El primer gobierno de Martínez Barrio fue un ejecutivo español formado por una coalición de centro-izquierda que ejerció sus funciones en 1933, durante la Segunda República. Fue presidido por el político radical Diego Martínez Barrio con el encargo de disolver las Cortes y celebrar nuevas elecciones. Celebró unos comicios que diversos historiadores consideran los más limpios celebrados hasta entonces en España y que supusieron un claro giro hacia la derecha, rechazó las peticiones de algunos políticos de izquierda de ignorar el resultado y reprimió una insurrección anarcosindicalista. Una vez concluida su misión, dio paso a un nuevo gobierno de centro-derecha presidido por el también radical Alejandro Lerroux.

Antecedentes

La derrota del gobierno izquierdista de Manuel Azaña en las elecciones para el Tribunal de Garantías Constitucionales del 3 de septiembre de 1933 fue interpretada por muchos como la constatación de que el Parlamento no reflejaba ya la correlación de fuerzas realmente existente, tal como venía diciendo la oposición. El Presidente Alcalá-Zamora retiró la confianza a Azaña y el 8 de septiembre encargó a Alejandro Lerroux la formación de un nuevo ejecutivo. Tras vencer diversas dificultades, Lerroux formó el día 12 un gobierno de coalición de diversos partidos republicanos sin la participación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Sin embargo, la actitud desafiante de Lerroux en su discurso del 2 de octubre ante las Cortes hicieron que estas —incluidos los socios del gobierno salvo el Partido Republicano Radical (PRR) del propio Lerroux y el mermado Partido Republicano Radical Socialista (PRRS)— apoyaran una moción de desconfianza presentada por el PSOE, lo que supuso la caída del ejecutivo. Es posible que el líder radical quisiera obtener del presidente de la República el encargo celebrar nuevas elecciones, pero aunque Alcalá-Zamora decidió que había que disolver las Cortes no fue Lerroux el encargado de organizar los comicios.

El PSOE había ido modificando su programa reformista de los primeros tiempos de la República. La presión de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la impaciencia respecto a los resultados de sus reformas legislativas y, particularmente, los sucesos de Casas Viejas, impulsaron la radicalización de un sector del partido. Aunque Indalecio Prieto defendía la continuidad en el gobierno, Julián Besteiro y Francisco Largo Caballero —desde posiciones antagónicas— eran partidarios de pasar a la oposición. Largo defendía posiciones cada vez más claramente revolucionarias pero, a pesar de ello, se sintió muy ofendido cuando los socialistas fueron excluidos del gobierno de Lerroux.

Intentos fallidos

El artículo 75 de la Constitución permitía al presidente de la República nombrar libremente al Presidente del Gobierno, salvo «que las Cortes les negaren de modo explícito su confianza». El PSOE interpretaba que este precepto impedía que Alcalá-Zamora propusiera como jefe de gobierno a cualquiera de los ministros del cesado ejecutivo lerrouxista. Sin embargo, el presidente no compartía esta opinión. Renunció a proponer de nuevo a Lerroux y encargó la formación de gobierno al independiente Felipe Sánchez-Román, pero desistió porque este insistía en no incluir ministros catalanes. A continuación hizo el encargo a otro independiente: el antiguo ministro de la monarquía José Manuel Pedregal, que ni siquiera era parlamentario y que fue rechazado por las dos fracciones en que se había dividido el PRRS. En tercer lugar, el presidente confió la misión al también independiente Gregorio Marañón. Este encontró el obstáculo de que el Partido Republicano Radical Socialista Independiente (PRRSI) de Marcelino Domingo exigía la participación del PSOE en el gobierno mientras que el PRR de Lerroux se oponía tajantemente, por lo que también renunció. Otro independiente que fue tanteado fue Adolfo González Posada, con idéntico resultado. De esta forma, los intentos del presidente de encargar la celebración de las elecciones a un independiente fracasaron por la oposición de los partidos, tanto los republicanos de izquierda como el radical.

