturaleza para convertirse en uno de los emporios de la civilización. Por sus fértiles planicies, valles risueños y cerros accesibles; por sus espléndidos lagos, apacibles ríos y umbrosas montañas, el país parece ideal para el más exigente poblador. Esa región, cuando llegaron los españoles, estaba densamente poblada y dividida en gran número de pequeños señoríos a los que pueden señalárseles dos diversas cepas, o troncos, de diferente idioma y carácter. Uno de ellos, el tercero de los vástagos de los cuales arranca la población de Nicaragua es el de los chorotegas o mangues. Ocupaban estos el territorio situado entre los dos lagos y toda la fértil planicie del oeste y norte del Lago de Managua hasta la costa del océano Pacífico y el Golfo de Fonseca.
Oviedo dice que esos fueron los aborígenes y primeros amos del país, pero no aporta ninguna prueba en apoyo de su aserto. Los chorotegas se dividen por lo general, en cuatro grupos, a saber:
1) Los cholutecas de las costas del Golfo de Fonseca, cuya principal población fue la presente ciudad de Choluteca, Honduras.
2) Los nagrandanos, entre el Lago de Managua y el Pacífico; su capital fue Sutiava, cerca de lo que hoy es León, Nicaragua.
3) Los dirianes, entre los lagos de Managua y Nicaragua hasta la costa del Pacífico; su poblado más grande fue Xalteva, hoy Granada, Nicaragua.