El primer gobierno de Lerroux fue un ejecutivo formado por una coalición de centro-izquierda que se desarrolló en España durante la Segunda República. Alejandro Lerroux, líder del Partido Republicano Radical (PRR), fue designado Presidente del Consejo de Ministros por el presidente Alcalá-Zamora el 8 de septiembre de 1933. Después de superar bastantes dificultades, el día 12 formó un gobierno de concentración republicana que incluía al propio PRR y a otros partidos republicanos situados a su izquierda. Tras el discurso de presentación del gobierno por Lerroux, que fue muy mal acogido por diversos grupos parlamentarios, el 3 de octubre de 1933 el Gobierno caía víctima de una moción de desconfianza presentada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y apoyada por varios de los partidos miembros de la coalición.
Antecedentes
El Partido Republicano Radical (PRR) había sido fundado en 1908 por Alejandro Lerroux y había sido el núcleo central de la Alianza Republicana desde la época de la Dictadura. Había participado en el llamado Pacto de San Sebastián en 1930 y en el Comité Revolucionario que conspiró contra el régimen monárquico. Pese a ello, tras la proclamación de la República Lerroux pudo percibir la desconfianza de sus aliados hacia su persona debido a su pasado político, lo que conllevó una cierta marginación de su partido pese a su importancia. El ministro Indalecio Prieto calificaba abiertamente a Lerroux de «facineroso» a pesar de ser compañeros de gabinete, y al viejo líder republicano no le gustaban unos colegas socialistas que presumían abiertamente de superioridad moral. El PRR se convirtió tras las elecciones de 1931 en la segunda fuerza política tras el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Una vez aprobada la Constitución, los radicales consideraron culminado el pacto fundacional de la República, cumplida la labor de la conjunción republicano-socialista y creyeron que no tenía sentido mantener la presencia socialista en el ejecutivo. La rivalidad entre los dos mayores partidos hizo que Lerroux fuera vetado por los socialistas para presidir el gobierno que debía sustituir al segundo gobierno provisional presidido por Manuel Azaña. Se abría así un foso entre el Partido Radical, partidario de abrir sus puertas hacia el centro, y los partidos republicanos de izquierda encabezados por Azaña y deseosos de romper con el pasado. La consecuencia era que los radicales no podían aspirar a presidir el gobierno mientras permanecieran en él los socialistas, razón por la que abandonaron el gobierno a mediados de diciembre de 1931, tras la elección de Alcalá-Zamora como Presidente de la República.
200px|thumb|izquierda|Manuel Azaña presidió el gobierno entre 1931 y 1933 y su ambición y planes políticos chocaron con los de Lerroux
Aunque el gobierno de izquierda presidido por Azaña tuvo una considerable estabilidad, los sucesos de Casas Viejas marcaron el comienzo de su declive. Pese a que los radicales reclamaron el poder y se planteó varias veces la posibilidad de formar un gobierno de coalición integrado exclusivamente por republicanos —incluidos los radicales— sin la participación de los socialistas, Azaña desechó expresamente esa opción en un trascendental discurso pronunciado el 14 de febrero de 1933 en el que ratificó el pacto con el PSOE. Las elecciones municipales parciales de abril de 1933 dieron a las diversas fuerzas de oposición más del doble de concejales que a la coalición gubernamental, y sugirieron que la mayoría podría haber perdido el apoyo popular, lo que volvió a plantear la posibilidad de un gobierno estrictamente republicano sin socialistas.
El disgusto del Presidente de la República por la Ley de Congregaciones llevó a Alcalá-Zamora a promover la entrada de los radicales en el gobierno para rectificar el rumbo político. Sin embargo, tras el fracaso de otros candidatos, el nuevo ejecutivo formado en junio de 1933 fue finalmente presidido también por Azaña y siguió sin contar con los radicales. La continuista composición del gobierno Azaña provocó el enfado de Lerroux y su partido, pero ambos apoyaron las nuevas leyes de Orden Público y de Vagos y Maleantes, probablemente para no provocar la animadversión de los republicanos de izquierda a los que deseaban como socios de gobierno. El propio líder reconoció que la obstrucción parlamentaria realizada con anterioridad había sido derrotada.
El discurso del líder socialista Francisco Largo Caballero se fue radicalizando progresivamente, y ya en agosto de 1933 manifestaba su desconfianza en la vía parlamentaria y derivaba hacia posturas revolucionarias. Por otro lado, los resultados de las votaciones mostraban una descomposición de la mayoría «social-azañista». El Partido Radical Socialista se dividía en dos tendencias contrapuestas: una dirigida por Félix Gordón Ordás partidaria de la colaboración con los radicales y recelosa de los socialistas, y otra liderada por Marcelino Domingo y seguidora de la línea marcada por Azaña de colaboración con el PSOE. Simultáneamente, el presidente Alcalá-Zamora buscaba influir en Diego Martínez Barrio, segundo de Lerroux en el PRR. De esta forma, se fue formando un variopinto frente de oposición en el que los radicales estaban acompañados por la patronal, la CNT, la derecha no republicana, los radical socialistas de Gordón, los nacionalistas regionales moderados, los republicanos conservadores y el propio Presidente. Aunque el Gobierno parecía estancado por las divisiones y la ineficacia, y pese a que desde finales de julio hubo reuniones que mostraban un deseo de formar un ejecutivo de unidad republicana sin socialistas, los republicanos carecían de unidad y de una estrategia común. También dificultaban el acuerdo la ambición personal de Gordón, la incapacidad de Azaña para negociar con los radicales y la pasividad de Lerroux.
