thumb|282x282px|San Antonio Abad y San Pablo de Tebas. Pintura de Diego Velázquez
La Orden de san Pablo, Primer eremita u Orden Paulina (en latín: Ordo Sancti Pauli Primi Eremitae) es una orden religiosa católica fundada en el en Hungría por el Beato Eusebio de Esztergom .
La Orden Paulina empezó como un movimiento en honor al religioso ermitaño cristiano san Pablo de Tebas (228-342), que posteriormente se sometió a la regla de San Agustín, y se extendió por todo el mundo a países como Polonia, Italia, Alemania, España, Portugal y Latinoamérica. Fueron monjes paulinos húngaros los primeros religiosos que arribaron a América con Cristóbal Colón y comenzaron el proceso de evangelización.
Historia de la Orden Inicio thumb|200px|right|Pius Przeździecki thumb|right|200px|Capilla paulina en la cueva de la Montaña Gellért, en Budapest, Hungría. La aparición de los ermitaños en Hungría fue un suceso paralelo con la llegada del Cristianismo. Estos vivían junto a arroyos y en montañas de manera pacífica, alejados de la civilización. No tenían ningún orden o jerarquía específica, sin embargo debían obedecer las disposiciones de los obispos de las diócesis donde habitaban.
Los registros húngaros más antiguos que han quedado hasta la actualidad pertenecen a la comunidad de eremitas de Mecsek. El obispo de Pécs, Bartolomé, hizo construir cerca de 1225 un claustro para los ermitaños en la montaña Jakab, entre las colinas Patacs y Ürög. Igualmente se encargó de que estuviesen provistos de amplios terrenos bajo su observación y les otorgó un reglamento básico. Cerca de 1250 el beato Eusebio se convirtió en el guía de los eremitas que habitaban en la colina de Pilis, donde construyó el monasterio llamado Sancta Crux tras haberse mudado con otros seis religiosos.
La formación de la Orden Paulina es conocida a través del documento Vitae fratum. En éste, el beato Eusebio se dirige al papa Urbano IV, para que les permitiese vivir bajo la Regla de San Agustín. De esta forma en 1263 el Papa confió a Pablo, obispo de Veszprém, que si consideraba que la orden podía sostenerse por sí misma, fuese reconocida. Sin embargo, el obispo húngaro consideró que ya que sus bienes eran pocos, solamente podían vivir estos siete religiosos bajo esta regla monástica.
Los eremitas seguidores de Eusebio que habitaban en las diócesis de Pécs y de Eger solamente pudieron reunirse en comunidades de forma lenta y paulatina, sin embargo para 1290 ya existían muchos claustros paulinos en Transilvania y Croacia. En 1291 los paulinos le pidieron a Lodomero, arzobispo de Estrigonia, y a Benedek, obispo de Veszprém, que les confirmasen, lo cual fue hecho por los dos jerarcas católicos. Así en 1297 Andrés, obispo de Eger, amplió las reglas y las reforzó ante la cada vez más creciente cantidad de eremitas que surgían por todo el reino.
En 1308 el cardenal Gentilis, enviado del papa Clemente V permitió personalmente a los paulinos que siguiesen la Regla de san Agustín, tras lo cual permitió en una carta de 1309 la constitución formal de la Orden. De esta manera, a partir de 1309 los paulinos se reunían anualmente en el monasterio de la montaña de San Pablo, sobre Buda, sitio que se convirtió en el centro principal de la orden.
En 1327 el papa Juan XII pidió a Ladislao, arzobispo de Kalocsa, que le informase sobre las condiciones de vida de los paulinos. El arzobispo resumió en un breve documento llamado Vitae fratrum, donde especificaba que la orden paulina contaba con cerca de 30 monasterios, los cuales podían mantener cerca de 20 religiosos cada uno. Aparte de ellos vivían otras decenas de eremitas en soledad, alejados de los centros religiosos, refugiados en bosques.
