El territorio de la actual Comunidad Valenciana coincide en su mayor parte con el del histórico Reino de Valencia, el cual a lo largo de la historia ha recibido diversas denominaciones: así, a finales del se conocía como Región Valenciana y a partir de la Segunda República y sobre todo de la década de 1960 se ha venido empleando la forma no oficial (aunque se cite, junto a la denominación Reino de Valencia, en el preámbulo del Estatuto de Autonomía) de País Valenciano. También se usa por abreviar, Valencia, aunque este último puede llevar a confusión con la ciudad de Valencia o con la provincia de Valencia.

Su territorio, con capital en Valencia, está situado en el este y sureste de la península ibérica. También forma parte del territorio valenciano el archipiélago de las islas Columbretes, la Isla de Tabarca y otras islas menores e islotes cercanos a la costa, además del Rincón de Ademuz, un enclave separado totalmente del resto del territorio valenciano por el municipio conquense de Santa Cruz de Moya al sur, y al norte por el municipio turolense de Arcos de las Salinas. Tiene una superficie de 23.255 km², siendo la 8.ª comunidad autónoma más extensa de España. Está formada por las provincias de Alicante, Castellón y Valencia, y limita al norte con Cataluña y Aragón, al oeste con Castilla-La Mancha y Aragón, y al sur con la Región de Murcia.

Prehistoria

thumb|Localización de algunos de los yacimientos más importantes del Paleolítico y Epipaleolítico en la Comunidad Valenciana. thumb|150px|Escultura íbera de la Dama de Elche. Los primeros vestigios de poblamiento humano encontrados en la actual Comunidad Valenciana datan de hace 250 000 años (finales del Paleolítico Inferior), siendo los más antiguos encontrados hasta ahora los del yacimiento de Bolomor (Tabernes de Valldigna, Valencia); muy posiblemente, la presencia humana en la región date de más tiempo, pues se han encontrado restos de homínidos en otras partes de la península ibérica con 800 000 años de antigüedad (hombre de Atapuerca).

En el Paleolítico Medio (del 100.000 al 35.000 a. C.), el número de yacimientos aumenta a lo largo de la región. En la Cova Negra de Játiva (con pinturas rupestres) y en El Salt (Alcoy) se han recuperado restos del hombre de Neandertal datando de entre el 60000 y el 30000 a. C., fecha esta última en la que fue finalmente reemplazado por el Hombre moderno (Homo sapiens sapiens).

El Paleolítico Superior y el Mesolítico están bien representados en la región, pudiéndose citar las cuevas de Parpalló y Malladetes en Gandía para el primer periodo y la Cueva de la Cocina (en el macizo del Caroig, suroeste de la provincia de Valencia) para el segundo.

El Neolítico llegó a la Comunidad Valenciana hacia el 5.000 a. C.; la aparición de la agricultura y la ganadería, de origen foráneos, supuso una transformación en la ocupación y la explotación del territorio. El hábitat en cuevas, característico del Neolítico inicial y atestiguado en La Sarsa (Bocairente) y la Cueva del Oro (Beniarrés), fue dejando paso a los primeros poblados en las tierras llanas.

Hacia el 2.500 a. C. se inicia la metalurgia en la región, que muestra influencias y contactos del sudeste peninsular. El tamaño y la ubicación de los poblados, ahora en las laderas de las montañas, refleja una progresiva complejidad social. Del 1.000 a. C., en la Edad de Bronce tardía, data el poblado del Cabezo Redondo, cuyos habitantes acumularon el llamado tesoro de Villena, que representa el mayor conjunto de orfebrería de la prehistoria de la península ibérica.

Época antigua thumb|right|150px|El guerrero de Mogente, escultura ibérica contestana del o  a. C. Pueblos prerromanos El pueblo autóctono de la Comunidad Valenciana que se distingue frente a los posteriores colonizadores semíticos, griegos y romanos fueron los íberos, que se consolidaron en toda la fachada mediterránea comprendida entre el sur de Francia y el este de Andalucía. Al contrario de otras partes de España, en la región no hubo presencia celta.

