miniatura|300px|Mapa del Paraguay (1812).
A raíz de la delicada situación en España, que luchaba contra las tropas de Napoleón Bonaparte, tras ser depuesto el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros días antes, se nombró el 25 de mayo de 1810 una Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del señor Don Fernando VII. Este nuevo gobierno provisional aspiró a mantener la jurisdicción del Virreinato del Río de la Plata en nombre del rey Fernando VII hasta que se aclarase la situación en la península ibérica. Con ese motivo la Junta Provisoria y el Cabildo de Buenos Aires enviaron oficios a las demás ciudades y villas del virreinato expresando los motivos para asumir el gobierno en lugar del virrey. Además de solicitar el reconocimiento y acatamiento pidieron el envío de diputados para la formación de un gobierno representativo. La Provincia del Paraguay por medio de un Congreso celebrado ad-hoc, se negó a subordinarse a la Junta de Buenos Aires desembocando los acontecimientos en la autonomía de hecho de la provincia a partir de 1810.
Antecedentes
Durante y después de las invasiones inglesas los comerciantes de Buenos Aires quedaron, por primera vez, en un libre comercio internacional de facto.
Con estas dos acciones los asuncenos pretendieron obtener mayores ganancias a expensas de los consumidores de Buenos Aires y, por otro lado, reducir la competencia de la Villa Real de la Concepción. La reacción porteña a esos esfuerzos asuncenos fue la de presionar al virrey a través del Real Consulado de Buenos Aires.
Misión de Espínola y Peña
Las comunicaciones de la Junta del 27 de mayo y del cabildo del 29 de mayo de 1810, fueron llevadas a Asunción por el excoronel de milicias del Regimiento N.° 2 de Voluntarios de Caballería de Costa Abajo (al sur de Asunción), José de Espínola y Peña.
Velasco hacia destituido a Espinola y Peña en 1806 y 1810 como subdelegado y comandante de armas de Concepción por su «despotismo». Al enterarse de que estaba gestionando nuevamente su reposición envió una nota al Virrey, conjuntamente con una "representación" del Cabildo, advirtiéndole que «ocasionaría un disgusto general en la Provincia si accediera a ella». Según Mariano Antonio Molas, era un «hombre ordinario, violento, arrogante, ambicioso e ignorante». Somellera afirmó que «no había un viviente más odiado por los paraguayos».
Después de comparar las fuerzas en pugna, Espínola acató a la Junta de Buenos Aires y esta, en razón de su jerarquía militar y contactos, lo comisionó para obtener la adhesión de la provincia del Paraguay. Teniendo en cuenta los antecedentes y la importancia de la misión encomendada, la elección del hombre no pudo ser peor. Espínola llevaba además su nombramiento secreto como comandante general del Paraguay.
En su viaje a Asunción Espínola aprovechó para llevar las comunicaciones oficiales que anunciaban la instalación de la junta a las ciudades y villas que se hallaban en el camino de postas o Carrera de Asunción.
Al llegar a la Villa del Pilar convocó al cabildo, presionándolo a reconocer y jurar a la Junta de Buenos Aires, y expidió cédulas de reclutamiento de tropas para enviarlas a Buenos Aires y/o tener un elemento de apoyo militar en el Paraguay. El 21 de junio llegó a Asunción, poniendo en manos del gobernador Velasco los pliegos que llevaba, excepto el de su nombramiento secreto, que ocultó. El gobernador se enteró confidencialmente que Espínola tenía instrucciones secretas de deponerlo y suplantarlo, a raíz de que este las había mostrado a un confidente, por lo que le ordenó que abandonara la ciudad y se retirara río arriba hacia Concepción, en donde pensaba retenerlo hasta que se resolviera el acatamiento que exigía la Junta de Buenos Aires. El intento de Espínola de reclutar tropas en Pilar causó alarma en la población rural, por lo que Velasco emitió un bando el 2 de julio para desmentir ese rumor.
