miniaturadeimagen|350px|Casa de la Independencia, principal lugar de reunión de los revolucionarios. La independencia del Paraguay fue el proceso histórico por el cual la actual República del Paraguay se independizó de su metrópoli, España y de las Provincias Unidas del Río de la Plata –y de su sucesora, la Confederación Argentina– que pretendían ejercer soberanía sobre todos los dominios del extinto virreinato del Río de la Plata, incluida la intendencia del Paraguay. Ni las Provincias Unidas del Río de la Plata ni la Confederación Argentina ejercieron jamás el gobierno sobre el Paraguay, pero mantuvieron permanentes reclamaciones sobre ese territorio hasta la década de 1840, lo que explica las repetidas gestiones de facto y de iure declarando no ser parte de esos Estados.
No existe consenso entre los historiadores acerca de las fechas que definen los límites de dicho proceso independentista. No obstante, se admite generalmente que a partir de la revolución de mayo de 1811 y en adelante, el Paraguay se administró a sí mismo sin subordinación a gobiernos exteriores.
Antecedentes
thumb|300px|Mapa del Paraguay (1812). La ciudad de Asunción del Paraguay fue la primera capital de la gobernación del Río de la Plata; desde allí partieron las expediciones que fundaron las demás ciudades de la misma, entre ellas Buenos Aires. Eso le valió, entre los historiadores, el calificativo de «madre de ciudades».Vasconsellos, Víctor M., Lecciones de historia paraguaya, Ed. del autor, Asunción, 7.ª edición, 1974.
La división de la gobernación en dos, quedando Buenos Aires como capital de la gobernación del Río de la Plata y Asunción como capital de la gobernación del Paraguay, no alteró durante mucho tiempo la primacía del Paraguay en la cuenca del Plata. En primer lugar, primacía poblacional: hasta la segunda mitad del , la población de Buenos Aires fue menor que la de Asunción, y no fue hasta bien entrado el que la jurisdicción de Buenos Aires superó en población a la del Paraguay.
La revolución comunera de Paraguay, ocurrida entre 1717 y 1735, inició un proceso de pérdida del favor real para esa provincia,Díaz-Pérez, Viriato, La Revolución Comunera del Paraguay, Imp. Mossèn Alcover, Asunción, 1973. ISBN 8485048059 proceso que fue continuado con la preponderancia del gobernador de Buenos Aires en las guerras guaraníticas,La herencia misionera: la rebelión guaraní, en Territorio Digital. y con el encargo real del rey español al gobernador de Buenos Aires Francisco de Paula Bucarelli de dirigir la expulsión de los jesuitas no solamente de su jurisdicción, sino también de las gobernaciones vecinas.Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina: Fin del régimen de gobernadores y creación del virreinato del Rio de la Plata, 1700-1800, Ed. Científica Argentina, Bs. As., 1975. El proceso culminó en el año 1776, con la creación del virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y en cuya jurisdicción figuró la provincia del Paraguay. En 1782 el virreinato se dividió en gobernaciones militares y en ocho intendencias siendo una de ellas el Paraguay.
Otro factor que amplió los resentimientos paraguayos fue el cierre de la navegación paraguaya hacia el Río de la Plata. En 1739 la Real Audiencia de Charcas dispuso que Santa Fe fuera un puerto preciso de la navegación del Paraguay, lo que fue confirmado por la real cédula del 1 de abril de 1743. Todos los barcos procedentes del Paraguay debían desembarcar sus cargas en Santa Fe para luego de pagar un impuesto seguir por tierra hacia Buenos Aires, lo que provocó disputas entre los cabildos y gobernadores de las tres ciudades. El 13 de abril de 1780 el virrey Pedro Melo de Portugal abolió provisoriamente los privilegios del puerto preciso de Santa Fe, lo que fue confirmado por el Consejo de Indias el 14 de febrero de 1781.
