Henry Stephen Fox fue un diplomático británico con actuación en la República Argentina durante la década de 1830, en Brasil y Estados Unidos.
Biografía Henry Stephen Fox nació el 22 de septiembre de 1791 en Chatham (Kent), hijo del general Henry Edward Fox (1755-1811), tercer hijo de Henry Fox, primer barón Holland (1705-1744), y de Marianne, hija de William Clayton. Era sobrino de Charles James Fox (1749–1806), secretario de estado en tres oportunidades, y primo de Henry Edward Fox (1802- 1859), 4.º Barón Holland (1802-1859). Por parte de madre, descendía del rey CarlosII y de EnriqueIV.
Contemporáneo de Percy Bysshe Shelley en Eton y Oxford, «era amigo de todos los whigs y bien conocido en los clubs».Carl H. Pforzheimer, Shelley and His Circle, Harvard University Press, 2002.
Era muy popular entre los jóvenes: un estudiante de Oxford en 1812 escribía «Me gustaría poder vestir y bailar como Harry Fox, pero a pesar de su buena apariencia y su popularidad, e incluso de su real capacidad, él mismo dice que no tiene absolutamente ningún futuro y que incluso su tío, Lord Holland, no puede hacer nada en absoluto por él».Beckles Willson, Friendly relations: a narrative of Britain's ministers and ambassadors to America, 1791-1930.
Tras ingresar en la Christ Church en Oxford en 1809, se recibió el 16 de junio de 1814. Ese mismo año siguió a su tío Charles James Fox en misión diplomática a Nápoles, Reino de las Dos Sicilias, pero caído Napoleón Bonaparte y con Europa finalmente en paz, viajó por el continente con dos compañeros, Lord William Arden, 2.º Barón Alvanley, y Thomas Raikes, y las historias del trío en París, Florencia y Roma llegaban hasta la capital británica.
En 1815 permaneció una larga temporada en esa última ciudad, donde contrajo malaria. Las consecuencias de la enfermedad y del tratamiento lo marcarían para siempre. Su amigo Lord Byron escribiendo desde Nápoles dijo: «Vi el otro día a Henry Fox, quien ha estado terriblemente mal, y, como él mismo dice, ha cambiado tanto que sus más antiguos acreedores no lo reconocen».
En 1818 acompañó a su tío a París como primer agregado de la embajada con un salario de 350 libras. Allí fue arrestado por deudas de juego pero consiguió evitar la deportación por intervención del gobierno francés.
En 1822 Fox regresó a Londres y se reintegró al grupo de dandis en el que destacaba Lord Byron y Lord Kinnaird entre otros.
Eran malos tiempos para los Fox o cualquier partidario de los whigs. El rey Jorge III del Reino Unido, el primer ministro Lord Liverpool y su secretario de estado Robert Stewart, vizconde de Castlereagh, se oponían rotundamente a dar al joven Fox un lugar en el servicio diplomático, para lo cual tenía ambiciones y parecía, dejando de lado la política, admirablemente preparado.
El 2 de noviembre de 1824 obtuvo finalmente la secretaría del consulado en Turín, y los siguientes años estuvo a cargo de los asuntos de la legación hasta que en 1826 fue trasladado a Nápoles nuevamente como secretario de la legación. En 1828 se desempeñaba en la legación de Viena cuando fue designado ministro plenipotenciario ante las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero su nombramiento no se hizo efectivo.
Tras perder en el juego lo que le quedaba de su fortuna y proponer matrimonio a varias herederas en vano, cuando estaba a punto de cumplir sus cuarenta años tuvo finalmente su oportunidad. En 1830 los whigs bajo Charles Grey, 2.º Earl Grey, ocuparon nuevamente el gobierno y su tío Lord Holland convenció al primer ministro para dar a Henry Fox un cargo diplomático. Fox, a esas alturas, había frecuentado por largo tiempo los círculos oficiales, hablaba francés, alemán e italiano y tenía un amplio conocimiento del continente.
