Se entiende por arquitectura dzong o jong (en dzongkha: རྫོང, en transliteración Wylie: rdzong) al estilo en que se construyeron una serie de fortalezas-monasterio en las regiones del sur del Himalaya, visible especialmente en Bután y el Tíbet. Los espacios, patios y edificios quedan definidos por una construcción masiva de muros encalados pautados con torres. A menudo se alzan en lo alto de colinas o promontorios, y sus elementos fundamentales son el utse, la torre principal, y el shabkhor, los edificios que rodean los dochey o patios. La madera está presente a nivel estructural, en sus ventanas y arcadas, así como en sus decoraciones talladas. Estas fortificaciones se construyeron con fines militares, religiosos (servían de hogar a monjes budistas) y administrativos: en Bután, muchos dzongs conservan aún estos propósitos y albergan las sedes de gobierno de sus distritos, además de acoger festivales religiosos como el tsechu.
Estos edificios surgieron en los primeros siglos del segundo milenio, partiendo de la arquitectura de las torres defensivas himalayas y los palacios de los antiguos reyes tibetanos (khar). En sus orígenes, el término designaba los lugares sagrados donde había meditado Gurú Rinpoche, pero con el tiempo pasó a referirse a las fortalezas monásticas. Su época de esplendor fue el siglo , cuando el quinto dalái lama mandó a construir el Potala y el Shabdrung Ngawang Namgyal unificó Bután bajo su dominio, consolidó su poder basándose en los dzongs y estableció el sistema de gobierno dual —con un líder religioso y otro secular—. En el siglo , el reino butanés ha continuado erigiendo esta clase de estructuras siguiendo los principios tradicionales.
La arquitectura dzong ha ejercido una influencia significativa en el resto de edificaciones de Bután, que incorporan parte de sus formas y elementos ornamentales. En el Tíbet, tras la Revolución Cultural y la invasión china, muchos fueron destruidos y solo sobrevivieron el Potala y las ruinas del dzong de Gyantse; las autoridades tibetanas reconstruyeron posteriormente algunos, como el de Shigatse. En el reino butanés se conservan numerosos ejemplares, aunque son vulnerables a incendios, terremotos e inundaciones, lo que ha exigido frecuentes obras de restauración y medidas de prevención. La Unesco declaró al Potala Patrimonio de la Humanidad en 1994, mientras que en 2012 Bután propuso la inclusión de las fortalezas de Punakha, Wangdue Phodrang, Dagana, Paro y Trongsa.
Etimología
El primer término conocido para este tipo de edificios es «phodrang», que probablemente proviene de la India y aparece en varias ocasiones en el Kanjur. En Bután y el Tíbet, la palabra «dzong» hacía referencia a elementos de la naturaleza sencillos, como rocas y piedras, y dicha acepción se sigue conservando en la actualidad. Los diccionarios tibetano-inglés de Jäschke y Das (1881 y 1902) traducen la palabra como «castillo» o «fortaleza», aunque Chandra Das añade el significado moderno de «sede de un magistrado de distrito y recaudador».El texto original en inglés: «headquarters of a district magistrate and revenue officer». El académico butanés Khenpo Phuntsok Tashi apunta como posible origen al término «durga» en sánscrito, que quiere decir «indestructible» y que aplicado a un lugar significaría «fortaleza indestructible». Este paralelismo se basa en uno de los libros sobre el vastu shastra, el cual usa la palabra para fortificación y durga indistintamente.
Phuntshok Tashi los describe como lugares «donde uno está protegido y la mente puede florecer». Esta interpretación refleja su significado en la sociedad butanesa: fortalezas que albergan tanto al poder político como al religioso. En las fuentes literarias, el vocablo surge durante la segunda expansión del budismo. En los documentos de esa época, la palabra «dzong» habla de los lugares que visitó Gurú Rinpoche (Padmasambhava) en el siglo y que obtuvieron cierta notabilidad mística. Ingun B. Amundsen teoriza que la interpretación moderna podría deberse a que el término adquirió una connotación más amplia; los lugares de meditación de Gurú Rinpoche, aunque pequeños, poseían «poder espiritual». «Dzong», por tanto, se convirtió en una palabra viable para que los gobernantes, muy relacionados con el estamento religioso, describieran sus edificios, que destacaban por su escala y por el esfuerzo invertido en ellos. Amundsen señala que es habitual que las palabras «tengan un significado en el ámbito religioso y otro en el cotidiano», por lo que las dos acepciones del término, como «lugar sagrado» y «lugar de protección mundana», pueden coexistir y superponerse, en especial porque las construcciones posteriores también funcionaban como sedes monásticas.
Historia
Contexto y precedentes
miniatura|El Himalaya marca la frontera entre el sur del Tíbet y la actual Bután. Las incursiones entre ambos territorios provenían de sus puertos.
Los dzongs se desarrollaron a lo largo de los siglos, con diferentes condiciones religiosas y socioeconómicas, así como en el marco de contiendas civiles y sectarias. Incluso en tiempos más pacíficos, los pueblos butaneses y tibetanos guardaban sus posesiones con recelo ante el peligro de nuevas guerras. La arquitectura era un reflejo de las medidas de seguridad necesarias: las personas rara vez ocupaban la planta baja de sus casas y las escaleras se podían replegar en caso de ataque. En los períodos de guerra, buscaban refugio en las fortificaciones más cercanas, que solían alzarse en lo alto de las colinas. Los gobernantes aprovecharon estos complejos defensivos para la expansión y el control, y también contribuyeron a la dominación territorial. Durante la dinastía Yarlung (siglos -) los fuertes locales ejercían autoridad sobre sus distritos; los anales de la dinastía Tang (618-907) mencionan que había una fortaleza por cada 50km de territorio. Durante el reinado de Songtsen Gampo (627-650), los tibetanos afirmaban que en el área que posteriormente sería Bután vivían «los bárbaros de la frontera y los bárbaros de más allá»; en el sur del Tíbet eran comunes los asaltos y robos, como demuestran los restos de torres en la zona. Las personas del lado butanés opinaban lo mismo de los tibetanos, y buscando protegerse también construyeron fortificaciones.
