El Estado Nacional Legionario () fue el nombre del modelo de Estado, de carácter fascista, que rigió en Rumania entre el y el , cuando fue abolido formalmente y sustituido por una dictadura militar encabezada por el general Ion Antonescu.
La política de Carlos II quedó completamente desacreditada por las pérdidas territoriales del verano de 1940 y a principios de septiembre se celebraron grandes manifestaciones que exigían su abdicación. Una vez aceptado el encargo de formar Gobierno para tratar de resolver la crisis, Antonescu exigió la abdicación del rey, que acabó concediéndola por la falta de apoyo tanto popular como de los partidos políticos. Después de intentar formar un Gobierno de unidad nacional con los partidos tradicionales, que se negaron, Antonescu quedó reducido a crearlo únicamente con el apoyo de la Guardia de Hierro, Sin embargo, los principales ministerios, salvo el de Interior, quedaron en manos de militares, tecnócratas o políticos conservadores.
El país se enfrentaba a una aguda crisis. Las pérdidas territoriales habían reducido la producción agrícola y esta mengua, a su vez, causó una gran inflación. A ello se unió la llegada de unos trescientos mil refugiados a los que el nuevo Gobierno hubo de atender. Para rematar la situación, a comienzos de noviembre un gran terremoto infligió graves daños en el sur de Rumanía.
La coalición entre Antonescu y la Guardia duró ciento treinta y un días caracterizados por el caos político y social que desprestigió a los legionarios como opción política. La inestable coalición quedó rota por los acontecimientos de noviembre, que enemistaron definitivamente a los legionarios con sus socios de gobierno conservadores. Tras un aumento de la tensión y frustración en las filas de la Guardia por la falta de venganza a los dirigentes del antiguo régimen real, el 26 de noviembre radicales y policías cercanos a la organización asesinaron a sesenta y cuatro de ellos en la matanza de Jilava.
A comienzos de enero de 1941, ante la inminencia del choque con la Guardia por el control del poder estatal, Antonescu solicitó una entrevista con Hitler. En el encuentro con este, Antonescu solicitó su acuerdo para expulsar a los legionarios del Gobierno y recibió la aquiescencia de aquel. Las medidas de Antonescu a su regreso a Rumanía, rechazadas por la Guardia, aceleraron la rebelión legionaria en preparación, que estalló entre el 21 y 23 de enero. Antonescu, apoyado por el Ejército, que estaba en contra de los legionarios, intervino ese mismo día y suprimió la rebelión, con el beneplácito de Hitler. El Estado Nacional Legionario fue formalmente disuelto el . Antonescu instauró entonces una dictadura militar de corte conservador que duró hasta su derrocamiento por el golpe de Estado del rey Miguel el .
Antecedentes thumb|right|Pérdidas territoriales en el verano de 1940 que precipitaron la abdicación de Carlos II y la toma del poder por Antonescu en coalición con la Guardia de Hierro. En virtud del Pacto Ribbentrop-Mólotov de agosto de 1939 que dividía el este de Europa en áreas de influencia alemana y soviética y aprovechando las últimas fases de la batalla de Francia que ocupaba al grueso del Ejército alemán a finales de 1940, la Unión Soviética presentó un ultimátum a Rumanía exigiendo la cesión de Besarabia, territorio en litigio entre ambos países, y del norte de Bucovina, zona de mayoría ucraniana aunque excluida del acuerdo germano-soviético. Tras tratar en vano de lograr el apoyo de Hitler, el rey Carlos II cedió a la presión soviética y evacuó inmediatamente las provincias, como le exigían. El , los ejércitos soviéticos ocuparon las provincias recién desalojadas.
A continuación, el Gobierno húngaro, que llevaba desde 1920 tratando de recuperar los territorios perdidos tras la derrota en la Primera Guerra Mundial por el Tratado de Trianon, decidió aprovechar la situación para recobrar al menos parte de Transilvania. Aunque se había negado inicialmente a mediar entre los dos países, la incapacidad de llegar a un acuerdo mediante negociaciones bilaterales, la creciente tensión militar entre húngaros y rumanos y la posibilidad de una guerra que amenazase su suministro de petróleo rumano hicieron que Hitler se decidiese a actuar para evitar un enfrentamiento que hubiese perjudicado el aprovisionamiento de materias primas para la industria de guerra alemana. Se obligó a Hungría y Rumanía a aceptar el dictamen de Alemania e Italia en el Segundo arbitraje de Viena del por el que el norte de Transilvania pasó a control húngaro. Días más tarde, por los Acuerdos de Craiova, Rumanía cedió la Dobruya meridional a Bulgaria. El rey Carlos II junto al historiador Nicolae Iorga, asesinado en noviembre por la Guardia de Hierro. Los reveses en política exterior que condujeron a cuantiosas pérdidas territoriales durante el verano de 1940 hundieron su reputación y forzaron su abdicación a comienzos de septiembre.|thumb|left La política del rey quedó completamente desacreditada y comenzaron grandes manifestaciones que exigían su abdicación. El 3 de septiembre, la Guardia de Hierro, la mayor organización fascista del país, trató de tomar el poder, pero fracasó, aunque mantuvo su apoyo a las crecientes concentraciones contra el monarca. Al día siguiente, este se vio obligado a llamar al general Ion Antonescu —muy hostil al monarca pero con gran prestigio en el Ejército— para encargarle la formación de un nuevo Gobierno y tratar de salvar su régimen, apoyándose en la figura del general. Una vez aceptado el encargo después de superar ciertas reticencias, Antonescu exigió la abdicación del rey, que acabó concediéndola por la falta de apoyo tanto popular como entre los partidos políticos y se exilió el día 6.
