La historia de las Fuerzas Armadas de México comprende los conflictos armados ocurridos en el territorio que actualmente pertenece a este país, los ejércitos y su relación con el resto de la vida mexicana. La trayectoria histórica de las fuerzas armadas mexicanas tiene un involucramiento destacado con el propio devenir histórico de este país; se desenvolvió de manera activa en las luchas internas de las facciones políticas del , y desde luego, en las guerras externas contra varias invasiones extranjeras en esa misma centuria; por otro lado, diversos personajes ligados a su estructura, estuvieron vinculados en los procesos políticos y sociales que definieron las características generales del estado mexicano como la Reforma y Revolución. Desde la década de 1940 ejercen una política estrictamente defensiva, sin pretensiones de influencia regional, armamentismo o posicionamiento en bloques militares; esto en concordancia con la política exterior pacifista y neutral del país. En ese mismo decenio iniciaron un proceso de institucionalización para desvincularse de su histórico papel político; no obstante se volvieron pieza fundamental en el mantenimiento del orden social del sistema de partido hegemónico en la segunda mitad del . Aunque desde la década de 1980 comenzaron su participación en labores de combate al crimen organizado, es desde 2006 que entraron plenamente en la llamada «guerra contra el narcotráfico»; de manera simultánea, después del terremoto de 1985, empezaron su evolución plurifuncional al profesionalizarse en materia de protección civil.

Etapa Prehispánica

250px|miniatura|Nezahualcóyotl con equipo militar, según una lámina del Códice Ixtlixóchitl. En esta imagen se observa al gobernante texcocano portando tambor de señalizaciones (Teponaztli), armadura textil flexible (Ichcahuipilli), espada de obsidiana (Macuahuitl) y escudo anti-proyectil (Chimalli), así como grebas en antebrazos y pantorrillas de bronce, un casco (Cuatepoztli) de caoba en forma de cabeza de coyote o lobo y sandalias(cactli).

Entre las civilizaciones existentes en Mesoamérica en la época prehispánica es la mexica la mejor documentada y estudiada en temas militares, por lo que se conoce mucho de su organización armada; pero, en general, se pueden ciertos rasgos comunes a todos los grupos, incluyendo a los mayas y mixtecas del sur del país, así como los toltecas del centro.

La organización social de los menos desarrollados estaba casi siempre basada en grupos familiares paternales, con un esposo y varias esposas, con las cuales el jefe de familia tenía varios hijos que, al crecer y formar sus familias, se quedaban cerca de sus familias de origen o se integraban a otras, con la condición de vasallos, donde se les daba protección y un trabajo para esta comunidad. En todo caso, la protección de los territorios, recursos y vidas de sus integrantes estaban bajo la directa responsabilidad del jefe de familia, quien se auxiliaba de sus hijos para la protección o agresión, en su caso, a otros grupos.

Así que su organización militar estaba constituida por poco más que un jefe y varios soldados, de los cuales el que se distinguiera sería el más cercano al jefe y tal vez su sucesor. Su armamento se basaba en utensilios comunes para su vida normal, sobre todo los destinados a la caza de animales como hachas, lanzas, cuchillos y flechas, elaborados con madera y piedra labrada, ya que ninguno había rebasado la etapa neolítica.

La organización militar mexica miniatura|derecha|250px|Estatua de cerámica representando a un guerrero águila.

Gracias a las obras de los llamados cronistas de filipo, es que se tiene una buena idea de su organización militar, basada en jerarquías y recompensas, con sistemas complejos de logística y avituallamiento.

Los varones mexicas iniciaban su entrenamiento desde pequeños, simbolizado con la rasurada completa de su cabeza. A los de origen noble (llamados pipiles) se les educaba en el calmecac localizado en la ciudadela de México-Oaxtepec desde los cinco años, ya que por su estatus social se consideraba que debían formar la oficialía del ejército, mientras a los de cuna humilde (llamados macehuales) se les entrenaba en el texpocalli desde los nueve años, con una educación militar y técnica que les permitiera ejercer en su retiro y vida civil un oficio. Estos texpocalli se encontraban en cada barrio y eran atendidos por los mismos miembros de la comunidad a la que pertenecían.