En general se supone que los paraguayos solamente toleraron la nueva situación, que los ponía manifiestamente en inferioridad de condiciones respecto a la ciudad que había sido fundada por asuncenos y gobernada desde Asunción.Eduardo Martiré, La ineluctable pérdida de los dominios españoles de América, en Revista de historia del derecho, Bs. As., 1995, pág. 229-270. Se generó entre la población paraguaya un resentimiento contra Buenos Aires, que se mantuvo oculto hasta el final del período virreinal. Incluso la decisión de deponer al virrey Sobremonte, tomada exclusivamente por los estamentos porteños en 1807, fue aceptada sin reclamación alguna en el Paraguay, y esta intendencia participó en la defensa contra las invasiones inglesas con una fuerza de 953 hombres, parte de ellas comandados por el coronel de milicias José de Espínola y Peña.
La oposición del Paraguay a la influencia porteña se debía también a factores económicos. Durante y después de las invasiones inglesas, los comerciantes porteños se beneficiaron de un libre comercio que no modificó la situación desfavorable que el Alto Plata mantenía con ellos. A esto se agregó que la mayor influencia de los comerciantes porteños sobre las autoridades del virreinato en comparación con sus colegas del Alto Plata generó en las distintas áreas que componían dicha región (Paraguay, las provincias del Litoral, sur del Brasil) un profundo sentimiento de suspicacia y recelo hacia la poderosa ciudad-puerto.
Luego de las invasiones inglesas, el virreinato quedó regido de hecho por un sistema de libre comercio internacional, y el antiguo monopolio fue reemplazado por una relación mercantil muy favorable a Buenos Aires. En los años siguientes a las invasiones británicas, los comerciantes asuncenos pretendieron elevar los precios de sus exportaciones y crear un monopolio para la yerba mate similar al que existía sobre la venta de tabaco, llamado estanco del tabaco. Los asuncenos pretendían reducir así la competencia de la Villa Real de la Concepción y obtener mayores ganancias a expensas de los consumidores de Buenos Aires, que sufrirían los efectos del monopolio. El secretario del Real Consulado de Buenos Aires, Manuel Belgrano, presionó exitosamente al virrey para impedir que se concretara el monopolio, lo que generó profundos sentimientos de suspicacia y recelo en las regiones productoras de yerba mate, que estaban en su apogeo al momento de la Revolución de Mayo.
Constitución de la Junta Provisional Gubernativa
El 17 y 19 de mayo de 1810, el virrey Cisneros publicó la Copia de los artículos de la Gazeta de Londres y el Aviso al público que contenían noticias correspondientes a febrero de 1810 y que provenían de Londres y Cádiz respectivamente. Las mismas anunciaban que la resistencia en España contra Napoleón Bonaparte solo subsistía en la bahía de Cádiz y que la Junta Suprema Central, residente hasta entonces en Sevilla, había sido suprimida.
El 25 de mayo de 1810, el cabildo gobernador de Buenos Aires nombró una junta provisional gubernativa que sustituyó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Como la subrogación se realizó sin consultar a "los pueblos", es decir, a las ciudades y villas del virreinato, el 27 y 29 de mayo, la nueva Junta y el Cabildo de Buenos Aires dirigieron diversos documentos, en los que expusieron los motivos de la deposición del virrey, la solicitud del reconocimiento de la autoridad provisional de la nueva junta como "centro de la unidad" y el envío de diputados para "establecer la forma de gobierno que se considere más conveniente". A este último efecto se adicionó la Circular del 26 de mayo firmada por Cisneros donde este comunicaba su abdicación y recomendaba el envío de diputados.
Primer contacto de la junta de Buenos Aires con Asunción
El 21 de junio de 1810, llegó a Asunción el enviado de la junta de Buenos Aires, el coronel de milicias José de Espínola y Peña.
