derecha|miniaturadeimagen| Concepción artística de la telequinesis espontánea de la revista francesa La Vie Mysterieuse en 1911. La telequinesis (de τῆλε têle 'lejos' y κίνησις kínēsis 'movimiento') o psicoquinesis (del griego ψυχή "mente" y κίνησις "movimiento" ), es una habilidad psíquica que permite a una persona influir en un sistema físico sin interacción física.

Históricamente, los experimentos sobre telequinesis han sido criticados por carecer de controles adecuados y reproducibilidad. No existe evidencia convincente de que la telequinesis sea un fenómeno real, y la misma es generalmente considerada una pseudociencia.Bunge, Mario (1983). Treatise on Basic Philosophy: Volume 6: Epistemology & Methodology II: Understanding the World. Springer. p. 226. (en inglés) "Despite being several thousand years old, and having attracted a large number of researchers over the past hundred years, we owe no single firm finding to parapsychology: no hard data on telepathy, clairvoyance, precognition, or psychokinesis."

Etimología La palabra telequinesis, es un acrónimo del griego τῆλε (tēle) - que significa "distancia" - y κίνησις (kinesis) - que significa "movimiento", fue utilizada por primera vez en 1890 por el investigador psíquico ruso Alexander N. Aksakof.

La palabra psicoquinesis fue acuñada en 1914 por el autor estadounidense Henry Holt en su libro On the Cosmic Relations (Sobre las relaciones cósmicas). El término es un acrónimo de las palabras del idioma griego ψυχή (psique) - que significa "mente", "alma", "espíritu" o "aliento" - y κίνησις (kinesis) - que significa "movimiento". El parapsicólogo estadounidense JB Rhine acuñó primero el término percepción extrasensorial para describir la recepción de información de una fuente externa por medios paranormales. Después de esto, usó el término psicoquinesis en 1934 para describir la acción de influir mentalmente sobre objetos o eventos externos sin el uso de energía física. Su ejemplo inicial de psicoquinesis fueron los experimentos que se realizaron para determinar si una persona podría influir en el resultado de la caída de dados.

Evaluaciones y explicaciones Existe un amplio consenso científico de que la investigación sobre telequinesis y la parapsicología en general no han producido demostraciones confiables y reproducibles sobre los fenómenos que estudian.

Un panel encargado en 1988 por el Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos para estudiar las afirmaciones paranormales concluyó que "a pesar de los 130 años de investigación científica sobre tales asuntos, nuestro comité no pudo encontrar ninguna justificación científica de la existencia de fenómenos como la percepción extrasensorial, telepatía o ejercicio de fuerza de la "mente sobre la materia..." La evaluación de un gran cuerpo de la mejor evidencia disponible simplemente no respalda la afirmación de que estos fenómenos existan".

Carl Sagan incluyó la telequinesis en una larga lista de "ofertas de pseudociencia y superstición" que "sería una tontería aceptar (...) sin datos científicos sólidos". El premio Nobel Richard Feynman abogaba por una posición similar.

Felix Planer, profesor de ingeniería eléctrica, ha escrito que si la telequinesis fuera real, entonces sería fácil demostrar que existe haciendo que los sujetos presionen una balanza en equilibrio muy sensible, elevaran la temperatura de un baño de agua que podría medirse con una precisión de una centésima de grado centígrado, o afectaran un elemento en un circuito eléctrico como una resistencia, lo que podría controlarse con una precisión mayor a una millonésima parte de un amperio. Planer escribe que tales experimentos son extremadamente sensibles y fáciles de monitorizar, pero no son utilizados por los parapsicólogos ya que "no tienen la más remota esperanza de demostrar ni siquiera un pequeño rastro de telequinesis" porque ese supuesto fenómeno no existe. Planer ha escrito que los parapsicólogos tienen que recurrir a estudios que involucran solo estadísticas que son irrepetibles, que deben sus resultados a métodos experimentales deficientes, errores de registro y matemática estadística defectuosa.

Según Planer, "toda la investigación en medicina y otras ciencias se volvería ilusoria si la existencia de la psicoquinesis se tomara en serio; ya que no se podría confiar en ningún experimento que proporcionara resultados objetivos, ya que todas las mediciones se falsearían en mayor o menor medida de acuerdo con la habilidad telequinética y los deseos del experimentador". Planer concluyó que el concepto de psicoquinesis es absurdo y no tiene base científica.

Las hipótesis sobre telequinesis también se han considerado en varios contextos fuera de los experimentos parapsicológicos. CEM Hansel escribió que una objeción general contra la existencia de telequinesis es que, si se tratara de un proceso real, se esperaría que sus efectos se manifestaran en situaciones de la vida cotidiana; pero no se han observado tales efectos.

Los escritores científicos Martin Gardner y Terence Hines así como el filósofo Theodore Schick han señalado que si la telequinesis fuera posible, uno esperaría que los ingresos de los casinos se vieran afectados, pero las ganancias son exactamente las que predicen las leyes del azar.Robert Scharff. (1968). The Las Vegas Experts' Gambling Guide. (en inglés) Grosset & Dunlap. p. 26.

El psicólogo Nicholas Humphrey argumenta que muchos experimentos en psicología, biología o física asumen que las intenciones de los sujetos o experimentadores no distorsionan físicamente el sistema. Humphrey los cuenta como réplicas implícitas de experimentos de telequinesis en los que la telequinesis no aparece.