La formación del gobierno

180px|thumb|derecha|Tras fracasar con cuatro independientes, Alcalá-Zamora propuso al radical Martínez Barrio como jefe de gobierno.

Tras cuatro intentos fallidos, el presidente renunció a proponer a otro independiente y volvió a intentar un gobierno encabezado por un radical. Pero, puesto que Lerroux había sido rechazado por las Cortes, recurrió al número dos del partido: Diego Martínez Barrio. Este se encontró con que Azaña (Acción Republicana) y Marcelino Domingo (PRRSI) exigían la participación del PSOE en el nuevo gobierno. Como el Partido Radical se oponía a la presencia socialista, ambos líderes propusieron al candidato visitar a Lerroux en su domicilio. Ya entrada la noche, el líder radical los recibió y, quizá por no parecer intransigente, aceptó contar con los socialistas como socios de gobierno. A continuación, Azaña visitó al socialista Indalecio Prieto para ofrecerle la vuelta al gobierno, pero los socialistas rechazaron dicha posibilidad invocando su propia interpretación del artículo 75 de la Constitución, según la cual Martínez Barrio no podía presidir el gobierno por haber sido ministro en el ejecutivo rechazado por el parlamento. Azaña pidió a Prieto que expusiera por escrito su rechazo, pero este no lo hizo. Podría parecer que el motivo era la avanzada hora —las cinco de la madrugada para entonces— pero posteriormente los socialistas se quejaron públicamente de que habían sido expulsados del gobierno, lo que escandalizó a Azaña. De esta manera, el camino quedó despejado para un ejecutivo de coalición entre partidos republicanos sin participación socialista. Este fue integrado por tres ministros radicales, tres radicales socialistas -uno de ellos del PRRS, otro del PRRSI y un tercero no adscrito a ninguna de las dos fracciones-, uno de Acción Republicana, otro de Izquierda Radical Socialista (IRS), uno de la Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), otro del Partido Republicano Gallego (PRG) de Casares Quiroga y otro del Partido Republicano Progresista (PRP) creado por el propio Alcalá-Zamora. Además había dos ministros independientes, uno de ellos Rico Avello en el Ministerio de la Gobernación para asegurar la imparcialidad del proceso electoral. Varios de los nombres del gobierno anterior se repetían en este, pero muchos radicales se sintieron molestos por la ausencia de su líder. El 9 de octubre se publicó en la Gaceta de Madrid el nombramiento del nuevo gobierno y al día siguiente se publicó el decreto de disolución de las Cortes constituyentes.

Años más tarde Lerroux acusó a Alcalá-Zamora de conspirar contra él al designar a Martínez Barrio, pero lo cierto es que en aquel momento no puso objeción alguna al nombramiento, mostró una total confianza en su segundo y transigió al aceptar la participación de los socialistas en el gobierno. Lo importante era que el gobierno encargado de organizar las elecciones iba a estar presidido por un radical. Y, aunque el poder del ejecutivo ya no era tan grande como en la época de la Restauración, su capacidad para influir en el resultado a través de los gobernadores civiles seguía siendo notable. El Partido Radical preveía una espléndida victoria en las urnas obteniendo unos 170 puestos en las Cortes y convirtiéndose en la primera fuerza política por delante de la derecha.

Composición

El gobierno quedó compuesto por las siguientes personas:

Cartera Nombre Partido100px Presidente Diego Martínez Barrio Sevilla, 1883 Partido Republicano Radical100px Estado Claudio Sánchez-Albornoz y Menduiña Madrid, 1893 Acción Republicana100px100px Justicia Juan Botella Asensi (hasta el 29 de noviembre de 1933) Alcoy (Alicante), 1884