En ambos grupos al cumplir diez años se les dejaba crecer un mechón de pelo en la nuca llamado mocuexpaltia, que los identificaba como cadetes; a los quince años, el mechón ya crecido, recibía el nombre de cuexpalchicácpol, indicando además el inicio de su servicio activo en las filas del ejército, al cual acudían dentro del grupo que se formaba en su calpulli o barrio, llevando como jefe a un principal del mismo, divididos al parecer en grupos más pequeños como unidades de cinco o seis efectivos con un jefe inmediato.

Grados militares entre los mexicas 230px|miniatura|derecha|Este dibujo del , tomado del Códice Florentino, muestra guerreros mexicas con macuahuitl.

Una característica única de los mexicas era su preocupación por capturar prisioneros para el sacrificio en vez de matarlos, por lo que su técnica debió ser más agresiva, ya que debían inmovilizar a su víctima, apresarla y defenderla, no solo de los enemigos sino de otros mexicas. La captura tenía un valor mayor que la simple matanza de enemigos.

Si un novato en su primera campaña lograban capturar a un enemigo, ya sea solo o en la compañía de alguien, se les recompensaba simbólicamente: cuando la captura era entre varios, se les daba simbólicamente una extremidad a los que habían ayudado y al principal capturador el tronco. Para simbolizar su hazaña se les cortaba el mechón de la nuca y se les permitía dejarse crecer un mechón sobre la sien derecha que con el tiempo cubría la oreja y el cual era un símbolo de su valentía.

Si por alguna razón, luego de varias campañas, no lograban hacer un prisionero, solos o acompañados, se les llamaba cuexpalchicácpol y se les obligaba a dejarse crecer el mechón de la nuca o dos mechones en las sienes, como lo hacían las mujeres o una corona, lo cual indicaba que nunca habían hecho nada y no se les permitía cultivar o ejercer su oficio, lo que indicaba, además, su poca valía para la sociedad mexica.

El que en su primera campaña capturaba solo un prisionero se le llamaba telpochtli yaqui tlamani, y al regreso era presentado al Huey Tlatoanic, quien lo elogiaba y le permitía pintar su cara y sienes de amarillo, y el cuerpo de rojo, como símbolo de su gran valía para la sociedad mexica. Entonces se le daba una tilma bordada de color morado, y un maxtle largo y bordado de color rojo, además de otro maxtle ricamente trabajado; permitiéndosele en adelante usar tilmas y maxtles bordados. Si capturaban dos enemigos era una situación similar, pero con tres prisioneros le agregaban la responsabilidad del tener mando sobre otros soldados en el ejército y eran encargados por el Estado de la educación en el texpocalli de su barrio.

Cuando hacían cuatro se les daba un grado similar al de capitán en las huestes de Hernán Cortes, título que antecedía a su nombre; permitiéndoseles sentarse sobre petates en presencia de otros capitanes y nobles; además de poder usar barbotes, orejeras de cuero y borlas en la cabeza que, con su color, los distinguían. Pero si sus capturas eran de mancebos (novatos), aunque fueran diez o más, solo se les permitía llamarse capitanes y no podían sentarse junto a los otros, pero podían subir en la jerarquía si capturaban un capitán guerrero de los enemigos.

Si sumaban cinco se les tenía mayor consideración y se les llamaba quauhyacatl, (águila que guía), distinguiéndose por un barbote largo, verde y bordado para el tocado de la cabeza, sujetado con listones de plata, de orejeras de cuero y una manta ricamente bordada llamada cuechintli, además de una tilma de dos colores llamada chicoapalnacazminqui. Por alguna razón Bernardino de Sahagún refiere que si los prisioneros eran de Atlixco, Huexotzingo o Tliliuquitépec, el mérito era mayor y se les tenía como muy valientes, dándoseles un barbote largo de ámbar amarillo y otro verde de chalchihuite.