Aunque la función de las torres antiguas era defensiva, a su vez podrían haber sido «medios de comunicación con el cielo». Tal es el caso de las denominadas «torres demoníacas» de Kongpo, que tienen forma de mandala de doce esquinas y están agrupadas en grupos de tres. Textos chinos de los siglos al describen también construcciones con una pequeña base cuadrada de cuatro a cinco metros. Las viviendas con torres fortificadas podrían haber contado con un piso superior en voladizo, de manera similar a la arquitectura tradicional de Himachal Pradesh; la única estructura parecida de la que se tiene constancia en Bután estaba en Wangdue Phodrang. Estos antiguos edificios son los precedentes del utse, la atalaya principal de un dzong: el tibetólogo Rolf Stein define las torres como «los prototipos de la arquitectura tibetana en general». Partiendo de su arquitectura surgieron los khars, los palacios fortificados de los gobernantes. Uno de los más antiguos que se conserva es el Yungbulakang, en el valle de Yarlung (Tíbet), aunque lo reconstruyeron en la década de 1980 tras los daños que sufrió durante la Revolución Cultural. Posee un tejado elevado a modo de claraboya, que permite el paso de la luz a través del entrepiso de la segunda planta, además de que contribuye a la ventilación. Esta disposición podría ser una versión temprana del yangtok, un tipo de techado butanés.
miniatura|Los palacios khar fueron los precedentes de la arquitectura de los dzongs. En la imagen, el Yungbulakang.
Muchas de las familias nobles de Bután remontan sus raíces a la dinastía Yarlung y sus primeros reyes. El Langdarma, la crónica del príncipe Tsangma, narra que el hermano del emperador Langdarma (siglo ) viajó por todo Bután, dejando tras de sí vástagos, quienes crearon lo que evolucionó en linajes nobiliarios. La historia cuenta en varias ocasiones que estos hombres usurparon y construyeron castillos reales (rgyal mkhar). El escrito además menciona la presencia de fortalezas cabeza de distrito (yul mkhar) y atalayas de vigilancia (mkhar mthon). Los topónimos que incluyen el término «mkhar» aluden a antiguos principados feudales identificados por los palacios-fortaleza de sus señores, con frecuencia enfrentados entre sí. Con el tiempo, la mayoría de estos dominios locales acabaron conquistados, y en algunos de los antiguos enclaves reales las ruinas de sus khars dieron paso a la construcción de dzongs.
La expansión del budismo y los dzongs
A partir del cambio de milenio, la segunda expansión del budismo aceleró el ritmo con el que se construían templos y monasterios de mayor tamaño e importancia. Estos centros acumularon tesoros que requerían de protección y, a su vez, aumentó la rivalidad entre las distintas facciones religiosas, lo que propició los conflictos. En un principio, castillos y conventos se levantaban por separado, pero con el tiempo ambos modelos se integraron en monasterios fortificados concebidos como asentamientos defensivos. En ellos, las construcciones exteriores conformaban un perímetro cerrado y contaban con diversas medidas de protección. La primera fuente butanesa que emplea la palabra «dzong» es la biografía de Phajo Drugom Zhigpo (1208-1276), primer lama documentado del linaje Drukpa Kagyü, procedente de Ralung (Tíbet), quien se trasladó a la región occidental de Bután. El texto ilustra una etapa en la evolución del término, cuando pasó de designar lugares de meditación a referirse también a monasterios fortificados con autoridad normativa sobre los distritos locales, en línea con las prácticas de los gobernantes seculares. Algunas fortalezas anteriores al siglo se conservan casi intactas, como el dzong Dobji (distrito de Paro), que se erige en un emplazamiento sagrado desde el siglo o antes. Por otra parte, el lama tibetano Gyalwa Lhanangpa fundó el linaje Lhapa, la primera escuela en establecer un dominio significativo en el oeste del actual reino. Esta introdujo un modelo de administración basado en las fortalezas, siguiendo la tradición ya asentada en el Tíbet.
Jangchub Gyaltsen (1302-1373), primer príncipe-abad de la dinastía Phagmodrupa (1354-1435), fue quien consolidó ese modelo administrativo. Durante su gobierno se proclamó como la autoridad espiritual y secular, siguiendo el precedente de los líderes de la doctrina Sakya, e impulsó la restauración de una «verdadera realeza tibetana» libre de soberanía extranjera. El dzong de Gyantse se fundó hacia 1365 como palacio laico sin templos integrados, en la colina donde el último rey de la dinastía Yarlung había situado su residencia. En 1390 se estableció un gran templo junto al palacio y, entre 1418 y 1425, se fundó en las inmediaciones la ciudad monástica amurallada de Palcho. En Shigatse hay una separación análoga entre el monasterio de Tashilhunpo (1447) y el dzong que domina la cresta. Estos siglos constituyeron un período en el que la arquitectura palaciega influyó notablemente en la religiosa.