Así, el nombramiento como embajador en la República Argentina en reemplazo de Woodbine Parish se hizo efectivo el 9 de julio de 1830, arribando a la ciudad de Buenos Aires, capital de la república, recién en diciembre de 1831.
Buenos Aires Pronto demostró en sus despachos a Lord Henry John Temple, Vizconde Palmerston a cargo del Foreign Office, que las dudas respecto de su capacidad y carácter eran de momento infundadas.
Malvinas
Durante los primeros días de su gestión al frente de a legación adhirió a la posición del agresivo cónsul norteamericano George W. Slacum que consideraba a la colonia de Luis Vernet en las islas Malvinas como un mero refugio de vagabundos y piratas y en ese sentido informó a Lord Palmerston ese mismo mes. En su respuesta del 22 de marzo de 1832, Palmerston le instruyó para que solicitáse al gobierno la revocación de la autoridad concedida a Vernet en las islas, lo que era consecuente con reclamos anteriores de Parish en defensa de la pretendida soberanía británica en el archipiélago.
Sin embargo, Fox se había ya hecho una mejor idea de la situación y decidió dejar de lado sus instrucciones aduciendo que sería oportuno dejar que los norteamericanos se entendieran solos con el gobierno argentino y que una afirmación de la soberanía británica sobre las islas podría enredar al Reino Unido en disputas con los Estados Unidos por los derechos de pesca, que eran considerados de importancia.
Por su parte, el nuevo encargado de negocios norteamericano, Francis Baylies, sucesor del cónsul George W. Slacum, comunicó a Fox que su gobierno estaba dispuesto a reconocer la soberanía británica pero que el gobierno de los Estados Unidos como estado sucesor de Gran Bretaña en América, aspiraba a los mismos derechos de pesca que el Reino Unido.Fox a Palmerston, 15 de octubre de 1832.
Sin embargo, en Londres donde había ya una decisión tomada tuvieron poco efecto las opiniones de Fox y en agosto de 1832 el Almirantazgo envió al Foreign Office un proyecto de intervención militar en las islas utilizando fuerzas de la estación naval del Atlántico Sur con base en Río.
Inmigración Diez años después del fracaso de los proyectos de inmigración organizados por Bernardino Rivadavia, en oficio a Lord Palmerston del 15 de octubre de 1832 Fox admitió que el fiasco que había llevado a la ruina a muchos compatriotas y sus familias había sido no tanto achacable a las autoridades sino resultado de especuladores y traficantes «que perjudicaron el honor inglés en América». Confirmando su posición, el Foreign Office se negó a hacerse eco de los presuntos cargos de Beaumont contra el gobierno argentino. Lord Ponsonby dijo a Canning que la opinión general en Buenos Aires era la de que Beaumont había mostrado falta de previsión y que sus agentes habían obrado de manera criminal.No obstante muchos de los inmigrantes permanecieron en suelo argentino y algunos llegaron a prosperar: durante 60 años la firma de Jones y William White fue la empresa de transporte más importante de Buenos Aires, mientras que otros se convirtieron en propietarios rurales, como Thomas Young, quien murió poseyendo más acres que el duque de Bedford.
Conflictos religiosos A instancias de su gobierno, Fox obtuvo permiso de Juan Manuel de Rosas para que los fieles presbiterianos construyeran una capilla propia en la ciudad. Si bien no encontró oposición del gobierno, él mismo era un «frío escéptico que lamentaba el absurdo celo de sus compatriotas»Ferns. y los conflictos entre los presbiterianos y los anglicanos «aún en esta distante región del globo» que se habían exacerbado recientemente: «Cuando la Iglesia Británica se estableció aquí por primera vez había menos dificultades en conciliar los intereses de las dos sectas».
También se opuso a las presiones del reverendo John Armstrong, acompañadas por su obispo en Londres, para que el gobierno británico apoyara una activa campaña misionera en Sudamérica.
