El macizo de Anaga es una formación montañosa y región histórica del nordeste de la isla canaria de Tenerife, España. Es el lugar que cuenta con mayor cantidad de endemismos de Europa y por eso en 1994 fue declarado como parque rural de Anaga y el 9 de junio de 2015 como reserva de la biosfera por la Unesco.
Abarca el término municipal de Santa Cruz de Tenerife y, parcialmente, los de San Cristóbal de La Laguna y Tegueste, alcanzando una altitud máxima de 1020 en la Cruz de Taborno. Se extiende desde la Punta de Anaga, en el noreste, hasta la Cruz del Carmen, en dirección suroeste, reuniendo los roques y picos de Bichuelo, Anambro, Chinobre, Pico Limante, Pico del Inglés, Cruz de Taborno y la propia Cruz del Carmen. Con una antigüedad estimada de entre 7 y 9 millones de años, es una de las zonas más antiguas de la isla.
Su relativa altitud y su peculiar situación, en el paso de los vientos alisios, la convierten en una zona especialmente húmeda en comparación con otras zonas canarias, lo que ha favorecido la existencia de una especial diversidad de hábitats naturales, entre los que destaca la laurisilva.
El macizo de Anaga constituye el borde nororiental de la isla de Tenerife. Como se trata de una avanzada en el mar, también se le llama península de Anaga. Desde un punto topográfico se caracteriza por presentar altitudes modestas en relación con el resto de la isla, con cotas máximas algo superiores a los 1000 m, pero con frecuentes desniveles que en ocasiones alcanzan los 700 m de altura.
Su fisiografía se resuelve en un conjunto de valles profundos, por lo general bastante cortos, separados por estrechos interfluvios que parten perpendicularmente de una línea de cumbres alineada de este a oeste. Los bordes del macizo escapan a esta generalización, constituyendo sectores de topografía mucho más suave.
Gran parte del macizo fue declarado parque natural en 1987 y reclasificado en su totalidad a parque rural de Anaga en 1994 por la Ley de Espacios Naturales de Canarias.
Es en esta zona donde se ubican las localidades de San Andrés (la más poblada), Taganana, El Suculum, Igueste de San Andrés, Valleseco, María Jiménez, Cueva Bermeja y Barrio de la Alegría. También los caseríos de El Batán, Taborno, Las Carboneras, Afur, Roque Negro, Chamorga, La Cumbrilla, Lomo de Las Bodegas, Almáciga, Casas de La Cumbre, Catalanes, Valle Tahodio, Benijo, El Draguillo, Las Palmas, Chinamada, Bejía, Cabeza de Toro, El Río, Las Casillas, Valle Brosque, Valle Crispin y Valle Grande.
mini|Panorámica de San Andrés desde la playa de Las Teresitas
Relieve miniatura|Panorámica de Anaga desde pico del Inglés mini|Amogoje, también conocido como "León de Piedra", Taganana Factores endógenos El edificio de Anaga se constituye a partir del apilamiento de materiales de origen volcánico. En los bordes del macizo la actividad volcánica se prolongó hasta el cuaternario.
La disposición tectoestática de los materiales adopta un buzamiento a partir de la línea de cumbres principal. La tectónica se pone de manifiesto por la existencia de pequeñas fallas y numerosos diques orientados NE-SW, SE-NW y E-W.
La litología más abundante viene dada por el grupo de los basaltos (piroclastos y coladas); también aparecen coladas fonolíticas y aglomerados de la misma naturaleza. Las rocas plutónicas están poco representadas y las sedimentarias, más abundantes, son de tipo detrítico y se relacionan con procesos erosivos continentales y marinos. La montaña Cruz de Taborno, es con 1024 metros la máxima altitud del Macizo de Anaga.