En 1328, tras la petición del rey Carlos I Roberto de Hungría, recibieron la primera carta de privilegios papales. En esta, el papa Juan XII permitía la aplicación de la regla agustiniana, la elección de un prior que los condujese, y los liberaba del pago del diezmo. En 1340 el director de la inquisición húngara, Juan el Teutónico, negoció con el prior paulino, y otorgó a la orden 4 residencias para eremitas, tras lo cual al tiempo donó otras más. En 1341, el Papa les permitió el uso de hábitos blancos en vez de los grises que llevaban en ese momento, para que fuesen distintos de los eremitas mendicantes. En 1352 el papa Clemente VI dio autorización para que los laicos y demás personajes que viviesen cerca de los monasterios paulinos pudiesen ir a confesarse con los religiosos.
Expansión de la Orden en Hungría y Europa thumb|right|200px|Ruinas del monasterio paulino de Martony, en Hungría Entre 1341 y 1347 un grupo de nobles de la región de Martony construyeron los monasterios paulinos de Martony y de Háromhegy, tras lo cual el rey Luis I de Hungría donó varios monasterios más para la orden, entre los cuales el más famoso es el de Marianostra. Ante la petición del rey húngaro, el papa Gregorio XI eximió a los paulinos y a sus monasterios de la obediencia a sus respectivas diócesis en 1377 y los sometió directamente a Roma. En 1381 el rey obtuvo de Venecia las reliquias del santo patrón de la Orden, san Pablo de Tebas, y éstas fueron colocadas en el monasterio de Szentlőrinc. El rey entonces consagró Hungría a San Pablo, lo que motivó numerosas peregrinaciones tomaron lugar hacia dicho monasterio. miniaturadeimagen|200x200px|Monasterio paulino de Jasna Góra, en Polonia Tras la muerte de su tío el rey Casimiro III de Polonia, el rey húngaro heredó el trono polaco, reinando en ambos estados. Esto propició a que en 1382 Luis I (probablemente por iniciativa del Duque Ladislao de Oppel) fundase el primer monasterio paulino en Polonia, el cual fue conocido como Jasna Góra. Este santuario, que posteriormente adquirió enorme importancia para los polacos, comenzó con 16 religiosos húngaros que partieron de Marianostra a Polonia para ocuparse del monasterio. En 1384 se construyó otro monasterio en Gerény.
En el se fundaron numerosos monasterios paulinos en las costas de Croacia; el primero en Austria fue en 1414, y en 1476 en Wiener Neustadt. A partir de 1404 los paulinos se arraigaron en Roma, donde fundaron un monasterio que contaba originalmente con 12 religiosos húngaros. En 1454 recibieron del Papa las iglesias de Monte Celión y Santo Stefano Rotondo. Hacia 1470 existían 58 monasterios en Hungría, suma que aumentó más aún en 1526. Aparte de éstos, se sabe que hasta 1470 existieron otros 17 monasterios que contaron con una breve vida.
En 1475 el rey Matías Corvino de Hungría le pidió en nombre de los paulinos al papa Sixto IV que éste nombrase al cardenal de la iglesia de San Marcos como protector de la Orden, para que representase los intereses de estos religiosos ante la curia romana. El rey le otorgó a los paulinos los monasterios premonstratenses de Zsámbék y Váradhegyfok, tras lo cual en 1483 se fundó el monasterio de Nagyvázsony. Posteriormente el rey Vladislao II de Hungría les concedió los monasterios benedictinos de Visegrád y de Szentjobb.
Monjes Paulinos: Primeros evangelizadores de América La orden Paulina era ampliamente conocida en la Edad Media en toda Europa, y se sabe de la presencia de religiosos paulinos en las cortes reales españolas y portuguesas. Cuando Cristóbal Colón regresó a Europa de América, informó sobre la existencia de indígenas nativos en las nuevas tierras que no conocían la fe de Cristo. Ante esta situación, la reina Isabel I de Castilla le confió la labor evangelizadora a los religiosos paulinos húngaros a los que hizo llamar y envió en los siguientes viajes de Colón. Tras arribar a las Indias, los paulinos tomaban como sus hogares frecuentemente a cuevas y bosques similares a los adoptados en la cadena montañosa de Pilis en Hungría.