Los íberos se dividían a su vez en diversos pueblos; en la zona sur de la Comunidad habitaban los contestanos, en el centro los edetanos, y en el norte los ilercavones. Aunque se conocen mal sus diferencias y similitudes, se sabe que estos tres pueblos íberos usaban la escritura en signario ibérico nordoriental.

Contestanos, edetanos e ilercavones mantuvieron relaciones comerciales marítimas con fenicios, griegos, y cartagineses, fundando los fenicios en la costa de la actual Guardamar del Segura la colonia de Herna.

La etapa romana

Según el tratado del Ebro firmado entre Roma y Cartago en el 226 a. C., las dos potencias mediterráneas se repartieron sus zonas de influencia respectivamente al norte y al sur del río Ebro. Con la fundación de Carthago Nova (Cartagena) por los púnicos en el 227 a. C., comienza una colonización progresiva cartaginesa del levante peninsular. thumb|right|175px|Primera división de Hispania en dos provincias: Citerior y Ulterior thumb|right|175px|División provincial de Augusto thumb|right|175px|División provincial de Diocleciano en 298. El ataque cartaginés en el 219 a. C. a la ciudad íbera de Sagunto, aliada de la colonia griega de Massilia e indirectamente de Roma, fue el pretexto que sirvió de desencadenante para la segunda guerra púnica entre cartagineses y romanos. Hispania se convirtió en uno de los teatros de las operaciones militares, lo que provocó que las tribus locales debiesen de pronunciarse como aliadas de una u otra potencia, mientras que se producía por primera vez la llegada de tropas romanas a Hispania y, tras la victoria romana en el 202 a. C., todo el litoral mediterráneo acabó sometido a la autoridad militar de Roma.

Bajo el dominio romano, los íberos se fueron integrando paulatinamente en la nueva organización política, económica y social y adquiriendo el latín como lengua; no existe constancia de revueltas indígenas como las que hubo en otras zonas íberas de España. La fundación, en el año 138 a. C. de Colonia Valentia Edetanorum, siendo cónsul romano Décimo Junio Bruto, dio origen a la ciudad de Valencia, mientras que la colonia íbera de Hélike fue ocupada y rebautizada como Colonia Julia Illici Augusta en el 27 a. C; estas dos fueron las únicas colonias romanas en la Comunidad.

Las ansias de la población autóctona de conseguir títulos romanos, tanto para las personas como para las ciudades, llevó a la división de la sociedad en clases. Las primeras ciudades en conseguir estatus jurídicos importantes fueron: Valentia, Illici Augusta (Elche), Saguntum, Bisgargis (¿el Forcall?), Edeta (Liria), Lucentum (anteriormente Leucant, Alicante), Saetabis Augusta (anteriormente Sitib, Játiva) y Dianium (Denia). A pesar de ello, las subdivisiones administrativas romanas de la Tarraconensis respetaron, en cierta medida, la anterior presencia territorial íbera de cada respectiva tribu, con las gobernaciones de Edetania, Contestania, e Ilercavonia.

Edad Media

Visigodos y bizantinos

El paso de los bizantinos y visigodos duró desde principios del hasta principios del , tiempo en el que la mayor parte del territorio estuvo sujeto al reino visigodo de Toledo, siempre envuelto en conflictos dinásticos y políticos, mientras que áreas del centro y sur estaban bajo dominación del Imperio bizantino (antiguo Imperio romano de Oriente), integradas en la provincia de Spania, hasta su expulsión definitiva de la península en el 620. La presencia bizantina al sur queda atestiguada por los descubrimientos arqueológicos en Elda y Rojales, ambos en la provincia de Alicante.

Parece también probable la existencia desde inicios del (año 713) de un Reino de Tudmir. No obstante, apenas existen pruebas arqueológicas de la presencia visigoda.

