miniaturadeimagen|Inflación en Argentina (1980-1993). La década perdida de América Latina es un término empleado para describir las crisis económicas sufridas en América Latina durante la década de 1980 (y que para algunos países continuaron hasta bien entrada la década siguiente). En general las crisis se componían de deudas externas impagables, grandes déficits fiscales, y volatilidades inflacionarias y de tipo de cambio, que en la mayoría de los países de la región era fijo.

En general Durante los años 1970, el alza del precio de las materias primas (principalmente el petróleo) y el abaratamiento del dólar desembocó en el arribo masivo de divisas a Latinoamérica, región que por aquel entonces se debatía entre un modelo de industrialización dirigido desde el Estado o un modelo de mercado. Para 1980, el menor precio de las materias primas y el alza de las tasas de interés en los países industrializados generó una fuga de capitales, lo que provocó una masiva depreciación de los tipos de cambio, aumentando el tipo de interés real de la deuda, o el colapso industrial provocado por su incapacidad de respuesta a la crisis, la mayoría de las naciones debieron abandonar sus modelos económicos de industrialización por sustitución de importaciones y adoptaron una estrategia de crecimiento orientada hacia las exportaciones, estrategia fomentada por el Fondo Monetario Internacional, aunque hubo excepciones como Chile o Costa Rica que brevemente adoptaron estrategias reformistas. La tasa de crecimiento real del PIB (producto interno bruto) para la región fue de sólo 2,3% entre 1980 y 1985. Entre 1982 y 1985, América Latina pagó 108 mil millones de dólares en intereses por las obligaciones vencidas.

Para inicios de la década de 1990, América Latina ya estaba recuperándose de la crisis, la cual sin embargo reconfiguró el panorama económico de la región: Aquellos países que previamente habían sido las potencias regionales como Argentina, México y Venezuela quedaron con diversas secuelas que no han sido superadas, mientras que naciones más rezagadas como Chile, Brasil, Perú y Colombia han destacado en las últimas décadas por un alto crecimiento económico y un mayor bienestar social en términos relativos.

Por país Argentina Desde inicios de la década de 1950, la economía argentina atravesó un estado de malestar casi permanente, con tasas de crecimiento irregular y una inflación que con el paso de los años no hacía más que aumentar, tornando insostenible el manejo de la economía. En 1975, el ministro de Economía del Gobierno de María Estela Martínez de Perón, Celestino Rodrigo, aplicó un plan de shock que sería conocido como el "Rodrigazo", que buscaba controlar la espiral inflacionaria pero únicamente logró que la situación económica empeorara, representando un quiebre en la historia económica del país.

En marzo de 1976, asumió el poder el régimen militar autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, el cual inició una serie de reformas macroeconómicas, principalmente mediante un proceso de apertura económica marcado por la masiva llegada de importaciones, lo que provocó el declive de la industria nacional, con un importante aumento del desempleo sumado a numerosas corridas bancarias y quiebras empresariales, generando una serie de devaluaciones a partir de 1979, produciéndose un intenso malestar social, el cual se agudizó tras la fallida Guerra de las Malvinas en 1982, lo cual selló el retorno de la democracia al año siguiente.

Al asumir Raúl Alfonsín en 1983, se intentó reactivar el modelo de sustitución de importaciones, sin muchos resultados. En 1985 fue lanzado el "Plan Austral", concebido bajo la supervisión del FMI. Pese a su éxito inicial, una política económica demasiado expansiva provocó que la Argentina no pudiese concretar sus pagos, lo cual se tradujo en un gradual deterioro económico que llegaría a su más álgido punto entre 1989 y 1990, con dos escenarios de hiperinflación. En 1989 fue elegido Carlos Menem, quien luego de un nuevo acuerdo con el FMI en 1990 emprendió una serie de políticas liberales como la masiva privatización de empresas públicas y la paridad del peso y el dólar, lo cual redujo la inflación a costo de un mayor desempleo, hecho que quedó manifestado con la crisis de 1998-2002.

Bolivia

Después de haber tenido un gran auge económico durante la década de los años 70, la economía boliviana empezó a experimentar una desaceleración en cuanto al crecimiento de su producto interno bruto y una alta inflación y un aumento indiscriminado de la deuda.

Históricamente, la economía boliviana se basaba en la minería de estaño. En 1982, Estados Unidos anunció la venta de sus grandes reservas de estaño, hecho por el cual el precio de dicho material bajó a nivel mundial, afectando duramente a Bolivia que en esos años dependía de la minería extractiva, ya que la industria de hidrocarburos aún no se hallaba suficientemente desarrollada.

Después de un largo periodo de golpes y dictaduras militares en Bolivia, en octubre de 1982 retorna la democracia al país de la mano del presidente Hernán Siles Zuazo. Una de sus primeras medidas fue regresar al tipo de cambio oficial, pero con control de cambios. La fijación del tipo de cambio se hizo después de devaluar el tipo de cambio oficial del sistema precedente, en un 77%. Junto con el retorno al tipo de cambio fijo y, en principio único, el recientemente instalado gobierno democrático dispuso un incremento sustancial de los precios de los bienes y servicios provistos públicamente, “desdolarizó” los contratos entre residentes que se habían concertado con cláusula dólar, y aumentó significativamente el salario mínimo, al mismo tiempo que anunció que tres meses después, se implantaría un sistema de indexación de remuneraciones al costo de vida.

En mayo de 1984, el gobierno, presionado por los sindicatos obreros, declaró una cesación temporal de sus pagos a los bancos comerciales internacionales. Esta declaración tuvo un efecto contrario al esperado, ya que en vez de aliviar la situación de endeudamiento, lo agravó al abrir un frente con organismos oficiales de financiamiento.