Domingo Barnés Salinas

Sevilla, 1879 Izquierda Radical Socialista Partido Republicano Radical Socialista100px Guerra Vicente Iranzo Enguita Cella (Teruel), 1889 Independiente100px Marina Leandro Pita Romero Ortigueira (La Coruña), 1898 Partido Republicano Gallego Hacienda Antonio Lara Zárate Santa Cruz de Tenerife, 1881 Partido Republicano Radical100px Gobernación Manuel Rico Avello Villanueva de Trevías (Asturias), 1886 Independiente100px Obras Públicas Rafael Guerra del Río Las Palmas de Gran Canaria, 1885 Partido Republicano Radical100px Instrucción Pública y Bellas Artes Domingo Barnés Salinas Sevilla, 1879 Partido Republicano Radical Socialista100px Trabajo Carles Pi i Sunyer Barcelona, 1888 Esquerra Republicana de Catalunya100px Industria y Comercio Félix Gordón Ordás León, 1885 Partido Republicano Radical Socialistasinmarco|127x127px Comunicaciones Emilio Palomo Aguado Santa Cruz de la Zarza (Toledo), 1898 Partido Republicano Radical Socialista Independiente100px Agricultura Cirilo del Río Rodríguez Castellar de Santiago (Ciudad Real), 1892 Partido Republicano Progresista

Las elecciones

La campaña

El gobierno levantó las restricciones a la propaganda política que había impuesto el ejecutivo de Azaña a principios de año, lo que incrementó la libertad de expresión. Un ejemplo de ello fue la celebración de lo que se considera el acto fundacional de Falange Española, un mitin celebrado el 29 de octubre en el Teatro de la Comedia en el que hablaron José Antonio Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda y Alfonso García Valdecasas. El evento se celebró bajo protección policial y sin ningún incidente.

300px|thumb|derecha|La mayor libertad que dio el Gobierno permitió celebrar el mitin fundacional de Falange Española, en el que intervinieron Alfonso García Valdecasas, Julio Ruiz de Alda y José Antonio Primo de Rivera.

Las elecciones de noviembre de 1933 se rigieron por una ley electoral aprobada en julio, durante el tercer gobierno de Azaña. Además de añadir el derecho de sufragio femenino, se mantenía básicamente el sistema electoral mayoritario ya aplicado en 1931. Las circunscripciones electorales eran las provincias y las ciudades de más de 150.000 habitantes, lo que las reducía en número respecto a 1931. Las listas eran abiertas y cada elector podía votar a un número de candidatos inferior al de puestos a cubrir, de forma que quedara una pequeña representación para la minoría. Para ser elegido en primera votación había que obtener el 40% de los votos. Los puestos que no quedaban cubiertos pasaban a una segunda ronda a la que podían concurrir todos aquellos candidatos que hubieran recibido el 8% de los votos. La intención de Azaña era impulsar la unión de las izquierdas; si esta no se obtenía en la primera vuelta, confiaba en que la necesidad obligaría a alcanzarla en la segunda. Las advertencias de Alcalá-Zamora en el sentido de que el sistema favorecería a las derechas no republicanas fueron desestimadas.

Azaña confiaba en que el PSOE apoyara esa unión de las izquierdas, pero los socialistas estaban ya embarcados en un intento de hacerse con el poder en solitario y solo pactaron con los republicanos en algunas circunscripciones. Por su parte, a pesar de que algunos republicanos —como el ministro de Estado Sánchez-Albornoz— propugnaban que la coalición gubernamental fuera también electoral, lo cierto es que los republicanos se presentaron divididos. Azaña no hizo ningún esfuerzo para establecer pactos con los radicales de Lerroux, lo que dejó a los republicanos de izquierda tremendamente expuestos al riesgo de una dura derrota electoral.

Por su parte, las derechas se presentaron unidas en un Frente Único de Derechas liderado por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) de Gil Robles e integrado también por Renovación Española, Comunión Tradicionalista, Liga Catalana y el grupo que se convertiría poco más tarde en el Partido Agrario. Con el apoyo de la Iglesia católica y los sectores económicamente poderosos utilizó de manera masiva novedosos métodos de propaganda.