El Euskaltel-Euskadi fue un equipo ciclista español dependiente de la Fundación Ciclista Euskadi-Euskadiko Txirrindularitza Iraskundea, siendo el proyecto para el que se creó dicha institución en 1993. La formación permaneció en activo desde 1994 hasta 2012, primero con su denominación original Euskadi y desde septiembre de 1997 incorporando en su nombre a la empresa Euskaltel, que sería su patrocinador principal hasta la disolución de la escuadra; el resto del presupuesto procedía de la Fundación Euskadi, mediante aportes de instituciones públicas (Gobierno vasco y las tres diputaciones forales vascas, especialmente la vizcaína), empresas colaboradoras (caso de Orbea) y socios particulares.

La singularidad del equipo radicó en que todos sus corredores eran originarios del País Vasco, Navarra o País Vasco francés, o habían formado parte de las categorías inferiores de algún equipo de los territorios antes mencionados (el Euskadi al que hacía referencia el nombre del equipo, cuyo maillot incluyó en ocasiones la leyenda Pays Basque). En ese contexto, y siendo uno de los objetivos de la formación dar la oportunidad de debutar como profesionales a jóvenes procedentes de la cantera vasco-navarra (especialmente los provenientes de su filial Olarra/Orbea), sus corredores solían obtener mejores resultados en pruebas montañosas.

Inicialmente un equipo modesto, desde 2001 compitió en la máxima categoría UCI del momento, comenzando en la Primera División y después como UCI ProTeam (con acceso al circuito de élite ProTour, posteriormente WorldTour), pudiendo así participar en las principales carreras del calendario. El creador y máximo responsable del proyecto a lo largo de su existencia fue Miguel Madariaga, mientras que la gestión deportiva pasó por distintas etapas en las que actuaron como principales directores Txomin Perurena, Julián Gorospe e Igor González de Galdeano.

Entre los ciclistas que pasaron por sus filas destacaron Roberto Laiseka, Iban Mayo, Haimar Zubeldia, Íñigo Landaluze, Aitor González, el campeón olímpico Samuel Sánchez, Igor Antón, Mikel Nieve. Además, pasaron por sus filas jóvenes que después lograrían buenos resultados en otros equipos, como Igor y Álvaro González de Galdeano, Joseba Beloki o Aitor Osa, además de ser, en el año de su estreno, el último equipo en que militaría un ya veterano Peio Ruiz Cabestany.

En el momento de la disolución de la escuadra Euskadi era el segundo patrocinador con más años en las carreteras a nivel mundial (19), solo superado por el belga Lotto (27); en esa última temporada había sido el equipo en activo que durante más años había mantenido el mismo nombre.

Inicios Creación El sueño de Pradera y Madariaga miniatura|Vista de la ciudad francesa de Lourdes, donde al paso del Tour de Francia se gestó el proyecto de Pradera y Madariaga que daría lugar a la Fundación y su equipo. La historia del equipo se remonta a inicios de la década de 1990: José Alberto Pradera, entonces diputado general de Vizcaya, solía acudir a los alrededores de Lourdes para presenciar el Tour de Francia con Miguel Madariaga (chófer de la Diputación, además de masajista y mánager del equipo aficionado Beyena) y otros amigos. En la primera de esas visitas Pradera, aficionado al ciclismo, quedó especialmente impresionado por el PDM neerlandés, cuyos ciclistas y auxiliares se encontraban en la misma brasserie que ellos; después, charlando en una terraza, planteó a Madariaga la creación de una formación propia que pudiera disputar el Tour.

En las sucesivas visitas anuales Pradera fue desarrollando la idea de crear un nuevo equipo ciclista profesional vasco, compuesto por corredores de la zona y con una estructura similar a la de un club: los aficionados vascos se convertirían en socios que aportarían una cuota anual para el sostenimiento económico del proyecto. En el Tour de 1992 el diputado general quiso consultar su opinión a Manolo Saiz, director de la puntera escuadra ONCE: el cántabro se mostró escéptico sobre la viabilidad de un modelo inédito en el ciclismo, pero Pradera y Madariaga se agarraron a su sentencia final (“Si en algún sitio puede salir adelante es en Euskadi”) y se embarcaron en la gestación del nuevo proyecto.