Por lo que se sabe, el entrenamiento militar para ambos grupos era estricto e incluía una fuerte disciplina militar con un duro entrenamiento físico, lo que les valió para resistir durante seis meses el asedio de los pocos españoles y la multitud de pueblos indígenas, a pesar de no tener alimentos, agua dulce y sufrir varias enfermedades.

La guerra mexica El valor de los mexicas les valió salir triunfante en no pocos encuentros, aun antes de ser un grupo independiente, a tal punto que sus servicios en la guerra eran su principal fuente de pago de impuesto a los diferentes reinos que les dieron abrigo. Al crearse la Triple Alianza tenían una estructura militar muy completa con grupos de espionaje permanente, los pochteca, quienes, en su carácter de comerciantes, podían acceder en tiempos de paz a las zonas controladas por otros grupos, identificar personajes notables, organización y número de sus ejércitos; los mismos servían como embajadores y administradores de los impuestos que pagaban los pueblos vasallos y, en casos extremos, como fuentes de recursos y guías para los ejércitos.

Para la logística los mexicas tenían a los tamemes, quienes acompañaban a los ejércitos cargando todo el avituallamiento que fuese necesario; aunque por su tipo de guerra debían de obtener mucho de los pueblos por los que pasaban.

Un método de declarar la guerra, sin hacerlo abiertamente, consistía en acercarse a los pueblos en paz y solicitarles un servicio, el cual si era aceptado les confería un rango de vasallos, por el cual eran premiados dejando intacta su estructura social y solo les pedían de vez en cuando algún tributo. Si la solicitud se tomaba como una afrenta, por parte de ese grupo, se hacía la guerra en un lugar distante a la población donde solo se enfrentaban guerreros. Ganada la batalla los mexicas dejaban en paz a la población civil si cumplían con sus tributos, incluso les dejaban su propio gobierno y, en muchas ocasiones, se aliaban contra los enemigos de sus nuevos vasallos, logrando nuevos tributarios y prisioneros.

En caso de que un pueblo vasallo se rebelara recurrían a una técnica similar, pero si la resistencia era permanente se desaparecía al pueblo, llevando a los hombres al sacrificio y a las mujeres y niños a la esclavitud, repoblando los mismos con sus aliados y emigrantes de ellos mismos; como fue el caso de los nahuas de Chalco o los mayas del Soconusco.

Se sabe que los mexicas era un pueblo que apreciaba mucho a los buenos guerreros aún de otros pueblos, a tal grado que muchos de sus vasallos los acompañaban a la guerra y recibían iguales bienes y honras, por lo que sus ejércitos eran multiculturales y, por lo menos en una ocasión, se sabe que los mexicas dejaron el mando de sus tropas expedicionarias bajo el mando de un guerrero tlaxcalteca de nombre Tlahuicole.

Para llevar a cabo una acción militar cada Calpulli de la ciudad aportaba un cuerpo de 200 o 400 efectivos a cargo de un tepochtlato, este cuerpo se organizaba por cuerpos llamados Tiachcou de 20 efectivos, los mexicas tuvieron además la particularidad de crear puestos fuertes con baluartes abastecidos con una guarnición sobre todo en las rutas de comunicación, que además servían como postas para sus correos. Otra particularidad de los mexicas, y, en general, de los pueblos nahuas, fueron las guerras floridas, creadas entre pueblos en paz por igualdad militar o simple vasallaje. Estas guerras se hacían en un día marcado por sus sacerdotes para la captura de prisioneros destinados a los diferentes ritos de sacrificio que requerían de este tipo de víctimas.

Etapa de la Conquista 250px|thumb|La conquista de Tenochtitlan, de autor desconocido.