Evaluaciones desde la física Las ideas de la psicoquinesis y la telequinesis violan varias leyes de la física bien establecidas, incluida la ley de la inversa del cuadrado, la segunda ley de la termodinámica y la conservación del momento. Debido a esto, los científicos han exigido un alto estándar de evidencia para la telequinesis, en línea con el dicho de Marcello Truzzi "Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias".

La navaja de Ockham, o ley de la parsimonia en las explicaciones científicas de los fenómenos, nos indica que la explicación de aparentes eventos de telequinesis en términos de sucesos ordinarios causados por trucos, efectos especiales o por un diseño experimental deficiente, es preferible a aceptar al hecho de que las leyes de la física deberían reescribirse.

El filósofo y físico Mario Bunge escribió que "la psicoquinesis, viola el principio de que la mente no puede actuar directamente sobre la materia (si lo hiciera, ningún experimentador podría confiar en las lecturas de sus instrumentos de medición.) También viola los principios de conservación de la energía y el momento angular. La afirmación de que la mecánica cuántica permite la posibilidad de que el poder mental influya en los aleatorizadores, un supuesto caso de micro-psicoquinesis, es absurda ya que esa teoría respeta dichos principios de conservación y se ocupa exclusivamente de cosas físicas".

El físico británico John G. Taylor, quien ha investigado las afirmaciones parapsicológicas, ha escrito que una quinta fuerza desconocida que causara la telequinesis tendría que transmitir una gran cantidad de energía. La energía tendría que superar las fuerzas electromagnéticas que mantienen unidos a los átomos, porque los átomos tendrían que responder más intensamente a esta quinta fuerza que a las fuerzas eléctricas. Tal fuerza adicional entre los átomos, por lo tanto, debería existir todo el tiempo y no solo durante supuestos eventos paranormales. Taylor escribió que no hay rastro científico de tal fuerza en física, incluso explorando en muchos órdenes de magnitud; así, si se quiere preservar un punto de vista científico, la idea de cualquier quinta fuerza debe ser descartada. Taylor concluyó que no existe un mecanismo físico posible para la psicoquinesis, y que esta se encuentra en completa contradicción con la ciencia establecida.

En 1979, Evan Harris Walker y Richard Mattuck publicaron un artículo de parapsicología proponiendo una explicación cuántica para la psicoquinesis. El físico Victor J. Stenger escribió que su explicación contenía supuestos no respaldados por ninguna evidencia científica. Según Stenger, su trabajo estaba "lleno de ecuaciones y cálculos de aspecto impresionante que dan la apariencia de colocar la psicoquinesis sobre una base científica firme". . . Sin embargo, miren lo que han hecho: Han encontrado el valor de un número desconocido (pasos de función de onda) que da un número medido (la supuesta velocidad del movimiento inducido por psicoquinesis). Esto es numerología, no ciencia".

El físico Sean M. Carroll ha escrito que las cucharas, como toda la materia, están formadas por átomos y que cualquier movimiento de una cuchara con la mente implicaría la manipulación de esos átomos a través de las cuatro fuerzas de la naturaleza: la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil, electromagnetismo y gravedad. La psicoquinesis tendría que ser alguna forma de una de estas cuatro fuerzas, o una nueva fuerza que tenga una mil millonésima parte de la fuerza de la gravedad, de lo contrario, habría sido captada en experimentos ya realizados. Esto no deja ninguna fuerza física que pueda explicar la psicoquinesis.

El físico Robert L. Park ha encontrado sospechoso que un fenómeno pareciera solo aparecer en los límites de detectabilidad de técnicas estadísticas cuestionables. Cita esta característica como uno de los indicadores de la ciencia patológica de Irving Langmuir. Park señala que si la mente realmente pudiera influir en la materia, sería fácil para los parapsicólogos medir tal fenómeno utilizando el supuesto poder psicoquinético para desviar una microbalanza, lo que no requeriría ninguna estadística dudosa. "La razón, por supuesto, es que la microbalanza se niega obstinadamente a ceder". Sugirió que la razón por la cual los estudios estadísticos son tan populares en parapsicología es que introducen oportunidades para la incertidumbre y el error, que se utilizan para apoyar los sesgos del experimentador.

Explicaciones en términos de sesgo La investigación sobre sesgo cognitivo ha sugerido que las personas son susceptibles a las ilusiones de telequinesia. Estas incluyen la ilusión de que ellos mismos tienen el poder y que los eventos que presencian son demostraciones reales de telequinesis. Por ejemplo, la ilusión de control es una correlación ilusoria entre la intención y los eventos externos, y se ha demostrado que los creyentes en lo paranormal son más susceptibles a esta ilusión que otros. El psicólogo Thomas Gilovich explica esto como una interpretación sesgada de la experiencia personal. Por ejemplo, alguien en un juego de dados que desee un puntaje alto puede interpretar los números altos como "éxito" y los números bajos como "falta de concentración". El sesgo hacia la creencia en telequinesis puede ser un ejemplo de la tendencia humana a ver patrones donde no existen, llamado la ilusión de agrupamiento, a la que los creyentes también son más susceptibles.

Un estudio de 1952 probó el sesgo del experimentador con respecto a la psicoquinesis. Richard Kaufman, de la Universidad de Yale, dio a los sujetos la tarea de tratar de influir en ocho dados y les permitió registrar sus propios puntajes. Fueron filmados en secreto, por lo que sus registros podrían verificarse en busca de errores. Los creyentes en la psicoquinesis cometieron errores que favorecieron su existencia, mientras que los incrédulos cometieron errores opuestos. Se encontró un patrón similar de errores en los experimentos con dados de JB Rhine, que se consideraban la evidencia más fuerte para psicoquinesis en ese momento.