Espínola no acató la orden de dirigirse a Concepción quizás por temor a los pobladores de esa villa y aparentando cumplirla se dirigió río abajo hasta hallar su barco frente a Villa Franca y se embarcó con sus dos hijos, el comandante de Villa Franca, un cañón y las armas que había en esa villa. Velasco despachó el 10 de julio en su persecución 12 hombres al mando del teniente Rafael Zavala Rodríguez Peña, que no pudieron capturarlo, logrando Espínola regresar a Buenos Aires.
El 18 de agosto Velasco emitió una circular a los comandantes y comisionados de los pueblos de Costa Abajo declarando a Espínola «mal patriota, suspenso del mando que a su graduación corresponde», y advirtiendo que «se tendrá por sospechoso de complicidad al que le obedezca, auxilie, o de cualquier modo perturbe la pública tranquilidad con las especies, que divulgó dirigidas a desunir los ánimos, y a formar partidos perniciosos». De esta manera Velasco estableció claramente que su autoridad era equivalente al de la Junta de Buenos Aires y cerró la posibilidad de que otros emisarios pudieran confundir a los funcionarios de su jurisdicción como lo había hecho Espínola.
miniatura|Cabildo de Asunción (1537-1811).
Congreso del 24 de julio de 1810 El 26 de junio de 1810, en Asunción, el gobernador convocó al Cabildo y le pidió su parecer en una reunión que él mismo presidió:
Acatando el dictamen del Cabildo, el 28 de junio el gobernador Velasco, en su calidad de "Gobernador Militar y Político e Intendente de la Provincia del Paraguay y treinta Pueblos de Misiones de Indios Guaraníes, y Tapes del Uruguay, Paraná, Campañas Adyacentes" emitió un manifiesto convocando a una asamblea para el día 4 de julio, pero el día 2 de ese mes la aplazó hasta el 24 de julio para que pudieran asistir representantes de toda la provincia:
El 17 de julio el gobernador y el Cabildo informaron a la Junta de Buenos Aires que habían decidido realizar una asamblea de toda la provincia el 24 de julio de 1810 para resolver sobre la cuestión.
Una respuesta similar fue cursada el mismo día a la Real Audiencia de Buenos Aires.
El 24 de julio se reunió en el Real Colegio de San Carlos (seminario), bajo la presidencia de Velasco, un congreso al que asistieron entre 200 o más de 332 personas, entre funcionarios y vecinos influyentes de toda la provincia. Comenzó con la lectura de una proclama por miembros del Cabildo de Asunción, explicando las razones de la convocatoria, dando a conocer las últimas noticias que se tenían de España y aconsejando las medidas que se deberían tomar. El congreso resolvió por aclamación (sin votación alguna) aceptar las medidas aconsejadas por el cabildo de no adherir a la Junta de Buenos Aires, aunque sí mantener relaciones fraternales con ella, y jurar obediencia al Consejo de Regencia de España e Indias, desechando el parecer del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, quien opinaba que el gobierno español había caducado en el Paraguay.
Teniendo en cuenta la advertencia de la Junta de Buenos Aires sobre una posible invasión portuguesa al Paraguay, la asamblea decidió:
Luego de jurar fidelidad a Fernando VII y al Consejo de Regencia con sede en Cádiz, la asamblea se disolvió. Velasco y el cabildo comunicaron el 27 de julio a Buenos Aires las decisiones tomadas, publicándose también ese día una proclama dando a conocer al pueblo lo decidido y aconsejando «que se evite toda discusión y controversia sobre los puntos ya decididos por el juicio general de la Provincia», amenazando con poner en prisión a quienes perturben la tranquilidad pública. El 30 de julio, Velasco publicó otro bando llamando a los paraguayos a alistarse «para cuando la Patria los necesite», creando un cuerpo militar del cual él se puso al frente, secundado por un encargado de la economía y con una fuerza efectiva de «todos los ciudadanos y habitantes sin distinción de patricios ni forasteros». Al capitán Carlos Genovés, nombrado por Velasco, y al regidor José García del Barrio, nombrado por el cabildo, se les encomendó la tarea de hacer una lista de individuos alistables de Asunción y de las armas que hubiera en manos de particulares. El 8 de agosto Velasco prohibió que se gastase o vendiese pólvora y estableció un toque de queda en la ciudad.