Durante el siguiente año Pradera y Madariaga fueron trabajando en la idea, participando también en dicho desarrollo el jefe de prensa de Pradera en la Diputación vizcaína, Juan Carlos Urrutxurtu, otro apasionado del ciclismo. Hablaron entre otros con el periodista guipuzcoano Jaime Ugarte, presidente de la Federación Vasca y director de las carreras organizadas por El Diario Vasco: la Vuelta al País Vasco y la Clásica de San Sebastián, así como el espectáculo polideportivo de las Seis Horas de Euskadi.

El 17 de junio de 1993 se creó, bajo el nombre de Fundación Ciclista de Euskadi, una fundación privada con personalidad jurídica propia y con independencia de actuación, sin ánimo de lucro, con la intención de fomentar, promocionar y divulgar el ciclismo y la cantera vasca. Según se detallaba en sus estatutos, podrían correr en el equipo ciclistas nacidos en los territorios históricos de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava o Navarra, así como aquellos ciclistas foráneos que hubieran militado en categorías inferiores en un equipo de alguno de los territorios antes mencionados.

Construcción: fichajes y disensiones internas miniatura|Palacio de la Diputación Foral de Vizcaya, en Bilbao. El diputado general José Alberto Pradera fue uno de los principales impulsores del proyecto. Al paso del Tour de Francia 1993 por Andorra a mediados de julio, Pradera y Madariaga se desplazaron al principado para sondear a diversos ciclistas profesionales y tentarles para que integraran, junto a jóvenes procedentes de aficionados, la primera plantilla del nuevo equipo profesional de la Fundación Euskadi para 1994. El escepticismo entre los corredores sobre las posibilidades de que el proyecto que se les planteaba saliera adelante fue la nota dominante en dichas conversaciones.

Ya de vuelta, el 31 de julio (día de San Ignacio de Loyola, patrón de Guipúzcoa y Vizcaya) tuvo lugar en la sede de la Diputación Foral de Vizcaya una reunión para la que Pradera convocó entre otros a Marcos Guerediaga (presidente de la S. C. Amorebieta), José Luis Ibáñez Arana (expresidente de la RFEC, y candidato a presidir la Fundación) y Madariaga (quien estaba previsto que fuera uno de los consejeros). Posteriormente se distribuyeron 25.000 cartas entre particulares y empresas con el objetivo de reunir apoyo para el proyecto, pero pese a la buena acogida de la iniciativa fue difícil recaudar fondos para el proyecto.

El primer ciclista que se comprometió con el proyecto fue el veterano Juan Carlos González Salvador (Eldor-Viner), y posteriormente harían lo propio Pello Ruiz Cabestany (Gatorade) y Xabier Usabiaga (CLAS-Cajastur). Cabestany, quien se había planteado retirarse ese mismo año tras un alarga carrera como profesional, fue convencido por Jaime Ugarte, miembro de la junta gestora, para que continuara al menos un año más en activo integrado en las filas del debutante equipo vasco. De forma paralela a esas contrataciones se produjeron desavenencias entre los responsables, al considerar algunos (como Madariaga) que en casos como el de Cabestany se estaban ofreciendo sueldos desorbitados.

Con los primeros contratos con ciclistas profesionales procedentes de otros equipos ya firmados, y durante una comida celebrada en las faldas del puerto de Autzagane, Ugarte llegó a un acuerdo con Txomin Perurena para que fuera el director deportivo del equipo; su segundo director sería José Luis Laka, director del equipo aficionado Café Fortaleza (anteriormente Beyena) que gestionaba Madariaga.

