thumb|300px|right|El pebetero olímpico de Londres 2012, conformado por 204 «pétalos» —«copas de cobre»—, fue encendido por siete jóvenes atletas entre las 00:24 y las 00:38 BST del 28 de julio de 2012. La llama olímpica (; ) es uno de los símbolos de los Juegos Olímpicos. Conmemora el robo del fuego de los dioses por parte de Prometeo y su posterior entrega a la humanidad. Sus orígenes se remontan a la antigua Grecia, donde se mantenía un fuego ardiendo en las sedes de celebración de los Juegos Olímpicos antiguos. El fuego fue reintroducido en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 y desde entonces ha sido parte fundamental de los Juegos Olímpicos modernos.
La Carta Olímpica define a la llama olímpica como «la llama que se enciende en Olimpia bajo la autoridad del COI» y, en este sentido, «una antorcha olímpica es una antorcha portable aprobada por el COI y destinada a la combustión de la llama olímpica».
En Berlín 1936 se introdujo por primera vez un viaje de relevos para llevar la llama de Olimpia a la sede de los Juegos. El recorrido de la antorcha olímpica inicia con el encendido de la llama en Olimpia y finaliza con el encendido del pebetero olímpico durante la ceremonia de apertura en la ciudad sede. Al contrario de la llama, el recorrido no tiene un precedente antiguo.
Historia Simbolismo thumb|right|200px|Prometheus (1762) de Nicolas Sébastien Adam (Louvre). El fuego siempre ha jugado un papel muy importante en la vida del hombre. Su lugar en las creencias de la mayoría de los grupos étnicos es una prueba de ello. En el caso de los antiguos griegos, se explica la presencia del fuego en la tierra con el mito de Prometeo. Aunque existen diversas versiones del mito de Prometeo, las consecuencias y su destino son muy similares. A Prometeo, titán hijo de Jápeto y Clímene, le fue encargado junto a su hermano Epimeteo la distribución de las «facultades y dones de todas las criaturas».
En castigo, Zeus ordenó que Prometeo fuera encadenado en lo alto del Cáucaso, donde un águila le devoraría el hígado que se regeneraría de nuevo al día siguiente. Finalmente, un día Heracles —en algunas versiones Hefesto— lo libera. El mito de Prometeo «representa el eterno antagonismo entre los dioses y los hombres». El acto del robo del fuego de los dioses, hace de «éste algo más que un instrumento» que ayude a combatir el frío y a cocinar los alimentos, es la «base creadora de toda cultura y progreso técnico».
La llama olímpica en la antigua Grecia La tradición de la llama olímpica proviene de los Juegos Olímpicos antiguos. En la antigua Grecia se colocaba una llama eterna dentro de los límites de Olimpia, sede de las competiciones. Lo mismo sucedía frente a los principales templos, como en el santuario dedicado a Hestia o en los templos de Zeus y Hera.
Dado que el fuego era parte de la adoración de los dioses existía la necesidad de que fuera puro. Por esta razón, los antiguos griegos empleaban un skaphia, un ancestro del espejo parabólico. Este artefacto concentraba los rayos solares provocando un intenso calor y, al colocarse una antorcha en el centro del mismo, se encendía el fuego sagrado. Aunque el recorrido de la antorcha olímpica no tiene un precedente antiguo, en Atenas se realizaba un evento similar denominado lampadedromía —carreras de antorchas— realizado en honor a ciertos dioses.
En cierto modo, la tradición del recorrido también se inspira en la tregua olímpica, cuando mensajeros abandonaban Elis para anunciar a otras ciudades-Estado la fecha exacta de las competiciones, además de establecer la ekecheiria —tregua sagrada— en la que las ciudades-estado tenían la obligación de detener las operaciones bélicas un mes antes y durante el período de los Juegos Olímpicos para que atletas y espectadores pudieran viajar con «relativa seguridad».
