La provincia de Huelva (Andalucía, España) se encuentra en la zona suroccidental del país, limitando con las provincias de Sevilla, Cádiz y Badajoz y formando frontera con Portugal. Geográficamente comienza al norte con las primeras estribaciones de Sierra Morena, al oeste con el río Guadiana y al sur con el océano Atlántico. Conformada como provincia en el tiene una vasta historia que comienza con algunos de los poblamientos más antiguos de la península ibérica y que encuentra su cénit en el tramo final del , cuando la marinería del eje que conforman los ríos Tinto y Odiel contribuyó de manera activa a la exploración atlántica y del continente americano.

Su situación estratégica, en el área de influencia del Mediterráneo y su cercanía al continente africano, y la existencia conocida desde la antigüedad de importantes yacimientos mineros, permitieron que se consolidaran pobladores desde muy antiguo al mismo tiempo que culturas orientales comerciaran y se afincaran en sus tierras desde el inicio de la Edad de los Metales. De hecho, prácticamente toda la provincia se encontraba dentro del triángulo que formaba el pueblo de Tartessos), cultura que dejó su impronta durante la protohistoria, como la fortísima influencia fenicia y griega. Para algunos investigadores, la misma ciudad de Huelva podría componer el poblamiento continuado más antiguo de toda Iberia.

En la actualidad la provincia, periférica dentro de España e incluso en Andalucía, intenta reorientar su modelo económico del industrial -consolidado entre el y los años 1960- a nuevos sectores más diversificados.

Prehistoria y protohistoria: cultura del bronce onubense, tartesios y turdetanos izquierda|miniatura|Dolmen de La Zarcita. Existe constancia de presencia humana en la zona costera desde la llegada de los primeros pobladores de la península ibérica a través del estrecho de Gibraltar. Estos hombres y mujeres fueron asentándose y ocupando progresivamente la zona más septentrional.

Del Neolítico queda impronta gracias a la existencia de yacimientos, como el de La Dehesa en la comarca de El Condado, en los que se encontró una importante industria lítica con diferentes piedras talladas además de restos cerámicos. Los dólmenes como el de Soto y otros yacimientos como el de El Pozuelo o los restos de una ciudad amurallada en La Zarcita permiten fechar la presencia humana en estos territorios.

En la Edad de Bronce apareció una cultura bien identificada en el área que comprende gran parte del territorio de la actual provincia de Huelva. Esta cultura entró en contacto con la Cultura del Bronce Meridional portuguesa, que recuerda a la de El Argar en muchos de sus elementos, como los enterramientos individualizados en cistas o su cerámica lisa. Uno de sus rasgos más características era su ritual funerario, con enterramientos colectivos en megalitos y los enterramientos individuales, con un modelo de enterramiento que también se desarrolló en el sur de Portugal en esa época. Todo esto hace pensar que debió existir algún tipo de contacto entre estas culturas.Romero Montilla, Francisco (2006), El Bronce en el Sudoeste peninsular, Junta de Andalucía, Sevilla. Consultado el 23 de julio de 2008.

Las necrópolis encontradas en el Andévalo y Sierra Morena se han localizado en zonas cercanas a yacimientos de piritas. Para su recubrimiento se utilizaron losas de pizarra. Sus ajuares no solían ser abundantes, apenas un par de cuencos, salvo en la necrópolis de El Becerro, en la zona arqueológica de Santa Eulalia, donde se han encontrado cuentas de collar y joyas de plata. Estos restos ayudan a comprender el paso por la zona de los pobladores de la provincia durante la Edad del Bronce.

De la etapa final del Bronce datan también los hallazgos en la ría de Huelva que, junto a los de la zona del Seminario de la capital,J. Sugrañes, Eduardo (27-5-2008), , Huelva Información, Huelva [23-7-2008] son los que probablemente convierten a la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel en la zona de la península con presencia humana continuada más temprana, remontándose ésta hacia el 3000 a. C.

Tartessos miniatura|Área aproximada de influencia de Tartessos en la que la actual provincia de Huelva ocupa gran parte del espacio. Los tartesios fueron indígenas del suroeste peninsular que asimilaron elementos de otras culturas, principalmente de los fenicios y de los griegos, que tuvieron relativa presencia en esas tierras. El contacto con los griegos coincidió con el auge de esta cultura en el y permitió un despegue cultural gracias al comercio de metales procedentes de las minas del norte de este espacio. Tradiciones y mitos movieron a varios aficionados e investigadores, Detalla las excavaciones en Tartessos a principios de siglo XX, destacando a Jorge Bonsor —eje central del libro— y Schulten, si bien la repercusión, como señala en la página 267, llegó hasta las capas de la sociedad menos adineradas y no relacionadas con la arqueología. como Adolf Schulten o Jorge Bonsor, a buscar en la zona, entre los ríos Guadiana y Guadalquivir, tesoros que se atribuían a este pueblo. Aunque no se han encontrado restos de importancia que identifiquen claramente ni su territorio ni si tuvo una ciudad rectora, se ha podido constatar arqueológicamente que en estas tierras floreció una avanzada cultura del Bronce Inicial con actividad metalúrgica, agrícola y de pastoreo; y que comerciaba con los orientales, fenicios y griegos, en los albores del Bronce Final.Tartessos: Del mito a la realidad, en Los Gabinetes Pedagógicos (Huelva), Junta de Andalucía. [23-7-2008]

Parece ser que la llegada de los fenicios y posteriormente del comercio griego, no produjo un progreso generalizado en el pueblo tartesso y su economía siguió basada en la agricultura, la ganadería y la pesca, pues los beneficios del comercio y de la metalurgia quedaban en manos de sectores sociales minoritarios. Yacimientos como el de Tejada la Vieja o la necrópolis del Cabezo de la Joya en la ciudad de Huelva, demuestran la impronta de esta civilización relativamente desconocida.

