El espiritualismo filosófico hace referencia a un sistema de filosofía que defiende la esencia espiritual y la inmortalidad del alma, surgiendo como respuesta al positivismo.
La identidad sustancial de filosofía y ciencia, que es la consigna del positivismo, ha puesto en crisis, a partir de la mitad del , el mismo concepto de filosofía. En virtud de dicha identidad, la filosofía no tiene nada que hacer si prescinde de los conocimientos positivos que le ofrecen la ciencia y los problemas que derivan de tales conocimientos. La metafísica tradicional, con su teología, su cosmología y su psicología, fundadas en nociones y procedimientos inconfrontables con los objetos y procedimientos de la ciencia, parecía definitivamente puesta fuera de juego y suplantada por otras tantas disciplinas positivas. Siendo esto así, la investigación directa para buscar o justificar aspectos o determinaciones ignoradas o excluidas por la investigación positiva, como el finalismo de la naturaleza, la libertad de la voluntad humana en la historia, los fines o los valores trascendentales propios de la esfera moral o religiosa, parecía que no podía efectuarse sino dirigiéndose a otras vías de acceso a la realidad, a otros instrumentos considerados como más eficaces para esta finalidad y, por tanto, más propios de una filosofía que quisiera distinguirse de la ciencia y reivindicar, a su vez, la propia autonomía con respecto a otras disciplinas.
En esta dirección, el espiritualismo constituye la primera reacción frente al positivismo: una reacción sugerida por intereses preferentemente religiosos o morales y encaminada a utilizar, para el trabajo filosófico, un instrumento completamente descuidado por el positivismo: la auscultación interior o conciencia.
El espiritualismo tuvo un desarrollo particularmente intenso en Francia, tomando como base una especie de síntesis entre el cogito de Descartes y las "raisons du coeur" de Blaise Pascal. Son representantes del espiritualismo francés Maine de Biran, Victor Cousin, Félix Ravaisson, Louis Lavelle y René Le Senne, y pueden considerarse próximos también a esta corriente autores como Henri Bergson y Maurice Blondel.
En Italia, el principal representante de la filosofía espiritualista es Michele Federico Sciacca, inicialmente discípulo de Giovanni Gentile y de Antonio Aliotta, pero tras su conversión al catolicismo es un autor fuertemente influenciado por la línea de pensamiento de Platón, San Agustín y Antonio Rosmini, con algunos elementos tomados de Tomás de Aquino. Sciacca denomina a su filosofía "idealismo objetivo trascendental".
Véase también Idealismo
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