Renacimiento Ámsterdam 1928 El 28 de julio de 1928, se inauguraron oficialmente los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928. Y fue en esa edición cuando nació el «mito del fuego olímpico». Jan Wils fue el arquitecto neerlandés encargado de diseñar el Estadio Olímpico de Ámsterdam, una de las características más notables del estadio fue el Marathontoren, una torre anexa de 40 metros de altura. La parte superior de la torre funcionó como el primer pebetero olímpico de la historia, que, sin embargo, no fue encendido por un atleta sino por un empleado de la compañía de gas.
La primera llama olímpica funcionó para «indicar a kilómetros de distancia, en que parte de Ámsterdam se estaban celebrando los Juegos Olímpicos». Cuatro años después de Ámsterdam 1928, la llama olímpica volvió a arder con motivo de unos Juegos Olímpicos, esta vez para Los Ángeles 1932. Sin embargo, en ambos eventos la llama olímpica fue encendida en el sitio mismo de los Juegos —el Estadio Olímpico de Ámsterdam y el Memorial Coliseum de Los Ángeles—. En Berlín 1936, la situación cambió.
Berlín 1936 En la búsqueda de unir los Juegos Olímpicos Modernos con la antigüedad, Carl Diem, presidente del Comité Organizador, propuso la inclusión de un relevo de antorchas en el programa de los Juegos Olímpicos. En mayo de 1934, el Comité Olímpico Internacional aprobó la propuesta de Diem. En consecuencia, los Comités Olímpicos Nacionales de Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria, Checoslovaquia y Alemania —los siete países incluidos en el recorrido de la antorcha— se mostraron a favor y ofrecieron su apoyo. El evento fue diseñado para publicitar el poderío y la creciente influencia de la Alemania nazi. El evento fue grabado por la cineasta alemana Leni Riefenstahl para el documental Olympia. Por su parte, Joseph Goebbels se encargó de la organización de la cobertura mediática.
El recorrido tuvo que soportar diversos problemas, como el difícil acceso a Olimpia, falta de tiempo y la falta de productos adecuados —antorcha, pebetero—. Las antorchas, de magnesio cubiertas de acero, fueron diseñadas por Walter Lemcke y Peter Wolf, mientras que la empresa alemana Friedrich Krupp AG se encargó de la producción. En total se emplearon 3840 antorchas para todo el recorrido. El 20 de julio de 1936, en Olimpia, Grecia, se encendió la llama olímpica en un espejo cóncavo hecho por la empresa alemana Carl Zeiss AG.
Se recorrieron 3187 kilómetros en los que 3331 corredores portaron la antorcha olímpica. El trayecto se dividió en tramos de 1000 metros, que fueron cubiertos por un corredor, se estimó que en promedio se necesitaron de 5 minutos para completar los tramos. Para garantizar la continuidad del recorrido, cada participante debía conocer su tramo y el siguiente, para que así, pudiera correr ambos tramos en caso de una emergencia imprevista. El recorrido finalizó el 1 de agosto, cuando la llama olímpica, portada por Fritz Schilgen, llegó al Berliner Olympiastadion para finalmente encender el pebetero olímpico que ardió durante los 15 días de competición.
Recorrido Encendido En memoria de los Juegos Olímpicos Antiguos, meses antes de la celebración de los Juegos Olímpicos se organiza una ceremonia en Olimpia (Grecia), donde la llama olímpica es encendida y con ello comienza el recorrido de la antorcha que finaliza con el encendido del pebetero olímpico durante la ceremonia de apertura. La ceremonia se lleva a cabo frente a las ruinas del templo de Hera y es realizada por sacerdotisas de Hestia —actrices griegas— que portan vestimentas de estilo griego antiguo. Mientras que en la antigüedad se utilizaban los skaphia, actualmente se emplea el espejo parabólico, con similares características, para la ignición de la llama. La llama olímpica únicamente puede ser encendida por medio de rayos solares.
Tras la ignición de la llama, esta es colocada en una urna para luego ser transportada al estadio antiguo, donde es entregada al primer portador. A partir de allí, la antorcha olímpica comienza su recorrido —diseñado especialmente por cada Comité Organizador— hasta finalizar con el encendido del pebetero. La elección de Olimpia como punto de partida hace hincapié en la relación existente entre los Juegos Olímpicos Antiguos y los Modernos, además de que subraya la conexión entre ambos. Como medida de precaución, días antes de la ceremonia se enciende una llama según el método tradicional. Así, si no hay sol el día de la ceremonia, la antorcha se enciende con la llama que se mantiene en lámparas de seguridad.