El reino tartesio cayó en una grave decadencia a lo largo del Los motivos de esta desaparición fueron complejos. La caída de Tyro en manos asirias produjo una liberalización del comercio en el Mediterráneo occidental. Este hecho fue aprovechado por la colonia griega de Massalia que, vía interior por el Ródano, contactó con los ricos yacimientos minerales del norte de Galia. Este hecho supuso la pérdida del poder geoestratégico de Tartessos como intermediario en el comercio, por lo que fue la ruta de la plata fue relegada a un segundo plano. La situación geopolítica en el Mediterráneo cambió con la irrupción de Cartago, que reabrió las antiguas rutas comerciales fenicias. La batalla de Alalia supuso la supremacía cartaginesa frente a la griega y la crisis de la colonia griega de Massilia. Cartago relanzó el comercio de minerales en la región de Tartessos, pero esta vez controlado por la colonia púnica de Gádir (actual Cádiz). El pueblo tartesio perdió totalmente el control del comercio e incluso su independencia con la conquista cartaginesa del sur peninsular. Ya en estos tiempos el pueblo tartesio era llamado con el nombre de turdetano.

Los turdetanos, descendientes históricos de Tartessos y de su misma raíz étnica, vivieron en la práctica totalidad de la actual provincia y fueron considerados por Estrabón como "los más cultos de los íberos". Las ciudades como Onuba e Ilipla tuvieron gran importancia en esta zona.

Edad Antigua: la Beturia céltica y túrdula

El territorio entró en la órbita romana como consecuencia de la victoria de la República romana sobre Cartago en el marco del conflicto bélico de la II Guerra Púnica. Hacia el 194 a.C. las legiones del cónsul Marco Porcio Catón “el Viejo” conquistaron todo el Valle del Guadalquivir, incluida la zona. Las fuentes antiguas no abundan en referencias a esta tierra, pero lo que sí está claro es que existía una cierta entidad geográfica, denominada Baeturia, que hacía referencia a los territorios comprendidos entre los dos grandes ríos del sur peninsular: el “Baetis” (Guadalquivir) y el “Annas” (Guadiana). En esta amplia zona geográfica había dos etnias claramente individualizadas:

Por una parte los celtas habitaban la denominada Baeturia Céltica, que comprendía la zona a ambos lados de Sierra Morena, principalmente el valle del río Ardila. Estos pueblos célticos provenían de las zonas del Ebro y Lusitania y ocuparon el vacío demográfico tras la crisis de la metalurgia en Tartessos que arrastró al comercio y al desarrollo económico en general de esta región alejada del Valle del Guadalquivir. Hasta el no se produjo una reactivación del sector minero y una verdadera colonización de este amplio sector del Andévalo y Sierra Morena. La ausencia de cerámicas romanas en los poblados prerromanos -El Castañuelo, Posada del Abad (Rosal de la Frontera)-, puesta de manifiesto por la arqueología, indica que esta zona permaneció fuera de los circuitos comerciales del Mediterráneo hasta que Roma volvió a poner en explotación las minas tras la crisis de Tartessos.

La otra etnia era la turdetana (Baeturia Túrdula) heredera de Tartessos, localizada en todo el bajo Guadalquivir, denominándose túrdula en las zonas muy orientalizadas por los contactos comerciales, principalmente con fenicios. Estas poblaciones no decayeron tras la crisis del comercio púnico y cuando Roma hizo su aparición por esta zona se encontró con unos pueblos cuyo gran desarrollo económico y cultural facilitaron su colonización por Roma.

Romanización miniatura|Primera división romana de Hispania, donde puede verse la Hispania Ulterior. miniatura|Hispania según la división provincial romana del 27 a. C., donde pueden apreciarse los límites de la Bética. miniatura|Hispania en época de Diocleciano. Una vez más, las fuentes antiguas no hacen referencia expresa al largo proceso de transformación social, económica e ideológica que supuso la colonización romana, a lo que hay que añadir la escasez de material arqueológico dificultando el seguimiento de este proceso.

Existe un claro movimiento en contra de la colonización romana en las zonas mineras de Sierra Morena habitadas por etnia celta, detectado por ejemplo en el poblamiento de las Peñas de Aroche, que fue trasladado al llano de Fuente Seca en la misma vega del río Chanza, para evitar su fortificación y resistencia a Roma. A lo largo del es posible que algunos de estos poblados celtas del norte de la provincia de Huelva, tanto por su vecindad y vinculación con los lusitanos como por su cercanía a las ricas tierras agrícolas de la Vega del Guadalquivir, sirvieran de base para las operaciones de saqueo y castigo. Estas incursiones supusieron una importante merma en los ingresos de Roma ya que estas ciudades eran estipendiarias en su gran mayoría, por lo que afectaba directamente a los impuestos recaudados por las oligarquías locales entre la población indígena. izquierda|miniatura|Pedestal de época romana hallado en 1820 en Villarrasa.