Sin embargo, al comprobar las dificultades económicas tanto Ugarte como Ibáñez Arana abandonaron la iniciativa del proyecto, mientras seguían embarcados en ella Urrutxurtu, los hermanos Miguel y Javier Madariaga, Guerediaga y Julián Eraso (organizador de la Bicicleta Vasca). En la siguiente reunión, Pradera asignó la presidencia de la Fundación Euskadi a Miguel Madariaga.

Perurena se desplazó en septiembre a Cataluña, donde estaba teniendo lugar la Volta, para tratar de encontrar nuevos corredores con experiencia profesional, especialmente alguien que pudiera ejercer como jefe de filas. Perurena se encontró con problemas para cumplir su objetivo, ya que al escaso presupuesto y la limitación de la propia filosofía se sumaba que los principales corredores vascos ya estaban comprometidos para la siguiente temporada. Se realizaron sendas ofertas a Iñaki Gastón y Fede Etxabe (ambos ciclistas del CLAS-Cajastur que terminaban contrato), pero los dos corredores vizcaínos terminaron renovando para integrarse en la potente fusión Mapei-CLAS; el propio Gastón había reconocido que no le satisfacía unirse al modesto proyecto vasco al contar con mejores ofertas tanto en el plano económico como en el deportivo. En esa tesitura, el principal objetivo de Perurena durante su visita a la ronda catalana fue la contratación de Javier Murguialday (Amaya Seguros). A mediados de octubre ya estaba confirmada la plantilla.

La consejería de Cultura del Gobierno vasco, en una orden fechada el 23 de septiembre y publicada en el boletín oficial del 7 de octubre, reconoció e inscribió a la Fundación Ciclista de Euskadi. La primera junta quedó compuesta por Miguel Madariaga como presidente y su hermano Javier (presidente de la Federación vizcaína) como vicepresidente, mientras que entre los vocales figuraban entre otros Guerediaga, Eraso y el exciclista Paco Galdós, además de Ugarte, su colaborador Enrique Erentxun e Ibáñez Arana.

Presentación en Aránzazu y presupuesto inicial La presentación oficial del proyecto tuvo lugar el 30 de septiembre en Bilbao; en ese momento contaba con 3.021 socios (siendo la cuota anual de 5.000 ptas para los menores de 21 años y de 10 000 ptas para los mayores), 30 empresas fundadoras (que aportaban un millón cada una) y 350 empresas colaboradoras (100.000 ptas cada una). Entre quienes ya se habían hecho socios figuraban unos por entonces preadolescentes Igor Antón y Amets Txurruka. El logotipo de la Fundación Euskadi consistiría en tres conos rojos tumbados (con el vértice a la izquierda y la base a la derecha) entre los que se intercalaban dos conos verdes de menor tamaño e idéntida disposición, todo ello sobre un fondo blanco, coincidiendo así sus colores (rojo, verde y blanco) con los de la ikurriña.

miniatura|Santuario de Aránzazu, donde tuvo lugar la presentación del primer equipo del Euskadi el 6 de diciembre de 1993, tras unos días de convivencia en sus alrededores de Urbía. El presupuesto anunciado en diciembre para su primera temporada era de 180 millones de pesetas (325 millones si se sumaba el valor de los vehículos, prendas, bicicletas y demás material cedidos por las empresas colaboradoras). El directivo Juan Carlos Urrutxurtu declaró que la Fundación había cubierto el 70% de dicho importe, a través de la aportación de sus 3.450 socios y 720 empresas y comercios del entorno. El presupuesto efectivo de la escuadra sería finalmente de 127 millones de pesetas, prácticamente lo reunido hasta entonces.

El exdirector del extinto equipo amateur Cajamadrid intentó emular ese novedoso modelo de financiación para crear un equipo profesional madrileño, y la Junta de Castilla y León estudió un proyecto similar en su comunidad autónoma. Sin embargo, al contrario que en el caso vasco ninguno de estos otros planes de crear un equipo ciclista mediante suscripción popular llegó a hacerse realidad.