Formas estructurales La antigüedad del cese de las emisiones volcánicas ha permitido que la acción erosiva se desarrolle ininterrumpidamente desde fines del plioceno a la actualidad. Ello ha dado lugar a la desaparición de las formas volcánicas originales y a su sustitución en el espacio por formas derivadas. Entre éstas destacan los diques exhumados por un proceso de erosión diferencial; distinguiéndose los de naturaleza basáltica, largos y estrechos y con escaso resalte, y los fonolíticos, más anchos y cortos, que se levantan hasta los 30 m sobre el relieve circundante. En ocasiones la exhumación no es completa, presentando solo una banda al descubierto.
Otro tipo de formas son los cuellos volcánicos, la mayoría de ellos de naturaleza sálica, que parecen pertenecer a dos generaciones distintas. Se caracterizan por conformar relieves muy destacados y abruptos, que en ocasiones presentan dimensiones más modestas. En todos los casos es llamativa la disyunción columnar (Roque de Las Ánimas, Aderno, Enmedio, etc.).
Un tercer tipo de formas viene dado por las "planchas basálticas", fonolíticas y aglomeráticas, que aparecen coronando los interfluvios. Las variantes morfológicas de las planchas están en razón de su antigüedad y del grado de alteración que han sufrido, aunque todas ellas pueden ser consideradas como relieves de inversión volcánicos.
Estudios realizados con series temporales geodésicas utilizando estaciones permanentes del IGN, detectaron que el área del Macizo de Anaga se encuentra en una estabilidad geodinámica respecto al resto de la Isla de Tenerife. Se detectó cierta extensión asociada a la ligera subsidencia del complejo central, achacable a la sobreexplotación de los acuíferos.
Formas de modelado Barrancos Constituyen el elemento morfológico más destacable del macizo, caracterizándose por sus vertientes escarpadas y corto recorrido. Su existencia no se relaciona con directrices tectónicas, sino que se organizan en relación con la estructura en tejado del edificio de Anaga. miniatura|izquierda|Chinamada, Roque los Pinos En todos ellos los cambios en la litología introducen rupturas de pendiente, sobre todo en los contactos entre las planchas sálicas y las rocas de tipo basáltico. Los perfiles transversales también son diferentes según la litología, ensanchándose en los piroclastos y encajándose en las lavas basálticas y fonolíticas. Las cabeceras son de tipo polilobulado, apareciendo hasta cinco tipos distintos de perfiles longitudinales.
La génesis de los valles en V de Anaga parece datar de finales del Terciario, durante el plioceno, pues dentro de algunos de ellos, como el barranco de Tahodio, se sitúan planchas de materiales sálicos o formas volcánicas pertenecientes al cuaternario medio y antiguo. Un fenómeno reseñable es que en el sector de la desembocadura, los fondos de los barrancos se sitúan por debajo del actual nivel marino, encontrándose rellenos por aluviones, lo que parece indicar que en el Cuaternario antiguo y medio una fuerte incisión torrencial se efectuaba en relación con un nivel marino regresivo (clima húmedo coincidente con una glaciación europea).
Estos amplios colectores presentan hoy una dinámica mediocre que se limita a débiles escorrentías invernales, aunque ocasionalmente, como en 1826, 1977, 2002 y 2010, su inusual funcionamiento produzca inundaciones de graves consecuencias para los asentamientos humanos.
Formas de sedimentación pleistocenas miniatura|Punta del Frontón En todo el contorno de Anaga es posible localizar importantes masas de depósitos de barranco, de ladera y caracteres de glacis coluviales. Todos están constituidos por cantos y matriz fina alterada; las representaciones del depósito, las incisiones y acantilamientos que se observan en ellos y el hecho de encontrarse actualmente colonizados por fayal-brezal, laurisilva, matorral xerófilo de costa o cultivos, evidencia su carácter relicto, datando su génesis de una fase subárida, con lluvias violentas y esporádicas, ocurridas a finales del Pleistoceno.
Mucho más localizadas están las huellas de una crisis climática anterior, cuyos depósitos correlativos aparecen cementados y resaltados sobre el curso de los barrancos actuales (Taganana y Punta del Hidalgo).