La agudización de la inflación produjo un deterioro político de significación. El Presidente Siles Zuazo fue forzado por la oposición a llamar a elecciones anticipadas en octubre de 1984, medida inconstitucional, pero que constituía una salida posible no violenta.

Posteriormente, luego de un proceso de hiperinflación del peso boliviano, el 28 de noviembre de 1986, el presidente Víctor Paz Estenssoro firmó la ley para la puesta en circulación, el 1 de enero de 1987, de una nueva moneda nacional enteramente convertible, el boliviano, equivalente a un millón de pesos y con un tipo de cambio flexible con relación al dólar y que después de un periodo de transición pasó a ser la única moneda legalmente aceptada a partir del 1 de enero de 1987. En ese momento 1 dólar valía 1,8/1,9 millones de pesos y 1 boliviano era aproximadamente equivalente a 1,80 dólar estadounidense.

Brasil Durante la década de 1970, el régimen militar aprovechó los altos precios del petróleo para explotar sus "ventajas comparativas" con el objetivo de profundizar su industrialización y así conseguir un elevado crecimiento económico entre 1974 y 1980, a costa de un endeudamiento y una inflación crecientes. Para 1981, Brasil se vio en graves problemas para pagar sus obligaciones al subir la tasa de interés, lo que derivó en la imposición de un plan de austeridad que intentó infructuosamente reducir los abultados déficits fiscales. La situación económica causó una importante crisis política que en 1985 puso fin a 20 años de dictadura militar en Brasil y el regreso de la democracia al alero del Partido Social Demócrata.

Para entonces, se hizo imperativa la necesidad de adoptar una política fiscal que pudiera mantener al sector público sin recurrir a la inflación. El "Plan Cruzado" de 1986 fue el primero y más importante de tres shocks económicos de tendencia heterodoxa emprendidos con el objetivo de neutralizar la inflación mediante controles de precios. Sin embargo, una serie de errores (principalmente el ignorar la situación del sector público) significó el fracaso de estos mientras la inflación seguía acelerándose a fines de los años 1980.

En 1990, el gobierno de Fernando Collor de Mello inició una serie de reformas libre mercadistas, que intentaron remediar, entre otras cosas, el retraso tecnológico de Brasil producido por el estricto proteccionismo de las décadas de 1970 y 1980. Si bien la inflación finalmente fue controlada, los recortes sociales y la escasez de dinero circulante causaron una crisis de carácter político y social que se mantuvo tras la destitución de Collor en 1992. Su sucesor, el vicepresidente Itamar Franco nombró como Ministro de Finanzas a Fernando Henrique Cardoso, quien entre 1993 y 1994 desarrolló el Plan Real, el cual estabilizó la economía mediante una mayor liberalización de la economía, paridad con el dólar y balance presupuestario.

Chile

miniaturadeimagen|Panfleto chileno llamando a la protesta incluyendo un cacerolazo en 1983. La Crisis económica en Chile de 1982 tuvo lugar durante la Dictadura Militar encabezada por el general Augusto Pinochet, luego de años de reformas económicas. Entre 1977 y mediados de 1981, la economía pasó por un período de expansión económica ("milagro chileno") marcado por el bajo precio del dólar. Sin embargo, para fines de 1981 la alza de las tasas de interés y el menor precio del cobre provocaron un sobreendeudamiento, lo que sumado a la desventajosa situación de la industria nacional frente a las importaciones significó una técnica paralización de la economía, frente a la cual el gobierno intentó sortear con medidas de corte keynesiano. En junio de 1982, el gobierno devaluó el peso en un 100%, subiendo el precio del dólar de $39 (valor fijo desde 1979) a $78, liberalizándose el mercado cambiario de un sistema fijo a un modelo híbrido en agosto de aquel año.

El 13 de enero de 1983, el Estado chileno realizó una masiva intervención de los bancos, interviniendo cinco y disolviendo otros tres. Para 1984 el Estado controlaba más la economía que el gobierno socialista de Salvador Allende previo al golpe militar. Debido a los escasos resultados de las reformas, a partir de 1985, la dictadura militar modificó el rumbo económico con el nombramiento de Hernán Buchi como Ministro de Hacienda, trayendo consigo un largo período de alto crecimiento económico que se extendería hasta entrados los años 90.https://datos.bancomundial.org/indicator/NY.GDP.MKTP.KD.ZG?end=1989&locations=CL&start=1984

Los partidarios de la política liberal de la Dictadura han sostenido que la crisis nació fuera de Chile y afectó a toda Latinoamérica en la llamada Crisis de la deuda latinoamericana. Los historiadores Gabriel Salazar y Julio Pinto Vallejos han respondido que este tipo de crisis son debilidades inherentes del modelo liberal, o en su defecto, de su brusca implementación. Fue la peor crisis económica en Chile desde la Gran Depresión de 1929 y la crisis económica de 1973. El PIB chileno se redujo un 14,3% y el desempleo aumentó al 23,7%. La crisis ha sido indicada como el detonante de una ola de protestas contra la dictadura militar, que se extendieron por años al mantenerse deficientes los indicadores sociales.

Colombia Durante los años 80 Colombia experimentaba un proceso de diversificación de la industria del café. Aunque la crisis de deuda no tuvo consecuencias totalmente directas en Colombia, con los que se sobrellevó la situación, aunado con el desempeño en general excelente de la industria local.https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4897843.pdf+&cd=5&hl=es-419&ct=clnk En esa década la economía colombiana mantuvo su crecimiento en un promedio del 5 % anual. si tuvo que enfrentar una situación interna muy adversa debido al recrudecimiento del Conflicto armado interno contra las guerrillas y los carteles.

Costa Rica