Bloqueo y ultimátum de la junta de Buenos Aires A principios de agosto llegaron tardíamente a Asunción dos circulares de Buenos Aires, fechadas el 18 de julio, comunicando que los diputados a elegirse debían serlo en los términos de la Real Orden del 6 de octubre de 1809. El Cabildo, cuyo alcalde de primer voto era Bernardo de Haedo, respondió esas notas el 18 de agosto sobre la base de lo dispuesto por el congreso del 24 de julio: «este Cabildo les dará el debido cumplimiento luego que Su Majestad lo ordene», comunicándole además que se había recibido la Real Cédula de erección del Consejo de Regencia, «a cuyas órdenes se halla sumisa y sujeta toda esta Provincia».
Antes de recibir la comunicación de lo resuelto en Asunción el 24 de julio, la junta de Buenos Aires bloqueó las comunicaciones con el Paraguay e incentivó contra el gobernador Velasco a grupos paraguayos favorables a Buenos Aires. Además, en respuesta a la nota del 27 de julio, la junta de Buenos Aires envió un ultimátum el 18 de agosto al gobernador, al Cabildo y al obispo del Paraguay. Asumía que la negativa de la provincia del Paraguay a depender legalmente de ella se originaba exclusivamente en el gobernador Velasco:
Espínola murió en Buenos Aires el 8 de septiembre de 1810, no sin antes convencer a la Junta de que la expedición armada al Paraguay, decisión tomada en agosto de 1810, contaría con el apoyo de asuncenos que en mayoría anhelaban adherir a la junta de Buenos Aires.
A pesar de que la asamblea del 24 de julio había dispuesto prepararse para una posible invasión portuguesa, a partir de las medidas tomadas por la Junta de Buenos Aires en agosto las mismas se dirigieron a una posible invasión desde el sur. En septiembre de 1810, Velasco delegó el mando en el Cabildo, instaló el cuartel general en el colegio San Carlos, cerró el puerto, paralizó el comercio y pertrechó algunos barcos mercantes con destino a Ñeembucú, al sur. Algunas partidarios de Buenos Aires fueron confinados al Fuerte Borbón. Todo tránsito hacia y desde la provincia quedó cortado. Se ordenó a Pedro Gracia, coronel de milicias del Regimiento N.° 2 de Voluntarios de Caballería de Costa Arriba (o zona al norte de Asunción) y comandante político y militar de la Villa de San Pedro de Ycuamandyyú, que realizara el alistamiento y acuartelamiento de tropas, pudiendo nombrar oficiales hasta el grado de capitán.
Mientras Velasco se dirigía hacia las Misiones, el 8 de septiembre, llegó a Asunción una nota de Vicente Nieto, presidente de la Real Audiencia de Charcas, comunicando la negativa de las intendencias del Alto Perú a reconocer a la junta de Buenos Aires, que Gracia publicó por bando al día siguiente.
Requisa de armas en Misiones El 2 de mayo de 1808, el virrey Liniers nombró a Agustín de la Rosa como comandante general de Armas en los pueblos de las Misiones. Ante la protesta de Velasco por lo irregular de la medida de la Rosa renunció. Más tarde Cisneros sugirió a Velasco la necesidad de crear una jefatura en Misiones dada la dimensión y distancia de esos territorios. La designación recayó en el sargento mayor graduado coronel Tomás de Rocamora quien, en su calidad de teniente gobernador, se hizo cargo de los asuntos políticos y militares en cuatro departamentos de Misiones como segundo de Velasco por providencia del 19 de diciembre de 1809.
Al crearse en Buenos Aires la Junta Provisional Gubernativa, Rocamora se adhirió a ella. El 23 de julio «hizo saber a la Junta que el gobernador del Paraguay, del cual dependía, pretendía sustraerlo de la subordinación a Buenos Aires, puesto que aquél no acataba a la autoridad del Plata».