El 3 de septiembre se celebraron elecciones para que los municipios de catorce regiones y el Parlamento de Cataluña eligieran a quince de los vocales del Tribunal de Garantías Constitucionales. Pese a que la composición de las corporaciones era favorable a la coalición de gobierno, esta obtuvo solo 17.859 votos frente a los 32.829 de los diversos partidos de la oposición. Diez de los vocales elegidos eran de la oposición; cuatro de ellos del Partido Radical. Los resultados volvieron a ser muy desfavorables para la mayoría gubernamental y confirmaron en muchos la creencia de que las Cortes no representaban ya la correlación de fuerzas existente en la sociedad.
La formación del gobierno
200px|thumb|derecha|El presidente Alcalá-Zamora provocó la caída del tercer gobierno de Azaña
A pesar de los adversos resultados de las elecciones al Tribunal de Garantías Constitucionales, Azaña defendió el día 6 de septiembre en las Cortes la continuidad de su Gobierno atribuyendo su derrota electoral a «la desorganización del sufragio republicano». Por su parte, Lerroux le advirtió de que, si continuaba la coalición gobernante, «se perderán las elecciones municipales, las elecciones generales y la República». Sin embargo, el ejecutivo mantuvo el apoyo de la Cámara gracias al apoyo unánime proporcionado por los grupos de la mayoría, incluidos los radicales socialistas críticos. El planteamiento de Azaña era que mientras mantuviera una mayoría parlamentaria podía mantenerse en el poder, y que sería un atentado contra la democracia renunciar a la presidencia por presiones de los grupos que pedían su caída. En cuanto a los socialistas, consideraban que habían llegado al poder como resultado de una revolución que había creado un nuevo régimen político en abril de 1931, y que de dicho régimen solo se podría salir avanzando hacia el socialismo; no retrocediendo. Sin embargo, el presidente Alcalá-Zamora retiró su confianza a Azaña y le obligó a dimitir al día siguiente.
La situación colocaba al Presidente de la República ante una situación similar a la que se había producido en junio y que había dado lugar a un nuevo gobierno presidido por Azaña. Descartando agotar la legislatura, Alcalá-Zamora intentó cambiar la mayoría gubernamental. Al abrir consultas el presidente con los grupos, Lerroux defendió la necesidad de formar un gobierno estrictamente republicano y proceder a disolver las Cortes. Los radicales socialistas expresaron a Alcalá-Zamora la «conveniencia» de la continuidad de los socialistas en el ejecutivo, pero la «necesidad» de que participara el Partido Radical. El resto de los grupos de la mayoría defendieron un gobierno de concentración republicano-socialista. El mismo día 8, el presidente encargó a Lerroux la formación de un nuevo gobierno que restableciese la «fraternal inteligencia entre todas las fracciones republicanas», pero no accedió a otorgarle el decreto de disolución de las Cortes.
La misión que afrontaba el líder radical estaba llena de dificultades, pues debía alcanzar un entendimiento gubernamental con quienes habían sido sus adversarios hasta la víspera y alcanzar el apoyo de una cámara que él mismo había dicho «me es hostil». Su primera intención fue nombrar un gobierno de notables con personalidades de prestigio. Intentó recurrir a los independientes José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Felipe Sánchez-Román. También sonaron los nombres de Salvador de Madariaga, Juan Moles y el general Franco. Asimismo, intentó designar a personalidades con afiliación pero sin contar con sus partidos. Fue el caso de Mariano Ruiz-Funes y Agustín Viñuales, de Acción Republicana; y de Ramón Feced y Domingo Barnés, del Partido Radical Socialista. La tentativa fracasó porque los independientes rehusaron participar y los partidos rechazaron un procedimiento que entendían les restaba autoridad. De hecho, incluso de entre las mismas filas radicales se plantearon discrepancias. Por ejemplo, el leridano José Estadella advirtió a su jefe de filas de que el nombramiento de Moles provocaría «un grave daño al radicalismo leridano».
Fracasado el proyecto del gobierno de notables, Lerroux pasó a contar con los republicanos de izquierda. El grupo parlamentario de Acción Republicana acordó el día 9 no oponerse al gobierno de Lerroux y prestar su colaboración, si bien evitando la participación de Azaña. Muy distinta fue la postura de la minoría radical socialista al día siguiente. Aunque Gordón defendió la participación en el gobierno, se opusieron expresamente Marcelino Domingo, Ángel Galarza, Jerónimo Gomáriz y el líder del grupo parlamentario, Emilio Baeza. El argumento de Gordón de que le correspondía tomar la decisión al comité ejecutivo del partido —en el que tenía mayoría— fue rechazado por la mayor parte del grupo, que acordó requerir a Lerroux que incluyera en su gabinete a los socialistas o, al menos, les pidiera una oposición moderada. Puesto que el líder radical se negó a aceptar la petición, el grupo radical socialista rechazó la participación en el gobierno por trece votos a doce. El rechazo radical socialista no gustó en Acción Republicana, pero siguió el criterio de su aliado y acordó no colaborar tampoco en el nuevo gabinete.