Si bien Anaga solo ha conocido una erupción en el Pleistoceno, con su morfología original muy alterada por el modelado efectuado posteriormente (volcán de Las Rosas), sus bordes han sufrido profundas modificaciones llevadas a cabo por volcanes de la Serie III que se localizaron en sus cercanías (El Socorro, montaña de Guerra y estribaciones de la Dorsal).
Costas miniatura|Roques de Anaga
En conjunto, las costas del macizo de Anaga pueden ser consideradas como estructurales, altas y rocosas; sin embargo, esta aparente homogeneidad esconde una gran variedad morfológica en detalle. Nos encontramos con grandes acantilados labrados por la erosión marina sobre los espesos paquetes de materiales volcánicos de la Serie I; acantilados de menores proporciones tallados sobre los materiales de la Serie III (Bajamar) o sobre los depósitos detríticos elaborados durante crisis climática.
Sin embargo, no toda la morfología litoral de Anaga es encuadrable dentro de estos tipos de acantilados ya mencionados, sino que por el contrario también aparecen algunas playas, localizadas en áreas abrigadas del embate de las olas (Almáciga, Taganana, Antequera, etc.); callaos, que se sitúan en las desembocaduras de los barrancos; y algunos ejemplos de formas de acumulación dunar (Antequera, etc.). Esta riqueza de formas actuales se complementa con la presencia de restos de terrazas marinas cuaternarias, situadas a niveles que oscilan entre los 1 y 8 m sobre el actual nivel de mar, datando estas últimas de la transgresión Mellahiense. Por otra parte, las alteraciones provocadas por el agua marina han originado bellas formas de corrosión en las rocas de tipo volcánico.
Aparte de este conjunto de morfologías litorales, los mayores accidentes de las costas de Anaga vienen dados por la presencia de los Roques de Anaga, necks sálicos que han sido aislados por el mar; la Punta del Hidalgo, fruto del adelantamiento de la línea de costa por la llegada al mar de una colada volcánica pleistocena; y la Punta de Antequera, que obedece a un proceso de erosión diferencial ejercido sobre una espesa colada sálica.
Clima Anaga presenta unos matices propios que obedecen a los fuertes desniveles existentes, la orientación, la exposición y la moderada altitud de la línea de cumbres. miniatura|izquierda|Punta del Hidalgo (vista desde Roque Dos Hermanos) Los datos pluviométricos existentes en el macizo permiten diferenciar tres áreas: la costa (0-200 m), con totales inferiores siempre a los 300 mm, valores mínimos que pueden llegar a ser nulos, y un número de meses secos que oscila entre los once y doce; las "medianías", con totales inferiores a los 700 mm, más de 100 mm en el mes más húmedo y siete meses secos; y las cumbres, con totales que superan los 900 mm, precipitaciones superiores a 200 mm en el mes más húmedo y solo cinco meses secos. Esto sin contar el agua de la niebla gracias a los Vientos Alisios, también llamada lluvia horizontal, ésta se forma cuando las nubes llegan a la cumbre del macizo y las hojas de las plantas y árboles que conforman la laurisilva precipitan las pequeñas gotas captadas de la niebla hacia el suelo. Los valores ascienden mucho, en la cumbre, de los 10 mm de agua de lluvia que se recogen en verano, son más de 900 mm los que se recogen del agua de la niebla. Lo que da un valor de más de 2200 mm anuales si se cuenta el agua de la lluvia horizontal. En el área litoral la temperatura media anual está en torno a los 20 °C, la mínima media en torno a 17,5 °C y la media máxima en 24,5 °C. Las medianías bajas a barlovento presentan una media anual de 18,7 °C, una media de las mínimas de 15 °C y una máxima media del 21,5 °C; las medianías altas tienen una media de 16,2 °C, una media mínima de 12,3 °C y una media de las máximas de 21,1 °C.