El nuevo rey Miguel concedió plenos poderes a Antonescu el mismo día 6, nombrándole «caudillo del Estado rumano» (Conducătorul Statului Român). Después de intentar formar un Gobierno de unidad nacional con los partidos tradicionales, que se negaron, Antonescu quedó reducido a crearlo únicamente con el apoyo de la Guardia, cada vez más popular. El 14 de septiembre, Antonescu formó un Gobierno con los legionarios, en el que él era presidente del Consejo de Ministros, y Horia Sima, el líder de los legionarios, vicepresidente. El mismo día, Rumanía fue declarada «Estado nacional-legionario», con un único partido reconocido, la Guardia. Se había nombrado al general «caudillo» de la Guardia, mientras que Sima seguía siendo su «comandante». Antonescu había recibido ya el día 5 el respaldo del embajador alemán, con ciertas condiciones, entre ellas la aceptación de una misión militar alemana, que debía asegurar los pozos petrolíferos rumanos y el suministro a Alemania.
Paradójicamente dada la cercanía ideológica, los alemanes no insistieron en el control de la Guardia sobre el gabinete, temerosos de que las medidas económicas que pudiesen tomar les perjudicasen. Desconfiaban además de la capacidad de la dirección de la formación, muy fragmentada. Los representantes alemanes, por el contrario, dejaron clara a Antonescu su preferencia por que los principales ministerios quedasen fuera del control los legionarios, a los que recomendaron cooperar con el general. En efecto, los principales ministerios, salvo el de Interior, quedaron en manos de militares, tecnócratas o políticos conservadores.
Política interior: rivalidad entre Antonescu y la Guardia La coalición entre Antonescu, que necesitaba la imagen filonazi y el apoyo popular de que gozaba la Guardia y esta, que precisaba del prestigio de Antonescu en el Ejército —cuyo desdoro por las sucesivas retiradas había imposibilitado la formación de un Consejo de Ministros puramente militar— y los partidos políticos tradicionales, no fue sencilla. La aparente concordia pública entre los dos coaligados encubría desavenencias —fruto de una visión diferente del Estado— y la lucha continua por controlar la Administración y las fuerzas de seguridad. Antonescu, conservador, antisoviético y con un historial de contactos con dirigentes ultraderechistas, no era, sin embargo, un radical ni inicialmente favorable a Alemania, a diferencia de sus nuevos socios de gobierno. Además, la Guardia se encontraba dividida internamente en fracciones acaudilladas por dirigentes de escasa relevancia al haber perdido a los principales durante la represión real de la formación. La principal corriente la presidía Horia Sima, de escasa talla política y mal valorado por los alemanes, pero que trataba de presentarse como sucesor legítimo y representante del fallecido Codreanu.
Crisis nacional El país se enfrentaba a una aguda crisis. Las pérdidas territoriales habían reducido la producción agrícola y esta mengua, a su vez, causó una gran inflación. A ello se unió la llegada de unos trescientos mil refugiados a los que el nuevo Gobierno hubo de atender. Para rematar la situación, a comienzos de noviembre un gran terremoto infligió graves daños en el sur de Rumanía, incluyendo el hundimiento de unos mil seiscientos edificios en la capital.
Actividades de la Guardia Por el acuerdo de gobierno, la Guardia había quedado encargada de la organización del nuevo «Estado legionario», de carácter totalitario. Tratando de movilizar a la población en favor de los ideales de la formación, retomó los métodos propagandísticos que había utilizado hasta su represión en 1938, incluyendo las ceremonias públicas de aspecto religioso, la impresión de numerosas publicaciones y la organización de diversas formaciones dirigidas a distintos segmentos de la población. Sima trataba de eliminar al resto de partidos políticos y aplicar una reforma nacionalsocialista a la economía y a la sociedad rumanas. Durante las primeras semanas, Antonescu y Sima presidieron grandes manifestaciones en uniforme de la Guardia, bajo enormes retratos de Codreanu, como símbolo de unidad de la coalición entre el general y los legionarios. Los numerosos desfiles funerarios en honor a los dirigentes legionarios fallecidos —de asistencia obligada para los funcionarios—, sin embargo, llegaron a afectar a la economía, causaron la solicitud alemana de ponerles término y llevaron a que los críticos tachasen al régimen de «Estado Nacional Funerario». Manifestación de la Guardia en Bucarest. Las marchas multitudinarias se sucedieron durante el periodo.|thumb|right