Recorrido La sede, como lo establece el Contrato de la Ciudad Sede del Comité Olímpico Internacional, tiene la obligación de realizar un recorrido de la antorcha olímpica. Comúnmente, el recorrido consta de dos secciones: De Olimpia a Atenas La ignición de la llama en Olimpia es organizada por el Comité Olímpico Helénico, que además se encarga de transportar la llama de Olimpia a Atenas, específicamente al antiguo estadio Panathinaikó. De Atenas a la ciudad sede Tras la llega al Panathinaikó, el resto del recorrido de la antorcha es organizado y llevado a cabo por el Comité Organizador, que además selecciona un tema y visión del recorrido, lo que ayuda a determinar ciudades, regiones y monumentos que la llama olímpica visitará por medio de diversos modos de transporte.
Recorridos especiales El relevo de la paz: Londres 1948
El recorrido de la antorcha olímpica de los Juegos Olímpicos de Londres 1948 se realizó del 17 al 29 de julio de 1948 y fue la segunda vez que un relevo se realizó previo a los Juegos desde Berlín 1936, pues Helsinki 1940 y Londres 1944 se suspendieron a causa de la Segunda Guerra Mundial. El relevo, conocido como «relevo de la paz», consistió de una ruta directa de Olimpia a Wembley pasando por Italia, Suiza, Francia, Bélgica y Luxemburgo.
El recorrido de los Juegos Olímpicos de Londres 1948 —conocidos como los Juegos de la austeridad— llevó un mensaje de bienvenida a la paz a la Europa profundamente dañada por la guerra. Un ejemplo de ello aconteció cuando el primer relevista, Corporal Dimitrelis, se quitó el uniforme militar antes de tomar la antorcha.
El paso de la llama olímpica por puestos fronterizos fue causa de fiestas en «celebración del regreso de la paz», además de una importante celebración en la tumba del barón Pierre de Coubertin ubicada en Lausana, Suiza. El 29 de julio, tras 3160 kilómetros recorridos y 1416 relevistas, la antorcha olímpica llegó al Estadio de Wembley, donde John Marks encendió con ella el pebetero olímpico.
El relevo clásico: Roma 1960 Para los Juegos Olímpicos de Roma 1960 se llevó a cabo un recorrido denominado «relevo clásico», pues conectó los dos puntos principales de las «culturas clásicas: Atenas y Roma». Tras ser encendida en Olimpia, la llama olímpica viajó a las ciudades de Pirgos, Patras, Corintia, Megara, Eleusis y Atenas, donde fue traslada en el Amerigo Vespucci a Siracusa. En dirección a Roma, pasó por Catania, Mesina, Regio de Calabria y Nápoles. El 25 de agosto, la antorcha llegó al Estadio Olímpico de Roma, donde encendió el pebetero portada por Giancarlo Peris. Además, fue el primer relevo televisado.
El relevo del nuevo mundo: México 1968 El relevo del nuevo mundo se realizó del 23 de agosto al 12 de octubre de 1968, en el marco de la celebración de los Juegos Olímpicos de México 1968. La llama fue encendida en Olimpia y siguió los pasos de Cristóbal Colón durante el descubrimiento de América, en simbolismo de la unión entre las culturas de América y las del Mediterráneo. En total, la antorcha recorrió 13 620 kilómetros en manos de 2778 portadores. Del total de kilómetros recorridos, 11 090 fueron vía marítima. La antorcha, diseñada por James Metcalf, pasó por Grecia, Italia, España, San Salvador (Bahamas) y varios estados de la República Mexicana. El 12 de octubre de 1968, en el Estadio Olímpico Universitario, Enriqueta Basilio encendió el pebetero olímpico, convirtiéndose así en la primera mujer en la historia en transportar la antorcha en su recorrido final —y encender el pebetero—.
«Armonía y progreso»: Seúl 1988