Medió también en el caso del matrimonio mixto de Samuel Fisher Lafone con la porteña María Fliga de Quevedo y Alsina. Lafone, un acaudalado tratante de cueros de una importante firma de curtidores de Liverpool, contaba con la aprobación de la madre pero fue rechazado por el padre.
La ley permitía un casamiento entre católicos y protestantes cuando la parte católica recibía dispensa del nuncio eclesiástico. Durante años las autoridades argentinas concedían licencia en vez de la dispensa exigida por las normas, pero al restablecerse las relaciones con la Santa Sede, la facultad revirtió al nuncio. Dado que este residía habitualmente en Río de Janeiro, los obstáculos prácticos eran enormes.
Decidido a seguir adelante, Lafone fue rechazado incluso por Armstrong pero finalmente el reverendo John Brown aceptó realizar la ceremonia, que se efectuó casa de la novia con la presencia de su madre, el hermano de Lafone, Alexander, y dos amigos como testigos, uno americano de apellido Horne y otro francés.
Quevedo denunció el hecho al gobierno y todos fueron arrestados. Lafone fue condenado a una multa de 1000 pesos (unas 29 libras) y desterrado junto a su hermano y los testigos, mientras que las mujeres eran enviadas a un convento y el tribunal eclesiástico anulaba el matrimonio, ofreciendo convalidarlo solo si Lafone se convertía.
La resolución del gobierno causó indignación en la población de residentes británicos que acudió al embajador británico pero Fox considerando que efectivamente se habían violado las leyes del país, solo accedió a solicitar benevolencia al gobierno. Declaró que el deber de los súbditos británicos era obedecer las leyes de la República Argentina y respetar la jurisdicción de sus tribunales y rechazó de plano una presentación escrita que exigía que «fueran considerados como una comunidad separada de súbditos británicos exentos de los alcances de la ley del país y en goce de derechos diferentes de los de los ciudadanos de la república».Fox a Palmerston, 24 de septiembre de 1832.
Los residentes convocaron entonces a una asamblea general para considerar la conducta de Fox, quien les dijo que no se proponía aceptar instrucciones de ninguna asamblea y que solo respondía al gobierno de su nación.
Asimismo, defendía la actitud del gobierno no solo por conforme a derecho sino que consideraba que había demostrado flexibilidad y comprensión en la cuestión religiosa mpas allá de las obligaciones asumidas: «Corresponde hacer notar que el gobierno de Buenos Aires desde que firmó el Tratado con Gran Bretaña ha sido siempre no sólo escrupulosamente exacto en el cumplimiento de sus obligaciones contraídas en virtud del artículo de tolerancia religiosa, sino en varias ocasionens liberal más allá de lo que la letra de ese artículo lo obliga. Y tanto mayor mérito tiene este gobierno porque ha debido, según creo, superar grandes dificultades para ello».
Finalmente la cuestión fue tratada por un lado por juristas de la corona, quienes acordaron con Fox en que Lafone había transgredido las leyes y ratificaron el manejo que el embajador había hecho del asunto,Oficio de Palmerston a Gore del 7 de enero de 1834. y revisada por el gobierno, que aceptó revocar la sentencia de destierro. En mayo de 1833, la Asamblea aprobó una ley eliminando los obstáculos civiles a los matrimonios mixtos y autorizando al gobierno a otorgar dispensas, aunque reservando a las autoridades eclesiásticas el derecho a imponer castigos espirituales.
Brasil Pese a que la negativa a aceptar las presiones de su comunidad y su carácter frío y escéptico hicieron que gozara de escasa estima entre sus compatriotas, y al desacuerdo abierto con algunos aspectos de la política de su gabinete, si bien Fox fue rápidamente retirado de Buenos Aires su nuevo destino representaba en realidad una promoción.
El 1 de junio de 1832 Henry Fox fue trasladado como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante la corte del Imperio del Brasil en reemplazo de Lord Ponsonby, siendo sustituido a su vez por el secretario de la legación Philip Yorke Gore hasta la llegada de su reemplazante Hamilton Charles James Hamilton, designado el 5 de julio de 1834.
Estados Unidos