Los miembros de la junta de Buenos Aires sabían de la enemistad entre Espínola y Peña y el gobernador del Paraguay Bernardo de Velasco. Este lo había destituido dos veces de su cargo y había manifestado al virrey Cisneros que rever esa decisión implicaría "un disgusto general en esta provincia". También sabían que el cabildo de Asunción había solicitado al virrey que no volviera a darle cargo alguno en el Paraguay.
Con este nombramiento la junta de Buenos Aires manifestó la magnitud de su poder que podía "funcionar con todo su rigor y en el límite extremo de su racionalidad violenta aun en manos de alguien que resultaba descalificado". La descalificación de Espínola y Peña era triple: por sus características personales; por sus antecedentes políticos; y por tener el cargo de simple emisario del gobierno de Buenos Aires.
Los historiadores, además de exagerar la importancia de esta gestión, la calificaron como un error de la Junta y la justificaron como fruto de la improvisación, la urgencia y el desconocimiento de la "psicología de los pueblos del interior". Sin embargo, a posteriori, la junta de Buenos Aires mantuvo su política de utilizar a esta conflictiva familia para sus fines de sujeción y tras la muerte del coronel Espínola y Peña, en septiembre de 1810, ordenó a sus dos hijos, José y Ramón, que se pongan a disposición de Belgrano como edecanes en la expedición militar contra el Paraguay.
La misión de Espínola y Peña terminó con su huida del Paraguay ante la sospecha de que Velasco lo quería confinar sacándolo de Asunción rumbo precisamente a la Villa Real de la Concepción. El 18 de agosto Velasco emitió una circular a los comandantes y comisionados de los pueblos de Costa Abajo declarando a Espínola "mal patriota, suspenso del mando que a su graduación corresponde", y advirtiendo que "se tendrá por sospechoso de complicidad al que le obedezca, auxilie, o de cualquier modo perturbe la pública tranquilidad con las especies, que divulgó dirigidas a desunir los ánimos, y a formar Partidos perniciosos". De esta manera Velasco estableció claramente que su autoridad era equivalente al de la Junta de Buenos Aires y cerró la posibilidad de que otros emisarios pudieran confundir a los funcionarios de su jurisdicción como lo había hecho Espínola.
En Buenos Aires logró convencer al gobierno de que enviando una pequeña fuerza militar podía lograrse la adhesión de la provincia ya que, según él, la mayoría apoyaba la unión con Buenos Aires. Según Belgrano el gobierno creyó lo que decía Espínola porque era "fácil persuadirse de lo que halaga".
Con el fracaso de este primer intento de la Junta, la posición de Velasco y el grupo españolista de Asunción se fortaleció políticamente antes de la reunión de la junta general del 24 de julio de 1810.
Congreso del 24 de julio de 1810
En las comunicaciones que trajo el coronel José de Espínola y Peña, la Junta de Buenos Aires decía:
El día 26 de junio, el gobernador convocó al cabildo de Asunción y le pidió su parecer en una reunión que él mismo presidió:El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 4; Du Graty, La République du Paraguay, pág. 64
El 28 de junio de 1810, acatando el dictamen del Cabildo, el gobernador Velasco, en su calidad de "Gobernador Militar y Político e Intendente de la Provincia del Paraguay y treinta Pueblos de Misiones de Indios Guaraníes, y Tapes del Uruguay, Paraná, Campañas Adyacentes" convocó a una asamblea que finalmente se inició el 24 de julio:
Recién el 17 de julio, Velasco y el Cabildo de Asunción, en forma conjunta, respondieron el oficio que había traído Espínola. Manifestaron que dada la "gravedad del asunto" se había acordado celebrar "un Consejo general" el 24 de julio de cuyo resultado se daría "oportuno aviso" a la Junta. La nota mencionó además: El "disgusto" por la venida de Espínola, a quien se calificó como "conductor de los pliegos", es decir, un mensajero sin representación. También mencionó su "vergonzosa fuga", sin motivo alguno. Esto implicaba responsabilizar a la junta de Buenos Aires por la elección de semejante emisario.