La etapa de Al-Ándalus

Las fuerzas del Califato Omeya entraron en España el 711 y batieron rápidamente a los visigodos; Abd al-Aziz, hijo del jefe de las fuerzas omeyas, pactó con Teodomiro, un conde visigodo establecido en Orihuela, por el que se le reconocía el señorío sobre la zona a cambio de aceptar la soberanía de los Omeyas y de pagar tributos. Se trató de un territorio cristiano autónomo dentro de Al-Ándalus, que contenía a la provincia de Alicante y parte de las de Valencia, Murcia y Albacete, y que se mantuvo hasta el 779, cuando la ciudad de Valencia se sublevó y fue destruida por Abderramán I. Desde entonces, la llegada de nuevos pobladores árabes y bereberes, y la creciente conversión de cristianos al Islam, permitió un mayor control del territorio por parte del Emirato de Córdoba. Aun así, hasta el (con las islamizaciones de Abderramán III) la población valenciana siguió siendo mayoritariamente cristiana. thumb|right|300px|Los reinos de taifas en el 1031 Tras la muerte de Almanzor en el 1030, el Califato de Córdoba se descompuso, dividiéndose Al-Ándalus en una treintena de estados independientes, los primeros reinos de taifas. En la Comunidad Valenciana surgieron la Taifa de Denia, la Taifa de Valencia y la Taifa de Alpuente.

En el 1065, Fernando I de Castilla atacó la ciudad de Valencia, retirándose sin haberla conseguido conquistar. La Taifa de Valencia fue incorporada seguidamente por la de Toledo, hasta que con ayuda castellana recuperó la independencia en 1076. En 1085, tras la conquista de Toledo por los cristianos y la muerte del rey de la Taifa de Valencia, fue elevado al trono de esta taifa Al-Qádir, el antiguo rey de la Taifa de Toledo, con la ayuda militar de Alfonso VI de Castilla.

En esta situación confusa, Rodrigo Díaz de Vivar (apodado el Cid Campeador), un luchador mercenario castellano desterrado por el rey Alfonso VI de Castilla, hizo tributarias a las taifas de Albarracín y Alpuente, y se dedicó a proteger a Al-Qádir (aliado de los cristianos) de los ataques de la Taifa de Zaragoza y de las revueltas populares. Sin embargo, tras una revuelta proalmorávide en Valencia, Al-Qádir fue asesinado, lo que llevó al Cid a conquistar la ciudad en junio de 1094. Tras su muerte en 1099, los almorávides tomaron el control de toda la Comunidad en el 1102, a pesar de la resistencia ofrecida por los lugareños cristianos establecidos con la ayuda de la Corona de Aragón y del ejército del Cid. A mediados del , fueron desplazados por los almohades.

Desde el punto de vista económico, las tierras de la región valenciana fueron hasta el rurales, sin centros urbanos importantes. Fue a partir del califato y, sobre todo, de los primeros reinos de taifas, cuando aparecieron los sistemas de regadío de la región, como la Huerta de Valencia, la Vega Baja del Segura o las huertas de Elche y Alicante. La demanda de productos de lujo por la clase dominante en los reinos de taifas impulsó la actividad artesanal y el comercio. En Játiva fue donde se estableció la primera fábrica de papel de todo Occidente.

Aunque la presencia musulmana se alargó durante ocho siglos, en un contexto generalmente pacífico, hay pocos restos arquitectónicos de la época, ya que los cristianos aprovechaban la infraestructura existente para construir sobre ella, pero abundan las piezas de orfebrería, cerámica, etc., y, sobre todo, han perdurado sus sistemas de regadío y el Tribunal de las Aguas de Valencia.

thumb|right|210px|Formación cronológica del Reino de Valencia y de la actual Comunidad Valenciana. Los territorios adquiridos entre 1232 y 1245 fueron conquistados a los musulmanes por Jaime I de Aragón; el valle de Ayora y la mitad sur de la provincia de Alicante fueron originalmente conquistados por el Reino de Castilla, y fueron cedidos al Reino de Valencia entre finales del y principios del . La villa de Caudete, isla del Reino de Valencia en territorio manchego, pasó a pasar administrativamente a Castilla a principios del . Las comarcas de Villena y de Requena-Utiel pertenecieron durante todo el Antiguo Régimen a la Corona de Castilla, pero fueron incluidos en las provincias de Alicante y de Valencia tras la nueva división territorial de España de mediados del