Al poco tiempo España y Portugal comenzaron a disputarse los territorios coloniales en el Nuevo Mundo, así que el Papa Alejandro VI le encomendó a los paulinos que valiéndose de instrumentos astronómicos trazasen una frontera entre los imperios (sentando las bases para los países actuales de habla española y Brasil de habla portuguesa). De esta manera continuó la expansión española hacia el norte, cuando conquistaron los territorios de la actual Guatemala, a donde los paulinos también llegaron (Aún existen sus cuevas y refugios eremitas cubiertos por runas paulinas húngaras que pueden ser visitados en la actualidad).
Según otros datos, también había paulinos húngaros en las tres carabelas de Juan Díaz de Solís que arribaron a las orillas del “Mar Dulce”. Igualmente existen registros de que en 1515 religiosos húngaros paulinos viajaron en los barcos de Pedro de Mendoza. Por otra parte, aparece el nombre de Mathe Istvány en el primer mapa de las parcelas de Buenos Aires. Al poco tiempo, fue el religioso húngaro székely Maximilianus Transilvanus, canciller de Carlos I de España, quien informó al mundo del primer viaje de Fernando de Magallanes.
Los paulinos húngaros llegaron a los territorios desde la actual Argentina hasta Bolivia y Perú, habiéndose encontrado en varias ocasiones con el conquistador Francisco Pizarro y sus hombres. La conducta agresiva de Pizarro generó malestar entre los paulinos, el cual molesto por la intromisión de los religiosos húngaros los hizo mudar a pequeñas islas solitarias desde donde continuaron atendiendo a los indígenas. Existen indicios de actividades paulinas aún para 1559, pero después de 1560 estas desaparecen por completo. Esto fue consecuencia directa de los conflictos que se sucederán a principios del en Hungría ante las invasiones de los turcos otomanos.
Decadencia húngara durante la ocupación Turca Otomana thumb|300x300px|Jorge Martinuzzi, el miembro más relevante de la Orden Paulina Después de la derrota sufrida por los húngaros en la batalla de Mohács en 1526, los turcos otomanos avanzaron hacia la ciudad de Buda. A su paso robaron y destruyeron 11 monasterios paulinos y asesinaron a 25 religiosos de la orden. Durante la invasión turca el ejemplo a seguir de los paulinos fue el rey caballero San Ladislao I de Hungría, en quien se inspiraban para enfrentar en combate a los turcos junto a la ciudad de Visegrád para proteger a la Santa Corona Húngara. A partir del 7 de septiembre los turcos robaron y destruyeron los centros de la orden paulina, incluyendo el claustro de Szentlőrinc, donde quemaron todos los libros y documentos húngaros que eran guardados. La reliquia de San Pablo de Tebas fueron llevadas al norte del reino al castillo de Trencsén, donde fue destruida luego de un incendio por causa de los turcos. El tesoro de la orden fue llevado primero a Horné Lefantovce y luego a la ciudad croata de Lepoglava.
Luego de la batalla de Mohács apareció en la palestra pública el religioso húngaro Jorge Martinuzzi, quien era un religioso paulino que se convirtió en tutor y protector del joven príncipe Juan Segismundo Szapolyai, hijo del fallecido rey Juan I de Hungría, que había sido coronado tras la muerte de Luis II. Reclamando también el trono húngaro, Fernando I de Habsburgo había sido coronado como rey, tras lo cual una serie de conflictos militares se sucedieron entre Juan I y Fernando I, hasta la muerte del primero en 1540. El recién nacido Juan Segismundo se convirtió en la esperanza de recobrar el poder en el reino y permaneció en Transilvania cuidado por su madre la reina consorte Isabela Jagellón de Hungría y Jorge Martinuzzi.